Francisco en Chile: Dignidad, perdón, justicia y unidad

11:00 a m| 24 ene 18 (VN/RD/BV).- La llegada a tres ciudades en Chile ha dejado como saldo una visita menos exitosa de lo esperado por menor concurrencia de gente a los actos masivos y a las calles al paso del Papa. sin embargo, sí abordó directamente tres temas que han conflictuado a la Iglesia en ese país. El primero y más complejo es el de los abusos sexuales de sacerdotes a menores, ante los que expresó su dolor y pidió perdón. Incluso se reunió con algunas víctimas.

El segundo tema, también difícil, fue la relación con el pueblo mapuche a quienes saludó en su idioma, acogió en un almuerzo privado y dio orientaciones firmes. Y, el tercero, ha sido cómo aludiría a la dura dictadura vivida en el país. En este caso, además de algunas menciones en sus homilías o discursos, destaca su encuentro con el presidente de la organización de detenidos-desaparecidos de Iquique y familiares de esas víctimas.

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Reseña de la visita (Consuelo Vélez)

De nuevo Francisco muestra esa “otra manera” de ser Papa. Rompe protocolos, habla de la realidad y no de la “doctrina”, expresa afecto y cercanía, interpela, cuestiona, invita, anima, despierta esperanza y entusiasmo. En Chile esto no parecía ser fácil. La iglesia chilena ha sido muy afectada por los abusos de algunos clérigos y la gente reclama una acción contundente frente a esto. En este aspecto parece que los logros no fueron suficientes.

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Aunque el papa pidió perdón por esa realidad en su discurso a las autoridades -“Y aquí no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza, vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir”- al final defendió al Obispo Barros profundamente cuestionado por encubrimiento de esa situación (luego pidió disculpas por eso). El Papa debe tener razón pero a una porción del Pueblo de Dios le duele esta situación y tal vez otro tipo de respuesta hubiera sido más sanadora. El tiempo lo dirá.

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Ahora bien, todos los mensajes del Papa (con las autoridades; en la misa en Santiago; con las reclusas; en el encuentro con los sacerdotes, religiosos/as y seminaristas; con los obispos; en la misa en Temuco; con los jóvenes; en la Universidad Católica de Chile y en la misa en Iquique) continúan alentando la esperanza y comprometiendo el caminar eclesial en la línea de la misericordia, del compromiso con los más pobres, del trabajo por la justicia, la vivencia de ser Pueblo de Dios -libres de clericalismo-, la valoración de los pueblos originarios y de la palabra audaz y propositiva de los jóvenes.

No es posible hacer referencia a toda la riqueza señalada, pero retomemos algunos puntos. A las autoridades las invitó a “escuchar” (así lo hizo también en Colombia) “a los parados, que no pueden sustentar el presente y menos el futuro de sus familias; a los pueblos originarios, frecuentemente olvidados y cuyos derechos necesitan ser atendidos y su cultura cuidada para que no se pierda parte de la identidad y riqueza de esta nación. Escuchar a los migrantes, a los jóvenes, a los ancianos, a los niños”, y recordó la responsabilidad con la casa común.

Con lenguaje que conecta con el caminar latinoamericano en la homilía de la Misa en el Parque O´Higgins, retomando las palabras del Card. Raúl Silva (pastor de la década de los 70s) y a partir de las Bienaventuranzas afirmó: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia. Y si alguien nos pregunta ¿Qué es la justicia? O si acaso consiste solamente en no robar, le diremos que existe otra justicia: la que exige que cada hombre sea tratado como hombre”. En el mismo sentido retomó las palabras de San Alberto Hurtado: “está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien”.

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En su discurso a las reclusas apeló a la dignidad de las personas como fundamental desde el querer de Dios: “Ser privado de la libertad no es lo mismo que estar privado de la dignidad, no, no es lo mismo. La dignidad no se toca a nadie, se cuida, se custodia, se acaricia. Nadie puede ser privado de la dignidad”.

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Y, una vez más, dirigiéndose al clero, religiosos/as y seminaristas se centró en el clericalismo tan urgente de erradicar. Más aún dijo que los laicos no “no son nuestros peones, ni nuestros empleados. No tienen que repetir como loros lo que les decimos”.

