TU TIEMPO VALE ORO. GESTIÓNALO CON ÉXITO.

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  • Introducción.

En la cultura global posmoderna, el tiempo se ha convertido en uno de nuestros bienes más preciados. Increíblemente, es al mismo tiempo, uno de los más desaprovechados.

Si eso nos pasa, es imperativo dar un salto cualitativo para convertir al tiempo en nuestro aliado estratégico, tanto para el éxito en nuestra acción económica como para la calidad de vida a la que todos tenemos derecho.

Son tres los objetivos del presente texto: comprender el significado y la importancia del tiempo en la vida de las sociedades y de las personas, identificar los criterios neurocientíficos involucrados en la organización y uso de nuestro tiempo, y conocer principios y métodos para elevar la productividad de tu tiempo personal.

El cuerpo humano es una prodigiosa expresión de la naturaleza, una evidencia de la extraordinaria capacidad de adaptación de los seres vivos ante los retos de la supervivencia como individuos y como especie. Ahora esa especie llamada humanidad domina el planeta, y se encuentra en el vértice superior de la cadena alimenticia planetaria. Pero esa conquista, a punta de ingenio y esfuerzo, tiene un precio, y es muy alto. Ese precio se llama antropocentrismo.

Así como nuestra inteligencia y conciencia nos ha dado la superioridad ante otras especies para habitar y transformar la Tierra, nos ha dado un sesgo cognitivo, un punto ciego, un pecado: la de creernos el centro del universo; la de obviar que somos una fuerza de la naturaleza, sí, pero tan solo una más y no siempre invulnerable; la certeza de que junto a nuestra maravillosa aptitud para la construcción de lo que hoy llamamos el mundo moderno, convive agazapada una perversa capacidad destructiva y autodestructiva.

Pese a todo lo que hemos logrado, no nos conocemos completamente. Sólo en los últimos cincuenta años, tiempo escasísimo en comparación con los miles de años de nuestra existencia, hemos podido conocer y vamos conociendo ese portento nuestro llamado cerebro, una suerte de órgano rector del cuerpo humano: el centro de comando de nuestra existencia.

Y es la tecnología reciente la que permite entender su funcionamiento en tiempo real, mientras late nuestro corazón y mientras millones de neuronas chispean en vivo circuitos químicos y eléctricos.

De este modo, se ha abierto una nueva y fascinante era para la humanidad: la posibilidad de que, conociéndonos mejor a nosotros mismos, podamos aprender a convivir con nuestros congéneres y con nuestra casa grande, la Tierra.

Para aprender a convivir con los demás, uno de los grandes temas es el conocimiento del tiempo. ¿Es verdad que el tiempo vale oro? Sí, totalmente.

¿Crees que el tiempo no alcanza? ¿Eres consciente que los miembros de tu equipo pierden el tiempo? ¿Piensas que el tiempo no puede gestionarse? Entonces, este curso es para ti. Con las Neurociencias aplicadas, un enfoque revolucionario, multidisciplinario y científico, podrás interiorizar de inmediato las pautas conceptuales y metodológicas para transformar tu vida.

  • El tiempo como magnitud física y construcción social.

Es imposible hablar del tiempo y de gestionarlo efectivamente si lo encasillamos como un asunto de voluntad personal. El tiempo puede ser una inestimable herramienta para el éxito personal y la calidad de vida, sólo si conocemos su dimensión física como social.

Para ello, el concepto tiempo hay que analizarlo desde una perspectiva holística. De ese modo, se verá su integralidad y los efectos sobre las personas en diversos ámbitos de su vida. Nunca será una mirada completa, pero la perspectiva multidisciplinaria de las Neurociencias nos dará luces inequívocas sobre las decisiones que debemos tomar.

Los calendarios de la Humanidad

Es importante destacar que la mayoría de las culturas antiguas desarrollaron una concepción circular del tiempo. La idea de la “rueda del tiempo” se expresó en los babilonios, los egipcios, los mayas, los incas, el budismo, el hinduismo, y en otras más. En la filosofía griega, el tiempo se divide entre lo temporal (el devenir) y lo intemporal (el ser). Fue Euclides, con su Geometría, el primero en categorizar por primera vez en forma separada al espacio del tiempo, que recién dos mil años después, Einstein volvería a unificar. Luego, en la religión judeo-cristina, se define al tiempo como lineal. San Agustín diría su célebre frase: “El tiempo es pasar desde un pasado que ya no existe, a un presente cuyo ser consiste en pasar al futuro, que todavía no es”. Así, el final del tiempo será el fin del mundo.

El cálculo del tiempo se ha dado en todas las sociedades humanas, y es uno de los elementos “organizadores” de cada una de ellas. Cada civilización antigua intentó organizar el tiempo siempre vinculado a tres aspectos de la vida social: la agricultura, la religión y la astronomía.

