Iglesia en EE.UU. eleva el tono ante política exterior de Trump
5:00 p.m. | 12 feb 26 (TC/VTN).- En un contexto de creciente tensión internacional, tres cardenales de Estados Unidos cuestionaron públicamente el rumbo de la política exterior de la administración Trump. Inspirados en un discurso de León XIV ante el cuerpo diplomático, advirtieron que la acción militar no puede convertirse en un “instrumento normal de la política nacional” y alertaron sobre los recortes de naciones ricas a la ayuda humanitaria, con impacto directo en la dignidad humana. Otros obispos reforzaron ese llamado. La declaración marca un punto clave en la relación entre la Iglesia en EE.UU. y el gobierno y reactiva el debate sobre los límites morales del poder militar en un país decisivo a nivel global.
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En esta publicación compartimos, en primer lugar, una reflexión sobre el contenido y alcance de la declaración de los tres cardenales, con algunas referencias al trasfondo histórico de la doctrina católica en materia de guerra y política; en segundo término, una reseña de la cobertura del medio oficial de la Santa Sede, que contextualiza el pronunciamiento dentro del magisterio pontificio; luego, un repaso del discurso de León XIV ante el cuerpo diplomático —centrado en la guerra, el multilateralismo y la dignidad humana— que sirvió de inspiración directa a la declaración; y, finalmente, dos consideraciones sobre la dinámica actual entre el episcopado estadounidense y la administración Trump, en un escenario marcado por el diálogo institucional y la crítica pública.
Novedades en la crítica de los obispos de EE.UU. a la política exterior de Trump
En las últimas semanas, líderes católicos se han pronunciado de manera crítica hacia la política exterior de la administración Trump, en particular a su intervención militar en Venezuela y a las amenazas en torno a Groenlandia. El 19 de enero de 2026, tres cardenales al frente de arquidiócesis estadounidenses —Blase Cupich, de Chicago; Robert McElroy, de Washington D.C.; y Joseph Tobin, de Newark— emitieron una inusual declaración conjunta. “Estados Unidos ha entrado en el debate más profundo e intenso sobre el fundamento moral de las acciones estadounidenses en el mundo desde el fin de la Guerra Fría”, señalaron al inicio, al tiempo que pedían “una política exterior genuinamente moral”.
Los cardenales citaron el discurso anual del papa León XIV ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, pronunciado a comienzos de ese mismo mes, en el que lamentó que “el entusiasmo bélico se extiende” y que la norma que regula el uso de la fuerza ha sido completamente socavada. En entrevistas posteriores, Cupich criticó la operación estadounidense para capturar al presidente Nicolás Maduro por transmitir el mensaje de que “la fuerza hace el derecho”. Tobin, por su parte, señaló que algunos miembros de la administración Trump parecían promover “casi un cálculo darwiniano según el cual los poderosos sobreviven y los débiles no lo merecen”.
Como exasesor en política exterior del episcopado de EE.UU. y actual director de estudios de la paz católica en el Instituto Kroc de la Universidad de Notre Dame, sé cuán inusual es que una breve declaración de cardenales se convierta en noticia de primera plana, sobre todo porque lo que dijeron reiteraba en gran medida enseñanzas consolidadas de la Iglesia. Más novedosas, en cambio, fueron las declaraciones del arzobispo Timothy Broglio, al frente de la Arquidiócesis para los Servicios Militares. En diciembre de 2025, Broglio publicó una crítica detallada sobre la moralidad y legalidad de los ataques de la administración Trump contra embarcaciones en el Caribe. En una entrevista con la BBC en enero, al ser consultado sobre si una invasión de Groenlandia podría considerarse justa, respondió: “No puedo ver ninguna circunstancia en la que lo sea”.
