En vez de…

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En vez de galletas, mejor gallinas

En vez de un mapa, cocción de papas

En vez de un tenso tendedor, un firme tenedor

En vez de bulos y trenzas, tumbos y cerezas de recompensa

En vez de miedo, ponerles tiernos hielos

En vez de una fría franela, un tazón de panela

En vez de que tu corazón se reduzca, ponle azúcar

En vez del hiriente crayón, encender el fogón

En vez de un dolor de muela, una acorazonada ciruela

En vez de sentarse en una banqueta, preparar un banquete

En vez de caer de pie, ir por un tentempié

En vez aflición en el colchón, un crujiente lechón

En vez de amarguras, a gusto unas verduras

En vez de bajezas, apartar el relojero y alistar la mesa

En vez de soledad, cocina con velocidad

En vez de yacer, de preferencia disfrutar y comer

 

 

 

Adverbio

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Gorda, hoy quise hablarle al adverbio,

Ferozmente, raudamente, íntimamente,

Y querer doblegar la furia

Con su fuerza predicativa

Yo creo, gorda, que no siempre la vida lleva una coma

Sino un afecto adverbial

Que abrace tu cabello sustan.cial

Tu llanto adj.unto al mío

Tus sueños verb.osos

Miedo de morir

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Antes no había… pero ahora hay miedo de morir

al cerrar los ojos no es seguro si iré a dormir o iré a morir

Cada desvelo mantiene el corazón despierto

lento y dudoso

Mirar a dónde la antorcha llegó

hace ver los deseos a los que luz no se movilizó

es un a pesar de todo diario

Antes solía el oído disfrutar los sonidos

peleando por motivos que valgan la pena

pero ahora no hay resistencia ni campeón que quise ser

Indescriptiblemente la vena recorre el constante miedo

diluyendo el honor

Callar la pupila acorta el tiempo

mantenerla provoca respiración

Pero ahora hay miedo de morir… pero antes no había

Grandes penas caminan como el minutero tictactero

y el intento es el resto de la vida que queda

controlando la situación

 

Ascensor

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Apenas la joven abrió la boca y el ascensor empezó a carraspear

el contoneo de las caderas removieron los regordetes lóbulos

con un gesto de asentimiento la tardanza da permiso al pasillo tan largo

y ningún sonido se oyó

hasta que se asomaron los cortos tramos de escalera, creo que eran cuatro peldaños

de pie en el umbral

Estar ascensorado con miedo y turbación provoca la bestiosa soledad

cuyo color -digamos amablemente dorado- no se mezcla con ninguno

así duró toda una semana; luego un mes; hasta que el calendario se consumió

la luz mudó mientras escalaba la primavera por la superficie de las cosas

Las burbujas entonces volvían a las calles

después de que las compuertas mirasen el acceso a la ciudad

Al llegar la mañana la muralla desalcazarizó

los cerrojos fueron envueltos en sus cajetillas -la verdad es que ya no hacía falta echar cerrojos más-

desde que las puertas se abrieron -ambas de tamaño igual- era de menos que aguantara la presión de los músculos

el hacha de menor tamaño fue escogida y esta blandió en el aire con cautela

Así la luz tuvo razones para enorgullecerse

porque ese invierno no ha sido uno de los muy largos

Ahora discurre un riachuelo donde se puede beber el agua en la azotea sin bajar

 

Cáncer de gato

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A los gatos también les dan cáncer

que sin mentir la verdad evidencia dolor e ira

de una forma infortuita

Así despiertan los lamentos amallaudos

de forma minúscula pero bajo una ola ballenaza vuelve la mordacidad mayúscula

En todos lados prolifera el cáncer

la piel muda a muerta

los órganos se desconocen, se inflaman, se putrefactan

la sangre envenedada cataratea infecciones

marchitándose el cariño que alguna vez una flor mostró

Cáncer de gato, cáncer de perro, cáncer…

parlotea felinamente la llaga mal curada

como si una olla hirviendo te despertara en la cama

y descubres con prontitud que un gato fallece

por tan horrenda maldad

dejando vacío el plato de galletas, el tazón de leche,

la reserva de agua, y el pozo de arena

donde sus heces, su limpieza, sus ronroneos se cortauñearon

en un abrir de ojos paradójico y pelempenpudo

 

 

 

 

Tus viajes a Lurín eran una farsa

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Cuando decías que la vida era dichosa a mi lado, así como cuando te lo hizo notar Cleannis,

mentías, una vez más en tu vida.

Tus viajes a Lurín eran una farsa que terminaban con revolcones y retóricas

Seducías a cuántas personas podías para aprovecharte

y dejar sin linfa, sin dinero, sin emociones a cada víctima, hombre y mujer.

Decías tener corazón

pero tus mentiras se perdían con tus cajetillas

Me preguntaba de dónde tu fortuna salía para el cigarro, la ropa, la pulsera, el reloj,

las ideas y vueltas a la peluquería, al sauna, tus viajes oscuros a San Juan de Lurigancho

Me preguntaba de dónde tu fortuna salía para comer lo que no podías pagar, así como viajar

Decías tener corazón

pero tus mentiras revelaban la maldad que encierras.

Tu frialdad disfrazada de calor

Tus escusas de ir a ver a tus hijos, para irte a acostarte con alguien más (tus llegadas nocturnas eran tus estratagemas, tus llamadas y escritos de WhatsApp a tantas personas por interés también)

O ir a la calle, a los baños, o cualquier otro lugar de bajeza

como cuando contabas que lo hiciste en Curazao, con todo lo que pudiste arremeter, Matute.

