Lograr ser el tercer partido más votado a nivel nacional en las recientes elecciones congresales extraordinarias, ha hecho del Frente Popular Agrícola Fía del Perú – FREPAP, la estrella sorprendente del firmamento político nacional. Su éxito en varios departamentos (en Lima Provincias y Ucayali quedó en primer lugar, segundo en Junin y Tacna, y tercero en Lima Metropolitana, Huánuco, Loreto, Madre de Dios y Pasco), prácticamente lo colocan como una organización de alcance nacional, algo que ya quisieran mostrar con orgullo otras fuerzas políticas, tanto tradicionales como nuevas, y que ponen al partido del pescadito en expectante posición ante las inminentes elecciones generales del 2021.

Así que en vez de sumarnos al cargamontón mediático al que se ha sometido al pescadito en estos días, con mucho de desinformación, tanto desde la derecha como de la izquierda, intentaré hace un ejercicio de reflexión para entender al electorado que le otorgó su confianza; confianza que puede ser tan provisional como lo es de impactante, con repercusiones en el futuro político inmediato del país.

  1. Representa el voto de sectores urbanos y rurales marginados del actual sistema político. El proceso de urbanización y crecimiento de las grandes ciudades ha generado un amplio sector de la población (ubicada en los ámbitos rural y urbano) marginados del modelo político actual. Si uno aprecia las grandes, medianas y pequeñas ciudades en todo el país puede darse cuenta de la existencia de miles de centros poblados en sus alrededores o periferia conurbana que no son objeto de atención ni de los gobiernos regionales ni de los gobiernos locales, menos del Poder Ejecutivo. Son bolsones poblacionales lo suficientemente cerca de las ciudades para apreciar (y desear) sus beneficios, pero están lo relativamente lejos para no gozarlos por carecer de fuerza política o por la indolencia de un Estado burocratizado y corrupto. Pues bien, son claramente esos sectores sociales los que buscan opciones políticas que los representen no para encaminarse hacia un gobierno socialista o hacia una dictadura militar, sino para integrarse a un Estado democrático, porque perciben que el actual sistema de partidos políticos no tiene ningún interés en acogerlos ni representarlos. La palabra clave aquí es marginación: no quieren destruir este Estado, quieren ser parte de él en igualdad de condiciones. Y si el Frepap no les concreta esta aspiración buscarán otra alternativa. El 26 de enero, el pescadito representó esa aspiración. Toca ver si está a la altura de ese reto.
  2. Su experiencia de fronteras vivas encarna un modelo de quehacer político inusual hoy en día. Aunque ahora ciertos sectores de la izquierda los acusan injusta y maliciosamente de ser depredadores de bosques y hasta de taladores ilegales de madera, lo cierto es que la política de “fronteras vivas” del Frepap representa a cabalidad la consigna de “Hacer lo que se dice”, que es tan poco usual hoy en la política peruana. La propia izquierda ya desistió de su consigna ochentera de “irse al monte”. La conquista de la selva propuesta por el belaundismo auroral es hoy una extraña frase en este Acción Popular del siglo XXI. Así haya sido por el afán teológico de instalar la Nueva Tierra Prometida, lo real es que el Frepap ha hecho de las “fronteras vivas” una experiencia concreta de cumplir compromisos y de desarrollar una zona olvidada por el Perú oficial. Mi humilde opinión es que las fronteras vivas son una oferta que el Frepap no ha marketeado debidamente, pero que tienen un potencial extraordinario para captar el interés de las grandes mayorías. No sólo porque la mayoría de partidos y personajes políticos terminan casi siempre limeñocéntricos, sino porque significan una experiencia económica que se puede ofrecer como alternativa en ese Perú olvidado, nada menos que en la actividad agrícola, generadora de fuerte demanda laboral, gestión que ningún partido político podrá exhibir. Y además, sin ningún apoyo estatal.
  3. Su religiosidad le añade a su acción política un sentido de largo plazo. Casi la totalidad de los ciudadanos percibimos intuitivamente que los partidos políticos peruanos son esencialmente coyunturales, con poca o nula visión y proyección a largo plazo del desarrollo nacional. Igual puede decirse de la mayoría de los políticos peruanos, quienes han demostrado que hoy pueden estar en un partido y mañana en otro sin ningún pudor ni explicación, y que su visión de largo plazo sólo tiene la estatura de cuánto tiempo ellos permanezcan en el poder. Por ende, tampoco es de extrañar que las medidas de gobierno sean básicamente de corto plazo. Trascender la coyuntura es una obligación y un deber que sentimos inexistente en los partidos políticos peruanos, de cualquier signo