Es inusual que un arzobispo encargado de los servicios militares cuestione la moralidad de intervenciones militares específicas de Estados Unidos. Y lo es aún más que exhorte a los líderes nacionales a respetar la conciencia del personal militar “no pidiéndoles que participen en acciones inmorales”, y que recuerde a los miembros de las fuerzas armadas que “sería moralmente aceptable desobedecer una orden” de ese tipo. Todas estas declaraciones continúan la tradición de los obispos estadounidenses de oponerse a prácticamente todas las grandes intervenciones militares del país desde Vietnam, con la excepción de la invasión de Afganistán.
Guerra justa
Esa oposición refleja la tradición centenaria de la “guerra justa” en la Iglesia católica y su enfoque cada vez más restrictivo sobre lo que puede considerarse “justo”. Los criterios de la guerra justa delimitan cuándo, por qué y cómo puede emplearse la fuerza. Según el Catecismo católico, recurrir a la guerra es legítimo solo cuando no existen otros medios para detener un “daño duradero, grave y cierto”, hay una probabilidad razonable de éxito y el conflicto no producirá “males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar”.
En otras palabras, la guerra debe ser “un último recurso en situaciones extremas, no como un instrumento normal de la política nacional”, como señalaron los cardenales en su declaración. La Iglesia católica parte de la premisa de que la guerra es un fracaso de la política. Este enfoque restrictivo, que algunos católicos conservadores califican de “pacifismo funcional”, ha situado a los líderes eclesiales en oposición a intervenciones militares estadounidenses que reflejan una interpretación mucho más permisiva de la guerra justa. El enfoque permisivo asume que la guerra puede ser un último recurso, pero sigue siendo una forma de política: una herramienta más dentro del arsenal de la política exterior.
Críticas en la Guerra Fría
Estos enfoques se hicieron visibles en el debate nuclear de los años ochenta y, más tarde, en la antesala de la invasión de Irak en 2003. Al asumir la presidencia, Ronald Reagan impulsó un fuerte rearme nuclear y desplegó misiles de alcance intermedio en Europa, con el argumento de que EE.UU. perdía terreno frente a la Unión Soviética. En 1983, los obispos estadounidenses publicaron la influyente carta pastoral The Challenge of Peace, en la que cuestionaron pilares de la política nuclear del gobierno: pidieron frenar la carrera armamentista, rechazaron el primer uso de armas nucleares y se mostraron escépticos incluso ante la legitimidad moral de un uso nuclear de represalia, aunque fuera limitado.
El documento no modificó directamente la política nuclear, pero consolidó la vigencia pública de la tradición de la guerra justa y se convirtió en lectura obligatoria en academias militares. La crítica eclesial a la disuasión inquietó a algunos responsables de defensa. El almirante James Watkins, uno de los impulsores de la Iniciativa de Defensa Estratégica, promovió la defensa antimisiles como alternativa moralmente superior.
No a la guerra preventiva
El debate sobre un uso excesivamente permisivo de la fuerza alcanzó su punto culminante en los meses previos a la invasión de Irak por parte de la administración Bush en 2003. El gobierno sostenía que la fuerza militar no debía limitarse a la defensa frente a una agresión. En esta visión, la guerra preventiva estaba justificada para eliminar el peligro potencial que representaba Irak tras el 11 de septiembre: un régimen hostil, con armas de destrucción masiva y vínculos con el terrorismo global.
Juan Pablo II, los obispos estadounidenses y líderes católicos de todo el mundo se opusieron enérgicamente, advirtiendo que esa doctrina vaciaría de contenido la tradición de la guerra justa y el derecho internacional. Como afirmó en 2002 el entonces cardenal Joseph Ratzinger —posteriormente Benedicto XVI—, “el concepto de ‘guerra preventiva’ no aparece en el Catecismo”. Ya en mayo de 2002, los obispos de EE.UU. iniciaron una serie de reuniones con funcionarios de la Casa Blanca para instarlos a no ir a la guerra. En marzo de 2003, Juan Pablo II envió al cardenal italiano Pio Laghi a entregar personalmente una carta al presidente Bush con el mismo propósito.
