Pese a la imagen que nuestra sociedad busca proyectar, de inclusión e igualdad de géneros, la realidad dista mucho de esta idea. Las agresiones contra mujeres y las discriminaciones o abusos por esta misma condición son latentes. En la siguiente entrevista con la directora de Demus, Jannete Llaja, analizamos estos males.

– ¿Qué es lo que pasa en el país por los constantes casos de femicidios?

Hay que hacer un poco de historia. Lo que pasó con el femicidio es que en el 2003 fuimos la primera organización que habló de este tema como tal. Tomamos nota de lo que estaba pasando en ciudad Juárez, México, y sacamos la campaña regional “Ni una muerte más”. Luego el 2005 Flora Tristán y Amnistía Internacional empiezan a registrar los casos. Demus comienza contando los que salen en los periódicos y empieza a visibilizarse el tema. Luego Flora Tristán y Amnistía Internacional sacan un informe. Esto lleva a que el año pasado el ministerio Público y el de la Mujer empiecen a contar los casos, y esto es importante en términos de incidencia porque ya es el Estado el que asume, ahí vemos un cambio.

– ¿Cuán útil son entonces los datos del ministerio Público?

Ahí los datos son de las denuncias. Ellos informan la data oficial. Y devuelven datos que cruzan y que nosotros no podemos cruzar, por ejemplo, de que hay un porcentaje de los casos que las mujeres que murieron ya habían hecho denuncias de agresión familiar, es decir que son denuncias que fueron archivadas.

–¿Entonces las mujeres que denuncian la agresión no consiguen protección?

Hay un problema con la ley, pues dice que se dé una medida de protección, que consiste en sacar al agresor de la casa, prohibir las visitas. Que son las más fuertes. Pero lo que vienen dando los fiscales y los jueces son las medidas de protección de suspensión de la agresión, o sea decirle al hombre que ya no le pegue a su mujer. Así de absurdo. Se ha avanzado jurídicamente, pero es tan fuerte la resistencia en los tribunales que hasta el más convencido de los jueces da esa medida y ordena la terapia para los dos, como si la mujer fuera responsable de la agresión.

– ¿Teniendo el Estado la data del ministerio Público, no está haciendo nada más?

El tema del registro del ministerio Público es como un dato contundente para decir lo que pasa. Cómo casos tan graves terminan en muerte, teniendo medidas de protección o que se archivaron. Entonces es claro que el sistema no está funcionando. Se hace presión al Estado y cuando el Estado lo asume, es un paso importante. Yo creo que feminicidios siempre han existido, solo que no se decía nada hasta que se les llamó así.

Machismo del siglo XXI

– ¿Cree que hay machismo aún en el Perú, en el aparato estatal?

Lo que pasa es que el machismo en el Perú se ha sofisticado. Ya nadie va decir “está bien que le peguen a la esposa”. De cara a la relación del vínculo de pareja, se ha sofisticado, hay otro mecanismo. Por ejemplo, en los casos de violencia contra la mujer, los jueces ahora dan medidas de protección. Dicen ha habido violencia y dan la medida de protección. O los jueces de paz letrados, dicen “sí, es responsable de la violencia”. Sin embargo utilizaban la reserva del fallo condenatorio que es una potestad de los jueces. Entonces no hay sanción. Esta reserva se debe aplicar solo a los casos leves, a las faltas, y lo que pasa es que consideran a este tema solo una falta, no una agresión.

– ¿Es decir que la mujer nunca obtiene nada cuando denuncia la agresión?

Nosotros tuvimos un caso de una mujer a la cual la golpearon en la cara y quedó mal, y el monto de reparación civil que se ordenó fue de 50 soles. La Defensoría del Pueblo hizo un recuadro: señala que el 77% de las sentencias que declaran culpa del agresor tenía reserva del fallo condenatorio. De todos los expedientes que la Defensoría revisó a nivel nacional en el 60% de casos la reparación económica era menor a 29 dólares. O del 83% la suma era menor a 59 dólares, son montos que al final no alcanzan ni para cubrir los pasajes que te demanda mantener el juicio.

– ¿Ve aún machismo en la forma de recibir las denuncias?

En violencia sexual la cosa es muy complicada. Si escuchamos al presidente García decir que una chica murió por calenturienta (caso Joran van der Sloot), eso te devuelve a la realidad. Se le sigue acusando a la mujer de las agresiones de que es víctima. Decir que usa minifalda y por eso la violaron es más o menos lo mismo. Es responsabilizar a las mujeres de lo que les pasa. Si tú eres divorciada, saliste sola en la noche, son para la justicia agravantes en tu contra.

– ¿Se ven aún esos comentarios en las cortes?

Se ha ido refinando, se han sofisticado. Lo que pasa es que si Alan García dijo eso, se sienten respaldados. En el nivel judicial el tema es por la carga de la prueba. Hay una duda hacia lo que dice la víctima. Una violación sexual es complicada de probar si es que tú no crees en la víctima. La prueba del médico legista no es necesariamente la verdad de lo que pasó, el resultado dice el estado del himen. O sea sólo va a funcionar la prueba si es que eras virgen. Porque se rompe el himen, dicen desfloración reciente o antigua. La prueba del himen no dice nada. Entonces empiezas a pensar en laceraciones, y qué pasa si te inmovilizaste. Entonces para nosotras es importante el tema sicológico.

Consideramos la pericia sicológica y la declaración de la víctima, para que sean incluidas.

– ¿Y si la mujer acusa como venganza?

