Redes Sociales: Obispos de Brasil preocupados por intolerancia entre católicos

8:00 a m| 10 oct 18 (CNBB).- Un reciente artículo difundido en la web de la Conferencia Episcopal de Brasil demuestra la intranquilidad de sus obispos a causa de las denominadas “hogueras digitales”. El texto titulado “¿Así es cómo se aman? la intoleracia entre católicos en la red”, del periodista Moisés Sbardelotto, analiza los alcances de un fenómeno que se observa en niveles alarmantes, expresado en actitudes de redes o portales web católicos. El autor explica que en las llamadas “hogueras digitales” se queman “presuntos herejes”, sobre todo por parte de “grupos católicos que arremeten contra todos los que tienen una visión de la Iglesia diferente de la propia, generalmente de una línea preconciliar”.

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En la primera parte del artículo Sbardelotto observa que “intolerancia, odio, indiferencia. Discriminación, difamación, desinformación” circulan en las redes sociales en general, pero también son actitudes que se pueden encontrar con preocupante frecuencia en las redes de inspiración católica.

“La persona que está del otro lado de la pantalla ya no es un hermano o hermana en la fe, sino solo alguien contra el cual se descarga toda la rabia y el rencor personal, camuflados de defensa de la tradición, de doctrina o de liturgia, con citas artificiosamente tomadas de la Biblia y del Catecismo”. Nadie se salva de lo que Sbardelotto llama “Tribunal de la Santa Inquisición Digital”, ni siquiera el Papa Francisco o los obispos.

Para fundamentar el peso del fenómeno, el autor cita el mensaje que divulgó la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB) al concluir la última asamblea general en abril de este año, en el cual los obispos ponían en guardia contra la fuerte “politización y polarización” de este momento, “con polémicas en las redes sociales” que van más allá de la libertad de expresión y de un diálogo responsable, que son indispensables”.

Pese a la advertencia del episcopado, el autor considera que “cada vez más las redes sociales digitales se están convirtiendo en patíbulos” para encender “hogueras digitales” donde se queman “presuntos herejes”, sobre todo por parte de grupos católicos que arremeten contra todos los que tienen una visión de la Iglesia diferente de la propia, generalmente de una línea preconciliar.

El periodista continúa: “los actores que dinamizan este triste fenómeno ya se han ganado algunas denominaciones, como ‘católicos-talibanes’, que actúan sobre la base de una ‘violencia simbólica’, pero no por ello menos preocupante”. También hace una referencia al historiador italiano Massimo Faggioli, quien denominó a tales grupos como “cibermilicios católicos”, dada su militancia venenosa en perjuicio de la comunión eclesial. Según Sbardelotto, Faggioli sostiene también que esas cibermilicias “usan un lenguaje extremista de odio en defensa de la ortodoxia católica” y no son capaces de reconocer esas actitudes como “vicio o pecado”. La situación es lamentable y urgente, porque podría originar una eclesología que “humilla a la Iglesia, incluyendo sus liderazgos institucionales que parecen impotentes ante la presión social mediática”.

Sbardelotto, comisario extraordinario para la comunicación de la Iglesia de Brasil y consultor de diversos organismos eclesiales en el campo de la comunicación, recuerda que recientemente “el Papa Francisco sintió la necesidad de pronunciarse con autoridad sobre este fenómeno”. Y cita la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate cuando afirma que “También los cristianos pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital. Aun en medios católicos se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena. Así se produce un peligroso dualismo, porque en estas redes se dicen cosas que no serían tolerables en la vida pública, y se busca compensar las propias insatisfacciones descargando con furia los deseos de venganza”.

Autor de “E o Verbo se fez rede. Religiosidades em reconstrução no ambiente digital” (Paulinas, 2017) (“Y el Verbo se hizo red. La religiosidad en la reconstrucción del ambiente digital”) y “E o Verbo se fez bit – a Comunicação e a Experiência Religiosa na Internet” (Sanctuary, 2012) (“Y el Verbo se hizo bit – Comunicación y Experiencia Religiosa en Internet”), Sbardelotto identifica una especie de “Iglesia paralela digital”, que sospecha de todo lo que vino después del Concilio Vaticano II y considera inconcebible cualquier intento de inculturación de la fe en expresiones populares o situaciones periféricas.

“Una Iglesia viva que cambia en un mundo que cambia crea demasiada incertidumbre e inseguridad para ellos. Y para buscar certezas y seguridades, ¿qué mejor que un pasado eclesial mítico y una letra envejecida y rígida de las formulaciones de antaño? ‘Siempre se hizo así’, afirman, ‘y así se debe seguir haciendo’… Pero el papado de Francisco va por otros caminos. Él pide una ‘Iglesia en salida’, en movimiento, en misión”. El periodista recordó la homilía en la que Francisco comparó la Iglesia con una bicicleta, “si se queda parada, se cae, el equilibrio de la Iglesia está precisamente en la movilidad, en la fidelidad al Espíritu Santo”.

La reflexión de Sbardelotto constata que “los católicos extremistas defienden el inmovilismo del dogma y del rito. Buscan quedarse fuera de esa ‘Iglesia franciscana’. Se construyen universos eclesiales paralelos, especialmente en red… Todo y todos los que no están de acuerdo con su visión de Iglesia deben ser excluidos. Tal exclusión, a menudo agresiva y violenta, es comunicada en red como excomunión (del latín, excomunicatio) de los supuestos ‘herejes’, o sea, de todos aquellos que se desvían de ese imaginario eclesial. Para ello, se opera una excomunicación”.

El periodista explica: “Excomunicar” se refiere al silenciamiento o al aniquilamiento de otra comunicación, para que el discurso propio se haga único y dominante. “Excomunicando” a los propios hermanos en la fe, tales católicos van corroyendo la comunión eclesial. Al actuar comunicacionalmente como no cristianos, esas personas se autoexcluyen de la comunión eclesial. “Excomunicando”, se excomulgan.

La autoridad digital de estos católicos fundamentalistas no viene del saber teológico (academia) ni del poder eclesiástico (jerarquía), sino de un saber hacer y de un poder-hacer mediáticos. Muchas veces, se trata de personas sin ninguna relevancia o reconocimiento académicos o jerárquicos. Pero que captaron muy bien las lógicas de los medios digitales (saber-hacer) y dominan sus medios y lenguajes (poder hacer). Y así van conquistando visibilidad, notoriedad y autoridad social y eclesial, actuando en red como “inquisidores digitales”.

Sbardelotto recuerda, para terminar, las declaraciones de autoridad institucional sobre la comunicación católica, como el imprimatur (autorización de la Iglesia para la impresión de libros) y el nihil obstat (“nada impide”, permiso de la Iglesia para la publicación de libros). Pero tales “sellos de garantía” no tienen sentido en un ambiente “desordenado” como el digital. En red, es el propio individuo que se autocomunica como católico o no, es él mismo quien atribuye un “sello de catolicidad” a lo que lee, escribe y comparte.

El autor concluye: “Tertuliano, escritor eclesiástico de la Iglesia primitiva, testificaba que los primeros cristianos y cristianas vivían tan concretamente el ‘nuevo mandamiento’ de Jesús, que los paganos exclamaban, admirados: ‘¡Vean cómo se aman!’, distante a lo que se ve hoy en el ambiente digital”.

 

Fuente:

Conferência Nacional dos Bispos do Brasil

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