Futbol: violencia, machismo excerbado

A FONDO: ENTREVISTA AL ANTROPOLOGO
José Garriga Zucal: “Todas las barras bravas son iguales: las une la cultura del aguante”

La pasión por un club separa a las hinchadas. Pero todas se unen en los códigos de la violencia, el machismo exacerbado, la intolerancia hacia el otro y los vínculos oscuros con los dirigentes.

Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com

Todos los ojos no ven lo mismo, y la mirada de un antropólogo sobre el fútbol es capaz de brindar aportes para conocer cómo circula la pasión y se conforman los lazos personales entre los hinchas. La violencia, el machismo y la intolerancia son rasgos de los barrabravas, pero una visión más profunda es capaz de reconocer las bases sociales de estos valores y el giro que tomó en las últimas décadas el modo de manifestar la lealtad a un club de fútbol.

Investigador participante, José Garriga Zucal se sumó a la barra brava de Huracán para explorar sus patrones y, sobre todo, para determinar el lugar que ocupa la violencia en el fútbol argentino.

¿El fervor del barrabrava es diferente al de otros actores del fútbol?
Son diferencias de grado. De hecho, conocemos muchos dirigentes que antes fueron barrabravas. La pasión, en muchos casos, puede ser la misma. Es un problema reducir la violencia sólo a los ba rrabravas. El escenario del fútbol es mucho más complicado. Los barrabravas son los más violentos, pero no los únicos. Hay dirigentes que también tienen actitudes patoteriles.

¿Hay una tipología de los barrabravas?
Es muy difícil hacer una tipología porque es un grupo muy heterogéneo. Vamos a encontrar desde desempleados hasta profesionales; gente que roba y gente que trabaja. Hay adictos y personas que no consumen drogas. Una particularidad que los aglutina es la cuestión del “aguante”. Son aguantadores. Y el “aguante” tiene que ver con la violencia. Estos hinchas heterogéneos se hacen homogéneos al ser aguantadores, peleadores.

¿El “aguante” se define por oposición a un adversario?
Hay una idea de diferenciación a través del “aguante”, pero no es tanto con la otra barra brava rival, sino con los otros actores sociales del ambiente del fútbol que no hacen del “aguante” su marca distintiva. Por ejemplo, con los otros espectadores que no se pelean. Entonces, se genera una diferencia entre las barras bravas y el resto de los espectadores; entre las barras bravas y los jugadores, dirigentes y técnicos.

¿Entonces una barra brava no se diferencia de otra?
Todas las barras bravas son iguales: las une la cultura del aguante. El “aguante”, como característica definitoria, está presente en las distintas barras bravas. Comparten los mismos códigos, la misma lógica. La barra brava de Huracán tiene la misma cultura que la de San Lorenzo.

¿Qué conductas se manifiestan en la práctica del “aguante”?
Para ser miembro de una barra brava, hay que pelearse. “Los pibes” -como se llaman ellos mismos- se definen por “bajar cuando hay que bajar”. No se puede ser un cobarde. Después, como todo grupo, tienen códigos, pero también los violan. Es muy común que, por ejemplo, digan que no se usan armas de fuego en los enfrentamientos entre hinchadas. Pero a veces las usan. Es muy común que digan que las banderas se roban en un enfrentamiento, pero a veces las roban en otras situaciones. Mienten, como el resto de la sociedad. Nosotros sabemos que el semáforo se cruza cuando está en verde, pero a veces lo cruzamos en rojo. Hay un código que respetan bastante: no denuncian. Cuando los hinchas de Boca golpearon brutalmente a los de Chacarita, éstos desistieron de hacer la denuncia. Lo aguantaron con los códigos del grupo.

Pero esas conductas se vengan, ¿no?
Por supuesto. Y así se genera un ciclo de violencia infinita, precisamente porque no se denuncia pero sí se venga. Porque siempre hay que demostrarle al otro que se tiene más “aguante”. Siempre se están buscando para pelearse, o quedó una deuda que no está paga y hay que cobrar.

¿Estos grupos están vinculados al barrio?
Sí. Se reúnen en una esquina, se consideran garantes de la seguridad de ese barrio. Suponen que mientras ellos estén ahí, no va a haber robos. Funcionan como reguladores de la paz social en ese espacio. Por supuesto que son reguladores entre comillas, porque ellos mismos generan trastornos. Están consumiendo drogas, orinan las calles, pintan las casas, se pelean con los mismos vecinos… Pero tienen la convicción de que regulan el espacio social.

