El Papa instituye la fiesta de María Magdalena

6:00 p m| 17 jun 16 (VATICANO/BV).- Ya existía en el misal romano como obligatoria, ahora Francisco la vuelve más solemne al elevarla al mismo nivel de las fiestas que celebran a los apóstoles. Esta decisión del Papa busca destacar la importancia del primer testigo de la resurrección e impulsar a la Iglesia a “reflexionar de modo más profundo sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la grandeza del misterio de la misericordia divina”, según indica el decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El día de la celebración seguirá siendo el 22 de julio.

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Por voluntad del Papa Francisco, la Congregación del Culto elevó la memoria de Santa María Magdalena, con un decreto firmado por el cardenal Robert Sarah, al grado de fiesta. El documento lleva la fecha del 3 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. El Secretario del dicasterio, el arzobispo Arthur Roche que también firmó el decreto, escribió un artículo que lo explicó con mayor detalle.

El Papa tomó esta decisión durante el Jubileo de la Misericordia, explicó mons. Roche, para resaltar “la relevancia de esta mujer que demostró un gran amor a Cristo y que fue tan amada por Cristo”. María Magdalena formaba parte del grupo de los discípulos de Jesús, lo siguió hasta la Cruz y, en el jardín en el que se encontraba el sepulcro, fue el primer testigo de la resurrección, testis divinae misericordiae, como la definió Gregorio Magno. El Evangelio de Juan la describe llorando, porque no había encontrado el cuerpo del Señor en la tumba: “Jesús —recordó mons. Roche— tuvo misericordia de ella al dejarse reconocer como Maestro y al transformar sus lágrimas en alegría pascual”.

El arzobispo aprovecha la ocasión para evidenciar dos ideas inherentes a los textos bíblicos y litúrgicos de la nueva fiesta, que contrirbuyen a comprender mejor la importancia actuala de una santa como María Magdalena.

1) “Por una parte -afirma- tuvo el honor de ser el “el primer testigo” de la resurrección del Señor, la primera en ver la tumba vacía y la primera en escuchar la verdad de su resurrección. Cristo tiene una consideración y una compasión especial por esta mujer, que manifiesta su amor por él, buscándolo en el huerto con angustia y sufrimiento, con “lacrimas humilitatis”, como dice San Anselmo. En este sentido, me gustaría señalar el contraste entre las dos mujeres presentes en el jardín del paraíso, y en el jardín de la resurrección. La primera difundió la muerte allí donde había vida; la segundo anunció la Vida desde un sepulcro, un lugar de muerte.

Además, en el jardín de la resurrección es donde el Señor dice a María Magdalena: “Noli me tangere”. Es una invitación no sólo a María, sino también a toda la Iglesia, a entrar en una experiencia de fe que sobrepasa todo apropiación materialista y comprensión humana del misterio divino. ¡Tiene un alcance eclesial! Es una buena lección para todos los discípulos de Jesús: no buscar seguridades humanas ni títulos mundanos sino la fe en Cristo vivo y resucitado”.

2) “Precisamente porque fue testigo ocular de Cristo resucitado fue también, por otra parte, la primera en dar testimonio delante de los apóstoles. Cumplió con el mandato del Resucitado: ‘Vé donde mis hermanos y diles’. María de Magdala fue a anunciar a los discípulos: ‘He visto al Señor’ y lo que El le había dicho. De este modo se convierte, como ya se ha señalado, en evangelista, es decir, en mensajera que anuncia la buena nueva de la resurrección del Señor; o como decían Rabano Mauro y Santo Tomás de Aquino, en ‘apóstola de los apóstoles’, porque anunció a los apóstoles aquello que, a su vez, ellos anunciarán a todo el mundo.

Con razón el Doctor Angélico utiliza este término aplicándolo a María Magdalena: es un testigo de Cristo resucitado y anuncia el mensaje de la resurrección del Señor, al igual que los otros apóstoles. Por lo tanto -finaliza mons. Roche- es justo que la celebración litúrgica de esta mujer tenga el mismo grado de festividad que se da a la celebración de los apóstoles en el calendario romano general y que se resalte la misión especial de una mujer, que es ejemplo y modelo para todas las mujeres de la Iglesia”.

