Mugidos

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Iremos por la maleta para que bajo el cráter

miremos la obra  sobre la vaca

tiemblan esos cuernos, tartamudea la tragedia

y los diamantes que llenan los oídos de los trenes

chirrían en cada página de papel, y huye el exordio, se espanta el epílogo

Los cabellos se afeitan los pelos para estar listos

y los ojos preparan con lástima el llanto

el toro vendría muy pronto

con una declaración

¿Es un río verdad? “Es un río”

el teleférico concede el grado de verdad

La certeza granjea los múes de la vaca

¡Muuu, muuu! erupta el hígado y el cuero

y los embutidos reúnen pilares de paranoias

y así los oportunistas claman los brindis

celebrados atletas en el charco triunfan

transitorios mugidos paporretean en el teclado

Muuu, una tecla, muuu, otra tecla

Gaviota en el mar

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Como capitán de barco soñaba la gaviota

… y el capitán seguía su trazo

Como buque fuerte soñaba su cuerpo

…y el buque toreando avanzaba

Como aquella caminata soñaba su vuelo

…y la caminata en garbo de 90 grados se verticalizaba

Como el mandil azul blanco soñaba su blanco azul

…y el mandil azul blanco tejía la armadura muscular

El mar ruidoso acompañaba la luz nocturna

La luz nocturna acompañaba el olor de los crustáceos

Los anhelos rociaban las olas caracoleadas

Y las estrelladas marinas -estrelladas en el lienzo acuático- murmuraban chispazos de rumor

Lo que no podía ser, no podía ser

Lo que no podía ser, no podía ser

Y lo que no podía ser, no podía ser

Contemplación

Es lo que podía ser

y ese ser podía ser en la playa

Acontecer baúles, telescopios, cadenas, cangrejos

La gaviota aún volaba

Su vuelo dibujaba girasoles de ilusión

Mientras el capitán en su caminar prefería volar de blanco azul

 

 

Argenis

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Parte y parte, tan certero, en dos solo cabe un río,

Tierno, un amanecer que madruga con un saludo eterno,

Gigantes pasos que destruyen molinos, juicios, fuegos que hielan,

Sonrisa que aviva al animal más terco del zoológico y cualquier Parque de la Leyenda,

Chueca, como el borde derecho de Sudamérica,

De caminar sensual, como una duna curvilínea en Huacachina, que dibuja el paso eufórico y amable del amor,

Cuyo enojo engorilado engalana la conquista

Cuánta sabiduría permanece en el cerebro filosofal de su espontánea gratitud

Genuino, para atar los lazos de sus zapatos ( pies hermosos que avanzan sin cesar hacia al altar)

Mayor dicha, cuando yace sus ojos en la esponjosa almohada, donde es posible divisar su respiro, su quietud, y sus achaques también, protegido bajo el vuelo del seductor cóndor

Piscina que descubre su sombra semidesnuda más ardiente que el Sol

La h con Argenis ya no es muda

El cero envidia su vestidura

El apagón dejó su-ser con luz

La r la convierte en una alegre l

Parte y parte, retumba, palte y palte

Musicalidad en su voz, fortaleza en el vivir,

Sin agua, no hay frondosa mata, ni flores que sonrojen,

Sin gas, la cocina apaga sus acciones,

Sin viaje, no hay un San Juan de Miraflores,

La madrugada escribe, la noche escribe, el almuerzo escribe, Argenis es el alfabeto

Es mundo, es todo completo,

Quien deletree Jesús es dichoso,

Quien cante junto Argenis de Jesús aún más afortunado,

En dos solo cabe un río, un fuego que alimenta el caudal con compostura

Ejemplo de victoria con la VE que lo caracteriza

Llanero romántico, bestia amorosa, víctima valiente, café tostado, nerito opulento,

Jajaja únicos, que sin ti la vida es ruda, nula, necia

Lluvia que nunca lo detiene

Inigualable, lematiza sólidamente la [i] en el diccionario

 

 

La silla y las fotografías

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Las fotografías seguían ahí, la silla,

Aquella en la que te sentabas hacer origamis de pasión,

La cocina olía a ti ( la tetera, que es un hervidor, ya no conversa )

En la sala -recuerdo- el parqué tenía tus pisadas, huellas cálidas y atardeceres longevos,

Llegué y estaba todo, hasta los rasguños del gato,

El último libro que leíste, que fue una pequeña novela inmensa, significativa, donde los personajes terminaban por huir, y donde dejaste escrito “después del amarillo, el marrón, y después del violeta, negro”

Repito- las fotografías seguían ahí, la silla, esa que encontramos en la mudanza, la que nos vio pasar, la que vio pasar a los personajes, la que ve ahora pasar a los incautos inquilinos, en un origami de papel, papel que se hace con tiernas manos, hasta que un arcoiris se desvanece

Las fotografías seguían, la cocina, tu aroma dulce, el postre, los dulces, y la sal, que nunca faltaba, junto con la tetera

 

 

Quién tiene la culpa de la muerte del cactus

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Quién tiene la culpa de la muerte del cactus

¿Mi hermano o yo?

