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Jugando hasta que logres ganar

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A dónde vamos con nuestra vida, a dónde apuntan hoy los relojes, a dónde nos llevan los exámenes proverbiales,

la fe, el boxeo, los ríos, el dolor, la sensación que anuncia que-te-rindas, la sensación del día atroz,

y a dónde vamos con las arcanas-distracciones… y las arenas que arrastran sentimientos de culpa,

a dónde vamos sin saber quiénes somos, sin vernos en el diccionario público,

a dónde vamos sin retroceder, sin que los coches retrocedan y avancen otra vez,

a dónde vamos con uniforme de niño deprimido, de hombre encarcelado, de sueños-homicidas,

a dónde vamos como hombres enfocados solo en los problemas,

a dónde vamos creyendo que no hay más opciones, ni puertas, ni portones,

a dónde vamos sin ser mejor, sin beber agua, sin deshidratarnos,

pues vamos, vamos con el hecho de que seguimos aquí, allí, allende,

vamos con el motor de máquina cardiaca que nos queda, vamos con el bastón tecnológico de arranque,

vamos con buenos principios, con voluntad de despertarnos mañana,

vamos con otro espejo, con otro ropaje, con actitud de bizarro, con un ideal de cuerdo-Quijote,

vamos sin recostarnos tristemente en la cama, vamos sin miedo, sin semáforos rojos,

vamos sin deudas, sin atemorizar el resultado futuro, vamos sin prejuicios,

vamos sin compararnos, sin ser el otro envidiado,

vamos con agallas, vamos con sombras magras, vamos con un nuevo-comienzo,

vamos con esperanza, vamos con prosperidad, con el coraje de los ancianos, con el optimismo de la niñez,

vamos con la idea de que si almorzamos o si ya cenamos aún hay hambre,

hambre de lo que querías, hambre de tu objetivo, apetito de que llegará la obra-final,

apetito de patria,

apetito de que sigues jugando, jugando hasta que logres ganar

 

Lovón Cueva, Marco. Jugando hasta que logres ganar. Lima: 19 febrero 2015.

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La inocente confianza

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A Haydée

 

Y después de que tres pirámides despertaran en el sílice del Nilo

el eclipse penitente  culminó por aquiesencia altísima

(y una paloma se posó sobre ellas…, y el dolor, no hubo más dolor)

En el alba las aguas expandieron sus brazos

y cada paso -detrás de uno, otro paso- alejaba el cruel silencio y el infame miedo

y la esperanza organizaba la partida, el concurso, la ópera divina,

y una estrella -una refulgente estrella, su sueño- guiaba a la niña extraviada

A los lejos le abrazan la  madre tierra

A los lejos las ramas le atraían a su jardín de vid

A lo lejos se perdían los sustos, los temblores, los desvelos,

y regresaba -geométrica y aritméticamente- la inocente confianza

la esperanza, la sangre (familia, estirpe, vida),… tú, Amor

 

Lovón Cueva, Marco Antonio. La inocente confianza. Lima: 8 febrero 2015.

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