El calendario egipcio es el primer calendario solar conocido de la historia, y surgió en el tercer milenio antes de Cristo. En los Textos de las Pirámides, en los tiempos del llamado Reino Antiguo, se menciona que el año tiene 365 días, divididos en 12 meses de 30 días, con tres períodos de 10 días. Cada día (heru) tenía 24 horas (unut). Ese ciclo de 365 días lo determinaron al observar su repetición en el nivel de las aguas del Nilo, lo que impactaba directamente en la época de siembra y cosecha. Muy relacionados a la observación astronómica, los sacerdotes egipcios eran quienes lo regulaban. Como les sucedería a todas las demás culturas y calendarios, les fue difícil combinar los movimientos de la luna y del sol.

El calendario chino más antiguo conocido es del año 2697 A.C. Era de cinco ciclos de doce años cada uno regido por un animal distintivo, cuyas características se asociaban a las personas nacidas en ese año. Por el año 104 A.C. llegaron a datar el año en 365,25 días, lo que significa una aproximación extraordinaria si se compara con el valor vigente de 365,24 días. El año chino consta también de 12 meses lunares.

El calendario de los Incas se basó en los movimientos del Sol y de la Luna, con un año basado en 360 días, con 12 meses de 30 días cada una, y 3 semanas de 10 días. Resulta sorprendente su similitud con el calendario egipcio. Era un calendario de 12 lunas, por las cuales se determinaban las festividades mítico-religiosas y las actividades diarias, principalmente las agrícolas.

Con Pachacútec, a partir de 1430 D.C., se instituye el Wawa Inti Raymi que se celebraba el 21 de junio (solsticio de invierno austral), fecha en que el Sol renacía para iniciar un nuevo ciclo anual, y el Capaq Inti Raymi el 21 de diciembre, en celebración del solsticio de verano austral.

El calendario gregoriano es el calendario de origen europeo que se utiliza actualmente en casi todo el planeta. Fue instaurado por el Papa Gregorio XIII en 1582, con la bula Inter Gravissimas, sustituyendo gradualmente al anterior calendario juliano, utilizado desde los tiempos del romano Julio César en el año 46 A.C. Su objetivo central fue regularizar el calendario litúrgico, ajustando el calendario civil y fijarlo al momento astral de la celebración de la Pascua. El horario sexagesimal procede de los sumerios y babilonios.

El tiempo en la Teoría de la Relatividad

Alberto Einstein, físico alemán, formuló en 1905 su famosa Teoría de la Relatividad y revolucionó la ciencia al considerar al espacio-tiempo como una unidad continua en base a dos conceptos diferentes pero inseparablemente relacionados. A diferencia de la teoría de Newton, Einstein sostiene que la gravedad es una propiedad geométrica del tiempo y el espacio, así que mientras más materia y energía exista en un punto, ese punto tendrá más gravedad, lo que deforma (curva) el espacio-tiempo.

Otro aspecto de su teoría (de la relatividad especial) sostenía que en cualquier punto del Universo donde no exista ni gravedad, ni aceleración u otra fuerza externa, todas las leyes físicas se aplicarán iguales. Con ello, formuló que la luz viaja a una velocidad constante de 300,000 km/s, y que la percepción del espacio-tiempo es relativa según la posición del observador.

Para entender el impacto de la teoría de la relatividad en nuestra vida cotidiana, vemos por ejemplo, que los satélites GPS toman en cuenta la dilatación del tiempo que produce su velocidad para ajustar sus relojes atómicos (una corrección de 4 microsegundos por día, que aunque ínfima es necesaria para obtener la ubicación y el momento exactos de un vehículo desde nuestro celular).

En 1948 se inventó el reloj atómico, lo que permitió medir el tiempo de forma más precisa y en forma autónoma a los movimientos (no uniformes) de la Tierra. En 1955, Louis Essen construye el primer reloj atómico exacto. Con ello, se produjo un cambio extraordinario: ya no fueron los astrónomos los que midieron el tiempo sino los físicos. En efecto, se definió el segundo como el tiempo que necesita un átomo de cesio 133 para realizar exactamente 9.192.631.770 transiciones. (Aristizábal, 2020)

El reloj atómico universal permitió la adopción en 1972 de una nueva escala de tiempo: el Tiempo Atómico Internacional o TAI, con impactos positivos inmediatos en la navegación, la aviación y el transporte en general. El Sistema de Posicionamiento Global o GPS ya trabaja con relojes atómicos. Cada satélite GPS lleva cuatro relojes atómicos para ajustar su ubicación y temporalidad.

En la actualidad hay una norma ISO 8601 para la anotación estándar de fechas y horas (de período largo a corto). La fecha 24 de diciembre de 2020 se anotará así: 2020-12-24.

