Episcopado alemán y suizo marcan la pauta de las reformas de Francisco en reportes presinodales

Reporte alemán presinodal

11.00 p m| 14 may 15 (AGENCIAS/BV).- ¿Hasta dónde llega la “Iglesia de la misericordia”? ¿Cuáles son los límites, si es que los hay? ¿Es posible una apertura a todas las realidades, o estamos ante el riesgo de un cisma en la Iglesia católica? La oposición a las reformas, capitaneada por el cardenal Burke, se atisba como una tormenta en las deliberaciones de cara al Sínodo de la Familia. Las respuestas de los obispos alemanes y suizos -alimentados por el sentir mayoritario de sus fieles-, desde el otro punto de vista, también. Precisamente la semana pasada se difundieron los reportes que dan a conocer con detalle las conclusiones de los católicos alemanes y suizos, al cuestionario de la Secretaría del Sínodo, cuya segunda sesión se celebrará el próximo mes de octubre.

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Sobre el tapete está lo que nos dejó el 2014, los acuerdos de una notable mayoría de padres sinodales acerca de una mayor escucha, atención y comprensión a las realidades sufrientes. Sin alcanzar los dos tercios, pero aprobadas por una gran mayoría -y como tal, temas de debate en esta próxima reunión-, la posibilidad de abrir la comunión a las “situaciones irregulares” (divorciados vueltos a casar, matrimonios civiles, uniones civiles), o una mayor atención al mundo homosexual.

La Iglesia germana, que históricamente ha marcado tendencia teológica respecto a los cambios, vive en los últimos años una pulsión entre reforma y tradición que se antoja imprescindible para entender los cambios que saldrán del próximo Sínodo de la Familia. Las disputas entre los cardenales Marx o Kasper con el prefecto de Doctrina de la Fe, el también alemán Müller, muestran sin género de dudas las “dos almas” que conviven en la Iglesia católica. Y que el mismo Papa Francisco quiere que confronten ideas, tratando de alcanzar acuerdos sin romper la comunión y siendo fieles al mensaje de Jesús.

Así las cosas, los obispos alemanes apoyan dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, ser tolerantes y dar la bendición a las segundas nupcias, acoger con un nuevo espíritu las convivencias y aprobar las uniones homosexuales. De hecho, desde hace años, muchas parroquias del país no piden el Libro de Familia para otorgar o no la comunión a sus fieles.

“La Iglesia debe dialogar con la sociedad plural de nuestro tiempo”, afirmó el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Munich, y uno de los colaboradores del Papa argentino. Marx es miembro del Grupo de los nueve cardenales de los cinco continentes que ayudan a Francisco a gobernar la Iglesia.

Por contra, el cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, muestra sus reticencias ante estos cambios, hasta el punto de, en una reciente entrevista con La Croix, afirmar que era necesario “estructurar teológicamente” el papado de Francisco.

Müller interviene cada vez con más frecuencia y protagonizó hace poco un serio incidente en el centro del ring vaticano con el cardenal Marx. Los obispos alemanes, sabiendo la contestación que se les viene encima por parte de los conservadores, dijeron que “no somos una filial de Roma: cada conferencia episcopal es responsable de la cura pastoral en su propia cultura y debe predicar el Evangelio en el propio modo original. No podemos esperar que un Sínodo nos diga como tenemos que moderar la cura pastoral del matrimonio y la familia”.

El cardenal Müller respondió escandalizado que era “anticatólico” defender una posición de soberanía absoluta de una conferencia episcopal, cuando lo que prima es justamente la comunión con Roma y a la subordinación a la autoridad del Papa.

Ya los alemanes habían abierto el fuego del cambio radical el año pasado. Sandro Magister, el influyente vaticanista de “L’Espresso”, que comulga más con los conservadores que con el Papa Francisco, escribió ayer en su “blog” que “los hechos hablan claro: en casi todas las diócesis alemanas ya se dan las absoluciones sacramentales y la comunión eucarística a los divorciados vueltos a casar”.

La mayoría de los 24 millones de fieles católicos de Alemania, que tiene 80 millones de habitantes, están a favor de las grandes aperturas. El dogma de derecho divino establece que el matrimonio es indisoluble hasta que la muerte los separe y los que se divorciaron y casaron por el civil no tienen acceso a varios sacramentos, entre ellos el de la comunión.