El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes y propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de los pueblos. El clericalismo se olvida de que la visibilidad y la sacramentalidad de la iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios y no solo a unos pocos elegidos e iluminados. Recomendó especialmente que se vele por la formación de los seminaristas en este sentido. Además la formación ha de asumirse para un mundo secularizado y no para “mundos o estados ideales”.

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En Temuco fue importante el encuentro con los pueblos originarios, especialmente con los Mapuches, que vienen reclamando sus derechos y no encuentran una respuesta en justicia. El papa los saludo en su lengua y haciendo eco de las palabras de Violeta Parra dijo: “Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar”.

Hizo memoria de las graves violaciones a los derechos humanos que tuvieron lugar en el aeródromo donde estaban celebrando la misa y llamó a la unidad que no puede ser uniformidad ni puede alcanzarse por la fuerza. Valoró la riqueza cultural y la urgencia de dejarse enriquecer por esa sabiduría ancestral a la que no le pueden violar su derecho a decidir qué hacer con la tierra que en justicia les pertenece y no puede sacrificarse por proyectos que atacan la armonía de la creación.

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Los jóvenes fueron animados a seguir soñando y no renunciar a sus sueños. Los invitó a participar activamente del próximo sínodo sobre los jóvenes y a no perder la “conexión” (haciendo semejanza con la conexión a internet) con Jesús e implementar la “contraseña” que tenía San Alberto Hurtado: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.

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A la Universidad Católica de Chile la invito a una formación que integre los diversos lenguajes que constituyen a las personas: el intelecto, los afectos y las manos (cabeza, corazón y acción) y a crear espacios donde la fragmentación no sea el esquema dominante sino que ha de fomentar la verdadera universitas. Además ha de dialogar desde una episteme capaz de asumir la interdisciplinariedad y la interdependencia del saber. Destaco el aporte de los pueblos originarios con sus tradiciones culturales y ellos deben ser los principales interlocutores sobre todo a la hora de avanzar en los grandes proyectos que afecten a sus espacios.

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La visita del Papa terminó con la celebración de la misa en el Campus Lobito, en Iquique, zona de migrantes y por eso, haciendo eco al evangelio de las bodas de Caná, invitó a no tener miedo para alzar la voz y decir que “no tienen vino”. El clamor del pueblo de Dios pobre muestra las situaciones de injusticia y las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Por eso estar atentos a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares, a los que aprovechan de la irregularidad de muchos migrantes para explotarlos, atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Nuestra solidaridad y nuestro compromiso con la justicia han de ser parte del baile o la canción que podemos entonarle al Señor.

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En definitiva, llamó a no perder la capacidad de soñar con una opción misionera y profética que sea capaz de transformarlo todo para que las costumbres, estilos, horarios, lenguaje y estructura eclesial se conviertan en cauce adecuado para la evangelización. Esta es la iglesia con la que sueña Francisco. Esta es la que intenta mostrar con sus palabras y obras en todos sus viajes. ¿Nos estaremos acostumbrando a sus palabras y gestos sin comprometernos a ponerlos en práctica? Un serio examen sobre esto sería muy importante. Francisco se mueve pero nuestra iglesia parece que va a paso muy lento.

 

 

Así ha sido el almuerzo de Francisco con 11 indígenas de la Araucanía

Tras la Misa en el aeródromo de Maqueue ante 200.000 peregrinos, el papa Francisco se ha dirigido a la casa Madre de la Santa Cruz –a pocos kilómetros del aeródromo–, convento habitado por las hermanas de la Santa Cruz, con gran presencia en el continente. Allí ha almorzado con otras 11 personas originarias de la zona, 8 de ellos mapuches. Entre ellos se encontraba un representante de la comunidad mapuche de Boyeco, una artesana tejedora, un buzo mariscador, otras dos mujeres mapuches y un agricultor, propietario de unas tierras dadas por el Estado al pueblo mapuche como compensación, según informa la Agencia EFE.

Además de ellos, han tenido la oportunidad de compartir mesa con el Pontífice dos inmigrantes, uno de ellos haitiano y el otro descendiente de colonos suizos, así como el propio obispo de Temuco, Héctor Vargas Bastidas, quien agradeciera esta mañana al Papa su visita tras la Misa en el aeródromo, pues la Araucanía es una tierra “azotada por el desempleo, la inequidad, la desintegración de la familia y la deuda histórica del Estado con el pueblo mapuche”, como indicó en su alocución.