La lucha por las 8 horas

Uno de los grandes acontecimientos sociales que impactó directamente en un nuevo concepto y uso del tiempo personal fue la Lucha por las Ocho Horas, que se originó en 1810, en la Inglaterra de la Primera Revolución Industrial, que tuvo como uno de sus más conocidos impulsores a Robert Owen, un empresario británico impulsor del movimiento obrero de su país, quien planteaba que para cualificar la producción de cada obrero se debía mejorar el salario y determinar una cantidad máxima de trabajo.

En 1817, Owen formuló la famosa propuesta de las Tres Ocho: “ocho horas de trabajo, ocho horas de recreo y ocho horas de descanso”.

Hay que recordar que por esos tiempos, la jornada de trabajo podría llegar a las 15 horas: desde las 5 de la mañana hasta las 8 de la noche, en condiciones prácticamente infrahumanas, con grave afectación a la salud y el bienestar de los trabajadores. El trabajo infantil era peor y muy común con jornadas desde las 4 de la mañana hasta las 12 de la noche a niños de 9 a 10 años, con salarios menores que a los adultos.

Tomaría todo el siglo XIX y buena parte del siglo XX, y significativamente, por la activa participación de los movimientos obreros sindicalizados con huelgas y acciones de fuerza, alcanzar en todo el planeta la jornada laboral de las 8 horas.

La importancia de este proceso social radica en que permitió a todos los niveles sociales y a todas las personas (no sólo a los niveles más acomodados de cada sociedad), disfrutar de tiempo destinados a otras actividades diferentes al trabajo y al sueño. La prohibición del trabajo infantil, la obligación de un día completo de descanso a la semana, el período vacacional de un mes por año, y la jubilación, abrieron oportunidades inmensas para que millones de personas pudieran disponer de su tiempo libre.

Es importante expresar que la reducción de las horas de trabajo no ha significado una ralentización de la producción capitalista. Por el contrario, siguiendo el mismo caso del Reino Unido, en 1820, el trabajador inglés laboraba 62 horas a la semana (11 horas diarias), mientras que en el 2000 trabajaba 30 horas semanales (6 horas diarias). Pero su productividad (por hora de trabajo) pasó de 1,3 dólares a 28,7 dólares en ese mismo lapso y el PBI per cápita del país pasó de 1,505 a 19,817 dólares.

La universalización de la disposición de tiempo personal y la revolución tecnológica se presentan como grandes beneficios. Hay más tiempo disponible y la tecnología a nuestro alcance prácticamente se renueva cada dos años. Bueno, eso es verdad. Pero hay otro lado de la historia. También son grandes desafíos para el uso del tiempo en el futuro cercano: la robotización eliminará empleos mecanizados, el GPS y la tecnología de reconocimiento facial permitirá ubicarte en todo momento estés donde estés, estamos conectados más tiempo a las apps. Entonces ¿por qué siempre llegamos tarde? ¿lo cultural importa?

La puntualidad como valor social.

En el 2007, la encuestadora Apoyo hizo un sondeo que daba cuenta que 8 de cada 10 peruanos admitía ser impuntual en el trabajo, y hasta en las citas amorosas. Según funcionarios de registros civiles de varias municipalidades limeñas consultadas, el 90% de las novias llegan tarde a contraer matrimonio. (Pinedo, 2007)

Ese mismo año el gobierno peruano lanzo la campaña “La hora sin demora” para fomentar los deberes cívicos y la puntualidad en una sociedad que ha hecho de la impuntualidad uno de sus rasgos culturales más característicos. Cuando lanzó la campaña, el Presidente de esa época, Alan García, señalaba que las tardanzas generaban pérdidas de 3 millones de horas anuales, reflejado en 1,5 millones de dólares anuales.

El defecto de la impuntualidad recorre América Latina. Una cruzada similar había impulsado en el 2005 el Presidente de Ecuador Lucio Gutiérrez. Igual intento haría Evo Morales en Bolivia. Tanto forma parte de la identidad nacional que hasta hay gentilicios en ciertos países: “la hora colombiana” o la “hora dominicana”. El Presidente Alejandro Toledo de Perú (2001-2006) haría célebre la “hora Cabana”: siempre llegaba tarde.

Manuel Molano, del Instituto Mexicano para la Competitividad, resume el tema: “Aunque todos repetimos que el tiempo es oro casi no se aplica en nuestras actividades ni respetamos el tiempo de los demás, lo que se refleja en el desempeño y en resultados. La impuntualidad es un problema cultural que nos viene desde la Colonia. No hemos aprendido a maximizar el uso de nuestro tiempo y no asumimos los costos”.

El hecho es que, si bien nunca hay que olvidar, ya no podemos culpar de nuestros males presentes al pasado hace 200 años. Y es verdad que los cambios culturales toman varias generaciones. Así que cada uno debe ser parte de la solución. Y no hay mejor forma de ser puntual que con el ejemplo.

