Primeros análisis a la reforma del proceso de nulidad matrimonial

1.00 p m| 11 set 15 (AGENCIAS/BV).- El año pasado, en la primera etapa del Sínodo, la mayor parte de los padres sinodales habían sugerido agilizar el proceso en las causas de nulidad matrimonial y dar más poder a los obispos. Es así que la reforma aplicada por Francisco, según dos vaticanistas de trayectoria, contribuye a calmar la polémica sobre la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, y como consecuencia la Asamblea se podrá enfocar también en otros temas importantes para la vida familiar. Observando el panorama es una medida coherente por parte del Papa, que ya había expresado con anterioridad su preocupación por un Sínodo centrado solo en un par de temas controversiales. A pocos días de presentada la reforma, recogemos el análisis de Andrea Tornielli y de John Allen Jr. (Vatican Insider y Crux respectivamente), quienes exponen argumentos que apuntan en una misma dirección, pero con un desarrollo diferente.

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Una reforma esperada que suaviza el horizonte del Sínodo
De Andrea Tornielli – Vatican Insider

La reforma que agiliza y hace más rápidas las causas de nulidad matrimonial, otorgando a los obispos el poder de juzgar con un proceso breve (siempre y cuando la petición sea presentada por ambos cónyuges o haya tales evidencias como para no exigir posteriores averiguaciones), llega como una bomba. Una bomba de agua destinada, probablemente, a apagar muchas de las mechas que ya habían sido encendidas en vista del próximo Sínodo sobre la familia.

Hace un año, la que predominó en las discusiones, en el aula y en los medios de comunicación, fue la propuesta del cardenal Walter Kasper de conceder la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar (solo en ciertos casos, bajo determinadas condiciones y después de un camino penitencial). La propuesta, vista con buenos ojos por algunos exponentes del episcopado mundial, provocó una fuerte reacción por parte de otros cardenales que sostuvieron la imposibilidad de cualquier concesión, esgrimiendo la doctrina de la indisolubilidad.

Como respuesta al libro de Kasper, como se recordará, fue publicado un primer volumen de cinco purpurados (entre los cuales estaba el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller). Ahora, en vista del nuevo Sínodo, el frente de los que se oponían a la propuesta de Kasper se ha hecho más compacto y publicará un nuevo libro en estos días con las firmas de once cardenales. Es curioso que en pocos días los dos principales protagonistas de este debate, Kasper y Müller, hayan hablado de “cisma”. El Prefecto de la Fe lo hizo aludiendo al riesgo de fracturas en la Iglesia sobre el tema de la moral matrimonial. El autor de la propuesta de apertura habló el el como un dato de facto: “Para muchos -dijo Kasper- la doctrina de la Iglesia está lejos de la realidad. Hay una especie de cisma práctico” (ver entrevista completa debajo).

El frente de quienes están en contra de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar cuenta con diferentes personalidades, como los cardenales italianos Angelo Scola, Carlo Caffarra y Camillo Ruini, y los curiales con puestos clave como Müller, el Prefecto de los obispos, Marc Ouellet, el cardenal Penitenciero Mauro Piacenza. Y el patrón de la Orden de Malta, el conservador estadounidense Raymond Leo Burke. Entre los “aperturistas”, con tonos particularmente fuertes y casi desafiantes, se ha elevado la voz, en los últimos meses, del cardenal Reinhard Marx, exponente de relieve de la inquieta Iglesia alemana.

La decisión de Francisco es lo que esperaban muchos fieles. Puede contribuir para desmantelar las polémicas y podría desinflar, por lo menos en parte, la fronda interna. Efectivamente, desde hace tiempo se esperaban una simplificación y una agilización de los procedimientos de nulidad matrimonial. Hace un año, al final del Sínodo extraordinario sobre la familia, casi el 90% de los padres sinodales pidió que los procesos fueran más accesibles y más ágiles, yendo más allá de la doble sentencia y otorgando poderes a los obispos. Fue precisamente el cardenal Scola quien sugirió en el aula, además de la aceleración de los procesos, un papel mayor para los pastores diocesanos, llegando a proponer incluso un procedimiento que no fuera judicial.

Con las nuevas normas promulgadas el 8 de septiembre, que entrarán en vigor a partir del 8 de diciembre (día de la apertura del Jubileo de la Misericordia), el Papa pone en práctica una petición casi unánime del Sínodo. Confirma la necesidad de contar con testimonios y documentos que comprueben la nulidad, es decir el hecho de que el matrimonio no se haya llevado a cabo realmente, sin alterar el papel del defensor del vínculo y manteniendo el carácter judicial del proceso. Pero todo será más sencillo y rápido, con menos burocracias y cabildeos, concediendo mucho más al papel pastoral de los obispos, justamente como había sugerido la asamblea sinodal.

