¡TRUMP FUE DESPEDIDO!! ¿SERÁ EL FIN DE LA CONFUSIÓN NORTEAMERICANA?

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Al igual que su famosa serie de telerrealidad  “El Aprendiz” en la que despedía eufórico a postulantes poco competitivos, ahora toca a Donald Trump saborear el trago amargo de la derrota, en una campaña de reelección que pensaba era pan comido. Los resultados electorales arrojan ya que Trump fue despedido por el pueblo norteamericano.

Cuatro años después de su sorprendente victoria ante Hillary Clinton, ha dejado a un país exhausto de un Comandante en Jefe que lo dirige como en un show televisivo a punta de conflictos con sus enemigos, con aliados, contra débiles o poderosos, y contra todo aquel que a su parecer se le cruce en su camino. Su gran arma: los tweets diarios con los que destruía razones, verdades y honras, incluso con mentiras descaradas.

Durante su gobierno, Donald Trump ha mejorado la economía estadounidense, pero su displicencia ante el coronavirus le ha cobrado al país más de 235 mil vidas. No obstante el auge económico, su período será recordado por ser el momento histórico en que EEUU dejó de ser la única potencia mundial global para pasar a compartir con China el dominio del planeta.

Su slogan aislacionista “América primero” tuvo como consecuencia el retiro de EEUU de muchos escenarios globales. Su guerra comercial con China fue impulsada en clave interna: reactivar EE.UU no tanto impulsando competitividad interna sino poniendo muros arancelarios para proteger sus industrias locales. Sin embargo, no ha dejado de ser el estado policía que está presente en casi todos los conflictos regionales del planeta. Esta confusión existencial, entre priorizar atender los problemas internos o arbitrar todos los problemas de un mundo complicado, con Donald Trump ha adquirido rasgos disociativos casi patológicos.

Como sucede en las relaciones de pareja o en las relaciones globales en que no se puede entender la acción de uno sin la reacción del otro, China no desaprovechó el vacío dejado y pasó de ser el país emergente siempre en busca de la paz mundial a convertirse (previo cambio de la Constitución China el 2018 permitiendo a Xi Jinping ser Presidente vitalicio) en la otra potencia dominante de este siglo. Ya no es sólo una enorme billetera para invertir y un voraz mercado ávido de consumir. Ahora también enseña los caninos: pregunten a India, Taiwan o a Australia.

La Presidencia de Donald Trump ha sido demasiado errática en política internacional. Evidencia una confusión o indefinición de la élite política norteamericana respecto al nuevo rol que le corresponde en este escenario global. EEUU le ganó a Alemania el predominio luego de una brutal guerra mundial en 1945, venció a la URSS con la caída del Muro de Berlín en 1989. Pero parece no saber cómo actuar ante China!!

Seguro que cuando el republicano Richard Nixon le abrió a China la entrada a las ligas mayores en 1972 (en ese entonces con la idea de debilitar a la URSS), no se imaginó que bastarían 50 años para que la República Popular China se convirtiera en la otra gran potencia mundial. El asunto medular que lo explica es el modelo económico chino.

China ha podido demostrar que puede crear un modelo exitoso de capitalismo bajo el control de un Partido Comunista, sin necesidad de reconocerle a su población las libertades políticas básicas pero dándoles el orgullo de ser ya la segunda nación más poderosa del planeta. Tan sólo eso es toda una hazaña, pero hay más: ante el retiro norteamericano ha asumido abiertamente el liderazgo de la globalización económica. El paso más significativo que ha decidido dar es buscar desplazar al dólar como moneda global a mediano plazo. El yuan hoy representa el 2% del comercio mundial, pero con la consigna de “soberanía cambiaria” viene impulsando su criptomoneda o yuan digital bajo la garantía de su banco central, el Banco Popular de China. Me queda la duda: si el dólar dejara de ser la moneda global ¿seguirá siendo EE.UU la nación más poderosa? A mi modo de ver, no sé si la solución sea reemplazar una moneda nacional por otra, por más digital que sea.

Por su parte, Estados Unidos representa un capitalismo que ha generado las condiciones materiales y tecnológicas para que la humanidad entera no pase hambre, pero no ha podido acoger las expectativas de igualdad e inclusión de millones de seres humanos, que ante la incapacidad del mercado para desplegar el progreso y desarrollo de todos, miran al Estado como el mecanismo alterno para distribuir la riqueza en la sociedad. El auge de los llamados “populismos” tiene su explicación en la demanda de los pueblos para que una parte de la torta les llegue también, sin importarles mucho las convicciones democráticas del gobierno que lo haga o el precio a pagar: las libertades conculcadas.

El otro elemento clave es la transformación del Partido Republicano. Un sector radical de ese partido ha desplazado el concepto de libertad por el de la raza como principal valor de unidad de los norteamericanos. De un republicano ecuménico como Abraham Lincoln que abolió la esclavitud se ha llegado a un Presidente que ha legitimado a los supremacistas blancos y su relato de que EEUU ha fracasado porque otras razas gobiernan a la Norteamérica blanca. Bajo esa narrativa binaria no hay transacción posible, todos los demás (incluido el Partido Demócrata) son enemigos y sólo cabe la confrontación total. Esa herencia por desgracia no se irá con Trump.

Es un hecho incuestionable que la diversidad de conflictos que vive la humanidad no puede resolverse a patadas por el más fuerte ni aislándose de los demás. Aunque la humanidad ha dado pasos gigantescos en la defensa de valores como la libertad y la preminencia de los derechos ciudadanos respecto al poder, la historia humana demuestra que ha sido más fácil ir a la guerra que preservar la paz, y que el afán de dominio y poder no está ausente en ninguna ideología, por más defensora de las mayorías que proclame ser.

Finalmente, y esto vale para EEUU y para China: no se puede gobernar siempre por la fuerza de las armas o la economía. Lograr legitimidad local y global requiere de valores compartidos, de acuerdos y concesiones universales. Por ello, se necesita más que nunca, un mundo en el que sepamos vivir en paz, en respeto de los demás, en el que podamos vivir en libertad con oportunidades para todos, con mercados y estados que trabajen sinérgicamente. Ojalá ese anhelo haya sido una de las razones por la que Donald Trump fue DESPEDIDO.

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Presidente del Instituto de Neurociencias para el Liderazgo. Abogado y Magister en Gerencia Pública.

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