Apología por la abolición de las mallas curriculares en Historia

El debate en torno a los proyectos de ley que buscan imponer la formación de un Colegio de Historiadores en el Perú ha puesto sobre el tapete el tema de la empleabilidad de los egresados de las especialidades de Historia. Mientras que sus partidarios han afirmado numerosas veces que el Colegio servirá para crear empleo, los detractores han señalado que eso es una quimera, y que el asunto más bien es responsabilidad de las especialidades de Historia. En este sentido, por lo menos una universidad (UNMSM) está en proceso de reformar sus planes de estudio, y es probable que los comités se estén enfrentando a la complicada disyuntiva de cómo armar una malla curricular que provea a los estudiantes de las habilidades deseadas por el mercado laboral más allá del estrictamente académico, pero sin sacrificar su formación como investigadores. En esta búsqueda del justo medio deben saber que nunca satisfarán a todos: si se sacan cursos obligatorios de contenido histórico para incluir más cursos obligatorios relacionados a la gestión cultural o turística, aquellos estudiantes que estén más interesados en aquellos cursos los acusarán de estar haciendo una malla de “Historia Light”. En el otro extremo, otros estudiantes podrán quejarse de que los cursos obligatorios de gestión no son suficientes para ponerlos en igualdad de condiciones con aquellos que estudiaron Administración o Turismo, con quienes no podrán competir. Y muchas veces, poner estos cursos como electivos casi equivale a declararlos de importancia secundaria.

Para solucionar este problema, lo que propongo es que en lugar de poner estas decisiones en manos de un comité que jamás podrá satisfacer los intereses de todos los estudiantes, más bien se elimine la malla curricular y que estas decisiones queden en manos de cada estudiante individual. Después de todo, son ellos los que saben lo que querrán hacer con sus carreras y quienes tendrán que vivir con las consecuencias de sus decisiones. Postulo que esta flexibilidad no solo permitirá que los estudiantes puedan formarse según sus propios intereses intelectuales, sino también a mejoras en la empleabilidad de los egresados.

 

¿Cuán flexible puede ser un programa de Historia sin malla curricular?

He recopilado la información de los planes de estudio en Historia de las nueve universidades peruanas que ofrecen esta carrera, dividiendo sus cursos en obligatorios y electivos. Para que sirva de comparación, busqué la información de los pregrados de Historia en nueve universidades estadounidenses, donde el sistema en el cual sencillamente no existen mallas curriculares es prácticamente ubicuo. Y no he seleccionado específicamente universidades que operen bajo ese modelo, sino que seguí el ránking de la ARWU (Academic Ranking of World Universities) y empecé desde el primer puesto, seleccionando dos universidades privadas y siete públicas, para mantener la misma proporción de las universidades peruanas que revisamos. Aquí los resultados:

Como se puede ver, hay un contraste diametral. Mientras que en las universidades peruanas 92% de los cursos son obligatorios, en las estadounidenses son un poco menos del 13%. Y hasta ahora jamás he escuchado a alguien decir “Esta persona estudió Historia en Harvard, pero como carecen de malla curricular, no sirve”. La inexistencia de malla curricular y la muy reducida cantidad de cursos obligatorios no pone en peligro la calidad de la universidad ni de sus egresados. Después de todo, las universidades estadounidenses tomadas en cuenta están todas ubicadas en los 30 primeros puestos del mundo según el ránking citado. Ahora bien, los planes de estudio de las universidades estadounidenses pueden ser muy abstrusos, así que podría haber pequeños errores aquí y allá en la interpretación de cuáles cursos son genuinamente obligatorios y cuáles no.

Ahora bien, alguien podría alegar que comparar el pregrado en Historia peruano con el estadounidense no es válido, puesto que mientras que los programas peruanos son profesionalizantes, los estadounidenses no lo son. Y no le faltaría algo de razón. En efecto, el major estadounidense es como un enfoque disciplinar, mas no una profesión, lo cual significa que el pregrado estadounidense es una suerte de Estudios Generales de cuatro años de duración. Nadie termina la universidad en Estados Unidos con major en Historia y se proclama historiador. Es recién al nivel de la maestría que uno podría decir que es historiador (y aun así es discutible); es solo con el doctorado que alguien es considerado inequívocamente historiador. Uno podría suponer entonces que quizá al nivel del postgrado los programas sean más similares al modelo peruano, con más cursos obligatorios determinados por los profesores para lograr una óptima formación de la siguiente generación de historiadores.