¿Quién fue quién en el almuerzo?

Representantes del Pueblo Mapuche:

1. Sebastián Cayuleo (Comunidad de Boyeco)
2. Rubén Nahuelpán (Buzo mariscador. Comunidad de Nehuentúe)
3. Teresa Hueche (Comunidad de Maquehue)
4. Jaqueline Huircán (Comunidad de Nueva Imperial)
5. Juan Pailahueque (Pequeño agricultor en tierras dadas por el Estado, como reparación)
6. Silvia Llanquileo (Figura religiosa y de salud ancestral de su comunidad De Enoco)
7. Rigoberto Queupul (Cultivador de hortalizas y frutales. Figura ancestral en su Comunidad de Conoco)
8. Patricia Panchillo (Tejedora a telar y artesana de la Comunidad de Cuyimko)

Víctima de la violencia rural:

9. Jessica Bascur (Provincia de Malleco)

Inmigrantes:

10. Alex Hund Diethelm (De familia de colonos suizo-alemanes)
11. Garbens Saint Fort (Migrante haitiano)

 

El Papa se reunió con víctimas de abuso sexual en Santiago de Chile

Al cabo de una jornada en la que el Papa dos veces pidió perdón por el escándalo de abusos sexuales de menores por parte del clero, su vocero, Greg Burke, anunció que Francisco se reunió con “un pequeño grupo” de víctimas, en la nunciatura, después del almuerzo.

“El encuentro ha tenido lugar en forma estrictamente privada y no había nadie más presente, solamente el Papa y las víctimas. De ese modo han podido contar sus sufrimientos al papa Francisco, que les ha escuchado, rezado y llorado con ellos”, dijo Burke, leyendo una declaración durante una rueda de prensa en la sala de prensa montada por el gobierno para la visita, en un salón del hotel Sheraton.

Burke no quiso dar detalles ni de cuántas víctimas, ni si se trataba de varones o mujeres, ni tampoco si se trataba de abusados por el sacerdote Fernando Karadima, el caso más emblemático en Chile, condenado en 2011 y suspendido. Sólo especificó que la reunión duró “media hora”.

No es la primera vez que Francisco se reúne con víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Ya lo había hecho en el Vaticano, en su residencia de Santa Marta y en Philadelphia, durante su viaje a Estados Unidos de septiembre de 2015.

 

Francisco asegura que “no hay pruebas” contra el obispo Barros por encubrir abusos (y luego se disculpa)

Francisco pidió perdón y confesó que siente “dolor y vergüenza”. Sin embargo, donde no cede es en la defensa del obispo Juan Barros, acusado de encubrir al sacerdote Fernando Karadima, condenado por abusos: “No hay pruebas”, aclaró ante la pregunta de los medios.

Los reporteros chilenos buscaban una respuesta del Papa al caso del actual obispo de Osorno. Y la tuvieron el 18 de enero en Iquique. Durante un segundo se le cambió el gesto al Papa y la seriedad se apoderó de su cara: “El día que me traigan una prueba, ahí voy a hablar. No hay ninguna. Todo es calumnia”. Media vuelta y al Papamóvil de nuevo.

Sin embargo, luego en la conferencia de prensa en el vuelo de regreso a Roma -al terminar su visita a Chile y Perú-, pidió disculpas porque se dio cuenta que usar la palabra “prueba” hirió a muchos abusados. Durante el diálogo con los periodistas abordó nuevamente el caso Barros, señalando que “se estudió, se re estudió, y no hay evidencia de culpabilidad. Es lo que quise decir… Mi expresión no fue feliz, no la pensé. Lo digo con sinceridad”.

“La palabra prueba no era la mejor para acercarme a un corazón dolorido. Me hace doler mucho, porque en Chile recibí a dos (víctimas) y hubo otros más escondidos”, continuó el Pontífice, “sé cuánto sufren, sentir que el Papa les dice en la cara ‘denme una carta con la prueba’, es una bofetada”.

 

Futuro de la iglesia chilena (Análisis de Jorge Costadoat)

La visita del papa Francisco ha dejado a la iglesia chilena en una grave crisis. No han sido sus últimas palabras de respaldo al obispo Barros la causa del estruendo y la estampida. Hace ya muchos años que los católicos no se sienten interpretados por sus pastores. La crisis en curso es una crisis de confianza. Los fieles no creen a las autoridades que debieran transmitirles el cristianismo. El Papa pide pruebas contra Barros. Los acusadores o el mismo Comité permanente del episcopado tendrán que hacer una acusación formal que permita deponer al obispo por carecer de “buena fama” (Código de derecho canónico 278, 2).