La mayoría de los fieles y obispos alemanes creen en un “camino penitencial” que al parecer es corto y recorrido el cual los divorciados reciben la absolución y el acceso a los sacramentos. Las segundas nupcias, civiles, pueden ser bendecidas aunque no se las acepte como un matrimonio. Los cónyuges no católicos reciben también los sacramentos en muchas iglesias y se reconocen con simpatía y tolerancia las uniones “de las personas del mismo sexo”.

Por su parte la conferencia episcopal suiza también publicó su informe (solo en italiano y aleman por ahora) sobre los resultados de las recientes conversaciones y debates entre católicos, respecto al matrimonio y vida familiar. Las conclusiones van en sintonía con lo manifestado por sus pares alemanes: “La práctica de excluir de los sacramentos a los divorciados vueltos a casar debe terminar”, afirmó Walter Müller, vocero de la conferencia episcopal suiza, a modo de ofrecer una idea general de lo que señala el documento. “Respecto a los gays y lesbianas, el sentir es que se les debe acoger y dar un espacio en la Iglesia”, agregó.

Luego recalcó que solo una pequeña minoría respalda la actual doctrina católica, que la mayoría considera inflexible. “Las conclusiones que enviamos a Roma están bastante claras”, dijo el portavoz para finalizar. Han sido más de 6000 personas quienes han participado en Suiza, entre los que se consideran agentes pastorales, catequistas, sacerdotes y sobre todo fieles comprometidos, consejos parroquiales, organismos eclesiales y otros grupos y comunidades.

Podemos ver que el abismo es profundo entre las dos posiciones, mientras desde afuera llegan continuos pronunciamientos. El ultraconservador cardenal norteamericano, en práctica exiliado de la Curia Romana a la Orden de Malta por el Papa, impulsó un petitorio firmado por cuatro cardenales, 22 obispos y 225.000 fieles que le piden al Papa que defienda la doctrina tradicional. Quinientos curas ingleses reclamaron también a Francisco que se mantenga en la línea doctrinaria tradicional.

Muchos cardenales se están contando, con la mayoría que pide que todo siga como hasta ahora y que se encuentren alternativas que no afecten la doctrina. Bergoglio ha dicho y repetido que no tocará los principios doctrinarios. El cardenal canadiense Marc Ouellet, otro “ministro” estratégico de la Curia, que se ocupa de los obispos, aclaró ayer que “el carisma del Papa Francisco es muy positivo” y que “el Sínodo no quiere liberalizar la doctrina… Debemos ser creativos, para discernir cómo sostener y ayudar las personas a vivir su vida cristiana en el matrimonio y la familia”.

A continuación se reproduce la sección del documento con las respuestas al cuestionario sobre los puntos más controvertidos: divorciados que se han vuelto a casar, matrimonios mixtos, homosexuales.


Sobre los divorciados que se han vuelto a casar

Pregunta 37: “¿Cómo hacer más accesibles y ágiles, y posiblemente gratuitos, los procedimientos para el reconocimiento de los casos de nulidad?”.

Pregunta 38: “La pastoral sacramental respecto a los divorciados que se han vuelto a casar necesita de una profundización ulterior, valorando también la praxis ortodoxa y teniendo presente ‘la distinciòn entre la situación objetiva de pecado y las circunstancias atenuantes’. ¿Cuàles son las perspectivas en las cuales moverse? ¿Cuáles son los pasos posibles? ¿Cuáles son las sugerencias para obviar formas de impedimientos no debidos o no necesarios?”.

Respuesta en el documento:

La pregunta sobre la pastoral para los católicos divorciados y católicos casados de nuevo fue contestada por todos, y generalmente en forma detallada. Es un tema que preocupa a muchos fieles, no solamente a aquellos cuyo matrimonio ha fracasado. No hay duda de que este tema sigue siendo un aspecto clave para la credibilidad de la Iglesia. Los fieles abrigan grandes expectativas de que el Sínodo de los Obispos abra al respecto nuevos caminos en la pastoral.

Llama la atención que las opiniones expresadas por el pueblo de Dios no apunten al llamamiento a una misericordia indiferenciada, sino que más bien se basen en una argumentación teológica diferenciada.