¿La policía negocia con ellos?
Negocia con ellos, y también sabe que mientras la hinchada esté en ese espacio, ahí se está tranquilo, porque la hinchada misma no permite que haya un robo, porque si no, con los primeros que se la van a agarrar es con ellos. No es que no roben; no permiten que roben otros. Pero, a la vez, suelen establecer una relación duradera con los vecinos. Duradera no significa armónica ni pacífica, pero es una relación. Hay relaciones que no pasan por la cordialidad, pero que igualmente son estables.

¿Cómo se construyen los liderazgos de una barra brava?
Uno no puede llegar a ser líder de la hinchada si no se pelea. Aquel que no tiene “aguante”, no puede llegar a ser uno de los “capos”, como dicen ellos. Pero además, tiene que tener otras particularidades. No puede ser solamente un buen peleador. Además tiene que saber distribuir, porque los líderes de las hinchadas tienen una gran capacidad para conseguir recursos, y hay que saber distribuirlos entre la tropa. Si los distribuye mal, dura muy poco. Y además, tiene que tener una dosis de carisma, cierta capacidad de marcar una dirección estratégica, política.

¿Cuántos miembros tiene una barra brava?
Las de River y Boca son las más grandes. Pueden tener quinientos, cuatrocientos miembros. Y las de Huracán o de San Lorenzo deben tener doscientos, trescientos miembros.

¿Cómo juega la lealtad entre ellos?
Es importantísima. Tiene que ver con la solidaridad. Como es un grupo que está casi constantemente fuera de la legalidad, eso los hace ser muy compañeros hacia dentro del grupo. Cuando uno de ellos cae preso, hay actos de solidaridad específicos. Cuando alguien es herido, se encarga la hinchada de llevarle medicamentos o conseguirle dinero a la familia. De la misma manera, si una hinchada se cruza con otra, aquel que no baja del micro a pelear recibe una sanción dura, porque ha violado el código que dice que todos los que suben al micro de una hinchada deben pelearse. �ésa es una falta de lealtad para con los compañeros.

¿El machismo sigue siendo un valor dominante en estos grupos?
El machismo aquí es exacerbado. Porque la cultura del “aguante” se construye en la masculinidad: pelearse es una cuestión de machos. El que no se pelea está “amariconado”, dicen ellos, aun cuando también dicen que no tienen nada contra los putos. En verdad, hay homosexuales entre ellos. No es una cuestión de machos -en términos de roles sexuales-, sino que es una cuestión de prácticas en el enfrentamiento contra otra hinchada. Hay que pelearse. Y el que no se pelea va a ser sancionado y va a ser alejado de la hinchada.

¿Hay chicas?
Son pocas. Hay novias, alguna hermana. Pero en el micro de la hinchada hay muy pocas chicas.

¿Son xenófobos?
Dentro de las hinchadas hay bolivianos, paraguayos… Más que xenofobia, hay una intolerancia increíble hacia el otro, que en algún contexto puede ser boliviano, paraguayo o judío. Pero es una cuestión de intolerancia hacia el otro, no de xenofobia en función de los valores de lo argentino o de una cierta particularidad racial.

¿Son todos jóvenes?
Buena parte de los hinchas son jóvenes, pero los líderes de las hinchadas suelen tener entre treinta y cincuenta años. En la juventud hay una fascinación especial por ser parte de la hinchada. Es el momento en que ingresa la mayor parte de los hinchas. La violencia, el “aguante” genera fascinación. Después, algunos se quedan.

¿Qué influye en el permanecer o retirarse?
Intervienen cuestiones de clase. Aunque esta fascinación por la violencia es común a grupos sociales muy distintos. No solamente están fascinados por la hinchada los sectores populares, sino también las clases medias. Lo más común es que estos grupos de clase media, como tienen un abanico mayor de oportunidades, dejen la hinchada. En cambio, los sectores populares, que no tienen tantas posibilidades en términos identitarios, siguen perteneciendo a la hinchada. Pero no siempre se da así, como lo muestra el liderazgo de la barra brava de River: todos miembros de la clase media alta. Eso nos permite romper el concepto -sumamente grave, política e ideológicamente-, de que violencia es igual a pobreza.