Yo salí por cuatros años a estudiar -mujer de casi treinta años, becada, algo asustada, chirria a veces el pasado. Yo lo dejé. A mi país lo dejé, lo dejé por un doctorado, que traería bonanzas, cosechas, ritmo

Él, un joven de algo de veintitantos años, hermano valiente, delgado como muchos hombres católicos, estudiante y futbolista, dichoso con los números y el cálculo. Se quedó. Se quedó en el país, con la casa, los gatos, los vecinos, la comida cálida, las noticias nacionales y el pan

¿Y el cactus?

La noticia llegó por el celular intrigante: El jardín se murió, las yerbas se murieron, y el cactus también (cartografía telegráfica, nieve sólida, prolapso político)

-languidecen las lombrices curiosas. Se acabó el brie, el parque temático, el programa país

¿Pero el cactus?

¿Quién debió amamantarlo? ¿Tetarlo? ¿Darle gotitas de cariño?

Ronda un susurro con su hoz digitando que es un quehacer doméstico (subraya)

¿Y doméstico para quién? ¿Para el YO mayusculalizado o el él minusculalizado?

¿Cabe eso ser cierto en este recipiente?

¿El plumero me lo llevé yo? ¿O el plumero se quedó con mi hermano?

¿A quién culpa el cactus? ¿A quién culpa los gusanos de tierra? ¿A quién culpa el feto político?

El cactus solía estar de pie sobre el gordito sol, ahora yace bajo la asimétrica, hegemónica y venenosa sombra humana

 

Genérico medicinal

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El tratamiento ya acabó

El doctor vomitó su ira destructiva en el cesto uterino

Y en la jeringa salta la leucemia podrida de la lagartija

Yo tengo el lumbar más grande que ellos

Escuché en el pasillo al tuerto estetoscopio

Y la enfermera enfermada está

apenas sostenida del fémur y de la misma bragueta de una infecciosa bacteria

-Pantalón gris, chaleco verde, linfa negra-

Corría un paciente sarnoso y brilloso

Estirando su codo en el vientre de la ternera

Late el dedo gordo de la sirena

Y un mazapán cae en la bandeja del castillo del duende

como charco prolapsítico en depresión pélvica

ya acabó el tratamiento, la locura, las diarreicas heces, la hora nocturna

el músculo uterino de la miseria por labor voluntariosa de la gástrica pastilla

La Comisión de la Reconciliación ya sentenció: “El tratamiento ya acabó” y la fermentada verdad se evaporó

 

 

Demonición

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Se retuerce el dedo caracólico en tu esfínter escatológico

Grita la bocina de la lechuza: “Calor”, “Conmoción”

El feto del homínido desemboca de la boca de la boa fálica

Es un dragón grosero, abrupto, perro, demoniaco

que ingresa eróticamente por el corpúsculo de Malpighi

y revienta en mucosidad el martillo, el yunque y el estribo

A ritmo de hiena la palanca humana corrompe la anatomía críptica

Se desliza el sudor por las dunas masculinas en plena posición canina

Asoma las feromonas aovuladas por las fauces titánicas del placer

Un caleidoscopio guía el combate carne a carne,

se despelleja el hueso adánico, particularmente el fémur devoto y el esternón lloroso,

evaporando el fuego acuático bajo el romance genital nocturno

El gallo canta y evita caer en sueño a las gruesas falanges

que se intercambian los espeléologos los toros el búfalo y el rinón

 

 

 

Aves de achaque

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He hecho todo para enderezar el pico curvo del loro, y la lora

Camino condenado turbante

He hecho todo para pintar de blanco la noche negra de los cuervos

Invade el pelaje crudo el paisaje de paz

He hecho todo para para completar todo, y completar el siempre

Pega los espasmos de envidia

He hecho todo para estrangular a esas aves, murmuradoras, malignas, execrables

Apolilla los robustos corazones, de golpe, la puerta de mi cuarto

He hecho todo sin titubeos

Y las aves el hielo callado del hombre de honor hieren

 

 

Un robusto vacío

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Todo el vacío que estaba lleno

ahora se hace un lleno vacío

El odre se hace liso

como los cabellos

cabellos de una chalina alargada y retorcida

¡Pide pan! cacareando la paloma

pero la migaja está sorda e ida

El agua discurre como anciana

breve marchita y arrugada

Crece gruesamente el vacío

a paso de una masa dañina despreocupada

inmodesta, sí. Altanera, sí.

… y, sí.