Pedro Arrupe, astuto y sencillo

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1.00 p m| LIMA, 08 feb. 11 (BV).- El pasado 5 de febrero se cumplieron veinte años de la muerte de Pedro Arrupe, superior general de la Compañía de Jesús entre 1965 y 1983. Arrupe fue el único vasco, después de San Ignacio, que estuvo a la cabeza de los Jesuitas y quien, además, lo hizo en uno de sus momentos más creativos, decisivos y críticos.

Son innumerables los escritos sobre el Padre Arrupe y sobre su influencia en la Compañía de Jesús, en la Iglesia Católica y en la sociedad.

Este singular jesuita nació a la experiencia de una energía transformadora mientras deambulaba entre las cenizas y los cascotes de la fatídica primera bomba atómica. El día que puede calificarse de histórico durante su estancia en Japón y en toda su vida fue el 6 de agosto de 1945, en Hiroshima, donde era maestro de novicios. La bomba atómica marca el ecuador del itinerario espiritual de Pedro Arrupe. Aquel instante eterno en la capilla, frente al reloj parado por la explosión, desata en su interior otro estallido de amor. Desde su radical optimismo de hombre enamorado, Pedro transforma la fuerza destructora, que acabó con 200.000 japoneses, en energía para la creatividad.

El primer paso sería convertir su noviciado en improvisado hospital, donde, menos uno, todos su enfermos se salvaron gracias a su iniciativa de autocurarlos mediante la sobrealimentación. Arrupe quedaría marcado, para bien, por la bomba, que estallaría en su increíble libertad espiritual y en su osadía evangélica a través de toda su vida.

De Arrupe se han reseñado cualidades, como su carisma y sus dotes de liderazgo; su resistencia a la adversidad; su generosidad y compromiso con los pobres; su diálogo sincero con los valores contemporáneos; su misticismo encarnado en la realidad más viva. Pero cabe también hablar del Arrupe intelectual, dotado de una inteligencia proverbial; siempre puesta al servicio de las personas más necesitadas y capaz de discernir cuál es la misión, en el mundo de hoy, de la varias veces centenaria Compañía de Jesús.

Arrupe fue elegido general de la orden de los jesuitas en 1965. En ese instante, la Compañía de Jesús había alcanzado el mayor número de miembros de toda su historia (36.000) y, al igual que ahora, destacaba por su potencial educativo. Solo en Estados Unidos, por ejemplo, contaba con 18 universidades. Y en el Concilio Vaticano II, clausurado ese mismo año, los jesuitas acababan de sobresalir por sus posicionamientos reformistas y aperturistas.

En ese contexto social y eclesial, Arrupe se comprometió en conseguir que las instituciones gestionadas por la Compañía de Jesús se ubicaran a la vanguardia de la transformación social; desde la opción preferencial por los pobres, que emerge de la identidad cristiana. Consciente que las élites económicas, que hasta entonces poblaban los centros de enseñanza jesuitas, rara vez se involucraban en la lucha por la justicia, Arrupe viajó por medio mundo reiterando la necesidad de fomentar proyectos educativos y sociales dirigidos a las clases populares.

Para leer más:

Biografía
Reseña (esejotas)
Dichos y Frases
Anécdotas


Imagen tomada de TIME rediseñada por Buena Voz

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