11 frases del Papa a los líderes de Europa

6:00 p m| 29 mar 17 (VN/RV/BV).- Es la solidaridad el único antídoto eficaz a los “modernos populismos” que están echando raíces en el viejo continente. Lo subrayó Francisco hablando a los jefes de estado y de gobierno de la Unión Europea en la vigilia del aniversario de la firma del Tratado de Roma, que dio lugar a la CEE. “Centralidad del hombre, solidaridad efectiva, apertura al mundo, búsqueda de la paz y del desarrollo, apertura al futuro”: los cinco pilares sobre los que los padres de Europa hace sesenta años “han querido edificar la Comunidad económica” fueron propuestos por el Pontífice en su discurso, para reiterar que “a quien gobierna le corresponde discernir los caminos de la esperanza”. Porque “este es su cometido: discernir los caminos de la esperanza, identificar los procesos concretos para hacer que los pasos realizados hasta ahora no se dispersen, sino que aseguren un camino largo y fecundo”.

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El Papa Francisco volvió a encontrar a los jefes de Estado y de gobierno de Europa con motivo de la celebración del sexagésimo aniversario del Tratado de Roma, que dio existencia a la Comunidad Económica Europea (CEE), y que en estos días se celebra en la capital italiana. El encuentro se llevó a cabo la tarde del viernes 24 en la Sala Regia del Palacio Apostólico, donde hace menos de un año el Papa acogió a los líderes de los países europeos luego de la entrega del Premio Carlomagno, que el Obispo de Roma aceptó dedicándolo a la paz.

El de este viernes es el tercer encuentro con representantes de Europa de Francisco, que el 2014 visitó el Parlamento europeo en Estrasburgo. Los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea y sus delegaciones presentes hoy fueron 27, además de los representantes de las instituciones europeas: Antonio Tajani, Presidente del Parlamento Europeo; Donald Tusk, Presidente del Consejo Europeo, y Jean-Claude Junker, Presidente de la Comisión Europea. Antes del discurso del Papa, intervinieron el Presidente del Consejo de ministros italiano Paolo Gentiloni, y el Presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani.

La palabra del Pontífice fue fuerte porque era realista y al mismo tiempo abierta al futuro con confianza. Y parece que se necesitaba a un Papa, por primera vez, venido de América, con orígenes familiares radicados en Italia, para pronunciar esta palabra. Efectivamente Bergoglio eligió hablar de memoria y de esperanza, subrayando su lazo indisoluble. “No se puede comprender el tiempo que vivimos sin el pasado, entendido no como un conjunto de hechos lejanos, sino como la savia vital que irriga el presente” destacó, introduciendo una reflexión sobre el significado del aniversario.

En el discurso papal es fácil reconocer una línea basada en el entrelazamiento persuasivo de menciones a los padres fundadores de la unificación europea. Un proceso nacido por exigencias económicas, pero con la conciencia, entonces clara, de “un modo de concebir al hombre a partir de su dignidad trascendente e inalienable”, como subrayó Alcide De Gasperi en uno de sus últimos discursos, dentro de la fidelidad “al espíritu de solidaridad europea” evocado en la firma de los tratados.

En 1957 Europa se estaba volviendo a levantar de las consecuencias de la guerra mundial, entre las cuales destacaba la capa sofocante de la “barrera artificial que, desde el Mar Báltico hasta el Adriático, dividía el Continente”. Pero hoy el bienestar económico, que a Europa “ha cortado las alas”, ha terminado por cancelar la memoria de la reconstrucción, de la “fatiga” que ha sido necesaria para derribar ese muro e incluso del “tiempo de paz más largo” conocido por Europa en los últimos siglos.

Es necesario entonces volver al espíritu de servicio, a la pasión política y “a la conciencia de que “en el origen de la civilización europea se encuentra el cristianismo”, sin el cual los valores occidentales de dignidad, libertad y justicia resultan en su mayor parte incomprensibles” dijo el Papa citando una vez más a De Gasperi. Y hoy estos “valores continuarán encontrando plena ciudadanía si sabrán mantener su nexo vital con la raíz que les ha generado. En la fecundidad de tal nexo está la posibilidad de edificar sociedades laicas, exentas de contraposiciones ideológicas” prosiguió el Pontífice. Añadiendo que en estas sociedades todos, sin distinción de origen, creyentes y no creyentes juntos, encuentran un lugar.