  • El ritmo circadiano: el tiempo en la biología humana.

Todos los seres vivos desarrollan adaptaciones fisiológicas cíclicas en consonancia a los cambios rítmicos ambientales. La biología los llama ritmos circadianos, y los seres humanos también los tienen. Se les llama “el reloj interior” porque son propios del ser vivo, y si bien pueden modificarse por factores ambientales exógenos, funcionan básicamente desde adentro intentando adecuarse al ciclo ambiental. En los humanos el ciclo circadiano endógeno es de 24 horas, y se rige por los ciclos de la luz y la temperatura exterior. Los ciclos pueden variar según las estaciones, el lugar, la edad y la salud.

El ritmo circadiano regula el patrón de alimentación, la actividad hormonal, la regeneración celular y la actividad cerebral incluyendo el sueño, entre otras funciones. Está gobernado por el núcleo supraquiasmático (NSQ), un grupo de neuronas del hipotálamo medial que recibe la información de la luz solar captada por fotoreceptores de la retina, la procesa y la redirige a la glándula pineal que es la que produce la neurohormona melatonina, la cual es baja durante el día y alta en la noche.

Somos seres de día completo. El cuerpo humano vive ciclos completos de 24 horas, es decir, vive y actúa en el día y en la noche, no sólo cuando estamos despiertos. Existe un mito extendido en casi todas las culturas del planeta que somos o existimos mientras estamos despiertos, y que la etapa del sueño es tiempo muerto o tiempo perdido. Esto es completamente inexacto y la ciencia se ha encargado de explicar el enorme valor (sí, valor) del sueño en nuestras vidas.

Este concepto nos obliga a entender que también es importante gestionar el sueño, tanto de la persona como del núcleo familiar. La inmensa mayoría de personas hace una organización de su día en forma mental, sin una agenda escrita o digital, pero sólo de su período de vigilia, es decir, despierto. Pero el cerebro sigue funcionando durante el sueño y hace sus propias tareas, como veremos más adelante. En resumen, nuestro ciclo vital básico es de 24 horas completas, y así lo debemos entender.

La fuerza diurna. El inicio del día y la aparición de la luz solar conlleva una serie de procesos biológicos y neurológicos en el cuerpo humano para hacer la transición del descanso nocturno al activismo diurno. En ese período de tiempo, llamado también de vigilia, el cuerpo humano se convierte en una auténtica fuerza de la naturaleza. Conocer nuestros microciclos biológicos durante el día nos puede dar una enorme ventaja competitiva para decidir las actividades a realizar, su intensidad, dimensión y tiempo.

Aproximadamente a las seis de la mañana empieza la producción de cortisol, a las siete de la mañana se eleva la presión sanguínea, por su parte la glándula pineal a eso de las siete y treinta a.m. deja de producir melatonina (hormona que induce al sueño), a las ocho y treinta se dan los primeros movimientos intestinales, a las nueve a.m. hay un pico en la liberación de testosterona, y a las diez a.m. se alcanza el estado de máximo despertar y es el momento de mayor atención y capacidad cognitiva. A las catorce horas es el mejor momento de coordinación motora, y a las diecisiete la hora de mayor eficiencia muscular y cardiovascular. A las dieciocho y treinta hay un pico de presión arterial, y a las diecinueve el cuerpo alcanza el mayor nivel de temperatura. A las veintiún horas, se reinicia la secreción de melatonina y a las veintidós se suprime el movimiento intestinal.

La secuencia realizada no puede definirse como universal. Por supuesto que cada persona tiene su propio horario y procesos biológicos. Pero conocer el funcionamiento periódico de nuestro cuerpo y en lo posible adecuar las actividades a esa secuencia diaria, puede permitirnos ser más productivos y a la vez, mejorar nuestra salud y la calidad de vida.

Hay que agregar que las condiciones ambientales y sociales determinan las características del período de vigilia y sueño en cada persona. Es evidente que en el campo es diferente del de las ciudades, el trabajo en una oficina pública tendrá otras condiciones que un trabajo de conductor de transporte público o del de un comerciante de prendas de vestir. Con seguridad pueden cambiar también los días de labores. Trabajar en horario nocturno nos afecta muchísimo. El punto es que para darle valor a tu tiempo debes partir de tu propia realidad y de tu entorno, y establecer los ámbitos de mejora y perfeccionamiento.

¿Cómo hay que pasar el día en estos tiempos de cuarentena? La situación actual nos genera la idea de que estamos seguros en nuestra casa a la vez que se siente inseguridad sobre el futuro inmediato. El hogar es el espacio de seguridad frente a un enemigo viral que no se sabe cuándo, dónde ni cómo nos infectará, pero al mismo tiempo vivimos una intensa incertidumbre tanto por evitar el contagio como por el tema económico, que es el más sensible y de mayor urgencia para millones de personas y que puede disparar reacciones sociales inusitadas.

