VISECA

por Dámaris Meza

Sobre cómo se construyó la casa hacienda Viseca

Un joven albañil de Utec, a quien encontramos en pleno trabajo y amablemente nos explicó el proceso de la construcción del adobe, fue uno de los que nos habló también sobre la historia de la casa hacienda Viseca, la cual está hecha de puro adobe, pero con una técnica diferente a la actual.

En sus paredes hay dibujos hechos con pinturas especiales naturales. Sus diseños son de centros de mesa con frutas, ángeles, pavos reales,

flores, etc., que no vimos en ningún otro sitio, lo que los hace diseños distintivos de la casa hacienda. En su color original, Viseca era de un color natural, entre blanco y crema. Nos comenta que ahora, en el proceso de restauración parcial de una de las habitaciones frontales, se la ha cubierto con yeso, pero que antiguamente no se usaba este material, sino que se tarrajeaba con una mezcla muy peculiar: barro, arena y excremento de burro. El barro incluía una paja “ñuta”, es decir la más finita que había. Eso hacía que los acabados fueran muy parejos y no se rajaran como ahora. Encima de esa capa iba la pintura, que era natural. Nos cuenta que actualmente no hay maestros que hagan esto. Él ha escuchado que así se hacía y nos comparte que algún día quisiera intentar hacerlo como se hacía antiguamente.

Actualmente en Utec vive sólo un maestro quechuahablante que conoce de esta técnica antigua, a quien no tuvimos la oportunidad de contactar.

Los primero que se observa de la casa hacienda, una vez que se cruza el puente y se suben las escaleras, es el arco de piedra a la mano derecha, que lleva el nombre de los Peñafiel y el año de su fundación, 1896. Este arco es la entrada al patio de la casa y a las habitaciones. Pero antes de entrar a él, se ve a la izquierda un espacio amplio: el buitrón. Hoy en día se guardan a las vacas ahí. Más arriba del buitrón están los antiguos molinos de mineral.

Al atravesar el arco, se pasa al patio, que hoy en día está separado en dos, pero no fue así en un principio, sino producto de la repartición de los herederos de la casa. En las habitaciones se puede observar los pisos entarimados, los corredores que conectan los espacios. Afuera, al fondo del patio, hay un gran horno para pan en un espacio aparte.

Historia republicana de la hacienda Viseca

La memoria es creativa y según dicen algunos, no siempre fiel a los sucesos “tal como” sucedieron. Muchas veces recordamos ciertas cosas y olvidamos otras para construir el pasado que necesitamos o queremos recordar. Esto también ha pasado con la memoria de los orígenes de Viseca: hemos encontrado dos versiones entre los pobladores de Utec.

No pasó lo mismo en San Juan, donde los pobladores no conocían mucho sobre la historia de la casa Viseca; en todo caso quienes manejaban mayor conocimiento sobre ella eran los pobladores más ancianos. La poca accesibilidad a la zona hace que la visita a la casa hacienda no sea frecuente.

Primera versión
Hubo un ecuatoriano llamado Juan Adolfo Peñafiel llegó a San Juan en la época en la que vivían los “principales”, personas adineradas de mucho poder, hacendados andinos que hacían de San Juan un lugar muy importante. Los dueños de los terrenos de Viseca y de Utec era la gente de San Juan. Según esta versión, Peñafiel debe haber llegado en 1896 como vendedor de sal, un elemento primordial y que costaba muy caro. Al llegar a San Juan se casa con una de las hijas de los principales, Cleotilde Arangoitia. La élite local no consiente a Peñafiel vivir en San Juan, pero como los padres de ella tenían terrenos en Viseca, se fueron allá.

Cincuenta años antes de la llegada de Peñafiel a Viseca, habían existido los “montoneros”, que eran los asaltantes del sur, que venían de Argentina y Chile, uno de cuyos puntos principales de asalto era San Juan, porque era eminentemente minero desde la colonia.

Cuando los principales sabían que los montoneros venían, escondían sus riquezas en Viseca, pues sus terrenos eran propiedades suyas. Cada quien tenía sus propias tomas de agua (canales de irrigación) y en ellas escondían sus alhajas de oro. A pesar de que los montoneros llegaran y los ajusticiaran, no lograban descubrir sus escondites.