Nuevo contexto
No es nuevo que el enfoque más idealista y cosmopolita de la Iglesia en asuntos internacionales entre en fuerte tensión con una política exterior estadounidense de corte realista y “antiglobalista”. De hecho, en el pasado los obispos han sido más contundentes que ahora. Lo novedoso, al menos desde el fin de la Guerra Fría, es la creciente preocupación de los líderes eclesiales ante una política exterior que parece desafiar deliberadamente las normas. Administraciones anteriores ofrecían justificaciones legales y morales para sus intervenciones militares, como ocurrió con la defensa de la invasión de Irak por parte del gobierno de Bush.
Trump, en cambio, ha abandonado cualquier pretensión de sus predecesores, al declarar a The New York Times: “No necesito el derecho internacional”. El único límite a su poder en el ámbito internacional, afirmó, es “mi propia moral”. Las declaraciones de los obispos sobre la política exterior de su administración son pocas y moderadas en comparación con el pasado. Sin embargo, con un Papa estadounidense marcando el rumbo, podrían constituir la primera señal de una oposición más pública y vigorosa por parte de los líderes católicos.
Vatican News sobre la declaración de cardenales de EE.UU.
El papel moral de Estados Unidos de América en la lucha contra el mal en el mundo y la construcción de una paz justa se está reduciendo a categorías partidistas que fomentan la polarización y políticas destructivas. Este es el núcleo del mensaje lanzado por los cardenales Blase Joseph Cupich, arzobispo de Chicago, Robert McElroy, arzobispo de Washington, y Joseph William Tobin, arzobispo de Newark, en una declaración conjunta que describe una visión moral para la política exterior estadounidense.
Los riesgos de la polarización y las políticas destructivas
El texto se basa en el hecho de que, en el nuevo año, “Estados Unidos ha entrado en el debate más profundo y acalorado sobre la base moral de sus acciones en todo el mundo desde el fin de la Guerra Fría”. Por ejemplo, citan “los acontecimientos en Venezuela, Ucrania y Groenlandia”, que “han planteado cuestiones fundamentales sobre el uso de la fuerza militar y el significado de la paz”.
En este sentido, los tres cardenales enfatizan cómo “el equilibrio entre el interés nacional y el bien común se está enmarcando en términos altamente polarizados”. Además, “el papel moral de los Estados Unidos de América en la lucha contra el mal en el mundo, la defensa del derecho a la vida y la dignidad humana, y la defensa de la libertad religiosa está bajo examen”, continúan, “y la construcción de una paz justa y sostenible, tan crucial para el bienestar de la humanidad, se está reduciendo a categorías partidistas que fomentan la polarización y las políticas destructivas”.
La brújula proporcionada por el papa León XIV
En el texto, los tres cardenales evalúan la acción internacional de EE.UU. a la luz de los principios expresados por el papa León XIV en su discurso del ante el Cuerpo Diplomático (más detalles debajo) acreditado ante la Santa Sede. En particular, citan el pasaje en el que el Pontífice afirma que “la debilidad del multilateralismo es motivo de especial preocupación a nivel internacional” y que “una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo reemplazada por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea individual o colectiva”, porque “la guerra ha vuelto a estar de moda y el afán bélico se está extendiendo” y “la paz se busca mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio”.
Cupich, McElroy y Tobin consideran estas palabras “una base verdaderamente moral para las relaciones internacionales” y “un compás ético duradero para establecer el camino de la política exterior estadounidense en los próximos años”. En consonancia con las palabras del papa Prevost, los tres cardenales enfatizan entonces “la necesidad de ayuda internacional para salvaguardar los elementos más esenciales de la dignidad humana, que están siendo atacados debido al movimiento de las naciones ricas para reducir o eliminar sus contribuciones a los programas de asistencia humanitaria extranjera”. Porque, reiteran, “como pastores y ciudadanos, acogemos esta visión para el establecimiento de una política exterior genuinamente moral para nuestra nación”.
