Cardenal Pell, los abusos, el encubrimiento y un cambio de mentalidad

9:00 p m| 04 mar 16 (VATICAN INSIDER/BV).- Mientras el merecido éxito de la película “Spotlight” encendía nuevamente los reflectores sobre la conocida historia del silencio que gozaron durante décadas los sacerdotes pederastas seriales en una de las diócesis más importantes de los Estados Unidos -la de Boston-, el cardenal George Pell, “ministro de Economía” vaticano, daba su testimonio ante la Real Comisión Australiana que indaga sobre la epidemia de pedofilia que ha sufrido durante decenios la Iglesia Católica de ese país.

El procedimiento se dio a través de video conferencia y tuvo una duración de 16 horas repartidas en cuatros sesiones en los últimos días. La coyuntura se tornó más crítica aún cuando se hizo pública una investigación que expone a dos obispos católicos encargados de la diócesis de Altoona-Johnstown (Pensilvania, EE.UU.), acusados de encubrir los abusos sexuales perpetrados por 50 religiosos a cientos de niños durante al menos 40 años.

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Análisis de Andrea Tornielli

Nuevas sombras que surgen desde el pasado y que narran siempre la misma historia, la misma que se está llevando a cabo en el set de la video conferencia con la Royal Commission into Institutional Responses to Child Sexual Abuse (Australia): obispos que sabían y que callaron para no provocar escándalos. Sacerdotes pederastas seriales trasladados de parroquia en parroquia sin que los detuvieran quienes tenían el deber de detenerlos. Y, lo que es peor, una absoluta falta de sensibilidad para con las víctimas de estos “sacrificios diabólicos”, como los definió sin medias tintas el Papa Francisco (durante su entrevista con los periodistas en el vuelo de regreso de Ciudad Juárez a Roma).

Ahora, hasta este momento, no ha surgido ninguna “prueba fulminante” contra el cardenal Pell. No hay testimonios inconmutables de los que se pueda deducir que el hombre clave de las finanzas vaticanas supiera sobre los abusos cometidos por el sacerdote pederasta serial Gerald Ridsdale, ni de la protección que le reservaba el obispo de Ballart, Ronald Austin Mulkearns. Pell, cuando era sacerdote y colaborador de Mulkearns, participó en una reunión, en 1982, durante la que se decidió trasladar por sexta ocasión al pederasta Ridsdale, pero sigue sosteniendo que no conocía las verdaderas razones de aquella decisión, que, indicó, el obispo habría conservado para sí. “No tenía razones para dirigir mi mente al mal que Ridsdale perpetraba”, afirmó el cardenal, suscitando la reacción indignada de las víctimas, “no supe los motivos del traslado”.

Los jueces de la Royal Commission parecen no demasiado propensos a creerle al respecto, y afirman que Pell “no podía no saber”; pero esta afirmación será débil desde el punto de vista jurídico sin mayores pruebas concretas. Pell, que juró sobre la Biblia que habría dicho toda la verdad, repitió que no conocía las responsabilidades de Ridsdale y hasta ahora no han surgido evidencias que puedan desmentirlo.

Estos casos y estas acusaciones no eran desconocidas en la Santa Sede. No es ningún misterio que Benedicto XVI había pensado llamar al purpurado australiano, arzobispo de Sidney, a Roma en 2010 para ocuparse de la Congregación de los Obispos, el dicasterio que colabora con el Papa para nombrar a los pastores de las diócesis. Pero prefirió al cardenal canadiense Marc Ouellet, incluso debido a las historias australianas, que, a pesar de no contar con pruebas precisas, habrían complicado el papel de Pell como seleccionador de las nuevas jerarquías eclesiales.

Pero la ausencia (hasta este momento) de responsabilidades precisas no hace que mejore el panorama que surge y que va mucho más allá de la persona del cardenal Pell. Una vez más nos encontramos ante una realidad tremenda. Estamos frente a obispos que, como en el caso de Mulkearns y ahora de los dos prelados estadounidenses acusados por el gran jurado, en lugar de proteger a las víctimas (niños y niñas inocentes, violados en el alma, “comidos”, marcados de por vida con un peso insoportable) han protegido a los criminales y les han permitido seguir cumpliendo sus actos inmundos.

Como se sabe, y se repite en estas horas, la Iglesia ha cobrado conciencia muy tarde de este fenómeno, pero ha hecho también limpieza. Esto es cierto si nos referimos a las normas, a las leyes. Benedicto XVI, cuando era cardenal, tuvo que “tragarse más de un sapo” cuando se vio sin posibilidades para actuar como habría querido frente a las coberturas que ofrecía la corte wojtyliana (el caso de Maciel entre todos), pero cuando se convirtió en Papa estableció una legislación de emergencia. Desde este punto de vista, como institución, la Iglesia católica, que nunca ha tenido ni la triste exclusiva ni el triste primado de este fenómeno, ha actuado con firmeza y determinación.

