¿GABINETE PECHADOR, GABINETE DE SALIDA O GABINETE BICENTENARIO?

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¿Qué pasó? Llama la atención que, a 13 días de su último discurso presidencial, el Presidente se decida por un recambio ministerial que, a ojos de la opinión pública, aparece entre sorpresivo y precipitado. Ciertamente había ya un desgaste del gabinete Zeballos y se hubiera sentido lógico y natural anunciar los cambios al momento de hablarle al país para iniciar el último año de este atribulado quinquenio 2016-2021. Pero parece que don Martin ya no aguantaba un día más. La gestión del timing aquí ya no importaba mucho. Con seguridad, algún día se sabrá qué desató la crisis.

Los factores de la caída. La pandemia ciertamente ha sido el monstruo que devoró al Gabinete Zeballos. Día a día, las enormes dificultades de un Estado anquilosado, burocrático y corrupto, puesto como la casi única gran herramienta para controlar el virus, desnudaron nuestras diferencias sociales, nuestras incompetencias y también nuestras limitaciones estructurales como nación y como sociedad. Los martillazos, además, fueron brutales para los bolsillos de los peruanos, y llegamos así a una nueva normalidad con más contagiados que nunca y más muertos que nunca, en momentos que las cifras oficiales ya no las cree nadie. Pero un tercer elemento, creo crucial, explica la crisis. Vicente Zeballos, por personalidad y carácter, se inclinó por el modelo de “gestión selfie”, para sí mismo, endogámico, aislándose y cortando los necesarios vínculos que todo aquel que maneja poder político debe mantener con otros actores.

La tarea principal. Aún no he escuchado al nuevo premier, pero la imagen que se proyecta es el de un gabinete que apostará con todo a la reactivación económica, como la palanca para tener alta de paso la imagen presidencial hasta julio de 2021. En la sociedad peruana se percibe unas ganas inmensas de recuperar los meses perdidos así que un rebote económico es perfectamente posible. Eso tampoco es extraño, ya que la historia registra ese comportamiento social en pandemias pasadas. Pero toda esa expectativa caería si más bien hay una segunda ola del virus y se ordena una nueva cuarentena. Por eso estas semanas son cruciales para el derrotero de esta reapertura con pandemia sin meseta.

¿Gabinete pechador? Por otro lado, Pedro Cateriano podría ir por la senda del “gabinete pechador” no solo contra el Congreso actual (para forzar ciertos avances en la reforma política), sino especialmente contra las opciones políticas que el nuevo premier valora como extremas: el fujimorismo y el antaurismo. Ello significará ser un actor proactivo de la próxima campaña electoral, lo que tiene sus riesgos para un gobierno cuya única base de poder es el respaldo popular. Por otro lado, pasar de un gabinete de centro izquierda a uno de centro derecha también tendrá una factura que aun no se puede prever.

¿Gabinete de salida? En Estados Unidos, al gobierno ya en período de salida se le conoce el “período del pato cojo”. Un gabinete como el que inicia hoy en el Perú se entiende que debe gestionar su propia salida, y desde la centralidad política pasar en poco tiempo a las sombras de la despedida. No parece ser el talante del nuevo premier, pero por lo menos asegurar unas elecciones pulcras e incuestionables producirán mejor capital político que intentar ser un gallito de pelea en un circo que ya no es suyo.

¿Gabinete Bicentenario? Pero hay otro elemento muy importante de la coyuntura: la celebración del Bicentenario. Ser un gabinete que inicia el año bicentenario de nuestra independencia tiene una gran carga simbólica. En el 2021, Vizcarra y Cateriano tienen 7 meses para establecer un legado que puede proyectarse más allá de su estancia en el poder, lo que implica gestionar el capital simbólico y cultural de dicha efeméride. Como Presidente de origen provinciano, ojalá Martin Vizcarra pueda entender que una impronta visionaria, refundacional, reclama integrar y darle voz a la diversidad regional de nuestro país. De primera impresión, parece tratarse de un gabinete inclinado al centralismo. Esperemos que el gabinete Cateriano pueda tener la estatura de estadista que se reclama a cualquier gabinete, pero por la ocasión este debe parecerlo más.

Epílogo. Considero que las debilidades inherentes al actual gobierno hacen muy difícil guardar grandes expectativas al nuevo gabinete. Siguen pendientes las grandes tareas nacionales en un mundo que se vuelve más tempestuoso. Por lo menos, reducir el daño de la pandemia, reactivar la economía y elecciones limpias sí son su absoluta obligación.

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Presidente del Instituto de Neurociencias para el Liderazgo. Abogado y Magister en Gerencia Pública.

1 Comentario

Elba Merino

Por la composición de este gabinete que se podría esperar con miras al bicentenario ? Más si no se planifica con objetivos claros y se tiene una pandemia no controlada; lamentable pero no se vislumbran mejoras…

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