Renunciar a la guerra como instrumento de interés nacional
De ahí el llamamiento final de los tres cardenales: “Buscamos construir una paz verdaderamente justa y perdurable, esa paz que Jesús proclamó en el Evangelio. Renunciamos a la guerra como instrumento para intereses nacionales mezquinos y proclamamos que la acción militar debe ser vista solamente como un último recurso en situaciones extremas, no como un instrumento normal de la política nacional. Buscamos una política exterior que respete y promueva el derecho a la vida humana, la libertad religiosa y el mejoramiento de la dignidad humana en todo el mundo, especialmente a través de la asistencia económica”.
Hasta la fecha, concluyen, “el debate en nuestra nación sobre el fundamento moral para la política estadounidense está plagado de polarización, partidismo e intereses económicos y sociales mezquinos”. En cambio, “el papa León nos ha dado el prisma a través del cual elevarlo a un nivel mucho más alto. Predicaremos, enseñaremos y abogaremos en los próximos meses para que ese nivel más alto sea posible”.
Los tres cardenales que firmaron la declaración
La declaración está firmada por el cardenal Cupich, jefe de la Arquidiócesis de Chicago, una de las más grandes de Estados Unidos, con aproximadamente dos millones de católicos y una vasta red de parroquias, escuelas y servicios sociales; el cardenal McElroy, jefe de la Arquidiócesis de Washington, que sirve a más de 600.000 fieles en la capital federal y Maryland; y el cardenal Tobin, arzobispo de Newark, responsable de una comunidad de aproximadamente 1,3 millones de católicos en el norte de Nueva Jersey, con numerosas parroquias, escuelas e instituciones educativas comprometidas con la educación y el servicio social.
LEER. Declaración completa de tres cardenales de EE.UU. sobre política exterior
VIDEO. La política exterior de EE.UU. “bajo examen”
“La guerra vuelve a estar de moda”. Es necesario reforzar el multilateralismo
En enero, se ha celebrado una de las audiencias más importantes del año. Tradicionalmente, al recibir al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa hace un análisis de la coyuntura internacional, repasando los principales acontecimientos que han marcado los últimos meses. Así fue para León XIV, que vivió personalmente el encuentro como una “novedad”, ya que era su primera vez con los diplomáticos de 184 países y organizaciones internacionales.
El Santo Padre comenzó recordando el Jubileo recién concluido y la muerte de su predecesor, el papa Francisco: “El mundo entero se reunió alrededor de su féretro el día del funeral y sintió la pérdida de un padre que había guiado al Pueblo de Dios con inmensa caridad pastoral”. Otro acontecimiento eclesial destacado fue el viaje apostólico a Turquía y Líbano, por lo que el Papa agradeció a las autoridades de ambos países por su acogida.
Al compartir su visión sobre “nuestros tiempos, tan turbados por un número creciente de tensiones y conflictos”, el Pontífice se ha dejado guiar por la gran obra de San Agustín: De Civitate Dei (La ciudad de Dios). El libro no propone un programa político, pero advierte de los graves peligros que se derivan de las falsas representaciones de la historia, del nacionalismo excesivo y de la distorsión del ideal del estadista. Para León XIV, ciertas similitudes siguen siendo muy actuales, como los movimientos migratorios y la reestructuración de los equilibrios geopolíticos y los paradigmas culturales:
“En nuestro tiempo, la debilidad del multilateralismo es motivo de especial preocupación a nivel internacional. La diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos de aliados. La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas”.
