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Por César Hildebrant

Dos sucesos aparentemente distantes resultan ligados íntimamente.

El primero es una encuesta que ayer hizo circular la Universidad Católica y que trata sobre valores y exclusión social.

Resulta que la mayoría (31 por ciento) de los 1,262 encuestados por la PUCP a nivel nacional le ha dicho a los sorprendidos planilleros del sondeo que “el peor defecto de los peruanos es la impuntualidad”.

¿Cómo? ¿La impuntualidad es lo peor del Perú, el país que permitió a Fujimori, reeligió a García y podría votar por la hija de Fujimori –receptora masiva de fondos sucios proporcionados por la mafia de su apá-?

¿Así que no es el cinismo, el incivismo, el desprecio por el prójimo, el voluntarismo idiota, la vocación por la estafa, el talento para la humillación y la agachada? ¿O sea que no somos ingleses y a veces se nos pasa la hora?

Claro, la tremenda verdad es que los encuestados han mentido como marranos, corroborando, precisamente, las peores aprehensiones en torno a los valores que nos rigen.

La mendacidad es uno de los rasgos más nítidos de la sociedad peruana. Aquí mienten desde Cipriani hasta el maestrito del Sutep. Aquí se miente en declaraciones juradas (Allison dixit), en hojas de vida (señora Suárez por ejemplo), en discursos oficiales (especialidad de García) y hasta en el santo sacramento de la confesión (imaginen lo que Rey admitirá haber hecho a la hora del susurro purgador).

El otro hecho relacionado es lo que ayer ha descubierto “Perú.21” respecto del Mudo sinvergüenza que gobierna la ciudad “con puño de yerro”.

Cuando leí el asunto, la primera frase que se me ocurrió fue esta:

-Por fin, ¡lo pescaron!

Y es cierto. Hace rato que muchos sospechábamos que el Mudo dirigía una banda que quería imitar a aquella otra de Alí Babá-Kurí (que es la principal, nadie lo duda, la de un Glen Miller dedicado al saqueo).

Pero lo que no sabíamos era cómo lo estaban haciendo, de qué manera estaban borrando huellas, con qué profesionalismo usaban la ganzúa, la pata de cabra y el cogoteo por la espalda.

Bueno, ahora lo sabemos:

Paso 1): No le pagan ciertos servicios a Relima (la empresa de limpieza).

Paso 2): Relima se va a un arbitraje que termina ganando. Reclama 47 millones de soles.

Paso 3): La Banda del Mudo acepta pagar 41 millones (36 de deuda y 5 de intereses), pero en diez años. Relima aparenta aceptar.

Paso 4): Relima le vende la deuda (es decir, su acreencia) a una empresa que “alguien” crea sólo para ese propósito. Se la vende con un 65 por ciento de descuento (¡ganga!), o sea que Relima recibe 14 millones y seiscientos mil soles de un porrazo y ya no los 41 millones en diez años. Esa empresa que “alguien” crea sólo para comprarle a Relima su deuda con el Municipio se llamó “Comunicore”.

Paso 5): En un giro sorprendente, extraordinario y malabarístico, el municipio de Lima “decide”, dos semanas después de que “Comunicore” comprara la deuda de Relima, que ya no pagará a plazos nada y que pagará al contado todo. Sí, como usted lo lee, amable lector: un 31 de diciembre los muy afortunados muchachos de “Comunicore” se enteran de que el municipio de Castañeda Lossio les va a pagar –y les pagó- los 36 millones de soles originales ¡y al contado!

Paso 6): el municipio de Castañeda procede a pagarle a “Comunicore” 36 millones de soles de un solo cocacho y en un solo cheque de gerencia. “Comunicore” obtiene así, en dos semanas, un poquito menos que 22 millones de soles de utilidad. ¿Y quién dice que en el Perú es difícil prosperar?

Paso 7): “Comunicore” se liquida. Total, después de ganar casi 22 millones de soles en dos semanas, ¿para qué seguir existiendo?

¿Y la Contraloría? Bueno, investigando a Forsur y a remotos municipios provinciales. O sea que el contralor Khoury ya entendió el mensaje y lo de Alí Babá-Kurí podría abrirse a nuevos socios.

¿Y Castañeda? Más discreto que nunca, regando concreto y hormigón y elevando como con levadura los presupuestos originales de todo lo que edifica. Porque, como usted sabe, “el Perú construye”.

¿Y los encuestados de la Universidad Católica?

Pues diciendo que somos impuntuales.

¿Y por qué no?

Total, la misma pontificia universidad que Cipriani desea capturar adjunta a la encuesta que hemos reseñado el comentario de dos catedrales de la virtud, la ética, la coherencia y la honradez intelectual: Chichi Valenzuela, docente de la Católica a quien presentan como lingüista (para dolor de Martha Hildebrandt), y César Campos, cuya foto yace junto a una leyenda que dice así: “Abogado PUCP”.

Y esta pareja de alanistas a destajo habla de “valores” y del “carácter nacional” con la misma sabiduría con la que el ratón Mickey podría referirse a las 320 variedades del queso francés.

Una maravilla.

Así que la impuntualidad.

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