El valor del sueño. El sueño es esencial para que el cuerpo actúe y funcione sanamente. Pero hay un enorme desconocimiento sobre este estado. Creemos que nos quedamos dormidos y ya. Falso. El sueño es un proceso de microciclos (unos 4 a 6 desde que empezamos a dormir hasta que nos despertamos), y cada microciclo pasa por dos fases: sueño No REM y sueño REM. A su vez la fase No REM tiene 4 etapas: adormecimiento, sueño ligero, transición al sueño profundo y el sueño profundo (también llamado sueño delta). Este último es el que determina la buena o mala calidad del sueño, si ha sido reparador. En la fase REM (llamada así por el rápido movimiento de los ojos) el cerebro está muy activo, casi como el estado de vigilia (despierto).

El total del sueño no REM es 75% aproximadamente, y el REM el 25%. ¿Qué consecuencias tiene esto? El descanso en horas suficientes es esencial para la persona, tanto para restaurar la energía corporal como para el grado adecuado de vigilia y atención al día siguiente. Una pobre calidad del sueño puede acarrear depresión, irritabilidad, desorientación existencial, etc. Un concepto con un desarrollo reciente es la “higiene del sueño”, que requiere la acción consciente de la persona que sufre alguna forma de alteración o trastorno del sueño, cuyo número es sorprendentemente alto en las sociedades actuales.

Los trastornos del sueño como el insomnio, alteran el ritmo circadiano, con efectos negativos a corto plazo: síntomas de fatiga, baja concentración y predisposición al conflicto. Las consecuencias a largo plazo pueden ser adversas en nuestra salud física como mental. Para que no afecte tu salud y tu tiempo (aparte de la atención médica o psicológica profesional), hay que gestionar y organizar el sueño en el hogar, lo que también implica prácticas profilácticas previas adecuadas: no consumir bebidas o productos estimulantes antes de acostarse, comer ligero en la cena, no hacer ejercicios antes de dormir, reducir la luz y el ruido, evitar temperaturas extremas en los dormitorios, e intentar una regularidad de los horarios de sueño. (Sánchez, marzo 2020).

  • El cerebro: el gran organizador de nuestro tiempo.

El centro de la relación entre nuestro cuerpo, nuestras decisiones y el tiempo es el cerebro. Conocerlo es fundamental para pasar del modo “no me alcanza el tiempo” al modo “yo gestiono mi tiempo exitosamente”.

Es bueno entender que ese tránsito no es de un día para otro. Ni siquiera se puede decir si tendrás éxito o no. Lo que sí podemos decirte es que toda acción humana requiere un inicio. Y ese inicio sólo lo decides tú, como persona consciente y autónoma. Para empezar un proceso de cambio personal en el uso y gestión de tu tiempo no necesitas consultar a nadie más que a tu propia voluntad. Sólo tú puedes decir “empiezo ahora”.

Luego viene el proceso en sí. Es fundamental interiorizar su dinámica. En primer lugar, habrá altas y bajas. El avance nunca será lineal, tendrás lapsos en que sientes que avanzas mismo tren bala y habrá otros momentos en que todo parece ir cuesta abajo. En segundo lugar, debes conocer tu entorno tanto como tu propia motivación y persistencia. Entender las fuerzas externas a favor o en contra de tus metas es crucial para favorecerlas o reducirlas. Es fundamental vuestra fuerza interior pero no debes restar importancia a los elementos del entorno que pueden facilitarte o entorpecerte las cosas. En tercer lugar, no es un proceso únicamente racional: también es perceptivo, subjetivo y emocional. Las neurociencias nos ilustran bastante sobre la percepción subjetiva del tiempo, y lo clave que es gestionar el tiempo interior para conseguir bienestar. (Morgado, 2014)

Al final viene el balance, control y corrección de errores sobre el uso adecuado o no de mi tiempo. Esto es relevante para evitar esa inclinación negativa que tenemos de echar la culpa de nuestros males o errores a los demás. El autoexamen es esencial para aprender y aprehender, que son cosas distintas. Luego vendrá la siguiente etapa, un nuevo escalón, y a empezar de nuevo el proceso.

¿Cómo realiza nuestro cerebro todo esto? Con las funciones cognitivas. Son procesos mentales que nos permiten percibir, recibir y procesar información, percepciones y estímulos, para poder actuar en la sociedad y en el mundo a nuestro alrededor. Entre las de mayor importancia para el ser humano tenemos a las llamadas funciones ejecutivas.

Las funciones ejecutivas. La gran evidencia de nuestra evolución. Son los procesos cognitivos que nos permiten resolver las diversas situaciones a que nos enfrenta el medio ambiente social y natural. Tienen una gran importancia para la vida humana y han determinado nuestra superioridad evolutiva. Se orientan al logro de una meta futura mediante la anticipación, planeamiento, organización y ejecución de acciones y tareas autorreguladas y deliberadas.