Pero hay mucho más en las historias que están surgiendo en estos días, más allá de las responsabilidades o de la falta de responsabilidades personales de este o aquel prelado. Las leyes y las normas no son suficientes si no se cambia mentalidad, si los obispos no comprenden que deben ser y comportarse como padres, principalmente para las víctimas, si no comprenden que el prestigio de la Iglesia no se salva ocultando o minimizando escándalos. Solamente se puede salvar su reputación actuando, logrando que los acusados no puedan dañar más mientras se esperan los resultados de las averiguaciones para verificar la veracidad de las acusaciones.

Se salva manifestando paternidad, cercanía y acogida, asistencia a las víctimas y a sus seres queridos. No es suficiente citar estadísticas para afirmar que la mayor parte de los abusos contra menores sucede en la familia y que el fenómeno afecta transversalmente a diferentes comunidades religiosas. El Papa Ratzinger tuvo el valor de presentar, ganándose las críticas de muchos que se autodenominan “ratzingerianos”, el rostro de una Iglesia “penitencial”, consciente de que el ataque más grave y más temible en su contra no proviene del exterior, sino del pecado en su interior.

Los hechos de las crónicas de estos días demuestran que la mentalidad no ha cambiado y que todavía hay mucho trabajo que hacer. Es cierto que las normas existen, pero lo que se necesita es que los obispos las apliquen.


Sobre la trayectoria del cardenal George Pell

Fue ordenado sacerdote en la diócesis australiana de Ballarat, en 1966, y durante su servicio fue uno de los consejeros del obispo Ronald Austin Mulkearns, que hoy tiene 85 años, acusado de haber ocultado las acusaciones de pederastia contra algunos sacerdotes de su diócesis y de haber destruido documentos relacionados con estos casos.

En 1987, Pell fue nombrado obispo auxiliar de Melbourne y nueve años más tarde se convirtió en su arzobispo. La Comisión gubernamental recuerda que él tenía responsabilidades, como auxiliar, sobre la zona de la arquidiócesis a la que fue transferido uno de los sacerdotes pederastas. La opinión pública en Australia es bastante negativa para con el cardenal, porque, repiten sus acusadores, “no podía no saber” lo que estaba pasando. Pell siempre se ha defendido negando cualquier conocimiento de los abusos y de los cambios de parroquia de los abusadores.


Otros enlaces sobre los testimonios del cardenal Pell:

Pell: “No estoy aquí para defender lo indefendible. La Iglesia ha cometido enormes errores”

Durante la primera audición del cardenal australiano en una video conferencia desde Roma frente a la Royal Commission, rechazó las acusaciones específicas por haber encubierto a religiosos pederastas, admitió que en los años setenta se creía en la versión de los sacerdotes y no en la de las víctimas. Las preguntas de la abogada de la comisión, Gail Furness, se concentraron principalmente sobre la red de conocimientos del cardenal: cuáles personas estaban a su alrededor en Ballarat y Melbourne, cuánto sabía efectivamente sobre los abusos y cuándo lo supo… (leer más)

Interrogan a Pell sobre el traslado de un sacerdote pederasta serial

En la segunda audiencia ante la Royal Commission into Institucional Responses to Child sexual Abuse, el cardenal George Pell fue interrogado sobre el traslado de una parroquia a otra de un sacerdote pederasta serial, Gerald Ridsdale, durante la época en la que el actual Prefecto de la Secretaría vaticana para la Economía era vicario episcopal para la educación en la diócesis de Ballarat. El purpurado dijo que no sabía que el sacerdote fuera pederasta, a pesar de que lo supieran dos parroquias y diferentes personalidades… (leer más)

Cardenal Pell critica “crímenes y encubrimientos”

La tercera sesión se centró en los distintos abusos sistemáticos cometidos por miembros de las escuelas cristianas. El cardenal Pell dijo que no fue informado de modo adecuado por la Oficina de Educación Católica y por el obispo Mulkearns. “Se dieron cuenta claramente que yo no era de la misma tela… habrán tenido miedo que haría preguntas incómodas si hubiera sido informado mejor”, afirmó Pell. Una explicación rechazada como “no plausible” por la abogada Gail Furness de la Royal Commission sobre los abusos sexuales cometidos en las décadas ’70 y ’80, que sesiona en Ballarat… (leer más)

– Pell admite: un chico me habló de malos comportamientos en aquella escuela

“Dowlan se comporta mal con los chicos…” es lo que le reveló uno de los estudiantes de la escuela de los Hermanos Cristianos de Ballarat, cuando él, George Pell, era el sacerdote que debía ocuparse de la educación católica. “Lo dijo casualmente, en una conversación, no me pidió que hiciera nada”. Y el futuro cardenal se limitó a referir la revelación al capellán de la escuela, pensando que la orden de los Hermanos Cristianos se habría ocupado de la situación, o que habría verificado de qué se trataba. Fue el momento más dramático de la cuarta audiencia del cardenal australiano, interrogado en video conferencia. Al escuchar el testimonio, el presidente de la Royal Commission, Peter McClellan, presionó al cardenal: “¿No se da cuenta de que habría debido hacer más y que de esta manera habría acabado con esos abusos?”… (leer más)


Enlaces relacionados:

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La Santa Sede: hay que aprender de las víctimas de sacerdotes pederastas australianos

Cardinal Pell Concludes His Testimony to Australia’s Royal Commission


Fuentes:

Vatican Insider / La Nación / America Magazine / ANSA / Religión Digital

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