Una reforma esperada, pues, que también toma en cuenta diferentes intervenciones de Benedicto XVI sobre la falta de fe al momento de las nupcias como una de las posibles causas de nulidad capaz de viciar el consenso. Una reforma que podría desmantelar las batallas doctrinales a las que parecen estarse preparando desde hace tiempo y que, probablemente, hará menos compactos los dos frentes contrapuestos, en particular el frente más conservador.


Francisco recalibra los planteamientos para el Sínodo

De John L. Allen Jr. – Crux

Tres observaciones inmediatas que deja la nueva reforma de nulidad matrimonial:

1) La decisión va a recalibrar la discusión en la segunda edición del Sínodo sobre la familia, probablemente reduciendo el énfasis en la cuestión de la comunión a los católicos divorciados vueltos a casar y va a crear espacio para otros temas que van a surgir.

En la primera edición del Sínodo, en octubre del 2014, la cuestión de estudiar y moderar la prohibición tradicional de la Comunión a los católicos que se divorcian y se vuelven a casar fuera de la Iglesia, fue el tema candente por excelencia, con los cardenales y otros altos dirigentes intercambiando fuertes comentarios y grupos de activistas en ambos lados incitándolos.

Todo el tiempo, la reforma en el proceso de anulación parecía la medida de compromiso más evidente, ya que satisfacía, al menos en parte, ambas posiciones. Quienes se oponen a la revisión de la prohibición de la Comunión iban a quedar tranquilos de que la Iglesia no estaba modificando su postura sobre el divorcio, mientras que los progresistas quedaban complacidos de que la Iglesia al menos está intentando mostrar una mayor compasión y alcance con los marginados.

Al implementar el compromiso antes del Sínodo, Francisco no habrá resuelto del todo el debate sobre la Comunión, pero le ha restado intensidad. Y de paso ha evitado un posible entrampamiento en el Sínodo si se instalaba una discusión sobre cómo se daría la hipotética reforma a la nulidad matrimonial, porque ahora es un hecho consumado. Seguramente quedan detalles por debatir respecto a la reforma, pero pasará un tiempo antes que se puedan elaborar argumentos y se piense en otra.

Francisco ha expresado su preocupación en varias ocasiones que el Sínodo no debe centrarse en contados asuntos contenciosos, sino que debe tener en cuenta la amplia gama de desafíos a la vida familiar, incluyendo el impacto de la pobreza, la guerra y la migración forzada, y deben también centrarse en cómo la Iglesia puede apoyar a las familias donde son prósperas.

2) La reforma, con el tiempo puede llevar a un cambio cultural dentro de la comunidad de derecho canónico – los abogados, jueces, académicos y otras personas dedicadas a la teoría y práctica de la ley de la Iglesia. En las últimas décadas, una tendencia general entre muchos canonistas ha sido tratar de hacer lo más sencillo posible el sistema de anulación, considerando lo difícil, lento y costoso que es.

Una de las preocupaciones que de hecho ya está emergiendo respecto a la reforma es el temor de pasar de un sistema demasiado engorroso a uno que por su simplicidad quede expuesto a abusos, que sea demasiado fácil obtener la nulidad. (Eso a pesar que Francisco dijo que la idea no es necesariamente otorgar más anulaciones, sino simplemente acelerar el proceso).

Si la preocupación por el abuso aumenta, algunos canonistas pueden encontrarse en casi el mismo lugar que antes, pero desde un ángulo diferente -tratando de inyectar equilibrio, frenando un poco las cosas, en lugar de apresurarlas.

Se podría leer la decisión del Papa como un voto de confianza en el sistema canónico. En efecto, está diciendo: “Voy a aflojar aquí un poco, y confío en que no dejarán que las cosas se salgan de control”.

3) En la víspera de su primer viaje a los Estados Unidos, se podría argumentar que Francisco ha mostrado ambos pulgares hacia arriba al catolicismo estadounidense.

Con los años, los obispos, canonistas y el personal en general de la Iglesia de todo el mundo, a veces se han quejado que los Estados Unidos hacen que sea muy fácil obtener una anulación, incluso algunos han llegado a llamarlos “fábrica de anulaciones”.

Prelados y canonistas estadounidenses a menudo responden que los Estados Unidos es uno de los pocos países que toma el proceso de anulación en serio, invirtiendo importantes recursos en la formación de abogados y jueces, y en hacer que el proceso esté al alcance de quien lo necesite.

Observando los números, Estados Unidos da cuenta de al menos la mitad (en algunos casos más) de todas las anulaciones concedidas por la Iglesia católica año tras año, a pesar de que solo representa el 6% de la población católica mundial.

Como resultado, es probable que en norteamérica la reforma tenga un menor impacto inmediato, comparado con los demás países, aunque algunos cambios sí serán factor, por ejemplo la eliminación de la necesidad de una segunda opinión en los casos más claros.


Fuentes:

Vatican Insider / Crux

Puntuación: 4.5 / Votos: 4

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