Ya se ha establecido que una declaración puede quebrar la presunción de inocencia. En el proceso, la declaración debe ser uniforme, que no haya un problema antes entre las personas. Muchos de los casos dicen ‘yo no tenía nada que ver con el agresor’. Y lo tercero tiene que ver con que haya algunos otros sucedáneos de pruebas. Acá entra la pericia sicológica, el sicólogo va a decir que tiene estrés postraumático compatible con víctima de violencia sexual. Y en el caso de las niñas y niños sí es posible identificar la agresión.

– ¿Y de qué forma persiste entonces el machismo?

Yo he ido a audiencias y he visto que a la mujer le preguntan cuántas veces la penetraron, ese tipo de preguntas son absurdas. Si una vez dijo tanto y otra diferente dicen que se ha contradicho y se descarta. Hay muchos problemas.

La mayoría de mujeres que denuncia una violación, estoy convencida que dicen la verdad, porque el costo social de admitir haber sido víctima es tan alto que a veces ellas mismas prefieren no decir nada. Es la violada, la estigmatizada. Además se cuestiona si lo buscó o no. Un claro ejemplo de esto es lo que le pasó a la actriz Leslie Stewart. ¿Fue el tema si ella quiso o no quiso? Lo que pasó es que le cuestionaron porqué si ella es madre estaba en la calle, sola, con un hombre en la noche.

– ¿Y se ha usado la violación como un método machista?

Nosotras, desde el 2003, empezamos a trabajar el tema de violencia sexual en el conflicto armado, fundamentalmente desde los militares. A partir del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación empezamos a trabajar ese tema. Un aporte que dimos fue que la violencia sexual siempre se ha dado, solo que en épocas determinadas como un conflicto interno tiene características mucho más profundas pero que es la misma lógica.

Se trata del tema de control de la sexualidad de las mujeres, porque el violador no es que tenga placer sexual cuando viola, el placer está en imponer, en el abuso. Porque si no podría ir por otros medios. Es el daño que quieren hacer. Ya la CVR fue una de las primeras a nivel mundial que identifica cómo la violencia sexual es usada como un arma de guerra. Es una afrenta hacia el grupo ‘porque estoy violando a tus mujeres’. O inclusive violo hombres para feminizarlos, porque ser femeninos es lo peyorativo, para humillarlos. Esa es la lógica de este sistema.

– ¿Cuáles son los cambios a favor de las mujeres que han visto a los largo del trabajo de Demus?

Hasta el 84 las mujeres tenían que pedir permiso a sus parejas para poder trabajar. Estaban bajo el sistema de la potestad marital. Hasta 1991 podían ser violadas por sus esposos y esto no constituía un delito. Y eso debe ser hasta ahora porque no hay juicios ni denuncias. Pero la ENDES sí reporta casos de violencia sexual dentro de la pareja. Hasta 1996 había la figura de que si el violador ofrecía casarse, se eximía de la culpa. En ese lapso salió la novela ‘Leonela’ cuyo eje del drama es que la víctima se enamora del violador.

– ¿Y cuál es el sector donde el machismo está más arraigado en nuestra sociedad?

Hicimos investigación con juezas para ver porqué no ascendían. Esto tiene que ver con que las mujeres hemos ingresado al espacio laboral, pero no necesariamente se han modificado las relaciones dentro de la casa, por lo tanto las mujeres tienen doble o triple jornada, porque continúan haciéndose cargo del hogar.

Hay una pirámide. Hay más hombres que mujeres, hay más mujeres que antes y hay más mujeres en los juzgados de Paz Letrados, menos en los Juzgados Especializados y mucho menos en Corte Superior, y en la Corte Suprema son mucho menos aún.

– ¿Y esto es generalizado en el Poder judicial?

Mira, uno de los requisitos para ascender es ser una buena persona y un buen juez. Entonces cuando a una mujer le preguntan en la entrevista para promocionarla, le pueden decir ‘porqué no se ha casado’ o porqué no es docente en una Universidad’. Y esos no son aspectos de ser una buena persona o un buen juez. Lo que sucede es que la mujer no puede dedicarse a la carrera y ser docente universitario, porque a las seis de la tarde sale corriendo para ver el tema de su casa, de su familia y los hijos. En el tema de los hombres esto no es así, y eso es discriminante.

Cambios a favor de las mujeres

De acuerdo a información proporcionada por Demus, en las últimas dos décadas en el país se ha vivido cambios importantes a favor de los derechos de las mujeres, lo que si bien evidencia una progresión hacia la igualdad, no es suficiente para hablar de un país sin discriminación:

• Hasta 1984 las mujeres eran consideradas menores de edad, y debían pedirle permiso a sus esposos para poder trabajar, pues estaban bajo la figura de la potestad marital.

• Hasta 1991 las mujeres estaban obligadas legalmente a tener relaciones sexuales con sus esposos aunque no lo quisieran, luego se tipificó en el Código Penal el delito de violación dentro del matrimonio, sin embargo hasta la fecha no se tienen reportes de este tipo de denuncias.

• Hasta 1993 la violencia familiar era un asunto considerado privado y a resolverse entre las cuatro paredes del hogar, la ley que tipificaba ese delito se aprobó recién en ese año, y empezó a judicializarse las denuncias contra los agresores. Sin embargo las sanciones que se dan no corresponden a la magnitud de los daños.

• Hasta 1997 un violador sexual se eximía de la pena por el delito cometido si se casaba con su víctima, aún si esta se negara a ello.

FUENTE: DIARIO LA PRIMERA

(CODEHICA)- 20/07/2010

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