Multiculturalismo y multilingüismo: reflexiones en torno a una nota sobre Benedict Anderson

Continuando con mi esfuerzo por ponerme al día con noticias académicas de diversa índole, comparto ahora con ustedes algunas reflexiones en torno a la publicación de una nota mía, “Una vida más allá de las fronteras: Benedict Anderson (1936-2015)” en la Revista del Instituto Riva-Agüero el año pasado. Pese a que por muchos es conocido principalmente por su obra Comunidades Imaginadas, Ben Anderson dedicó su vida sobre todo al estudio del Sudeste Asiático. Su multiculturalismo y multilingüismo son rasgos que deberíamos hacer un mayor esfuerzo por imitar para así enriquecer nuestra comunidad académica local, especialmente en el contexto de creciente nativismo que estamos viviendo, en el que el slogan “primero el Perú, segundo el Perú, tercero el Perú” está ganando fuerza en las encuestas. No hacerlo sería seguir empantanados en el ombliguismo que tanto nos caracteriza.

En sus memorias, Ben Anderson indica que nunca sintió apego por tan solo un lugar del mundo, sino varios. Esto se explica en parte por sus experiencias tempranas. Nació en China, de padre irlandés y madre inglesa, y pasó sus primeros años bajo el cuidado de una empleada doméstica vietnamita. A los cinco años partieron de Asia para trasladarse a Europa, pero la segunda guerra mundial les obligó a quedarse en Estados Unidos por varios años. Lejos de dedicarse al estudio de Irlanda o el Reino Unido, más bien dedicó su vida al estudio de tres países distintos: Indonesia, Tailandia y Filipinas. Comunidades Imaginadas no podría haber existido de no ser por este ejercicio constante de comparación y de visión de lugares con culturas marcadamente diferentes (en tan solo lo religioso, estamos viendo un país islámico sunní, uno budista theravada, y uno cristiano católico). He dicho en numerosas ocasiones que investigar sobre el Perú está muy bien, pero una comunidad académica que se enfoca en tan solo una parte del mundo de manera prácticamente exclusiva es una comunidad académica que se auto-empobrece. ¿Cuántos investigadores tenemos, que vivan en el Perú, que se dedican a estudiar cualquier otro país latinoamericano? Y no me refiero a estudiar las relaciones de aquel país con el Perú, o a investigar el caso peruano y compararlo con otras realidades latinoamericanas a las cuales se accede por medio de fuentes secundarias, o a hablar mucho del resto de latinoamérica en las clases que dicte. Me refiero a trabajar fuentes primarias en aquellos otros países hispanohablantes y publicar artículos y libros cuyo público objetivo sea aquellos que se especializan en ese país. Son muy pocos y necesitamos muchos más. Y esto ni siquiera requeriría aprender una sola lengua más.

Precisamente en lo que a lenguas respecta, Ben Anderson también es un ejemplo a seguir. Hizo trabajo de fuentes primarias en por lo menos unas siete u ocho (indonesio, neerlandés, tailandés, tagalo, español, inglés, alemán, francés), y escribió textos en por lo menos tres (inglés, indonesio y tailandés), sin contar las lenguas a las que fue traducido. Comparemos esto con un contexto académico en el que la hegemonía del castellano es completa y otras lenguas son vistas con sospecha y a veces hasta con hostilidad. He oído de asesores de tesis que han cuestionado el uso de bibliografía en francés e incluso inglés. Hace muchos años, cuando un profesor en Consejo de Facultad insistió en que era necesario que la PUCP empezara a dictar cursos dictados en inglés, la respuesta fue de un rechazo visceral casi unánime. A lo largo de los años, he tenido una cada vez mayor impresión de que detrás de esto hay una suerte de chauvinismo hispánico, una suerte de idea de que el castellano es una “lengua de clase mundial” y que el alejamiento del monolingüismo funcional es casi una claudicación. Es cierto que la situación ha mejorado mucho en la última década y media, y que por lo menos a nivel de Facultad no hay dificultades para asignar lecturas en inglés, pero sigue habiendo académicos peruanos que hasta se enorgullecen de no leer bibliografía más que en español, bajo la lógica de “si fuera bueno, ya estaría traducido”. Si tenemos muy pocos investigadores que estudian otros países de latinoamérica, aquellos que hacen trabajo de fuentes primarias en otras lenguas son casi inexistentes. Y no es cuestión de resignarse a que si uno no ha crecido con otra lengua, le será por siempre imposible aprenderla a un nivel suficiente para investigar en ella. Ben Anderson aprendió el indonesio recién cuando estudiaba el doctorado, el tailandés a los 40 años y el tagalo a los 51. El neerlandés y el español los aprendió de manera autodidacta. Nuestro autoimpuesto monolingüismo le está poniendo límites artificiales a nuestra comunidad académica. El futuro tiene que ser diferente.

Ben Anderson señala que tanto en indonesio como tailandés existe la figura de una rana atrapada bajo una cáscara de coco y que llega a convencerse de que ese es el tamaño máximo del universo, y hace un llamado a que todos nos zafemos de nuestros cocos y veamos un mundo más amplio. Nuestra cáscara de coco es los límites del Perú, y hay todo un mundo allá afuera por conocer y estudiar directamente.

 

La nota está disponible aquí. Agradezco a la Revista del Instituto Riva-Agüero por ser un espacio para la discusión de temas no peruanos.

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Jorge Bayona

Jorge Bayona es candidato doctoral en Historia en la Universidad de Washington (Seattle), Magíster en Historia por la misma universidad y Bachiller en Humanidades con mención en Historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú (Lima). Actualmente es docente en la Universidad del Pacífico y ha sido docente en la Universidad de Washington y la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Sus áreas de especialización son el Sudeste Asiático, América Latina y el mundo del Pacífico.

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