Es esta la vía que hay que recorrer para superar la desconfianza en una Europa vista solo como “un conjunto de reglas a observar” y para vivir las crisis de hoy como desafíos y ocasiones. Abriéndose, como el continente ha siempre hecho en su historia, y viviendo la solidaridad como “eficaz antídoto a los modernos populismos”. Es decir, volviendo a una política digna de este nombre, para “recomenzar a pensar en modo europeo”.


Las frases principales de Francisco
(Revista Vida Nueva)

“Europa es una manera de concebir al hombre”

1. “Europa no es un conjunto de normas que cumplir, o un manual de protocolos y procedimientos que seguir. Es una vida, una manera de concebir al hombre a partir de su dignidad trascendente e inalienable y no solo como un conjunto de derechos que hay que defender o de pretensiones que reclamar”.

Europa es solidaridad. La persona, en el centro

2. “El primer elemento de la vitalidad europea es la solidaridad”.

3. “Europa encuentra de nuevo esperanza cada vez que pone al hombre en el centro y en el corazón de las instituciones”.

“Comunidad de personas” donde todos caben

4. “Europa es una familia de pueblos y, como en toda familia, existen susceptibilidades diferentes, pero todos podrán crecer en la medida en que estén unidos. La Unión Europea nace como unidad de las diferencias y unidad en las diferencias. Hoy la Unión Europea tiene necesidad de redescubrir el sentido de ser ante todo ‘comunidad’ de personas y de pueblos”.

5. “La posibilidad de edificar sociedades auténticamente laicas, sin contraposiciones ideológicas, en las que encuentran igualmente su lugar el oriundo, el autóctono, el creyente y el no creyente”.

Sin miedo a los inmigrantes

6. “En un mundo que conocía bien el drama de los muros y de las divisiones, se tenía muy clara la importancia de trabajar por una Europa unida y abierta, y de esforzarse todos juntos por eliminar esa barrera artificial que, desde el Mar Báltico hasta el Adriático, dividía el Continente. ¡Cuánto se ha luchado para derribar ese muro! Allí donde desde generaciones se aspiraba a ver caer los signos de una enemistad forzada, ahora se discute sobre cómo dejar fuera los ‘peligros’ de nuestro tiempo”.

7. “No se puede limitar a gestionar la grave crisis migratoria de estos años como si fuera solo un problema numérico, económico o de seguridad. La cuestión migratoria plantea una pregunta más profunda, que es sobre todo cultural. ¿Qué cultura propone la Europa de hoy?”.

8. “El miedo que se advierte encuentra a menudo su causa más profunda en la pérdida de ideales. Sin una verdadera perspectiva de ideales, se acaba siendo dominado por el temor de que el otro nos cambie nuestras costumbres arraigadas, nos prive de las comodidades adquiridas, ponga de alguna manera en discusión un estilo de vida basado sólo con frecuencia en el bienestar material”.

Contra los populismos

9. “Europa vuelve a encontrar esperanza en la solidaridad, que es también el antídoto más eficaz contra los modernos populismos. Los populismos, al contrario, florecen precisamente por el egoísmo, que nos encierra en un círculo estrecho y asfixiante y no nos permite superar la estrechez de los propios pensamientos ni ‘mirar más allá’. Es necesario volver a pensar en modo europeo, para conjurar el peligro de una gris uniformidad o, lo que es lo mismo, el triunfo de los particularismos”.

No hay paz sin desarrollo

10. “Europa vuelve a encontrar esperanza cuando invierte en el desarrollo y en la paz. No hay paz allí donde falta el trabajo o la expectativa de un salario digno. No hay paz en las periferias de nuestras ciudades, donde abunda la droga y la violencia”.

El futuro de Europa

11. “Europa vuelve a encontrar esperanza cuando se abre al futuro. Cuando se abre a los jóvenes, ofreciéndoles perspectivas serias de educación, posibilidades reales de inserción en el mundo del trabajo. Cuando invierte en la familia, que es la primera y fundamental célula de la sociedad. Cuando respeta la conciencia y los ideales de sus ciudadanos. Cuando garantiza la posibilidad de tener hijos, con la seguridad de poderlos mantener. Cuando defiende la vida con toda su sacralidad”. La Unión Europa no tiene ante ella una inevitable vejez, sino la posibilidad de una nueva juventud”.


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Fuentes:

Vida Nueva / L’Osservatore Romano / Radio Vaticana

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