Pero el problema es más profundo: la jerarquía eclesiástica no parece entender que, desde el punto de vista del sentir común de los ciudadanos, se ha invertido el peso de la prueba. Los chilenos, en vez de confiar en ellos, han preferido creerle a las víctimas de los abusos sexuales, psicológicos y espirituales del clero.

¿Qué viene? No tengo ninguna idea precisa. No tengo tampoco autoridad moral para dar instrucciones a nadie. Pero como un bautizado entre otros, me siento urgido a hacer el bosquejo de la iglesia que espero.

Creo que la iglesia católica del futuro tendrá que escribirse con minúscula: iglesia y no Iglesia. En ella el eje horizontal debiera ser infinitamente más importante que el vertical. La iglesia horizontal existe. Es maravillosa. El problema es su invisibilidad. Hablo del cristiano común y corriente atento a su alrededor, pronto a ayudar a cualquiera. Me refiero a iniciativas privadas de beneficencia. Muchas fundaciones llevan un nombre cristiano. En ellas prima una mística de amor a la humanidad sin apellido.

Tengo en mente comunidades de base en parroquias populares. Mi propia comunidad Enrique Alvear de Peñalolén. Pero también pienso en comunidades en sectores acomodados que se reúnen para entender sus pobres vidas a la luz de la palabra de Dios. ¿No pudieran generarse redes de reconocimiento y de contacto entre las organizaciones cristianas? ¿No tienen experiencias que compartir, bienes que poner en común y necesidad de hermandad en tiempos de feroz orfandad?

La iglesia católica en Chile, a mi parecer, debiera ser fundamentalmente una iglesia de hermanos y hermanas. No por nada los evangélicos se llaman así. Es hermoso verlos tratarse en estos términos. Fidelidad horizontal, perdón mutuo, amor horizontal, enseñanza horizontal, aprendizaje horizontal, gobierno horizontal, esto es lo que falta. Lo que urge es democracia, participación de la mujer, reconocimiento de la dignidad de los diferentes y disidencia. En la iglesia del futuro “los últimos debieran ser los primeros y los primeros los últimos” (Jesús).

Una iglesia horizontal tendría que poder aprender de sí misma y, por lo mismo, gozar de la libertad suficiente para probar y equivocarse. Cada uno tendría que poder arreglárselas con el Evangelio a su manera. A los que no han podido sino sufrir en su vida, su dolor tendría que serles convalidado como el grito en la cruz de Jesús contra Dios.

Me han llegado varios avisos de personas dispuestas a dar un paso fuera de la iglesia. Les digo cuidado. Se trata de una tradición de 2,000 años. No es cuestión de conservarla como joya de museo. Hoy, cuando el mundo experimenta una progresiva desorientación, se harán más necesarias las experiencias colectivas probadas de humanidad que nos digan más o menos por dónde seguir. (Los abuelos probablemente se volverán más necesarios que Google). Una iglesia con minúscula, la mera idea de una iglesia horizontal, no salen de la nada. Son inspiradas por una tradición cristiana milenaria que cree en la fraternidad entre los seres humanos.

Lo que se necesitan son nuevas interpretaciones del cristianismo, mucho más creativas o mucho más proféticas que las que le ha tocado a nuestra generación. En las últimas décadas hemos debido padecer un catolicismo impuesto de arriba-abajo, y a raja tabla. La libertad, la alegría, el juego, la reconciliación y la apertura a las otras tradiciones de humanidad, filosóficas y religiosas, la conjugación del cristianismo con los seres humanos más diversos, puede, espero, que le devuelva a la iglesia la vitalidad que pierde como globo que se desinfla.

¿Qué espacio tendrán los obispos y el Papa en la iglesia del futuro? No logro verlo con claridad. Es evidente que la iglesia necesita orientaciones, mando y organización. Pero la estructuración de la única iglesia que podría continuar transmitiendo a Cristo, pienso, no podrá seguir siendo verticalista y clerical.

 

Homilias y discursos completos:

 

Otros enlaces y actividades:

 

Fuentes:

Revista Vida Nueva / Religión Digital / La Nación

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