Martin Scorsese: “Me asombro de haber recibido la gracia de hacer esta película (Silence)”

6:00 p m| 14 dic 16 (CDS/BV).- Se mantiene la expectativa por el próximo estreno de la película “Silence” que narra el martirio de los misioneros jesuitas en el Japón del siglo XVII. Acaba de publicarse en la Civiltà Cattolica una extensa entrevista que el P. Antonio Spadaro SJ. le hizo al director de la película, Martín Scorsese, en la que conversan sobre la experiencia que ha significado la elaboración de la obra, así como el contexto religioso que ha rodeado al director norteamericano desde temprana edad. Recogemos el extracto publicado en el Corriere della Sera.

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-¿Cómo le vino a la mente el proyecto de “Silence”? He sabido que era como una pasión que Ud. tenía en su mente desde hacía 20 o 30 años quizá…

En 1980 me regalaron la novela de Shusako Endo. Terminé de leerla en agosto de 1989 en el tren rápido de Tokyo a Kyoto, después de haber terminado de filmar la parte de Van Gogh en Sueños de Akira Kurosawa. No podría decir si ya en aquel momento me interesó o no hacer un film sobre esa novela. La historia me pareció tan inquietante, me tocó fibras tan hondas, que no sé si hubiese sido capaz de hacerlo. Pero con el correr del tiempo algo dentro de mí comenzó a decir: “Debes intentarlo”. Adquirimos los derechos en 1990. Si miro atrás, pienso que este largo proceso de gestación se convirtió en un modo de vivir con la historia y de vivir la vida —mi vida— en torno a ella. En torno a las ideas que había en el libro, que me indujeron a pensar más en las cuestiones de fe. Miro hacia atrás y veo que todo en mi memoria se concentra en una especie de peregrinaje: así fue la cosa. Me asombro de haber recibido la gracia de haber podido hacer la película, en esta etapa de mi vida.

-Me parece que con esta película, por haber escogido una novela como “Silencio”, se coloca Ud. en el cauce del imaginario católico. ¿Es un film “a la Bernanos”?

Para mí, todo se reduce a la cuestión de la gracia. La gracia es algo que ocurre en el curso de la vida. Viene cuando no te lo esperas. La sintonía que sentí con la novela de Endo nunca la tuve con Bernanos. En Bernanos hay algo duro, algo inexorablemente áspero. En cambio en Endo, la ternura y la compasión están siempre presentes. Siempre. Aun cuando los personajes no sepan que la ternura y la compasión están ahí, uno las siente.

-¿Quién es Dios para Ud.?

Como muchos niños, me oprimía y me impresionaba profundamente el lado severo del Dios que nos habían presentado: el Dios que te castiga cuando haces algo malo, el Dios de rayos y truenos. Es el Dios que Joyce bosqueja en Retrato de un joven artista, libro que produjo un gran impacto dentro de mí. Pero fue durante la guerra del Vietnam, sobre todo después de haber sido declarada “guerra santa”, cuando viví esto de manera dramática. En mí y en muchos se produjo una gran confusión. La duda y la tristeza eran parte de la realidad cotidiana. Fue entonces cuando vi la película de Bresson, Diario de un Cura Rural, y me dio esperanza. Todos los personajes de esta película sufren, excepto el viejo sacerdote. Todos los personajes se sienten castigados, y casi todos se castigan unos a otros. En cierto momento, el cura tiene un diálogo con una de sus parroquianas y le dice: “Dios no es un carnicero. Él quiere que tengamos piedad de nosotros mismos”. Esto fue para mí como una revelación. En cierta ocasión me encontré con Bresson en París y pude decirle lo que su película había significado para mí.

-¿El Padre Rodrigues y el Padre Ferreira son dos caras de la misma moneda o son dos monedas distintas, incomparables?

