Quién tiene la culpa de la muerte del cactus

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Quién tiene la culpa de la muerte del cactus

¿Mi hermano o yo?

Yo salí por cuatros años a estudiar -mujer de casi treinta años, becada, algo asustada, chirria a veces el pasado. Yo lo dejé. A mi país lo dejé, lo dejé por un doctorado, que traería bonanzas, cosechas, ritmo

Él, un joven de algo de veintitantos años, hermano valiente, delgado como muchos hombres católicos, estudiante y futbolista, dichoso con los números y el cálculo. Se quedó. Se quedó en el país, con la casa, los gatos, los vecinos, la comida cálida, las noticias nacionales y el pan

¿Y el cactus?

La noticia llegó por el celular intrigante: El jardín se murió, las yerbas se murieron, y el cactus también (cartografía telegráfica, nieve sólida, prolapso político)

-languidecen las lombrices curiosas. Se acabó el brie, el parque temático, el programa país

¿Pero el cactus?

¿Quién debió amamantarlo? ¿Tetarlo? ¿Darle gotitas de cariño?

Ronda un susurro con su hoz digitando que es un quehacer doméstico (subraya)

¿Y doméstico para quién? ¿Para el YO mayusculalizado o el él minusculalizado?

¿Cabe eso ser cierto en este recipiente?

¿El plumero me lo llevé yo? ¿O el plumero se quedó con mi hermano?

¿A quién culpa el cactus? ¿A quién culpa los gusanos de tierra? ¿A quién culpa el feto político?

El cactus solía estar de pie sobre el gordito sol, ahora yace bajo la asimétrica, hegemónica y venenosa sombra humana

 

Genérico medicinal

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El tratamiento ya acabó

El doctor vomitó su ira destructiva en el cesto uterino

Y en la jeringa salta la leucemia podrida de la lagartiga

Yo tengo el lumbar más grande que ellos

Escuché en el pasillo al tuerto estestocopio

Y la enfermera enfermada está

Sostenida del fémur y la bragueta de una infecciosa bacteria

Pantalón gris, chaleco verde, linfa negra

Corría un paciente sarnoso y brilloso

Estirando su codo en el vientre de la ternera

Late el dedo gordo de la sirena

Y un masapán cae en la bandeja del castillo del duende señor

 

 

 

Demonición

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Se retuerce el dedo caracólico en tu esfínter escatológico

Grita la bocina de la lechuza: “Calor”, “Conmoción”

El feto del homínido desemboca de la boca de la boa fálica

Es un dragón grosero, abrupto, perro, demoniaco

que ingresa eróticamente por el corpúsculo de Malpighi

y revienta en mucosidad el martillo, el yunque y el estribo

A ritmo de hiena la palanca humana corrompe la anatomía críptica

Se desliza el sudor por las dunas masculinas en plena posición canina

Asoma las feromonas aovuladas por las fauces titánicas del placer

Un caleidoscopio guía el combate carne a carne,

se despelleja el hueso adánico, particularmente el fémur devoto y el esternón lloroso,

evaporando el fuego acuático bajo el romance genital nocturno

El gallo canta y evita caer en sueño a las gruesas falanges

que se intercambian los espeléologos los toros el búfalo y el rinón

 

 

 

Aves de achaque

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He hecho todo para enderezar el pico curvo del loro, y la lora

Camino condenado turbante

He hecho todo para pintar de blanco la noche negra de los cuervos

Invade el pelaje crudo el paisaje de paz

He hecho todo para para completar todo, y completar el siempre

Pega los espasmos de envidia

He hecho todo para estrangular a esas aves, murmuradoras, malignas, execrables

Apolilla los robustos corazones, de golpe, la puerta de mi cuarto

He hecho todo sin titubeos

Y las aves el hielo callado del hombre de honor hieren

 

 

Un robusto vacío

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Todo el vacío que estaba lleno

ahora se hace un lleno vacío

El odre se hace liso

como los cabellos

cabellos de una chalina alargada y retorcida

¡Pide pan! cacareando la paloma

pero la migaja está sorda e ida

El agua discurre como anciana

breve marchita y arrugada

Crece gruesamente el vacío

a paso de una masa dañina despreocupada

inmodesta, sí. Altanera, sí.

… y, sí.

El parto

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El embrión tuerce nuestros dedos crayólicos

como si el frío nos pegara continuamente la cabeza

provocando el rechinar vacuno de las antiguas teteras

Así son los partos: moscudos volátiles legionarios

Cuentan los hombres matemáticas maternas

gritos desesperados antiabúlicos por la infantanada

y en medio de la nada la flor aun no crece

y en medio de la nada el árbol no camina

es la piel circular del odio gestante que no jardinea

brota lacrimales el feto desconcertado de la duda

ese aire inquieto de dolor cebolliano

ese aire lactoso y espumoso

hasta las siete más dos

hasta la suma de esos meses

hasta que se esfuma de una palmada en la nalgada

desembrionado

 

El descubrimiento de la gaviota

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Y descubre la gaviota mares negros

caracoleados en desarmonías

Bajo el fondo los cetáceos murmurean sin ayunar

disolviendo la fuerza de las cascadas vagabundas

Y las olas, otra vez las gordas olas, circulean las arenas tenebrosas

Lo que provoca el grito del felino tiburón

boca voraz de los errores humanoides

tristiados en un baúl pandórico de minúscula claridad

Tenebroso, hiriente, se abre una cueva oceánica

una llaga ballénica de dolor unívoco

una ausencia de caricia corálica

es la muerte señora, la que convoca a ahogarse

a dormir en las celdas de los arrecifes

a musitar empalagados la sombra calórica del deceso

Y entretanto la gaviota sigue huyendo

despega

. . .

 

Hajimaru

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Un pedazo de sonido vacío se traga las esquinas hexagonales de tu vientre

y un grito vacuo, Oboro, aulla dentro del ojo lloroso de la carne que envejece.

 

Otori. Un señuelo atrae a los Estertores, que buscan fácilmente una presa triste.

Otori. Se lanza una pena que hará llorar a los ojos, a los anteojos, y al ajo, en la cocina.

Otori. La pena destruye los huesos de la mesa arbórea, de frondosa a pasita.

Otori. La carnada arruga la madera y unas zampoñas velan su noche falcónida.

Otori. Tengo miedo, tengo lágrimas, tengo la virtud quebrada, coja, muerta.

 

Suena el viento venenoso y los números desfilan sin forma como si no fueran ellos.

Se diluye la letra, el ombligo, la febrícula, la uña del pie gordo, la carnicera.

 

Hajimaru: Mañana vendrá otro día y el comienzo del arco amarillo eguriano.

Hajimaru: Será la hora tardía de una sonata simbólica y masa.

Hajimaru: Da inicio a tu mañana.