La importancia de la ONU y la defensa de los derechos humanos fundamentales
Hoy en día, según el Papa, “la paz ya no se busca como un regalo y como un bien deseable en sí mismo” sino que se busca “mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio” y esto “compromete gravemente el estado de derecho”. El Pontífice recordó que la Organización de las Naciones Unidas se creó hace 80 años con el eje central de la cooperación multilateral para salvaguardar la paz y defender los derechos humanos fundamentales. En cuanto al derecho internacional humanitario, León XIV recordó que siempre debe prevalecer siempre sobre las ambiciones de los beligerantes:
“La Santa Sede reitera firmemente su condena de involucrar a los civiles en operaciones militares, de cualquier manera. Asimismo, espera que la comunidad internacional recuerde que la protección del principio de la inviolabilidad de la dignidad humana y la santidad de la vida siempre cuenta más que cualquier mero interés nacional”.
Refiriéndose a la libertad de expresión, reforzó la necesidad del diálogo, pero advirtió sobre el uso y el significado de las palabras, cada vez más utilizadas como un arma con la cual engañar, golpear y ofender a los adversarios, ya sea en la política o en las redes sociales: “Es doloroso ver cómo, especialmente en Occidente, el espacio para la verdadera libertad de expresión se está reduciendo rápidamente. Al mismo tiempo, se está desarrollando un nuevo lenguaje al estilo orwelliano que, en un intento por ser cada vez más inclusivo, acaba excluyendo a quienes no se ajustan a las ideologías que lo alimentan”.
Respetar la voluntad del pueblo venezolano
Ante un verdadero “cortocircuito” de los derechos humanos, el Pontífice volvió a mencionar a San Agustín para reivindicar el “derecho de ciudadanía” a la ciudad de Dios. “En ausencia de un fundamento trascendente y objetivo, solo prevalece el amor propio”, afirmó el Santo Padre, lo que eclipsa la empatía hacia los demás. Es lo que se observa en la prolongación de la guerra en Ucrania y en Tierra Santa, con el enorme sufrimiento infligido a la población civil. En el primer caso, el Papa reafirmó la urgencia de un alto el fuego inmediato. En el segundo, la solución de dos Estados para responder a las legítimas aspiraciones de ambos pueblos.
En el continente americano, León XIV había expresado su preocupación por las tensiones en el mar Caribe, a lo largo de la costa americana del Pacífico y en Haití. Y sobre Venezuela, afirmó: “Renuevo el llamamiento al respeto de la voluntad del pueblo venezolano y al compromiso con la defensa de los derechos humanos y civiles de todos y con la construcción de un futuro de estabilidad y concordia (..) con el fin de construir una sociedad basada en la justicia, la verdad, la libertad y la fraternidad, y superar así la grave crisis que desde hace muchos años aflige al país”.
El peligro del aumento de los arsenales nucleares y la IA
Además de las fronteras geográficas, la paz también se ve amenazada por la existencia de arsenales nucleares. A este respecto, León XIV había señalado la importancia de dar continuidad al Tratado New START, que expiró en los primeros días de febrero. “De hecho, existe el peligro de volver a la carrera por producir armas nuevas cada vez más sofisticadas, incluido el uso de la IA. Esta última es una herramienta que requiere una gestión adecuada y ética, junto con marcos normativos centrados en la protección de la libertad y la responsabilidad humana”.
León XIV concluyó su discurso con un tono esperanzador, ya que, incluso ante este dramático panorama, la paz sigue siendo posible. Requiere humildad y valentía: “La humildad de la verdad y la valentía del perdón”. Para terminar, citó a San Francisco de Asís, cuya muerte cumplirá 800 años el próximo mes de octubre: “Su vida brilla con fuerza porque estaba animada por el valor de la verdad y el conocimiento de que un mundo pacífico se construye a partir de corazones humildes volcados hacia la ciudad celestial. Un corazón humilde y artesano de paz es lo que deseo para cada uno de nosotros y para todos los habitantes de nuestros países al comienzo de este nuevo año. ¡Gracias!”.