Articula varias capacidades: regulación inhibitoria, flexibilidad cognitiva, memoria de trabajo, toma de decisiones, planificación, fluidez mental, entre otras. Esto es posible gracias a la evolución de la corteza prefrontal, área a la que está asociada. Es importante tener en cuenta que, pareciendo todas las arriba señaladas acciones racionales, las emociones están profundamente involucradas.

¿Esto influye en nuestro tiempo? Bastante.

La regulación inhibitoria es la capacidad humana para interrumpir o regular una conducta o reacción frente a un determinado estímulo a fin de permitir que otras acciones o respuestas se ejecuten. Si en mi oficina veo que un grupo de compañeros de trabajo está reunido hablando y riendo amenamente ante la ausencia del jefe, probablemente mi reacción emocional sea el deseo de integrarme al grupo pese a saber que tengo que presentar mi informe pronto y sin retraso. Tener la capacidad de inhibir una respuesta reactiva ante una recompensa inmediata (reír con mis amigos) por una recompensa posterior (presentar el informe bien hecho y a tiempo) no es fácil, requiere ejercitarla, y aunque no lo parezca, es un dilema sobre el uso de nuestro tiempo que se presenta a diario casi sin darnos cuenta. Lo importante es saber que se puede entrenar y mejorar.

La flexibilidad cognitiva es una capacidad adaptativa que nos permite solucionar problemas inesperados. Se define como la aptitud para pasar de considerar un concepto usualmente establecido hacia otro u otros conceptos con el propósito de enfrentar retos o situaciones de nuestro entorno. Por ejemplo: se le pide al dueño de una panadería una cantidad de panes mucho mayor a la que suele hacer, y debe decidir de inmediato. ¿Qué opciones debe considerar? Decir que sí, decir que sólo puede entregar una cantidad, que necesita más tiempo, que el precio será algo mayor, o que no le es posible. No es raro que muchas personas se paralicen frente a una situación así, que duden demasiado o que no les venga respuestas creativas. La flexibilidad para considerar una diversidad de variables puede ser un atributo muy pertinente para tomar una decisión y para ahorrar tiempo.

La toma de decisiones es en nuestra humilde opinión, una de las más importantes funciones ejecutivas de nuestro cerebro, lo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso en la vida. Tomamos decisiones todos los días, desde las más insignificantes hasta las más importantes y trascendentales. Decisiones que afectan nuestras vidas… y nuestro tiempo. Saber tomar decisiones requiere conocimiento y experiencia, teoría y práctica. ¿Se puede aprender a tomar decisiones sólo con la mera práctica? Seguro. Pero te tomará más tiempo aprender de ella. ¿La sola teoría puede ayudar a tomar decisiones? También, pero será insuficiente sin la evidencia o contraste con la realidad. Mejorar tu tiempo de reacción y saber tomar decisiones es tal vez uno de los elementos esenciales no sólo para ahorrarte tiempo, sino para hacer de tu tiempo algo sustantivo y provechoso.

El peligro de la procrastinación. La procrastinación es uno de los problemas más serios en el trabajo y en la educación. Se define como “no hacer algo a pesar de que sabes que a largo plazo será peor” (Pickles, 2017). “Dejar algo para después” afecta las calificaciones, la productividad, la salud física y mental, y nuestro tiempo.

Para Tim Pychyl, de la Universidad Carleton (Canadá), procrastinar tiene que ver más con el manejo de las emociones que con la capacidad de gestionar nuestro tiempo. La evidencia demuestra que la desatención o retraso en las tareas se explica mejor por una falta de control emocional que altera el autocontrol del individuo.

La amígdala, una pequeña almendra en cada lóbulo temporal del cerebro que procesa nuestras emociones (y el control de la motivación), está conectada con el córtex del cíngulo anterior (CCA), el cual toma decisiones sobre las acciones de nuestro cuerpo. Al fallar esta conexión, se hace más fácil distraerse y más difícil filtrar las emociones.

Se ha encontrado que las personas proclives a postergar sus tareas tienen la amígdala más grande. Sin embargo, existen una serie de actividades relacionadas con la contracción de la amígdala, la expansión de la corteza prefrontal y el fortalecimiento de las conexiones con el CCA. Algunas de ellas son:

