El premio Bartolomé De Las Casas, entregado a jesuita defensor de los pueblos guaraníes.

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10.00 a m| MADRID 22 set. 11 (AECID.ES/ BV).- El jesuita español Bartomeu Meliá, defensor de la lengua guaraní y los derechos indígenas en Paraguay, recibió el premio Bartolomé de las Casas 2011. Este premio se entrega con el propósito de distinguir a aquellas personas, instituciones u organizaciones que hayan destacado a lo largo del tiempo en la defensa del entendimiento y concordia con los pueblos indígenas de América, en la protección de sus derechos y el respeto de sus valores.

El buen vivir de los guaraníes, o el arte de este pueblo indígena para vivir en armonía social y con su entorno, se convirtió en el tema de la conferencia pronunciada ayer por el actual Premio Bartolomé de las Casas, el padre Bartomeu Melià, en Casa de América. El premio se convoca desde 1991 por la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y la Casa de América, dentro de Tribuna Americana. Tiene entre sus objetivos promover el conocimiento y el aprecio por las manifestaciones culturales, pasadas y presentes, de los pueblos indígenas de América.

Bartomeu Melià es un jesuita, lingüista y antropólogo mallorquín de trayectoria reconocida que ha dedicado la mayor parte de su vida al estudio y al activismo en defensa de la lengua y la cultura guaraní en Paraguay y Brasil, algo que hizo fuera expulsado de Paraguay en 1976, por denunciar la masacre sistemática contra estos pueblos perpetrada por la dictadura militar en aquellos años.

Durante el acto, en que Melià estuvo acompañado por el director de Relaciones Culturales y Científicas de la AECID, Carlos Alberdi, así como por una nutrida representación de embajadas iberoamericanas (entre ellas el Ministro de Cultura de Paraguay y Premio Bartolomé de las Casas 2004, Ticio Escobar), el religioso argumentó que la virtud de los guaraníes radica en lo que a menudo se contempla como carencias. “A veces describimos a estos pueblos con el ‘no tiene esto’, ‘no tienen aquello’. Y eso precisamente representa el símbolo del buen vivir”, dijo.

Melià puso como ejemplo los vestidos, que para los guaraníes han representado una fuente de falta de higiene y enfermedades (en ocasiones provocadas, como en Brasil, donde se llegó a recurrir a ropa infectada para diezmar a las poblaciones indígenas).

Pero incluso también la ausencia de la escritura en su cultura ha sido una ventaja para su lengua: “Gracias a ellos tienen una oralidad extraordinariamente desarrollada, y entre ellos se establecen unos rituales y unas relaciones muy profundas. Además son pueblos de muchísima memoria. Ahí un chiquillo de 14 años es capaz de enumerarte 400 nombres de plantas, mientras que para nuestros niños en las ciudades todo se reduce a ‘un árbol”.

El buen vivir se aplica también a la relación de los guaraníes con la tierra, con la que, en palabras de Melià, estos pueblos mantienen un vínculo “familiar” y no de proveedor como en otras culturas, ya que “el maíz que brota es como los hijos que crecen”.

La tierra es algo bello, como el cuerpo de una persona, donde se da importancia a los colores y los sonidos, y las relaciones económicas vienen marcadas por la sostenibilidad y por el “manos abiertas”: “Ahí la base económica es el don, el intentar tener para poder dar, y siempre con moderación y sin despilfarrar”, concluyó Melià, para quien nuestra sociedad debería aprender del valor de esta reciprocidad, “no sólo de bienes, sino de palabras, y relaciones humanas”.

Imagen: El príncipe de Asturia, entregando el galardón a Bartomeu Melià en el Palacio de la Zarzuela

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