Estas presuposiciones son solo en parte válidas. En efecto, hay mucho menos estímulo para que los estudiantes lleven asignaturas alejadas de la disciplina de la Historia (como sí sucede en el pregrado, como veremos en un momento), y si las fueran a llevar, es necesario que estén de alguna manera relacionadas a su campo de estudio para que los créditos cuenten para el egreso. Después de todo, estos programas buscan lo mismo que los pregrados en Historia en el Perú: formar historiadores. Pero donde siguen siendo muy diferentes es en la proporción de cursos obligatorios a electivos, como se puede ver en este gráfico:

No fue posible descifrar con suficiente certeza la información correspondiente a UCLA

Como podrán ver, el panorama no ha cambiado mucho. Los cursos obligatorios siguen siendo minoría frente a los electivos. Y es más, el porcentaje de cursos electivos es un estimado conservador, puesto que se basan sobre los mínimos absolutos de créditos que los estudiantes deberían cumplir. Es muy común que los estudiantes de doctorado sobrepasen largamente los mínimos requeridos por los programas, haciendo que la proporción representada por sus cursos obligatorios sea cada vez más pequeña.

 

¿Cómo incide esto en la empleabilidad del egresado?

Para ver cómo esto se puede dar, tomaré el caso de la Universidad de Washington, ubicada en la posición #15 del mundo según el ránking de la ARWU, y que es la institución donde estudio el doctorado y al cual, por ende, tengo mayor acceso. Para empezar, el requisito de créditos totales para graduarse de la universidad es de 180, y los cursos suelen valer cinco créditos cada uno, para un total de unos 36 cursos. De los 36 cursos, un mínimo de 12 tienen que ser de Historia para poderse graduar con un pregrado en dicha disciplina. Es decir, apenas un tercio del total de cursos que lleva en la universidad. Esta es otra gran diferencia entre cómo se dan los pregrados en Historia en el Perú y Estados Unidos: el estudiante de Historia tiene mucha flexibilidad para llevar cursos que le den habilidades que considere útiles y complementarias a la carrera que se imagina (¿fotografía? ¿idiomas? ¿programación? ¿diseño gráfico?), o también puede dedicarse sobre todo a la Historia misma. Esos 12 cursos no son de manera alguna un máximo.

Para ver cómo funciona esto en la práctica, he conseguido los transcripts de tres estudiantes anónimos. Veamos cuánta superposición hay en los cursos que han llevado:

*El estudiante A reemplazó el obligatorio HSTRY 388 por el curso equivalente HSTRY 395

Como se puede ver, estos estudiantes tienen muy pocos cursos en común, y aún así obtuvieron el mismo grado de Bachelor of Arts (History). Aprovecharon la flexibilidad que provee la ausencia de malla curricular para obtener habilidades que seguramente les ayudarán en el mercado laboral. El estudiante A obtuvo concurrentemente el grado de Bachelor of Science (Computer Science), lo cual le abre las puertas al mundo de la Tecnología de la Información o a las Humanidades Digitales. El estudiante C obtuvo un minor en ciencia militar, por lo cual tiene un puesto de oficial asegurado en las fuerzas armadas de Estados Unidos. El estudiante B, por su parte, optó por enfocarse más directamente en la Historia, sobre todo de los pueblos marginados. La variedad de cursos que llevaron puede ser vista acáNinguna malla curricular predeterminada por un comité podría haber tomado todas estas posibilidades en cuenta. Es solo con currícula abierta que los estudiantes pueden forjarse estos campos laborales, sin dejar de formarse en Historia.

En caso alguien argumentara nuevamente que la comparación habría que hacerla con los estudiantes de postgrado, presento el caso de tres estudiantes de doctorado en la Universidad de Washington:

Si bien hay más superposición que en el caso de los estudiantes de pregrado, la divergencia sigue siendo muy alta. Y esto tiene que ver también con el tema de la empleabilidad en la medida en que cada estudiante decide qué puede significarle una ventaja en el mercado laboral académico. Por ejemplo, si bien los estudiantes A y C se enfocan en el Sudeste Asiático, A también tiene interés en América Latina, mientras que C estudia el Islam. Y mientras que B se enfoca en el imperio británico, también tiene intereses en estudios de género. La currícula abierta permite que cada uno estudie lo que considera que le resultará más ventajoso. La lista de cursos que estos estudiantes llevaron puede ser vista aquí. Basado en la estructura de los planes de estudios revisados de las otras universidades, es de suponer que esta situación es muy común en los programas de doctorado más prestigiosos en Estados Unidos. Pero pese a llevar cursos muy distintos entre sí, igual están recibiendo el mismo grado de Doctor.

 

¿Cómo aplicar esto en el Perú?

Hemos visto que la ausencia de una malla curricular cerrada no es obstáculo para una buena formación, sea esta en pregrado o postgrado. Tal como señalé anteriormente, propongo que esta flexibilidad es una ventaja tanto para los que busquen ser académicos de la Historia, como para los que piensan buscar empleo fuera de la academia en el sentido más tradicional.

