LAS TRES PANDEMIAS DEL PERÚ Y EL CASO FREPAP

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El horror de la primera pandemia. En el Perú la pandemia sanitaria ya alcanza picos de verdadero terror: hospitales rebasados y colapsados en no menos de 16 regiones, directivas del MINSA para facultar “legalmente” a los médicos decidir quién vive y quién muere, y hasta 132 infectados de Covid… ¡en Palacio de Gobierno!!

Mientras, sectores de la población persisten en la total irresponsabilidad ante sí y ante sus familias: no hay otra forma de entender por qué ayer noche, en pleno toque de queda, hinchas de la “U” celebraban el aniversario del club con cohetes pirotécnicos por toda la ciudad. Soy hincha de la “U” desde que tengo razón o recuerdo, pero condeno y repudio tamaña irresponsabilidad, como si un aniversario pelotero tuviera mayor valor que más de 20,400 vidas apagadas en solo 5 meses.

Hoy por hoy, para que no mueran más peruanos, la lucha contra la pandemia sanitaria es la absoluta prioridad tanto del gobierno como de la sociedad. De ésta porque cada ciudadano tiene la obligación de cuidarse y cuidar a los demás: en el trabajo, en la calle o en su propia casa.

La segunda pandemia también mata. Pero no, no es la única pandemia que padecemos los sufridos peruvianos. El coronavirus ha desnudado la precariedad absoluta de nuestra estructura económica y laboral. Ya no éramos el país subdesarrollado o del Tercer Mundo según dijo Bill Gates hace algunos años, nos sentíamos orgullosos de una floreciente clase media urbana, y hasta a inicios de la pandemia nuestra “fortaleza macroeconómica” era la envidia de otras naciones, y miles se ilusionaron con bonos que nunca les llegó.

Lo cierto y real es que millones de peruanos se encuentran sin empleo y sin ingresos porque en la “nueva normalidad” de cuarentenas focalizadas y agravamiento de la pandemia, la reactivación va lenta y la recuperación económica tomará más tiempo. Fue un error del gabinete Cateriano en su discurso en el Congreso poner todo el énfasis de la reactivación en la gran empresa, cuando el clamor nacional es reactivar la microeconomía especialmente del campo y de las regiones.

El gobierno tiene que reajustar este aspecto clave de la crisis actual. Es insostenible una dinámica en que el Ejecutivo toma decisiones económicas por su lado, y el Congreso toma sus propias decisiones en paralelo, cada cual queriendo ser “más popular”. Trabajar unidos es lo que pide la gente.

Y la tercera pandemia apareció. Pero resulta que no son las únicas pandemias que nos toca sufrir. Ahora aparece la tercera pandemia: la crisis política. En el Perú aún nos cuesta convivir democráticamente. Si el Ejecutivo es más fuerte, pues se impone a patadas y con la “fuerza del poder” aplasta a las minorías. Si el Congreso es más fuerte, busca tener de las orejas al Ejecutivo. Y cuando todas son minorías, las decisiones pueden ser imprevisibles.

La crisis del Gabinete Cateriano, que se explica por una crisis política que se arrastra de hace años, tiene dos elementos nuevos de la coyuntura: primero, la nueva situación de “blindaje” del Congreso de no poder ser disuelto por el Ejecutivo al ingresarse al último año de gobierno (art. 134 de la Constitución), lo que traslada el mango de la sartén del Ejecutivo al Legislativo; y en segundo lugar, la amenaza de vacancia de la Presidencia de la República por parte de algunos intereses dentro del Congreso. Esto significa que mientras las dos primeras pandemias nos aniquilan de covid o de hambre, esta tercera pandemia nos tendrá con la incertidumbre de una absurda crisis política hasta por lo menos fin de año. El nuevo gabinete Martos puede lograr la confianza si afina sus metas inmediatas, pero persistirá la incertidumbre sobre la continuidad de los ministros y hasta del propio Presidente de la República. A menos de ocho meses de las nuevas elecciones, con tantas calamidades por el covid-19 y la contracción económica, es absurdo darle alas a los que sólo ven sus menudos intereses. El Perú mayoritario tiene que dar una lección de civismo y unidad nacional.

El caso FREPAP. Pedro Cateriano no es el único discriminador del FREPAP con esa frase desafortunada que un día después tuvo que disculpar. Si medimos los minutos en TV (que es hoy la forma más exacta de medir la “apertura” de nuestra democracia), vemos que el partido del pescadito sigue siendo el gran marginado de la política peruana actual, pese a ser la tercera fuerza política nacional. Hay ninguneo clasista y ninguneo racista. Y es un grave error.

Es bueno entender que el FREPAP representa no sólo a quienes integran esa comunidad religiosa. Ha tenido la habilidad e inteligencia de representar otros sectores populares ávidos de representación política y profundamente decepcionados de otras alternativas. Sectores lejanos y asqueados de las grandes decisiones pero que, en materia de poder político, saben que la gran parte del jamón en el Perú se corta en el Consejo de Ministros y en el Palacio Legislativo. Por eso, si los grandes medios y los políticos y opinólogos creen que invisibilizarlos o menospreciarlos es una gran estrategia, puedo decir sin error, que tendrán una gran sorpresa en las próximas elecciones.

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Presidente del Instituto de Neurociencias para el Liderazgo. Abogado y Magister en Gerencia Pública.

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