Cuando se instala Peñafiel en Viseca, su esposa, hija de un principal, se dedica a buscar y a sacar los famosos “tapados”. Con la venta de estas alhajas empieza a adquirir dinero y compra las propiedades de los sanjuaninos. Instalan un estanco de sal y de ese modo Viseca empieza a prosperar.

Según esta versión, la casa hacienda se construye entonces en 1896, tal como está grabado en el arco de piedra de la casa hacienda, gracias a los Peñafiel, que traen pinos de Centroamérica y pone las calaminas que hasta ahora se conservan.

El viejo Juan Adolfo Peñafiel tuvo 5 hijos. De estos una era mujer, Zoila, quien se casa con José Perea Arellano, que era hermano del papá de José Mará Arguedas por parte de madre. Como ella era la única hija, recibe la mayor cantidad de terrenos y toma casi la mitad de la vivienda. Es allí cuando se construye el muro que divide el patio central.

Cuando en 1917 llega José María Arguedas, los Peñafiel ya habían empezado a explotar la mina de San Juan de Lucanas. (Por eso en sus narraciones se puede escuchar sobre lugares como el “buitrón”, en donde se hacían la molienda del mineral). Viseca fue una hacienda que desarrolló la minería, la agricultura y la ganadería, convirtiéndose en la principal de la región para su época y llegando a fabricar sus propias monedas de oro.

Cesar Peñafiel, nieto de Juan Adolfo, coetáneo de J.M. Arguedas, dice algo que puede complementar esta versión: fue el comercio de la sal el que gestó la fortuna de Peñafiel, pues él llego como comerciante de sal. Fue precisamente por su condición de comerciante que fue despreciado por la aristocracia sanjuanina.
Hoy se pueden conocer los 5 molinos de mineral que todavía están ahí. Cuenta esta versión que se producía tanto queso y tanta leche en abundancia que los regalaban y hasta los botaban.

Nuestro narrador no coincide con la versión según la cual José María Arguedas llega a Viseca por el abuso de Grimanesa, su madrastra, pues ella era buena. Explica más bien que al ser su padre un mujeriego, Grimanesa encontró su modo de vengarse con el hijo. Según esta versión el padre de J.M. Arguedas también tuvo una hija con una de las cocineras de un pueblo en la zona más baja más allá de la hacienda.

Segunda versión
Según ésta, Juan Adolfo Peñafiel tenía una mala reputación, pues llegó a Viseca escapando (no sabemos de qué) y que cuando llega a Viseca, ya habían otras personas trabajando y viviendo allí. Los molinos ya estaban ahí y la gente se dedicaba a moler el mineral. Según esta versión eran los montoneros quienes guardaban los tapados en Viseca. La dama con quien se casó Peñafiel apellidaba Arangoitia y ella había tenido otro esposo adinerado y que esta podría ser la razón por la que Peñafiel se casó con ella. Juntos se van a Viseca, en la que utilizaron el agua para dar fuerza a los molinos. Según esta versión, Peñafiel era un hombre prepotente y abusivo. Por ejemplo, la gente humilde tenía sus animalitos, a quienes marcaban con zarcillos, que servían como distintivo. Pero los Peñafiel para distinguir a su ganado del resto, les mochaban las orejas. Cuenta esta versión que él iba y mochaba a los animales de la gente y se decían que eran suyos. Por esos abusos le empezaron a hacer juicios, pero él ganaba y fue abarcando así un amplio terreno hasta del cerro Chitulla. Uno de los juicios se lo hizo la comunidad de Ccochapata, que logró independizarse de la hacienda y recuperar sus terrenos.

Según esta versión se pone énfasis en que los “antiguos” pobladores de Utec son los de la cultura rucanas, quienes abarcaron toda la zona que incluye lo que ahora es Viseca. Cuando baja la minería la hacienda pasa a reforzar su ganadería y la siembra de alfalfares.

Esta versión nos fue dada por un comunero de Utec. Es más crítica del gamonalismo pues realza los procesos injustos de la apropiación de tierras, que luego abrirían el camino a una respuesta de cambio estructural del Estado: la Reforma Agraria. Este tema no es mencionado en la primera versión. Si se quiere ahondar en esta historia, estas diferentes versiones nos invitan a una investigación más profunda de los archivos y documentos confiables existentes, así como también de los relatos orales, ubicando bien quién cuenta y desde dónde cuenta su versión.