La ruptura de un matrimonio es un proceso doloroso, lleno de sentimientos de culpa. Los fieles esperan que la Iglesia ayude y acompañe a las personas que han sufrido esa experiencia y no las margine. Esperan que se las anime a involucrarse activamente en la congregación (véase Familiaris consortio, núm.84). Desde esta perspectiva también se está analizando la posibilidad de permitir el acceso de católicos divorciados casados de nuevo a la confesión y al sacramento de la comunión.

Los sacramentos se entienden en primer lugar como un medio de salvación, a través del cual Cristo llega al encuentro del débil y pecador. La exclusión de los sacramentos, especialmente si tiene carácter definitivo, como en el caso de los divorciados casados de nuevo, está, para la gran mayoría de los católicos, en contradicción con su creencia de que Dios perdona todos los pecados, abre la puerta al arrepentimiento y ofrece la oportunidad para comenzar de nuevo.

En cuanto a la recepción de los sacramentos, la mayoría de los fieles espera que no se hagan excepciones pastorales ocultas, sino que se llegue a soluciones estructurales. No se trata de una aceptación indiscriminada, sino de un acceso a los sacramentos que dependa de ciertos criterios. Son solo pocos los fieles que rechazan rotundamente el acceso de divorciados casados de nuevo a la comunión. Temen que ello opaque el testimonio de la Iglesia en favor de la indisolubilidad del matrimonio. La mayoría de los fieles no comparte esa aprensión.

Es por ello que la resolución del Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal Alemana del 24 de Junio 2014 sobre “Caminos teológicamente responsables y pastoralmente adecuados para el acompañamiento pastoral de divorciados casados de nuevo”(véase documento adjunto) ha sido favorablemente acogido por el pueblo de Dios. En nuestra resolución hemos propuesto permitir el acceso de los divorciados casados de nuevo al sacramento de la penitencia y a la comunión, si la vida común en el matrimonio reconocido canónicamente ha fracasado definitivamente, se han aclarado las obligaciones del primer matrimonio, hay  arrepentimiento por haber fracasado en el primer matrimonio y voluntad genuina de vivir el  segundo matrimonio en la fe y educar a los hijos de acuerdo con la fe.

Además, se propone volver a analizar el fracaso matrimonial desde el punto de vista canónico, dogmático y pastoral, al igual que desarrollar formas litúrgicas que permitan expresar el dolor causado por la separación y el lamento por las heridas o humillaciones sufridas, pero también anunciar la esperanza de un nuevo comienzo ante Dios.

Desde el punto de vista sacramental, se debe escalecer la relación entre la fe y el sacramento del matrimonio. Varias diócesis y asociaciones piensan que sería oportuno considerar con mayor atención la práctica de la Iglesia ortodoxa. No se trataría solo de una mera adopción, sino más bien de la apertura de caminos análogos en la Iglesia católica. Al respecto se precisa una clarificación teológica. En este contexto también se sugiere reflexionar sobre la posibilidad de la bendición de un segundo matrimonio (civil), la cual, no obstante, debiera diferenciarse claramente de la liturgia matrimonial sacramental.

Ciertamente sería positivo simplificar los procedimientos de anulación del matrimonio, en especial agilizar los procesos y reducir los costos (en especial de los dictámenes). Algunos expertos sugieren renunciar al análisis general por parte de la segunda instancia, ya que esta por lo general confirma el veredicto de la primera instancia, y que la sentencia en primera instancia sea dictada por un colegio de jueces y no por un solo magistrado.

Igualmente, se debiera reflexionar si la presunción legal en el contexto del derecho matrimonial no precisa ser reconsiderada. Sin embargo, lograr un procedimiento más fácil no significa haber encontrado una solución general al problema. Comparado con la gran cantidad de personas afectadas, el número de personas que realmente inicia este proceso es muy reducido. Es poco probable que esa cifra aumente con la agilización del procedimiento. Además, el hecho de simplificar el proceso de anulación no debiera ser interpretado como un distanciamiento de la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio. En consecuencia, no hay que dar demasiada importancia a esas medidas.


Sobre matrimonios mixtos

Pregunta 39: “¿La normativa actual permite dar respuestas válidas a los desafíos planteados por los matrimonios mixtos y por los matrimonios interconfesionales? ¿Se deben tener en cuenta otros elementos?”.