ideológico. Así que persistir en la acción política, pese a los sucesivos fracasos electorales, y continuar intentando una y otra vez una presencia nacional (incluyendo una nueva inscripción del partido), y lograrlo, sólo puede explicarse por una visión a largo plazo. Que esa visión proceda de su concepción religiosa de extenderse por los “Cuatro rincones de la Tierra” según mandato de su Profeta, no creo que pueda ser una objeción válida para que sus electores le nieguen la oportunidad de dirigir los destinos de la Nación desde una cuota importante de poder político, como es una bancada parlamentaria de 15 miembros. Es más, me atrevo a sugerir la hipótesis que para muchos votantes no israelitas puede parecerles positivo que sean a la vez partido político y congregación religiosa. Por supuesto que no hay bola mágica que nos adelante cuál será el futuro del Frepap, pero en mucho dependerá de lo que ahora en adelante haga su dirigencia con la cuota de poder que el pueblo le ha otorgado, a partir de una correcta lectura política de ese encargo.
  4. Su milenarismo incaico toca una fibra importante de la psique colectiva nacional. No es ningún secreto que en la cultura política nacional existe, vibrante, una fibra emocional que nos conecta permanentemente con nuestro pasado inca, y prehispánico en general. Basta con ver las fiestas costumbristas, las diversas vertientes musicales, las expresiones culturales regionales (para no hablar ya de la manida gastronomía), para darnos cuenta que los peruanos de hoy nos sentimos depositarios de un milenarismo incaico que no parece disminuir, una suerte de destino manifiesto que explica el extraordinario acervo cultural nacional, que los extranjeros perciben mejor que los propios peruanos. El Frepap, de entre todos los partidos actuales, parece absorber ese milenarismo mejor que ningún otro en su acción política. No puede negarse que eso también puede ser un obstáculo para lograr adhesiones en los modernizados sectores urbanos de la capital, donde pese a todo, alcanzó el tercer lugar de la votación. Pero ni siquiera el etnocacerismo de Antauro Humala logra esa conexión, en parte porque Humala concita un abierto racismo a la inversa, y en parte porque habla poco o nada de un mestizaje que recorre prácticamente todo el territorio nacional.
  5. A ojos de la población, representan una visión moralizante de la política. Ante la profunda decepción ciudadana con su élite política y empresarial por los continuos escándalos de corrupción que parecen recorrer todas las instancias y niveles del Estado, y lo que es peor, parece no tener fin; se abre una enorme sensación de frustración colectiva sobre la capacidad del derecho y de la justicia para combatir este mal, que además es endémico en nuestro país. Este sentimiento creo es lo que explica la crisis de la idea maquiavélica de que la Razón de Estado no puede conducirse con preceptos morales, esencia conceptual del Estado moderno. Sin embargo, hoy no hay corriente en las ciencias políticas que no aborde la integridad, la probidad y la transparencia como ideas básicas de la gobernanza y la conducción de un Estado. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho, más en este espinoso campo. Por eso no debe sorprender que el elector promedio, asuma el pensamiento simple (no siempre certero por cierto), que la mayor práctica religiosa significa una conducta moral superior. En resumen, hartos de los partidos corruptos, los electores le otorgan la confianza al Frepap porque intuitivamente asumen que serán menos corruptos que los demás. Lo cual sólo se puede demostrar en el propio ejercicio del poder.
  6. Representa una opción no extremista y popular de salida política a la crisis actual. Existen sectores poblacionales que, hartos del sistema actual de partidos, buscan otras alternativas, pero no les convoca ni el extremismo etnocacerista ni la hiperquinesis urrestiana. A diferencia de Unión por el Perú o Podemos Perú, que dan la total impresión de ser vientres de alquiler del ímpetu personalista de un caudillo ajeno, el Frepap ha dado la imagen de una organización política que actúa como un engranaje colectivo popular, incluso sin la presencia de su líder. Y así como hay partidos que pareciera imposible sean desvinculados de un origen de clase media alta, no hay la menor duda que el Frepap tiene en su ADN político su implantación como una fuerza representativa de sectores pobres y pobres extremos. Lo cual les confiere una identidad que va más allá de la filiación israelita. Por lo menos en la actual situación política.

Cumplo con referir que así como hay fortalezas, el FREPAP tiene también sus debilidades, pero su análisis no es parte del presente artículo.

Cañete, 12 de febrero de 2020.

Puntuación: 0 / Votos: 0