La hacienda en los últimos años
Cuando se da la Reforma Agraria en el gobierno de Velasco, la hacienda pasa a ser propiedad de la comunidad de Utec y son los mismos comuneros que se iban turnando o habitando cerca de sus cultivos.

Según un comunero no agrícola, hasta hace unos años, la hacienda todavía estaba muy bien conservada. Esto se debía a que todavía había gente viviendo en Viseca y así la mantenían cuidada. Pero luego ocurrió el derrumbe de la toma principal del agua, lo cual afectó las áreas de cultivo, las cuales eran la principal fuente de recursos de los habitantes de Viseca. Al secarse los cultivos, los comuneros que vivían ahí se fueron yendo poco a poco. Si bien el Estado les había dado bolsas de cemento, no habían logrado avanzar en la refacción. En el año 1995 la comunidad se organiza y arreglan la toma y así resurge la agricultura. Pero en todo ese tiempo de abandono, mucha gente había entrado y saqueado la casa hacienda, llevándose puertas, calaminas, chapas, etc. Ya con la refacción se recupera la actividad pero ya no como antes y la mayoría de gente ya no vive ahí. Actualmente hay pocas personas que viven en Viseca, pero la mayoría sólo va a trabajar o manda a sus trabajadores a sus parcelas, donde cultivan o pastean sus ganados. En teoría todos los comuneros poseen parcelas en Viseca por ser propiedad comunal.

Actualmente hay un aproximando de 45 parceleros cultivando alfalfa, pero algunos poseen mayores extensiones de terreno que otros, de acuerdo a su posibilidad de trabajar más o de contratar a más peones.

Por lo mismo que no hay gente viviendo ahí ni un sistema fuerte de vigilancia y educación cívica, los estudiantes que vienen de excursión con sus colegios, usualmente procedentes de Puquio, Lucanas, o de zonas cercanas de la región, rayan las paredes.

Quiénes visitan Viseca
Como ya mencionamos los que suelen ir a Viseca son los alumnos de colegios locales y de la región, sobre todo en temporada de primavera. Tanto para la gente de San Juan como de Utec, la Hacienda Viseca es el atractivo más mencionado por estar relacionado con la historia personal de José María Arguedas. Además, pudimos percibir que el turismo no sólo es local y regional, nosotros, estudiantes de Lima, éramos un ejemplo de ello. Una pareja de Pucallpa, que visitaba el pueblo en esas mismas fechas, nos contó que estaban visitando la zona, siguiendo las rutas narradas en las novelas de Arguedas. No nos consta si es gente de otros departamentos o países, haya llegado por ese mismo motivo, pero podría ser posible, si no en el pasado, en un futuro, sobretodo si se concreta el proyecto turístico que tiene a Viseca como punto principal.

Viseca como centro turístico
Conversando con personas del gobierno local, como el alcalde, hemos escuchado que la restauración de la casa hacienda de Viseca está pensada como un centro de convenciones, museo de sitio y casa de retiro. La que la tienda de sal sería una sala de conferencias. Los ambientes abiertos son visualizados como espacios para el esparcimiento (cancha de de deporte). El museo de sitio sería el espacio para la memoria fotográfica y para las antigüedades, como camas, alhajas, etc., que los pobladores tienen guardadas. El alcalde reconoce que para implementar el centro, es necesario organizar la atención, proveer de utensilios, equipar una cocina y fortalecer la infraestructura.

Sin embargo existe una propuesta alternativa por parte de algunos comuneros de Utec, quienes visualizan la casa hacienda de un modo diferente: bungalows campestres, rústicos, que vayan en armonía al lugar y sus materiales originales. Consideran también que debe haber un espacio para juegos, un sitio para reuniones, todo dentro de la concepción de la casa hacienda como una casa museo. Dentro de esta segunda propuesta, se han recuperado también las antigüedades, que en algún momento fueron sacadas por los pobladores, como manuscritos, aldabas, chapas llaves. Y se ha propuesto también utilizar algunos espacios para la crianza de cuyes u otros animales que puedan ser comercializados o consumidos en este eventual centro turístico. De este modo se integran los dos proyectos iniciales.

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