  • Trabajo por ciclos. Según el tipo de labor, en cada media hora descansa 5 minutos. Entrena a tu cerebro a fluir adecuadamente: 25 minutos de atención/concentración y 5 minutos de reparación, a modo de microciclos. La técnica Pomodoro es una eficaz herramienta cognitiva. Fue descubierta por Frances Cirillo en 1980.
  • Trabajo por tareas. Con un checklist de tareas por día (entre las importantes y las urgentes), podrás ver al final de la jornada cuáles cumpliste y cuáles no. Así también podrá evitarse hacer las menos relevantes. La matriz Einsenhower es otra excelente herramienta para discernir la importancia y la urgencia de las tareas diarias.
  • Límites a la desconcentración. Debe minimizarse todo aquello que aparece distractivo y hace desenfocarse al trabajador de su labor, llámense personas, celulares, redes sociales, etc.
  • Imagina el futuro. Según Pychyl, la técnica de reforzar el vínculo con tu ”yo futuro”, es decir, pensar en cómo estarías en la hora límite preocupado por terminar esa tarea que pudiste empezar antes, puede ayudarte a hacerla con anticipación.
  • La fuerza del grupo. Si la cultura del grupo social es inclinada a la evasión de la responsabilidad laboral, es altamente probable que cada persona tenga la tentación de cultivarla. Si por el contrario, el entorno y ánimo colectivo se caracteriza por una proactividad, las personas, individualmente, también lo serán.
  • Conexión con el beneficio a largo plazo. Los grandes logros en realidad dependen de pequeñas tareas consecutivas, y no es fácil en el ser humano hacer esa conexión. Lo normal es más bien conectarse con el beneficio inmediato (descansar un rato, ver el facebook, etc.). Acostumbrar al cerebro a pensar a largo plazo requiere constancia y persistencia.
    • El Principio de Pareto en el uso del tiempo.

Vilfredo Pareto, un economista ítalo-francés, describió en 1896 un fenómeno estadístico que luego se conoció como la “Regla del 80/20”, por el cual una proporción pequeña de la población (20%) establece la mayor parte de un efecto común (80%), y viceversa. Ligado inicialmente a la economía y a la distribución de la riqueza, Joseph Juran lo proyectó hacia otros campos. El uso del tiempo no ha sido ajeno a ello. Pese a no ser una evidencia científica, su facilidad para explicar una serie de fenómenos dio lugar a su posterior fama y aplicación universal.

Respecto al uso del tiempo, el principio puede describirse de la siguiente manera: “el 20% de tu tiempo se despliega en los eventos más significativos, mientras que el 80% restante se utiliza en los que son menos”. Esto puede delimitarse en días, semanas o meses.

Si se aplicara a nuestro quehacer diario, puede decirse que definiendo las principales metas del día y concentrándonos en realizarlas (que en promedio puede tomarnos el 20% del tiempo diario), no sólo nos mejoraría el hábito de saber qué priorizar y qué decidir, sino además nos permitiría mejorar sustancialmente nuestro manejo del tiempo.

Con el diagrama de Pareto se puede identificar un orden personal de prioridades, lo que facilita la toma de decisiones. A este principio se le ha llamado también “Pocos vitales, muchos triviales”, que básicamente consiste en que en la vida diaria hay muchos asuntos sin importancia y muy pocos son los importantes.

  • Efectos de la alimentación en el tiempo personal.

Un tema final que no significa de menos importancia. Uno de los temas significativos que impactan en nuestro tiempo es la alimentación, sobre todo en tiempos actuales en que todo parece que debe hacerse para ayer, en que el ritmo vertiginoso de la vida no nos da tiempo siquiera para sentarnos a comer tranquilamente nuestros alimentos.

Bueno, sí, la alimentación impacta en nuestro tiempo. En primer lugar, sin una buena masticación y salivación tendremos una digestión pesada, los alimentos toman más tiempo en procesarse, y los recursos físicos y energéticos que requerirá nuestro estómago para hacerlo serán mayores. ¿Por qué sucede esto? Al pasar los alimentos sin masticar debidamente, la ptialina, una enzima de nuestra saliva, no logrará descomponer adecuadamente los hidratos de carbono, labor que tendrá que hacer el estómago. Un mal lubricado bolo alimenticio también habrá otro efecto: no se separan bien los nutrientes, lo que producirá sensación de pesadez y retraso del metabolismo.

En segundo lugar, masticar mejor los alimentos tiene efectos positivos sobre el cerebro. Lo primero que hace es acortar el deseo de saciedad del hambre, lo que evita comer en exceso. Está demostrado que a mayor masticación menor volumen de ingesta de comida (lo que te evita de paso el aumento de peso). Lo segundo es que tiene efectos inmediatos en la mejora del ánimo, la reducción del estrés y la mejora de la atención. Habrá un mayor efecto si además se come en un ambiente tranquilo y distendido.

En suma, una buena alimentación (masticación y salivación incluidas) tendrá un impacto positivo en nuestra salud y calidad de vida, y por ende, en nuestro tiempo. Una mala alimentación (nos referimos tanto a qué comer y al cómo comer) nos producirá gases, estreñimiento, tránsito intestinal retardado, indigestión, dolores estomacales, y un largo etcétera. Aliviarnos o curarnos de todo ello, nos costará tiempo y dinero.

  • La matriz Einsenhower y el tiempo productivo.

