REFLEJOS, SEÑOR PRESIDENTE

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Cuando un arquero, ante los ataques incesantes a su portería, se defiende hasta con las uñas incluso con reacciones automáticas más veloces que su vista, decimos que es un guardameta con reflejos.

En neurología, lo que hace ese arquero se llama reflejo condicionado, que se desarrolla a partir de la continua experiencia y aprendizaje en la defensa de su arco. A esa reacción compleja y veloz se le llama “movimiento balístico”: es rápido, previamente aprendido, perfeccionado y responde a estímulos extremos.

El punto es que esa capacidad no es privativa de los deportistas de élite. También se le puede exigir a los políticos, y específicamente a un Jefe de Estado. En este caso, se trataría de la capacidad de un gobernante para reaccionar oportunamente en la toma de decisiones ante una situación límite. El Perú pasa ahora por una situación límite, Señor Presidente. Y el país reclama sus reflejos.

Ya hay más de siete análisis nacionales e internacionales que estiman que la economía nacional caería -15%. Es una cifra brutal y sin embargo el país sigue aguantando estoico el confinamiento. Algunos agoreros, despistados como siempre, hablaron de caos en las calles y masas enfervorizadas bajándose al gobierno. No ha sucedido y no sucederá por razones que ahora no es el tema explicar. Pero sí hay agotamiento, los ciudadanos y las familias están exhaustas del largo encierro, y en todos los niveles sociales, el mensaje es uno sólo: no espere hasta el 30 de junio. ¡Abra ya la economía! ¡Hasta el Colegio Médico pide que la levante antes del 30!!

El Perú ya no respeta la cuarentena. Han sido los más pobres los primeros en entender que en estos tiempos no hay ni puede haber un Estado que les regale los panes por 90 días seguidos, que la idea de burócratas o políticos buenos alimentando al pueblo desde sus oficinas ya el chavismo venezolano se ha encargado de pulverizar. Está mal que salgan sin distancia social, sin cuidado por su salud y la de los demás, pero prefieren ejercer su libertad, aunque sea en forma desordenada, para conseguirse los frejoles. ¿Y qué hace la autoridad? La reprime, le quita su ínfimo capital, la mueve de una calle a otra. Lo que es más absurdo, muchos trabajan en las galerías aledañas que están cerradas. ¿No es muchísimo mejor un control biosanitario en esos locales que en la calle?

La pandemia ha desnudado el peor rostro de nuestra sociedad: la atroz desigualdad, la corrupción inacabable y un sistema de salud prehistórico. Y en su solución no hay recetas previas. Por eso es indispensable una coordinación entre los diversos niveles de gobierno. Lo real es que ahora no lo hay. La inmensa espalda económica del Poder Ejecutivo puede producir la ilusión de que a punta de chequera pueden avanzar las cosas. Lo real es que los sectores y ministerios, ahora centralizados y burocratizados más que nunca en comparación con los anteriores cuatro gobiernos, no parecen tener la capacidad para gobernar país tan complicado como el nuestro. Llama la atención que el gobierno no requiera más la participación del sector privado que, aunque su principal gremio no parece entender al resto de la población en esta pandemia, sí tiene en la experiencia de los Panamericanos un gran referente de capacidad ejecutiva reciente que el resto de la sociedad valora.

Y lo más importante, valore Señor Presidente, el comportamiento de la mayoría de la población que ha respetado la orden de confinamiento. Lo han hecho todos los sectores sociales, en todas las regiones. El golpe a las economías personales y familiares ha sido durísimo, pero hay aún mucha voluntad de seguir adelante. Por eso, no cometa el error de tener como única palanca para enfrentar esta crisis a su burocracia nacional. No basta ahora con tener el respaldo pasivo de la población (el apoyo estadístico a su gestión): tiene que liderar una reconversión ciudadana, tanto comunicacional como cultural, para que los propios ciudadanos adquieran los nuevos hábitos biosanitarios. Abrir la economía tendrá inevitablemente un impacto en la situación sanitaria. Pero los ciudadanos tendremos que aprender a cuidarnos, no a esperar la solución de Papá Estado, que, a cuatro días del Día del Padre, no lo parece tanto. Le corresponde sí a su gobierno mejorar la capacidad de atención médica y combatir con la máxima energía la corrupción estatal y la insanía delincuencial de aquellos que encarecen el oxígeno, las medicinas y otras cosas.

Reflejos Señor Presidente. Y en el Día del Padre, un saludo y un abrazo a cada padre peruano, que ahora ya no es de un solo género. Saldremos adelante, con libertad e igualdad.

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Presidente del Instituto de Neurociencias para el Liderazgo. Abogado y Magister en Gerencia Pública.

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