EL PAPA FRANCISCO, LOS JÓVENES Y EL NUEVO EVANGELIO SOCIAL

Definitivamente el Papa Francisco en su viaje a Brasil ha querido ir directo a uno de los problemas más álgidos de la sociedad latinoamericana y mundial. Explicando el sentido de su viaje, señaló lo siguiente: “Pensad que existe el riesgo de tener una generación sin trabajo. Y del trabajo viene la dignidad de la persona. La dignidad es ganarse el pan. Y nos estamos acostumbrando a la cultura del descarte. Con los ancianos se hace demasiado a menudo. Pero también ahora con tantos jóvenes sin trabajo. Debemos eliminar esta costumbre de descartar. Debemos ir hacia la cultura de la inclusión, del encuentro. Este es el sentido que yo quiero dar a este encuentro con los jóvenes”.

Si los jóvenes y los ancianos van a ser los referentes sociales de su mensaje en Brasil a toda la sociedad mundial, ¿sobre qué visión debe construirse esta responsabilidad? No deja de sorprender la facilidad con la que el Papa lo explica: “Los jóvenes son las pupilas de la sociedad, la abertura por la que entra la luz en nosotros, regalándonos el milagro de la vista. ¿cómo podríamos avanzar si no cuidáramos nuestros ojos? La juventud es el ventanal por el que entra el futuro en el mundo, y por tanto, nos impone grandes retos. Nuestra generación se mostrará a la altura de la promesa que hay en cada joven cuando sepa ofrecerle espacio, tutelar las condiciones materiales y espirituales para su pleno desarrollo; darle una base sólida sobre la que pueda construir su vida; garantizarle seguridad y educación para que llegue a ser lo que puede ser; transmitirle valores duraderos por los que valga la pena vivir; asegurarle un horizonte trascendente para su sed de auténtica felicidad y su creatividad en el bien; dejarle en herencia un mundo que corresponda a la medida de la vida humana; despertar en él las mejores potencialidades para ser protagonista de su propio porvenir y corresponsable del destino de todos”.

Protagonista. Corresponsable. Ésta última no es una palabra frecuente. Pero en el contexto en que lo dice suena muy poderosa. Sobre todo frente al individualismo y consumismo frenéticos que vivimos en estos tiempos. Mejor refiero sus palabras: “Este primer viaje es para encontrar a los jóvenes pero en el tejido social, no aislados de la vida. Cuando aislamos a los jóvenes cometemos una injusticia, les quitamos la pertenencia a una familia, a una patria, a una cultura, a una fe. No debemos aislarlos de la sociedad. Ellos son el futuro de un pueblo pero no solo ellos. Son el futuro porque tienen la fuerza, son jóvenes, van hacia adelante. Pero en el otro extremo de la vida, los ancianos son también el futuro de un pueblo. Y por eso os digo que voy a Río a encontrar a los jóvenes, pero en su tejido social, principalmente al lado de los ancianos”.

Hoy más que nunca es tan difícil la relación entre los jóvenes y los ancianos. Mil razones hay en medio. Pero si la sociedad no debe excluir a los jóvenes, los jóvenes tampoco deben excluir a la sociedad, a su sociedad. Dice el Papa de los ancianos: “Los dejamos de lado como si no tuvieran nada que ofrecernos, pero tienen la sabiduría de la vida, de la historia, de la patria, de la familia. Un pueblo no tiene futuro si no va adelante con los dos extremos: con los jóvenes porque tienen la fuerza y con los ancianos porque tienen la sabiduría de la vida”.

Ya Francisco ha pedido que la Iglesia no solo se preocupe por los pobres sino que sea pobre ella misma, y como testimonio de vida, él mismo ha renunciado a los aposentos pontificios, ha criticado la “tiranía del dinero” y la “globalización de la indiferencia hacia los que sufren”. No se trata entonces de un mensaje aislado, sino de un nuevo mensaje que se viene estructurando al paso de su gobierno.

Como podrá verse, estamos ante un mensaje diametralmente distinto al de Benedicto XVI, sorprendente viniendo de un Papa elegido por un Colegio Cardenalicio mayoritariamente conservador. Un mensaje que, ironías de la historia, se acerca al de la Teología de la Liberación, que fuera tan combatida por los dos antecesores del Papa Francisco. Pero el mundo ha cambiado, y bastante. No sólo cayó el Muro de Berlin y su estatismo asfixiante. También ha fracasado el modelo neoliberal y sus crisis financieras cíclicas e interminables.

Las implicancias de ese mensaje no son solo pastorales, trascienden hacia una nueva visión política y social desde la cual recorrer y realizar los profundos cambios que necesita nuestro mundo actual. Tal vez la principal explicación a todo esto estriba en lo distante que estaba la Iglesia de Pedro de sus “ovejas”, en una iglesia en la que el anterior Papa estaba “rodeado de lobos” (como tituló un diario italiano en referencia a las pugnas intestinas de poder entre cardenales de la Santa Sede).

Con todo, este mensaje del Papa, inicios de lo que quiere llamar el Evangelio Social, trae sin duda algo de luz y esperanza a millones de seres humanos. Queda por ver si la palabra da paso a la acción, pues es el clamor de toda la sociedad, de todos nosotros. Aunque falta muchísimo para una Iglesia Católica propia de esta era, estoy convencido que hay que poner el hombro. Porque al final ¿qué es la fe sin el prójimo? Como dice el Papa que vino del fin del mundo: “yo no le pregunto a las personas cuál es su credo sino si hace o no algo por los demás, si se preocupa por el prójimo”.

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Experto en Liderazgo. Abogado. Magister en Gerencia Pública.

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