LA REVOLUCIÓN NEUROCIENTÍFICA DIGITAL. SU IMPACTO EN TODAS LAS PROFESIONES

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Renovarse o morir.

No sólo la pandemia está cambiando el mundo drásticamente. Una revolución científica y tecnológica, con varias vertientes, lo venía transformando sustantivamente. Una de ellas es la Revolución neurocientífica digital. Con la llegada de las técnicas digitales de neuroimagen, se ha alterado profundamente el mundo del conocimiento: tanto del ser humano como de su cerebro, y, consecuentemente, de la sociedad y del planeta.

Las profesiones, tal como las conocemos, ya no serán las mismas en la próxima década. No sólo vendrán nuevas profesiones, sino que las actuales, tal como las ejercemos ahora, serán obsoletas. Según el Observatorio para el Empleo en la Era Digital, de cada diez jóvenes entre 20 a 30 años, ocho realizarán actividades -en entornos digitales- en trabajos que aún no existen. El dilema es simple y complicado a la vez: la adaptación o la obsolescencia, renovarse o morir.

Por ejemplo, un médico ahora emite una receta médica a mano, y usted la lleva a la farmacia para comprar un medicamento. En un futuro cercano, mediante una aplicación en su celular o en su computadora, la recibirá usted y la farmacia digitalmente, el pago será también digital, e incluso si usted prefiere, se le enviará a su domicilio.

Otro ejemplo, la profesión del Derecho. En la actualidad existen las audiencias remotas. Ya no se necesita ir al despacho del juez para “reunirse” con él. Y éste ya firma las sentencias con su firma digital, la cual tiene certificación RENIEC. No necesita la firma manuscrita. Con las neurociencias, el sistema judicial será profundamente transformado.

Ni que decir de los educadores de todos los niveles del sistema educativo, que, por la suspensión de las clases presenciales, están innovando sobre la marcha, y en no pocos casos, demostrando una inventiva sorprendente.

Si pasamos a describir profesión por profesión, veremos que cada una ya tiene hechos, acciones o procedimientos donde hay una fuerte integración de la tecnología en sus procesos de producción de bienes y servicios. En realidad, todo esto no es más que el cumplimiento de la predicción de Gordon Moore en 1975 (la Ley de Moore) de que la duplicación de la capacidad de la microelectrónica se lograría cada dos años. Con el actual uso del silicio con seguridad ese tiempo de renovación de la tecnología se reducirá.

Pero viene ya otra ola que impactará directamente en la vida profesional. No me refiero a la robótica (tema para otro artículo), sino a la repercusión de las Neurociencias en los modelos de enseñanza a todo nivel educativo, y en el ejercicio de todas las profesiones.

Los extraordinarios aportes de las Neurociencias.

Son tantos los cambios (y además tan veloces) que no hay forma de mantener los modelos “jurásicos” de enseñanza. No se crea que lo dicho se circunscribe a la educación básica, cuyos sujetos son los niños y adolescentes. Es un grave error pensar así. Esto afecta a quienes hoy ya son profesionales, tanto en el sector público como en el privado, e impacta a quienes toman decisiones en sus empresas, entidades gubernamentales, institutos militares, cuerpos diplomáticos, partidos, etc. Esa es la nueva realidad.

¿Piensa usted que no estamos preparados? En Neurociencia existe un concepto llamado neuroplasticidad, que es una propiedad neuronal para modular la percepción de los estímulos y de recordarlos en el tiempo, así como de transferir mejor esa información. Dicho fácilmente, el cerebro está preparado para los cambios, incluso los más audaces.

La fórmula tradicional de aprendizaje en todos los niveles educativos ha sido “repetir lo aprendido”. Bueno, eso ya no va más. Seguir ese modelo es quedarse en el tiempo. Si a todas las profesiones se nos ha enseñado hasta ahora “cómo resolver un problema”, el nuevo paradigma es “enseñar a pensar en el problema”, para que cada estudiante hoy -profesional mañana- pueda adoptar soluciones creativas a esos problemas.

El conocimiento del cerebro a través de las técnicas digitales de neuroimagen nos permite reconocer y abordar la fantástica capacidad creativa de cada ser humano. El proceso clásico de procesar los datos en cualquier campo del conocimiento es lógico-racional-secuencial, y seguirá siendo así por mucho tiempo. Pero se demuestra ahora insuficiente para la dinámica contemporánea de la información y el conocimiento.

Adiestrar sólo la memoria, memorizar los datos, es limitativo en el estadio actual de la humanidad. Necesitamos perfeccionar y adiestrar la creatividad en cada persona, lo cual ahora es perfectamente posible. Y precisamente el cerebro humano nos puede enseñar cómo integra el pensamiento lógico-racional (labor del hemisferio izquierdo) con el pensamiento integral, sintetizador, crítico e intuitivo del hemisferio derecho.

En 1976, John Byrd planteó el ciclo OODA: los cambios constantes en la realidad -y la imposibilidad de conocerla plenamente- obligan a ciclos continuos de interacción con el medio ambiente para observar esos cambios, orientarse, decidir y actuar exitosamente.

Pero hay otro elemento tan o más importante hoy. Siempre hemos asumido que la ciencia tiene que ver con precisión, técnica, método. Por lo tanto, el ejercicio profesional se basa fundamentalmente en la capacidad técnica para enfrentar situaciones y ofrecer soluciones. Hasta la política ha visto florecer el “gobierno de los técnicos”. Lo real es que entornos de cambios constantes generan en los profesionales situaciones frecuentes de estrés, por lo que desarrollar su inteligencia emocional devienen en imperativa, tanto en quienes asumen posiciones de liderazgo como en los que integran grupos de trabajo, inician un emprendimiento, un oficio o un nuevo reto profesional. En resumen, razón y emoción están indisolublemente unidas para afrontar los nuevos retos profesionales.

Howard Gardner planteó en 1983 la teoría de las Inteligencias Múltiples, refutando la idea de un solo tipo de inteligencia. Cada individuo (e incluso grupos de personas) puede estimular y mejorar algunas de sus propias inteligencias. Un desarrollo paralelo ha logrado el concepto de “habilidades blandas”: un conjunto de rasgos productivos de la personalidad que caracterizan las relaciones de cada persona dentro de un entorno.

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Experto en Neurociencias y Liderazgo. Abogado. Magister en Gerencia Pública.

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