INTI RAYMI: A PROPÓSITO DE SU CELEBRACIÓN. SOMOS HIJOS DE LA MADRE TIERRA Y EL PADRE SOL

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Autora: Maricarmen Gayoso Angelux

La sociedad Inca, basada en una economía agrícola y en un sistema de trabajo colectivo, alternaba sus faenas de siembra y cosecha con sus actividades religiosas. La armonía con los dioses estaba directamente ligada con la fecundidad de la tierra. Por ello, de acuerdo con las estaciones, se elaboró un calendario de cuatro fiestas principales. La más popular fue el Inti Raymi o Fiesta del Sol y era la más importante de la cultura inka, porque daba inicio al año nuevo andino. El solsticio de invierno es el momento cuando el Sol termina su alejamiento de la tierra y empieza un nuevo ciclo de acercamiento a nuestro planeta.

Reverenciar al Sol por su luz y calor, era de esperarse entre los pueblos de altas cumbres y frío extremo. Pero, la finalidad del Inti Raymi era que el Sol sea considerado como la deidad suprema del imperio, porque los inkas se reconocían como los hijos del Padre Sol y desde los Cuatro Suyos debían percibirlos como seres semidivinos.  Así, esta celebración se convirtió en un símbolo del poder religioso, político y militar. Por eso los españoles la prohibieron y para 1551, ya había desaparecido. La historia señala que en 1572 el “Punchao” o Estatua del Sol, fue capturada por Francisco de Toledo. El último reducto del dios había sucumbido.

¿Cómo se celebraba el Inti Raymi?

La fiesta del Inti Raymi fue instituida por el Inka Pachacútec, quien expandió el Estado Inka hasta convertirlo en un Imperio. Se realizaba cada 21 de junio, que era el final de la cosecha y la entrada del solsticio de invierno. Contaba con la participación total de la población. Los nobles realizaban sacrificios de llamas en las diferentes huacas o lugares sagrados que eran ofrendadas a la Madre Tierra.

Como parte de una preparación física y espiritual estricta, tres días antes se ayunaba, no se comía sino un poco de maíz blanco, crudo, unas pocas hierbas y agua pura. Se prohibía encender el fuego en la ciudad y se practicaba la abstinencia sexual.

El día central, el Inka y su familia, eran conducidos a la Plaza Mayor de Huacaypata. El emperador portaba su Maskay Pacha o corona imperial, su túnica con aplicaciones de oro, piedras finas, plumería y aretes suntuosos.  Todos esperaban descalzos la salida del Sol.

Los curacas, de los Cuatro Suyos, llegaban a participar con sus mejores galas. Por lo tanto, era también una festividad con alto contenido político porque reiteraba la alianza de los pueblos sometidos al estado inca. Así, los representantes de los pueblos conquistados reiteraban su lealtad al emperador. Los curacas llegaban con las mejores ofrendas que habían traído de sus regiones.

El cronista y sacerdote Bartolomé de las Casas, lo describe así: “Todos estaban allí muy callados, esperando que saliese el Sol, y así en cuanto éste apuntaba los coros comenzaban a entonar con mucho concierto y orden un canto a media voz meneando cada uno de ellos un pie a manera de compás. A medida que se levantaba el Sol, su canto era más y más alto. El Inka lo dirigía con su propia voz. Esperaban a que saliese el Sol, estaban todos descalzados y con grande atención mirando al Oriente y asomando el Sol se ponían todos de cuclillas (que entre estos indios es tanto como ponerse de rodillas) para adorarle, y con los brazos abiertos y las manos alzadas y puestas en derecho del rostro dando besos al aire le adoraban con grandísimo afecto, en reconocimiento de tenerle por su dios y padre natural.

Y continuaba el cronista: “Los curacas hacían al Sol la misma adoración que los Inkas. Se estaban cantando desde que salía el Sol hasta que se encubría del todo, y como hasta el mediodía el Sol iba saliendo, ellos iban acrecentando, las voces. Cuando el Sol había llegado al mediodía, las voces hacían gran estruendo, e iba enseguida bajando a medida que el Sol descendía. Era, pues, perfecta la correspondencia entre el canto y el camino que seguía el Sol. Al atardecer, el canto hacíase lento y triste, con voces cada vez más débiles, hasta que cesaban con el último resplandor solar, lo cual coincidía con las expresiones de humildad y acatamiento que eran las continuas reverencias que todos le hacían”.