Copyright Clarín, 2007.
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Mujeres aymaras juegan fútbol en Bolivia, con pasión y garra

Publicado el 28 Julio 2012 – 11:24 de la tarde

“¡Aprendan a perder!”, grita Doris Pomar, capitana del equipo de mujeres aymaras del Mercado Rodríguez a sus rivales y exige el cese del juego brusco, mientras la barra insulta al juez “¡árbitro de m…!” por no cobrar faltas, en un campeonato de fútbol que concluyó en La Paz, Bolivia.

Mujeres indígenas de mercados populares de comida y alimentos juegan con pasión y garra, no desean perder, quieren ganar, se empujan en la cancha e incluso se patean cuando disputan el balón en el cuerpo a cuerpo, en un torneo organizado por la alcaldía de La Paz durante un mes

Cuando la habilidad futbolística llega a sus límites, dan rienda suelta a las amenazas de pugilato y al lenguaje de confrontación.

“¡No pateen!” insiste la diminuta Pomar, líder de su equipo, en la final del partido contra el Mercado Los Pinos, en la cancha de Fútbol 8 de césped sintético “Emiliano Zapata” (en honor al héroe de la revolución mexicana) en el centro de la sede de gobierno y de propiedad municipal.

Desde la barra se escuchan los insultos al juez del partido que ha dejado pasar algunas jugadas bruscas: “¡árbitro de m…! ¡eres un burro! ¡andá a servir el té a tu mujer!”.

El árbitro amenaza con sacar tarjetas amarillas o incluso la roja de persistir las agresiones, quiere imponer autoridad, ante mujeres que parecen haber dejado fuera de la cancha el concepto del fair play.

Las mujeres, dotadas de poca técnica, suelen levantar los pies al intentar dominar el balón, pero terminan golpeando a algunas de sus contrincantes. En algunos momentos es difícil saber si hay buena o mala fe..

La ariete Felipa Quispe, una zurda del Mercado Rodríguez, y Valentina Mamani, recia defensora del Mercado Los Pinos, han chocado varias veces, parecen seguirse en la cancha, “pisándose los talones”, y de rato en rato cruzan miradas amenazadoras.

A los 61 minutos el árbitro hace sonar su pito de finalización y las jugadoras del Mercado Rodríguez y su barra estallan en júbilo: han ganado 3-2 en una final para el infarto, pues los ataques contra cada arco no han cesado ni un solo momento.

Levantan los brazos, chillan y se abrazan: han obtenido por primera vez el título del campeonato, en su segunda versión anual consecutiva.

Es un torneo que duró cerca de un mes, entre 35 equipos de mercados populares de comida y alimentos en siete series y con la fase final que concluyó con la coronación del campeón, “Mercado Rodríguez” y subcampeón “Mercado Los Pinos”.

La cancha tiene una dimensión de 90 x 60 metros, con equipos de 8 jugadoras y dos tiempos, cada uno de 30 minutos. Hay pequeñas graderías de unas seis filas de asientos en la recta de general, útiles para albergar a las reducidas, pero bullangeras barras.

Las deportistas suelen vestir en su vida cotidiana, casi todas, la típica pollera aymara, varias capas de faldas, una sobre otra, con pliegues, pero para la ocasión futbolística apelan a la tradicional indumentaria del famoso deporte: camisetas, pantalones cortos, medias, zapatos con tapones y algunas hasta canilleras.

Tras el partido, las jugadoras del Mercado Rodríguez reciben el título de campeonas y la copa de aluminio con unos bañados amarillos que se asemejan al oro. El intendente municipal Mauricio Ruiz es el encargado de dirigir la ceremonia final.

Luego se lanzan felices a dar “la vuelta olímpica”.

También se ha premiado a Anselma Apaza del Mercado Los Pinos como mejor jugadora, al haber convertido 9 goles en todo el torneo.

Ruiz dijo a la AFP que este tipo de certamen tiene tres objetivos: confraternizar entre los mercados, pues hay mucha rivalidad entre ellos, incentivar el deporte en mujeres con vida sedentaria y apoyar la salud.

“Hemos visto que se han preparado, no han venido sólo a jugar, quieren ganar e incluso, por eso vemos agresividad, han contratado directores técnicos que las han entrenado y preparado”, acotó el intendente.

Para el próximo año se preve reeditar la cita.


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