La tradición, escribió el cardenal Gianfranco Ravasi, “repetida mil veces en la historia del arte y que perdura hasta nuestros días, ha hecho de María una prostituta. Esto sucedió solamente porque en la página evangélica precedente (el capitulo 7 de Lucas) se narra la historia de la conversión de una anónima ‘pecadora conocida en aquella ciudad’, aquella que había untado con aceite perfumado los pies de Jesús, huésped en una casa de un conocido fariseo, los mojó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Y así se había identificado, sin ninguna relación textual real, a María de Magdala con aquella prostituta sin nombre.

Ahora bien, este mismo gesto de veneración será repetido con Jesús por otra María, la hermana de Marta y Lázaro, en otra ocasión (Juan 12, 1-8). Y así se consumó un equívoco más para María de Magdala: algunas tradiciones populares la identifican con esta María de Betania, después de haber sido confundida con la prostituta de Galilea”.

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Sobre María Magdalena (del Gran Diccionario de la Biblia)

Ha jugado un papel importante en el principio de la iglesia, como testigo primero y más significativo de la muerte y sepultura de Jesús y del descubrimiento de su tumba vacía, con otras dos mujeres, una de las cuales (María la de Santiago y José) puede ser la madre de Jesús (como sabe Jn 19, 25; cf. Mc 15, 40. 47; 16, 1-8), apareciendo unida a otras mujeres, como transmisora del mensaje pascual para los discípulos.

Está firmemente anclada en la tradición de la muerte, sepultura y anuncio pascual de Jesús. No conocemos su familia, sino sólo su nombre, que la presenta como natural de Magdala, ciudad de la ribera del lago de Galilea, al sur de Cafarnaúm, lo que supone que es una mujer independiente, que no está definida por los rasgos familiares (no aparece ni como hija, ni como esposa, ni como madre de otra parte).

En los Evangelios Sinópticos

Presentan a María entre las discípulas de Jesús, que le habían seguido y servido en Galilea, siguiéndole hasta Jerusalén, donde permanecen a su lado hasta la cruz, en contra de los discípulos varones (cf. Mc 15, 50-51; cf. Mt 27, 56.61; 28, 1). Ella aparece como testigo del sepulcro vacío y debe trasmitir el anuncio de la pascua (Mc 15, 47; 16, 1). El relato de la pasión y pascua de Lc 23-24 conserva las mismas tradiciones, pero añade una muy significativa, citando entre las mujeres que seguían a Jesús, de un modo especial, a “María Magdalena, de la que había echado siete demonios” (Lc 8, 2); de esa manera la convierte, al menos implícitamente en pecadora, en el sentido de “posesa”.

Resulta difícil saber si estamos antes una tradición histórica o ante una interpretación del mismo Lucas, que ha querido poner de relieve el poder de sanción y de perdón de Jesús. El mismo evangelio de Lucas parece identificarla con la pecadora que ha ungido los pies del Señor (cf. Lc 7, 36-49, cambiando totalmente el sentido de unción de Mc 14, 3-9 (la mujer de la unción ya no es profeta, sino pecadora perdonada).

Conforme a esta visión de Lucas, María Magdalena sería una prostituta convertida a la que Jesús acoge en su discipulado donde viene a realizar un papel importante en el momento crucial de la crucifixión y de la pascua. Más aún, por asociación lógica y “economía de nombres”, algún lector podría suponer que esta pecadora María es la misma María hermana de Marta de Lc 10, 38-42. El evangelio de Juan ha seguido ese camino insinuando (o haciendo posible) que la mujer de la unción (Jn 12, 1-8) pueda ser la misma María Magdalena, hermana de Lázaro y de Marta.

—El evangelio de Juan ha mantenido la tradición de la presencia de María Magdalena en la tumba vacío (Jn 20, 1), pero ha desarrollado de un modo ejemplar su experiencia pascual, presentándola como el primer testigo de la resurrección, en clave de amor. Ella ha estado ante la cruz de Jesús, aunque su papel queda eclipsado por la madre y el discípulo amado (Jn 19, 25-27) y después, en contra de la tradición sinóptica (cf. Mc 15, 47 par), ella no aparece como testigo de la sepultura (Jn 19, 38-42).