Así, antes del amanecer, la multitud que llegaba de los 4 suyos se ponía en cuclillas y con los brazos extendidos recibía los primeros rayos solares para nutrirse de su energía y de su luz. Momento en que el Inka,  que era el supremo sacerdote aquel día y quienes lo acompañaban hacían la oración: “Oh Hacedor, Sol y Trueno, sed siempre mozos, no envejezcáis; todas las cosas estén en paz, multipliquen las gentes y haya comidas y todas las demás cosas vayan siempre en aumento”. Y cogía dos vasos de chicha de jora, con el izquierdo saludaba y bebía y con el derecho vaciaba a una gran fuente revestida de oro que conectaba con el Koricancha o Templo del Sol, a fin de aplacar la sed del dios.

Posteriormente, se realizaba la ceremonia del Mosoc Nina o fuego sagrado, porque era “dado de la mano del Sol”. Para ello, el Willaq Huma o sumo sacerdote, ofrendaba llamas de color negro, y a una de ellas, le sacaban el corazón, para realizar la predicción del año. Si salía latiendo era presagio de buen año para el imperio. E inmediatamente, el gran sacerdote con un medallón de oro que tenía, puesto en dirección de un copo de algodón preparado, refractaba al sol y se encendía el nuevo fuego, que era donde se quemaba la ofrenda y se asaba toda la carne.

Para su conservación, el fuego sagrado era entregado a los sacerdotes y delegado a las Vírgenes del Sol, quienes lo custodiaban todo el año como llama votiva en el Koricancha, hasta el siguiente Inti Raymi. Era la llama o fuego sagrado del imperio, símbolo de luz y vida. Y era el renacimiento del Sol, que iniciaba el tiempo circular inca, pues no concebían el tiempo de forma lineal. Por eso, en algunas zonas también es conocido como Wawa Inti Raymi o fiesta del nacimiento del Sol.

Con el brindis general comenzaba el desfile de canto y baile. Luego proseguía el banquete donde se comía carne asada y el sacerdote repartía el sanku o panecillo con la sangre de la llama sacrificada, que era preparado junto con la chicha sagrada, por las Vírgenes del Sol. Era el único momento del año, en que el inka se mezclaba con su pueblo. La ceremonia terminaba con las ofrendas al Dios Supremo, Apu Kon Ticci Pachayachachic Wiracocha, que estaba por sobre la deidad solar. La fiesta duraba 15 días.

La Festividad Contemporánea

Con motivo del cuatricentenario del nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega se produjo un repunte del indigenismo, y el historiador don Humberto Vidal Unda propuso coincidir el día del Cusco, con la celebración del Inti Raymi como fiesta principal. Así quedó instaurado un 24 de junio de 1944, con la presencia del Presidente de la República Manuel Prado y Ugarteche.

Hoy la gran fiesta en la fortaleza de Sacsayhuamán es puramente evocativa, para el turismo nacional e internacional. Es un colorido espectáculo de participación masiva, a cargo de cientos de artistas, que nos evoca un pasado glorioso. Son resaltantes los momentos en los que el Inka es desplazado en su litera o cuando habla con su Padre Sol y hay un silencio reverencial. Faustino Espinoza Navarro reconstruyó el Inti Raymi, basándose en las descripciones de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega (1612), y compuso su primer guión en quechua.

Sin embargo, varios países de la América andina, como: Perú, Ecuador, Bolivia y el norte de Argentina, han vuelto a retomar su celebración el mismo 21 de junio para tener mejores cosechas y animales. Se espera el contacto con los primeros rayos de luz del sol, para nutrirse con su energía, se medita con su luz y se pide por la restauración del equilibrio entre la naturaleza, el ser humano y el cosmos.