Decías tener corazón

pero los mensajes de texto de otros decían que tu promiscuidad era intensa

que te grabaron en videos a escondidas amenazando tu confort y ocultando a esos otros con quienes te hundías.

Cuando decías que la vida era dichosa a mi lado, así como cuando te lo hizo notar Cleannis,

mentías y mentías, con qué fin, de solo apoderarte de lo que no podías obtener por tu trabajo o esfuerzo

el sexo con otros te gustaba, con cuántos podías, desde San Juan de Miraflores, pasando por Surco, Villa María, Chorrillos sin parar…. hasta Lurín, donde no te protegías

Tus dos primeros años aquí cogiste por todos los distritos sin cesar

prostituyendo tu alma y cuerpo por redes sociales donde aún mantienes la desdicha

Nada te hacía cambiar, y decías, que nadie te cambiaría,

pues lo sinvergüenza y tu pornografía definían tu esencia abrupta

enmascarada bajo tus rezos y justificaciones religiosas

testigos de tus hipocresías

 

 

Ángel y Fabián

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Dedicado a Ángel y Fabián Villena

 

Cuando llegaron aquellos niños, la casa se colmó en abundancia

las sillas se desplegaron, a la mesa le creció la nariz, el piso brilló como nunca antes

poco a poco llegaron las golosinas, aunque los chocolates fueron rechazados, los helados…

esos bandidos helados engalanaron, uno, primero, luego el otro

Ángel y Fabián, son como mis hijos, inseparables, y van creciendo peruanamente con los años

como hermanos cautelan los silencios y la bulla de los viejos

ríen cuando es necesario

juegan en cuanto nadie los vigila

son dos mellizos cuya agudeza asombra

ingeniosos, caballeros, el bello retrato familiar

Ángel es el más travieso

y Fabián es el más despierto

juntos no hacen sombra, sino mares de sol,

son un laptop de anécdotas

un zoológico ingenuo y vivaz

un Netflix de sabidurías

videojuegos unos días, y en otros, pues cartas y veo-veo

sus adivinanzas no son fáciles de desentrañar

ahí va su habilidad, estando siempre adelante

con una complicidad genuina, que solo pueden tener dos hermanos

Ángel es risueño

Fabián también lo es

llevando siempre la victoria, la paz,

el ejemplo de sus padres

el cocinar, el meditar, el despertar para seguir adelante

como jóvenes responsables en el mundo del azar

donde la casa se topó con ellos para darles las mejores bienvenidas

y donde los anteojos y los libros les sugieren también estudiar

 

 

Zapatillas rotas

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Las zapatillas rotas que guardo quietan están

esperando en el esquinero

para que mis huellas, tan pesadas y garbas por los años,

las conquiste

Ligeras, ligeras y ligeras

cualidad irrepetible

que en par en par mueven brisas

mueven corazones

registran historias

Con estas no solo con el calcañar camino, sino también pinto

pocos entienden que las guardo incluso para cuando hay día de diseño

para cuando la pared se llena de lotes de amarillos y bordes blancos

para cuando tarrajeo volcanes en el techo

Zapatillas rotas que un día eran fetas

-y digo tal, para evitar masculinizarlas de feto-

en un cajón de tienda

para llegar a tocar mi colonial puerta

y bajo un cuidado relativo celar tus días

y acompañarte en el otro rincón del esquinero

viéndote como solo tú me esperas

 

 

¿Aun te atormentas más que Dios?

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¿Aun te atormentas más que Dios?

dejándote flagelar por las miserables correas

abriendo llagas en la fosa común de tu conciencia

en los parámetros etimológicos más desgarradores

en los cuales se despellejan las máquinas tipeadoras

donde se pudre el dedo salta la letra

¿Aun te atormentas más que Dios?

huyendo de la cena navideña

hacia un camposanto poco sano y jolgórico

donde las espinas maltratan el pan

cima arriba cima abajo

menstruan los pescados vino de dolor

por tu angustia diaria

¿Aun te atormentas más que Dios?

en tu aposento de cuatro cajones

donde no cabe la llave fulgurante del Sol

castigándote por no escuchar la sombra

en aquel blanco donde la lavasa negra apresura la magna noche de la cebra

y te derrumbas como torre de Edad Media

con un llanto superior a su cruz

 

Reclamo

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Reclamo

lo principal, su desplante

su no-escribir por las noches, porque llega solo a dormir

su simple saludo al despertar, aunque no vuelva a decir luego más

su berrinche, por querer todo lo mundano, sin quererme

su enfado, aun sin tener la culpa yo

sus preocupaciones, aunque no las comparte conmigo

sus sospechosas infidelidades, que envuelven en celos mis imaginaciones

su indiferencia, porque no me mira, ni me piensa

su maltrato atroz, que sucumbe mis heridas ya curadas

su fotografía grupal, donde nunca aparezco

su dejarme hablar solo, porque fue a contestar a otros, mensajes que considera importante

su arroz con pollo, que nunca llegó a mis manos, sino a los demás invitados

su no-abrazo cuando la lluvia solitaria me castigaba

su otro-no-abrazo en mi cumpleaños por pensar otras vez en los demás

su queja por creer que no tiene nada, olvidándome

su queja al culpar al presidente, a la cocinera, a su jefe, olvidándose

Reclamo

todos sus-“sus”, sus posesiones fatales, sus consideraciones a medias,

sus fórmulas matemáticas de ubicarme al final de todo siempre, fraccionándome

su haberme borrado en aquel tatuaje de su brazo derecho en el que camina hacia la torre del reloj

su no-confiar, su descuido, su no guardar futuro en la alcancía

cuántos sus hay hoy, en la gramática,

cuántos ayer, sin alba, o cuántos habrá mañana, con sus ausentes de rosas