Al ser electivos prácticamente todos los cursos, se evitarán embarazosas discusiones dentro del comité del plan de estudios respecto de si el curso Historia económica debería o no ser “degradado” a la condición de electivo, ya que sería igual de electivo que Historia del Perú 3 o Historia Universal 2. Asimismo, este sistema permitiría ofrecer cursos que antes no eran considerados lo suficientemente necesarios como para ser obligatorios, pero que languidecían como electivos. Historia de la revolución francesa, Historia de la esclavitud en el Atlántico o Historia imperial rusa estarían en pie de igualdad con Historia Universal 4. Será el estudiante quien decida qué tipo de curso llevar, o bien cursos temáticos específicos o cursos cronológicos generales (o ambos). Ahora bien, uno podría cuestionar qué pasaría con los “vacíos” en la formación de un historiador que optara por no llevar Historia del Perú 2, Historia de América 3 o Historia Universal 1. La respuesta quizá no agrade a todos, pero es sencillamente decisión del estudiante determinar si ese vacío es un problema para él o ella, o si ya verá la manera de subsanarlo de otro modo en el futuro. Pero ese es un pequeño precio que pagar a cambio de permitirle a cada estudiante decidir qué clase de historiador ser, especialmente cuando la libre decisión sobre los cursos de Historia se combina con la libertad de llevar cursos en otras especialidades.

Quizá no sea posible ir tan lejos como el pregrado estadounidense, donde a veces apenas un tercio de todos los cursos llevados en la universidad son de Historia. Dado que nuestros pregrados buscan combinar tanto la formación general como la especializada, quizá no se puedan dar tal lujo. Se podría considerar la posibilidad de que el requisito mínimo de créditos de Historia sea alrededor del 60% del total (de los cuales tan solo un par serían obligatorios), dejando el resto al libre albedrío de los estudiantes. La idea es que ello sea suficiente para llevar un conjunto de cursos de otras especialidades que consideren que podrían serles útiles. Quizá aquellos que estén interesados en el pasado precolombino podrían llevar cursos de Antropología y Arqueología. O quizá, en lugar de llevar un solo curso genérico de Historia Ambiental, Historia del Derecho o Historia de la Ciencia, aquellos que desearen especializarse en dichos campos podrían llevar varios cursos en las especialidades de Geografía, Derecho o, digamos, Química. No hay forma de prever qué cursos puede necesitar la siguiente generación de historiadores, así que sería mejor dejarlos decidir por su propia cuenta. Y al egresar de la Universidad con una formación más especializada (que quizá podría ser hasta certificada con una mención en el grado) en lugar de ser un egresado genérico, es posible que pueda posicionarse mejor en el mercado laboral académico.

Pero estas ventajas se extenderían a la empleabilidad en el mercado laboral no tradicional. Los estudiantes más bien podrían llevar cursos de programación, diseño gráfico, administración de negocios, márketing, periodismo, gestión cultural, etc. De este modo, cada estudiante tiene la opción de combinar la Historia con las “habilidades prácticas” que considerare conveniente. Y siendo electivos (casi) todos los cursos de la especialidad, queda en él o ella decidir qué cursos “sacrificar” con este fin. Nuevamente, ningún comité que prepare mallas curriculares futuras podrá prever todas las posibilidades que se les ocurrirán a los estudiantes. Y si con estas combinaciones tendrán mejores posibilidades de empleo, ganamos todos.

Cabe enfatizar que todo esto no significaría una “interdisciplinarización forzada” para aquellos que están completamente comprometidos con la Historia. Aparte de los créditos que la universidad o especialidad considere que necesarios para una formación general, nada impide que aquellos estudiantes sigan llevando los mismos cursos que se llevaban con el modelo de malla cerrada (es decir, las secuencias completas de Historia del Perú o Historia Universal). Nada se pierde, pero potencialmente se gana mucho.

¿Cómo se vería un plan de estudios de este tipo en el Perú? Presento, como mero ejercicio intelectual, un esqueleto. Los cursos ofrecidos por la especialidad ni siquiera tendrían que cambiar. Y si bien no es tan radical como me gustaría, quizá podría ser el comienzo de una discusión.

 

Plan de estudios en Historia

Los estudiantes necesitan 220 créditos para egresar, distribuidos en la siguiente manera:

Formación general: un mínimo de 44 créditos.

Obligatorios de especialidad: 12 créditos (Metodología de la investigación histórica, Seminario de investigación 1 y Seminario de investigación 2)

Electivos de especialidad: un mínimo de 120 créditos.

Distribución geográfica: Los estudiantes deberán llevar un mínimo de 8 créditos de historia universal o americana, y 12 créditos de historia peruana.

Distribución cronológica: Los estudiantes deberán llevar un mínimo de 4 créditos en cursos correspondientes al periodo anterior a 1500 y 4 créditos en cursos correspondientes al periodo posterior a 1500.

Electivos libres: los 44 créditos restantes pueden ser llevados dentro de la Especialidad de Historia o fuera de esta, a elección del estudiante.

 

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Jorge Bayona

Jorge Bayona es candidato doctoral en Historia en la Universidad de Washington (Seattle), Magíster en Historia por la misma universidad y Bachiller en Humanidades con mención en Historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú (Lima). Ha sido docente en la Universidad de Washington y la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Se encuentra actualmente en Manila, realizando investigación de archivo para su tesis doctoral. Sus áreas de especialización son el Sudeste Asiático, América Latina y el mundo del Pacífico.

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