Los Hijos de la Madre Tierra

Es la perfecta oportunidad para renovar el vínculo con la Madre Tierra, la Pachamamita que todo lo da y todo lo produce, brindándole también los frutos que brotan de sus entrañas. La ofrenda a la “pacha”, se realiza haciendo un hoyo sobre ella, donde se le brinda la papa, el haba o la quinua; así también, bebidas como la chicha, el vino y el alcohol.

En estas zonas altoandinas, se pide ayuda para la abundancia en la próxima siembra y cosecha, así como la multiplicación de cabras, ovejas, llamas, vicuñas y guanacos. Se agradece al Taita Inti (Padre Sol) por dar luz a la Pachamamita (Madre Tierra) y por permitir que sus cultivos maduren para el bien de toda la comunidad.

También es común el encendido del fuego sagrado alrededor del cual se realizan los rituales, porque la ceremonia es capaz de regresar al hombre al equilibrio. Todas estas manifestaciones como el resurgimiento y revaloración de nuestra cultura, y de la apertura de nuevas agrupaciones y panacas (los linajes familiares y su descendencia), también ahora en las ciudades, marca un regreso hacia nuestra herencia ancestral.

Del Tibet a Sudamérica

A partir del 2012, y como manifestación del cambio de la polaridad de la kundalini planetaria o energía que determina la conciencia humana, las personas que habitan a su alrededor van a ser bendecidas por su efecto de elevación espiritual. Y eso, no sólo significó un cambio del poder espiritual del hombre a la mujer. Significó por, sobre todo, el traslado del poder espiritual desde el Tibet e India a Sudamérica. Por lo que, los pobladores de América tendrán más facilidad en despertar su propia kundalini, activar sus centros energéticos y alcanzar el pleno desarrollo de su potencial. Además, con las explosiones solares y el aumento de la resonancia Schumann, pueden ocurrir despertares espontáneos en personas que no practican ninguna técnica de meditación o de sanación, pero que son puros de corazón.

Hacia un Nuevo Pacto Universal con la Pachamama

El Inti Raymi hoy, significa un momento de conexión espiritual con el sol físico, que está en conexión con el sol de Sirio, a su vez, con el sol de Pléyades, Alción y con lo que los mayas llamaban Hunab Ku (dador del movimiento y la medida): el centro de toda la galaxia, que conocemos como el gran Sol Central Espiritual. Esta conexión con la luz es un reflejo de tu propia luz, el sol espiritual de tu corazón. Es, por lo tanto, una oportunidad de descubrirte en tu esencia, esa presencia luminosa que habita en ti y que se renueva y te renueva. Este portal solar dura del 21 al 24 de junio. Momento de enviar esa luz a la Madre Tierra y toda la humanidad.

En medio de los acontecimientos actuales es preciso también rescatar todas las tradiciones originarias de nuestros pueblos para comprometernos en un Nuevo Pacto Universal, que reconsidere el Amor a Dios, a nuestro prójimo como a uno mismo, el amor al Sagrado Femenino en perfecto equilibrio con el Sagrado Masculino, y el Amor a la Madre Tierra, a la Pachamama y a todo lo que está sobre ella y en sus profundidades. Volveremos a convertir nuestra relación con la pachamamita como una relación sagrada. Sólo así seguiremos siendo dignos hijos de la Madre Tierra y para que se nos renueve nuestro privilegio legítimo de permanecer como habitantes de ella.

Recuerden: “Se pedía restauración del equilibrio entre la naturaleza, el ser humano y el cosmos”.

Y en esta ocasión que coincide con el eclipse anular de Sol, solo indicarles que se refuerza el hecho de sanar definitivamente todo lo que no haya sido resuelto hasta la fecha. Etapa para iluminar las áreas que no se hayan podido ver o aceptar, para cerrar definitivamente ciclos y poder iniciar otros liberados de toda carga anterior que ya no corresponde mantener en el nuevo ciclo. Feliz Año Solar Andino, ¡¡con sus 5 mil 28 años de historia, cultura y tradición!!

Fuente: Facebook de Maricarmen Gayoso Angelux. 20/06/2020.

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Presidente del Instituto de Neurociencias para el Liderazgo. Abogado y Magister en Gerencia Pública.

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