Fue un marco de trabajo desarrollado por el general y ex-Presidente norteamericano Dwight Eisenhower. Permite priorizar las tareas y administrar la carga de trabajo a partir de dos vectores: el primero (vertical) distingue los hechos importantes y los no importantes, y el segundo vector (horizontal) distingue entre lo que es urgente y lo que no lo es. Esto puede elaborarse para tu tiempo diario, semanal o mensual.

Si un hecho, suceso o evento es importante y urgente, deberás hacerlo ahora. Si es importante pero no urgente, debes decidir programarlo para hacerlo luego. Si es urgente pero no tan importante, tal vez lo mejor sea delegar. Si no es urgente ni importante, lo aconsejable será evitarlo.

Esta matriz es muy conveniente para determinar las actividades prioritarias del día y para tomar las decisiones adecuadas. Obviamente, no cabe comentar que las actividades “necesarias”, sean las biológicas, las sociales o familiares, simplemente son las que se tienen que hacer. Si viajar desde tu casa al trabajo te toma 1 hora y 40 minutos, esa actividad califica como necesaria, y pues, se tiene que hacer sí o sí. Tal vez la solución sería tratar de aprovechar ese tiempo para hacer otra actividad en la medida de lo posible.

Previamente es esencial definir qué es importante para nosotros. Para algunos, dedicarse por completo al trabajo y a hacer carrera en una entidad, lo puede considerar esencial en una etapa de su vida. La pregunta es: ¿no consideras por ejemplo, que tu familia o tus hijos son más importantes que el trabajo? Es una decisión que cada uno debe tomar.

  • Conclusiones
  • El tiempo es tanto una magnitud física como una construcción social. El cálculo del tiempo se ha dado en todas las sociedades humanas, y es uno de los elementos “organizadores” de cada una de ellas. En la antigüedad, cada civilización intentó organizar el tiempo vinculados a tres aspectos de la vida social: la agricultura, la religión y la astronomía. En 1905, Albert Einstein revolucionó la ciencia al considerar al espacio-tiempo como una unidad continua en base dos conceptos inseparablemente relacionados, y que la gravedad puede curvar el espacio-tiempo. La lucha por las 8 horas a partir de 1810 permitió el disfrute universal del tiempo en otras actividades diferentes al trabajo y al sueño. Y si bien la impuntualidad es uno de los rasgos culturales latinoamericanos más enraizados, no hay mejor forma de superarlo que con el ejemplo.
  • El cuerpo humano también tiene su reloj biológico y regula todas las actividades físicas y mentales. Nuestro cuerpo vive ciclos completos de 24 horas. Conocer nuestros microciclos biológicos durante el día nos puede dar una enorme ventaja competitiva para decidir las actividades a realizar, su intensidad y su dimensión. No es cierto que nuestro cerebro trabaja solo de día. El sueño es esencial para que el cuerpo actúe y funcione sanamente. Hay que organizar y gestionar el sueño en el hogar. Conociendo como actúa nuestro ritmo circadiano podemos impulsar la efectividad de nuestro tiempo.
  • El cerebro es el gran organizador de nuestro tiempo personal. Aprender a gestionar nuestro tiempo con éxito no se logra de un día para otro. Es un proceso que requiere conocer su dinámica, y los procesos cognitivos involucrados. Uno de ellos es el llamado “funciones ejecutivas” que influye capacidades como la regulación inhibitoria, la flexibilidad cognitiva y la toma de decisiones. La procrastinación es uno de los problemas más serios en el trabajo y en la educación. “Dejar algo para después” afecta las calificaciones, la productividad y la salud física y mental. La falta de conexión entre la amígdala y el córtex del cíngulo anterior hace más fácil distraerse y más difícil filtrar las emociones.
  • El principio de Pareto nos ayuda a concentrarnos mejor en las actividades más productivas o efectivas para nuestros intereses o necesidades. La clasificación de nuestros asuntos de la vida diaria como “pocos son vitales, muchos son triviales”, nos puede permitir identificar un orden personal de prioridades.
  • La alimentación tiene un impacto directo en la disposición de nuestro tiempo. Nuestro cuerpo requerirá más energía y tiempo si nuestra digestión es deficiente. Una buena masticación y salivación puede ser una pequeña mejora con grandes efectos y beneficios para nuestra salud, nuestro bienestar y nuestro tiempo.
  • La organización de nuestro tiempo tendrá efectos inmediatos sobre nuestra productividad. Saber priorizar y decidir es una de las grandes fortalezas del ser humano para alcanzar sus objetivos y el éxito económico. Por supuesto, que hay las inevitables actividades “necesarias” (biológicas, sociales o familiares), siendo esencial definir qué es importante para cada uno de nosotros.

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Presidente del Instituto de Neurociencias para el Liderazgo. Abogado y Magister en Gerencia Pública.

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