Archivo por meses: Septiembre 2009

Puna

“En otros tiempos, todos los cerros y todas las pampas de la puna fueron de los comuneros. (…) La puna grande era para todos. No había potreros con cercos de piedra, ni de alambre. La puna grande no tenía dueño. Los indios vivían libremente en cualquier parte: en las cuevas de los rocales, los cerros, cerca de los manantiales. Los mistis subían a la puna de vez en vez, a cazar vicuñas o a comprar carne en las estancias de los indios. (…) De verdad la puna era de los indios; la puna, con sus animales, con sus pastos, con sus vientos fríos y sus aguaceros. Los mistis le tenían miedo a la puna, y dejaban allí vivir a los indios.
– Para esos salvajes está bien la puna – decían”

(J. M. Arguedas, Yawar Fiesta. Lima: Horizonte, 1980:30)

La puna es un lugar encontrado a lo largo de la producción literaria de Arguedas, pero en este caso específico parece representar una suerte de terreno para la utopía. Es allí donde “los indios vivían libremente”: antes de la propiedad privada y de la explotación del gamonalismo, existe una etapa indiferenciada donde todos aprovechan por igual de la tierra y de los recursos naturales.

Es paradójico que se señale a los mistis como contenedores de un discurso peyorativo hacia los “indios” según Arguedas, cuando al afirmar que ellos tenían miedo a la puna también se los está considerando como incapaces de dominarla. Los comuneros aparentemente vivían en paz y en armonía, es en el momento de la intervención activa de los mistis en espacios que no le corresponden dentro del imaginario cultural que se rompe el tenue balance.

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La naturaleza

“Al mediodía, durante los meses de invierno, el sol encendía las quebradas y las pampas. Las piedras de los campos, las piedras porosas o rajadas y la que tuvieron yerbas en el tiempo de lluvias, quedan como atontadas; el viento carga los tallos secos, los arranca y desparrama. Las piedras lustrosas de los ríos brillan, despiden a distancia el fuego del sol. En el mundo así quemado, las manchas de flor de k’antu aparecen como el pozo o lago de sangre del que hablan los himnos de las corridas de toros…”
(J.M. Arguedas,Todas las sangres. Lima: PEISA, 2001:19)
Arguedas siempre pinta los escenarios naturales en sus narraciones. Su manera de describir aún las texturas de las piedras nos hace pensar que los elementos de la naturaleza en sus narraciones son algo más que paisajes o escenarios donde ocurren los eventos. Son, en resonancia con la cosmovisión andina, acontecimientos en sí mismos y espacios para la contemplación de la belleza, del espanto y la serenidad, de la divinidad y la humanidad.

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Preparativos

Por Cecilia Rivera
A continuación una muy breve explicación de la razón por la que se irán subiendo en este espacio citas comentadas de las obra literaria de José María Arguedas.

José María Arguedas es uno de los más importantes pensadores o intérprete de la sociedad peruana del siglo XX. Se desempeñó como narrador, antropólogo, educador y funcionario público, desarrollando trabajos pioneros en todos estos campos.

Años fundamentales de su infancia transcurrieron en las comunidades de San Juan de Lucanas. Los habitantes del pueblo de San Juan, la hacienda Viseca, las comunidades de Utec y de Acola que compartieron con él sus mundo social, cultural y su paisaje marcaron una experiencia cuya huella se puede, en cierta forma, reconocer en los cuentos y novelas del narrador.

El grupo de estudiantes del curso Práctica de Campo 1 que viajaran conmigo a San Juan hicieron el camino inverso. Aun sin conocer San Juan, los estudiantes leyeron novelas y cuentos; y eligieron en estas narraciones aquellos lugares, sobre todo espacios físicos, que les parecieron notorios y cargados de significados, y los comentaron. De este modo nuestro primer acercamiento a las comunidades de San Juan de Lucanas de hoy es la obra de ficción argüediana inspirada, en parte, en la experiencia de haber vivido allí a comienzos del siglo XX.

No sabemos todavía si los lugares de las citas elegidas se encuentran en San Juan, Utec, Acola o en Viseca; ni si traen las historias argüedianas a la memoria de sus actuales moradores.

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