LEER. Discurso completo de León XIV ante cuerpo diplomático
VIDEO. León XIV se dirige a embajadores: objeción de conciencia, aborto y la guerra
La Iglesia alza la voz en EE.UU. (extracto de editorial en NCR)
Estamos presenciando una bienvenida renovación de unidad en tono y propósito entre el pontificado y el liderazgo católico estadounidense. Las críticas de León a EE.UU. no pueden descartarse fácilmente. Sus palabras no son las de alguien formado en otra cultura y que habla otra lengua. León creció en el país norteamericano como Robert Francis Prevost; habla inglés con acento del Medio Oeste. Fue educado ahí y comprende hasta qué punto la administración Trump constituye una ruptura profunda con lo que había sido la norma política.
La declaración de los cardenales es también un bienvenido reajuste del compromiso católico en la esfera pública. Durante demasiado tiempo, los líderes católicos de EE.UU. estuvieron cautivos de una política de tema único que los empujó a un estrecho rincón partidista. Esta declaración, si bien señala las amenazas a la dignidad humana y a la vida que representan el aborto y la eutanasia, no limita la enseñanza ni la acción católica a esos temas.
Al hablar de agresiones contra la dignidad humana, los cardenales incluyen también la preocupación de León por “las crecientes violaciones de la conciencia y de la libertad religiosa en nombre de una pureza ideológica o religiosa que aplasta la libertad misma”. Cupich, Tobin, McElroy y Broglio, al dar un paso valiente al frente, están rescatando la plenitud de la enseñanza católica en toda su riqueza y autoridad. Probablemente preferirían no estar en esta posición, participando tan públicamente en una crítica tan profunda del Estado.
Pero, como describe Tomás Moro en aquel maravilloso discurso de A Man for All Seasons, al referirse al papel humano en la intriga política: “Dios hizo a los ángeles para mostrarle esplendor —como hizo a los animales para la inocencia y a las plantas para su simplicidad. Pero al hombre lo hizo para servirle con ingenio en el enredo de su mente. Si permite que caigamos en una situación de la que no hay escape (..) entonces podremos clamar como campeones”. En EE.UU. parece que se alcanzó, en la vida nacional, ese punto sin escapatoria.
No hay forma de ocultar la inhumanidad de privar a los más necesitados en el extranjero de medicinas y alimentos que salvan vidas. Ya no es posible apartar la mirada del trato brutal no solo a inmigrantes sino también a ciudadanos estadounidenses a manos de una fuerza paramilitar que no rinde cuentas ante nadie. No existe ya justificación alguna que legitime a un presidente autocomplaciente y a sus secuaces, ansiosos por una hegemonía hemisférica irracional y destructiva.
Nos hemos preguntado anteriormente qué significa ser católico en EE.UU. en este momento. La jerarquía estadounidense ha comenzado a responder la pregunta, y no puede sorprender que la respuesta sea más exigente que reconfortante. Los ataques extremos de esta administración contra la dignidad humana y sus amenazas cada vez más peligrosas contra la paz convocan la práctica religiosa, de maneras inusualmente exigentes, desde el recinto del santuario hacia la esfera pública. Los católicos en EE.UU. en este momento, enfrentan una prueba sin precedentes de la fe que proclamamos.
Diálogo o disenso: los obispos católicos de EE.UU. navegan la política en la era Trump
Una semana después de que el arzobispo Paul Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), posara junto al presidente Donald Trump en el Despacho Oval, los tres cardenales que encabezan diócesis en el país publicaron la declaración crítica sobre la política exterior. Las escenas contrastantes sugirieron tensiones internas sobre cómo relacionarse con la administración, aunque obispos y expertos señalaron que el diálogo institucional y la crítica pública pueden ser estrategias complementarias.
La USCCB no divulgó el contenido del encuentro. Dos días después, el gobierno propuso modificar un requisito que obligaba a sacerdotes extranjeros a salir del país un año entre visas R-1, un cambio solicitado desde hace tiempo por la conferencia. Coakley y el obispo Brendan Cahill agradecieron a la administración por abordar las dificultades que enfrentan trabajadores religiosos nacidos en el extranjero y las comunidades a las que sirven.