No podemos saber históricamente si el P. Ferreira fue o no fue creyente, pero en la novela de Endo parecería que tuvo fe y la perdió. Otro modo de ver las cosas sería pensar que quizá no logró superar la vergüenza de haber renunciado a su fe, aunque pudo haberlo hecho para salvar vidas humanas. Rodrigues, en cambio, es alguien que reniega de su fe y más tarde la recobra. Esto es lo paradójico. Por decirlo de manera sencilla: Rodrigues siente que Jesús le habla; Ferreira, en cambio, no; ésta es la diferencia.

-“Silence” parece ser la historia de un descubrimiento íntimo del rostro de Cristo… ¿Cuál es el rostro de Cristo para Ud.?

He escogido el rostro de Cristo pintado por El Greco porque me parece más compasivo que el de Piero della Francesca. En mi juventud, el rostro de Cristo significó siempre consuelo y alegría.

-Dejando aparte La última tentación de Cristo, qué película en la historia del cine reproduce mejor el rostro de Cristo según Ud.?

Para mí, la mejor película sobre Cristo es El Evangelio según Mateo de Pasolini. Cuando era joven quería hacer una versión contemporánea de la historia de Cristo, ambientada en las viviendas populares y en las calles de Nueva York. Pero cuando apareció la de Pasolini, vi que la película ya estaba hecha.

-¿Ha sentido Ud. alguna vez a Dios cercano, aunque callado?

Cuando era niño ayudaba en la Misa como monaguillo y no cabe duda que tenía un sentido de lo sagrado. He procurado transmitirlo en Silence, sobre todo en la escena de la misa en la casa colonial de Goto. En todo caso, recuerdo que al salir de la misa me preguntaba: ¿cómo es posible que la vida siga adelante como si nada hubiese ocurrido? ¿Por qué el mundo no se conmueve con el cuerpo y la sangre de Cristo? Así es como experimentaba la presencia de Dios cuando era niño.

-En “Silence” hay muchísima violencia física y psicológica. ¿Qué significa esto?

Yo estoy obsesionado con lo espiritual. Me obsesiona la pregunta sobre lo que somos. Y esto significa mirarse de cerca, mirar el bien y el mal que hay en nosotros. ¿Seremos capaces de hacer crecer el bien de tal modo que en el futuro, en cierto momento de la evolución del género humano, deje de existir la violencia? Sea como sea, de momento hay mucha violencia. Es algo que nosotros hacemos. Mostrarlo es importante. Así no se comete el error de pensar que la violencia es algo que hacen los demás, que hacen las “personas violentas”, pero que, “obviamente, yo no podría hacer”. Y no es así, la realidad es que puedes ser violento. No se puede negar. Por eso hay personas que viven envueltas en su propia violencia y hasta se entusiasman con ello. A comienzos de los años 70 se estaba saliendo de la era del Vietnam y era el fin de la gloria del viejo Hollywood. Bonnie and Clyde y, mucho más aún, La Pandilla Salvaje (The Wild Bunch), fueron todo una revelación. Esas películas nos hablaron con claridad y no precisamente de manera agradable.

-Para Ud., hacer una película es como pintar un cuadro. La fotografía, las imágenes… ¿Cómo hacen para hacer ver el espíritu?

Se crea una atmosfera por medio de la imagen. Uno es llevado a un espacio en el que se puede sentir la alteridad. Y eso es lo que el cine transmite: imágenes, ideas y emociones. Hay cosas intangibles que las palabras simplemente no pueden expresar. Cuando, en el cine, se proyecta una imagen junto a otra, en la mente se obtiene una tercera imagen distinta: una sensación, una idea. Yo pienso que el ambiente que se crea es una cosa, que se logra con la fotografía. Pero es en la conjunción de las imágenes donde el cine nos cautiva y nos habla. Esto tiene que ver con la edición y con la acción cinematográfica propiamente dicha.


Fuentes:

Corriere della Sera / Civiltà Cattolica

Puntuación: 4 / Votos: 3

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