Respuesta en el documento:

En más del 40% de los matrimonios sacramentales en los cuales uno de los cónyuges es católico, el otro cónyuge pertenece a una confesión cristiana distinta, por lo general a la evangélica. Además, el número de matrimonios entre un católico y un cónyuge sin confesión va en aumento. Así pues, se aprecia un gran interés por contestar a la pregunta acerca del acompañamiento pastoral.

Los fieles esperan que la Iglesia también apoye la vida matrimonial y familiar de cónyuges de distinta confesión (de acuerdo con can. 1128 CIC ) e invite al cónyuge no católico a participar de la vida eclesial. Sin embargo, la decisión acerca de cómo vivir la fe en la familia debiera ser decidida por ambos cónyuges.

Las respuestas referentes al posible acceso de cónyuges no católicos (principalmente evangélicos) a la comunión sacramental ocupan un espacio importante. El hecho de excluir de la comunión a la pareja de confesión distinta es visto como obstáculo para la educación cristiana de los hijos y para la vida de fe en la familia. Desde el punto de vista teológico, se destaca que la exhortación apostólica “Familiaris consortio” (1981) valora claramente a los matrimonios de distintas confesiones (núm. 78), y al mismo tiempo subraya la importancia de la Eucaristía como “fuente del matrimonio cristiano” (núm. 57). En relación con el fortalecimiento del matrimonio sacramental, y considerando la educacción cristiana de los hijos, hay que preguntarse de qué manera puede el cónyuge no católico participar en la vida eclesial, y en qué condiciones podría también tener acceso a la comunión. ¿Acaso no sienten los matrimonios de distintas confesiones, unidos por el doble sacramento del bautismo y el matrimonio, un a profunda necesidad espiritual, que debiera, en casos individuales, justificar el acceso del cónyuge no católico a la comunión (Véase can. 844 § 4 CIC; encíclica “Ut unum sint” de 1995, núm. 46; encíclica “Ecclesia de eucharistia” de 2003, núm. 45 y 46)?


Sobre homosexuales

Pregunta 40: “¿De qué modo las comunidades cristianas dirigen su atención pastoral a las familias que tienen en su interior personas con tendencias homosexuales? Evitando toda discriminación injusta, ¿de qué modo hay que hacerse cargo, a la luz del Evangelio, de las personas en tales situaciones? ¿Cómo proponerles las exigencias de la voluntad de Dios sobre su situación?”.

Respuesta en el documento:

En Alemania, la vida en pareja homosexual tiene una condición jurídica distinta a la del matrimonio (“unión civil registrada”). Su reconocimiento es fruto de un consenso social amplio que también cuenta con el apoyo de la mayoría de los católicos, como lo demuestran las respuestas del primer cuestionario para la preparación del Sínodo Extraordinario.

Por lo general, los fieles esperan que cada persona, independientemente de su orientación sexual, sea aceptada tanto en la Iglesia como en la sociedad, y que en las parroquias se promueva un ambiente de respeto hacia todos los seres humanos. En casi todas las respuestas se apoya la postura sostenida por las ciencias humanas (medicina, psicología), según la cual la orientación sexual es una disposición inalterable y no elegida por el individuo. Por ello, el que se hablara de “tendencia homosexual” en el cuestionario provocó molestia y fue percibido como una expresión discriminatoria.

Solo contadas personas rechazan por principio las relaciones homosexuales, calificándolas de pecaminosas. La gran mayoría espera de la Iglesia una valoración teológico-moral más diferenciada, que considere las experiencias pastorales y los estudios científico-humanistas. La mayoría de los católicos aceptan las relaciones homosexuales cuando las parejas viven valores como el amor, la lealtad, la responsabilidad mutua y la fiabilidad, sin ánimo de equiparar las uniones homosexuales al vínculo matrimonial. Se trata de demostrar respeto, destacando al mismo tiempo las diferencias. Hay voces que favorecen una bendición de estas uniones, la cual, de todos modos, debiera ser diferente a la del matrimonio tradicional.

Una pastoral que acepte a las personas homosexuales precisa un desarrollo ulterior de la moral sexual eclesiástica, que haga suyo el conocimiento científico – humanista, antropológico, exegético y teológico-moral más reciente.


Aquí el documento completo
(en castellano).


Fuentes:

Religión Digital / Catholic Culture / Webs del Episcopado Alemán y Suizo

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