Cinco días más tarde, los cardenales Blase Cupich, Joseph Tobin y Robert McElroy citaron al papa León XIV y rechazaron la acción militar como “un instrumento habitual de la política nacional”, aludiendo a los acontecimientos en Venezuela, Ucrania y Groenlandia. La portavoz Chieko Noguchi indicó que la USCCB fue consultada y que Coakley respaldaba el énfasis en la enseñanza papal. Hubo señales de consulta previa con el Vaticano.
El teólogo Massimo Faggioli señaló que el momento de la declaración, posterior al anuncio sobre visas, era significativo y advirtió sobre el temor a posibles represalias si la Iglesia se muestra demasiado franca. Añadió que criticar la política exterior coloca a los cardenales en una posición “muy incómoda” en un país donde históricamente los católicos fueron acusados de tener “doble lealtad”. Calificó la declaración como “valiente”.
Los cardenales Tobin y McElroy ya se habían distanciado antes de la conferencia al cuestionar el presupuesto federal de 2025 por sus recortes sociales y aumento de fondos para deportaciones. También el arzobispo Timothy Broglio, actual líder del Arzobispado para los Servicios Militares, afirmó posteriormente que el “asesinato intencional de no combatientes” es ilegal e inmoral y que no veía circunstancias que justificaran atacar Dinamarca.
Christopher White, de la Iniciativa sobre Pensamiento Social Católico y Vida Pública de la Georgetown University, dijo que la declaración de Broglio ofrece “claridad moral” y muestra que la Iglesia no dará cobertura a una política exterior que considera injusta. El obispo John Stowe agradeció a los cardenales por amplificar la voz del Papa y pidió mayor firmeza ante lo que describió como abusos de derechos humanos en la aplicación migratoria.
El obispo Joseph Tyson señaló divergencias con la administración en política exterior e inmigración, y mencionó también desacuerdos en materia de aborto. Activistas provida criticaron la aprobación de una versión genérica de la mifepristona y comentarios presidenciales sobre financiamiento federal, aunque este no ha sido el eje principal del debate episcopal actual. Tyson y el obispo Oscar Cantú elogiaron, no obstante, la reunión de Coakley con Trump. Tyson subrayó que el cambio en las visas religiosas es “enormemente significativo” para diócesis que dependen de sacerdotes nacidos en el extranjero, y describió el impacto pastoral de obligar a un párroco a abandonar el país por un año. “Hay distintos roles”, afirmó sobre el diálogo institucional y las críticas individuales. “Esperamos complementarnos”.
Algunos teólogos cuestionaron la falta de una postura conjunta más firme. Steven Millies planteó una “cuestión existencial” sobre la conferencia si no puede hablar unida en tiempos extraordinarios. Sin embargo, el historiador Daniel Williams advirtió que, históricamente, las declaraciones episcopales han tenido influencia limitada en la política exterior presidencial, citando precedentes de 1983 y 2002 que no alteraron el curso de las decisiones gubernamentales.
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Información adicional
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Fuentes
- Powers, G. F. (2026, febrero 11). What is and isn’t new about US bishops’ criticism of Trump’s foreign policy. The Conversation.
- Gallone, G. (2026, enero 19). Cardenales: el papel moral de Estados Unidos en el mundo está bajo examen. Vatican News.
- Fraccalvieri, B. (2026, enero 9). Papa León XIV: audiencia al cuerpo diplomático de la Santa Sede en el año nuevo. Vatican News.
- NCR Editorial Staff (2026, enero 20). US Catholic bishops speak out: A new era has dawned [Editorial]. National Catholic Reporter.
- Hertzler-McCain, A. (2026, January 23). Dialogue or dissent: US Catholic bishops navigate Trump era politics. Religion News Service.
- Videos: Rome Reports
- Foto: Getty Images