De todas formas, ella viene al sepulcro el domingo de pascua a la mañana pero, en contra de Mc 16, 1 par, no lleva perfumes para ungir a Jesús. Viene dos veces. Primero va sola; ya no necesita de las compañeras que según la tradición iban con ella. Va sola pero actúa como representante de todos los discípulos, de manera que, cuando encuentra el sepulcro vacío (Jn 20, 1), vuelve a contárselo a Pedro y al discípulo amado, representantes oficiales de la comunidad.

Después va con los dos discípulos, que descubren el sepulcro vacío y se marchan. Los discípulos se marchan del huerto de la sepultura, pero ella: quiere encontrar el cadáver y llevarlo consigo y tenerlo a su lado (Jn 20, 14-15). Significativamente, lo mismo que ante la tumba de Lázaro, ella está llorando y no hace caso ni a los ángeles que se interesan por su llanto (Jn 20, 12-13).

Sólo busca a Jesús. Pues bien, Jesús se le muestra en los rasgos de un jardinero que le dice simplemente “¡María!”. Al oír su nombre, ella entiende y se vuelve “y le dice en hebreo ¡Rabboni! (que significa maestro). Jesús le dice: no me toques más, que todavía no he subido al padre. Vete a donde mis hermanos y diles: subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Vino María Magdalena y anunció a los discípulos: he visto al Señor y me ha dicho estas cosas” (Jn 20, 16-18).

María quiere quedarse con Jesús, como si el tiempo se hubiera cumplido y ha parado por siempre. Ya no existe para ella más gozo ni misterio que amar a Jesús abrazando en el huerto sus pies de amigo y Señor resucitado. Pero Jesús quiere que ella realice más tareas. Por eso, el encuentro se vuelve principio de un nuevo servicio. De esa forma María, la vidente tempranera de la pascua, viene a convertirse en primera de todos los apóstoles.

Ha encontrado a Jesús en el huerto de la pascua. Ha tocado sus pies, ha sentido la fuerza de su vida. Pero, sobre todo, ha escuchado su palabra, siendo así la primera persona que acoge la palabra de Jesús resucitado, para responder y realizar su obra. De esa forma aparece como el primer apóstol de la iglesia. Ella deja el sepulcro, el encuentro inmediato con Jesús, y va a decir a los apóstoles aquello que ha visto y vivido.

—La tradición posterior se ha dividido en torno a María Magdalena. La línea más oficial ha destacado los aspectos devocionales, privados y penitenciales de su figura, que ha quedado expulsada de la vida pública de la iglesia, en contra del testimonio de Jn 20, 1-18 y de Mc 16, 9 (donde se dice que ella fue la primera que vio a Jesús resucitado). Así lo muestran 1 Cor 15, 3-9, donde Pablo no cita la aparición de Jesús a María, y el conjunto del libro de los Hechos que no cuenta la historia de las mujeres en la iglesia primitiva (a pesar de citarlas en Hech 1, 13-14). Dentro de la iglesia las mujeres como Magdalena han venido a presentarse como signo público de penitencia.

Pero otra tradición, atestiguada por algunos apócrifos, ha presentado a María Magdalena como signo de una iglesia donde las mujeres han ejercido las tareas fundamentales de predicación y presidencia de comunidades, que han venido a estar básicamente definidas por la presencia femenina, rompiendo así la división de espacios que marcaba la tradición romano-helenista (los varones en la vida pública, las mujeres en casa). En un momento dado, la iglesia ha creído que eso implicaba un peligro para el buen orden comunitario. Por eso ha querido relegar (y ha relegado a las mujeres) al plano privado de la obediencia y de la escucha de la palabra (así lo indican las cartas pastorales: 1 Tim, Tito).

Pero en el fondo de ese intento puede descubrirse la importancia que ha tenido María Magdalena, tal como lo atestigua Celso y lo recuerdan diversos textos gnósticos donde María Magdalena aparece como figura dirigente dentro de la iglesia, al lado (y a veces en contra) de Pedro. La relectura de la figura y función de María Magdalena en el nacimiento del cristianismo constituye uno de los temas y tareas más importantes de la exégesis bíblica en los próximos decenios.


Imagen titular:

Lamentación sobre Cristo muerto – Sandro Boticelli

Fuentes:

Oficina de Prensa de la Santa Sede / Vatican Insider / L’Osservatore Romano

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