Marco Politi: ‘Los lobos acechan la revolución pacífica del Papa Francisco’

Marco Politi

9.00 p m| 12 jun 14 (PAGINA12/BV).- Los “lobos” usan la inercia y su personalidad latinoamericana como armas para desprestigiarlo, estima el vaticanista Marco Politi en una entrevista concedida a Página/12. “Está en curso una batalla muy seria entre el proyecto reformista de Francisco y sus varios opositores. Pero es una oposición silenciosa, que se manifiesta de forma muy agresiva a través de los portales de internet”, explicó Politi.

Acompaña a la entrevista un análisis del P. Rafael Fernández Hart SJ, quien a propósito de las palabras de Politi, desarrolla dos observaciones sobre la revolución de Francisco: no hay duda que está en proceso y no constituye una amenaza. Además explica a qué podría obedecer la resistencia antes mencionada.

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Los abiertos defensores del Papa Francisco dentro de la Iglesia todavía no se hacen sentir. Es más: en la curia romana, es decir los prelados que trabajan en el Vaticano, se está dando una difícil batalla entre el proyecto reformista del pontífice argentino y sus opositores que, con una resistencia pasiva y con la inercia, hacen que las cosas no cambien. Esta es la tesis que sostiene en su último libro, Francesco tra i lupi (“Francisco entre los lobos”, Editorial Laterza), uno de los más prestigiosos vaticanistas de Italia, Marco Politi.

Politi comenzó a trabajar como periodista vaticano en 1971 y lo hizo para dos grandes diarios de la capital italiana: Il Messaggero y La Repubblica. Actualmente es columnista del periódico Il Fatto Quotidiano. “Francisco entre los lobos” es su octavo libro, todos relacionados con su experiencia vaticana.

¿Quiénes son los “lobos” de su libro?

Los lobos son los adversarios del papa Francisco en la curia y fuera de la curia, pero también en el mundo económico, sobre todo cuando apunta su dedo a nivel global contra las injusticias de la gestión de la economía. El no está en contra de la economía de mercado, pero ataca la gestión de esa economía, sobre todo financiera. Todos aplauden, pero ninguno da un paso. Hay una fuerte resistencia pasiva al Papa en el campo económico, por los cambios que está haciendo en la estructura económica de la Santa Sede, entre otros en el IOR, el banco vaticano. En Italia hay una serie de entrelazamientos entre monseñores y gente de negocios, incluso ex miembros de los servicios secretos. Un caso fue el de monseñor Scarano (N. de la R. hoy arrestado), que intentó traer 20 millones de euros ilegalmente desde Suiza en un avión. Quien manejaba el avión era un ex miembro de los servicios secretos.

Usted menciona en el libro las palabras del juez Gratteri. ¿Piensa que sería posible un atentado contra Francisco?

Francisco está tocando grandes intereses y la alarma de Gra-tteri es muy seria. El Papa no quiere especiales medidas de seguridad. Ha decidido encomendarse completamente a la providencia. La gendarmería vaticana está aterrorizada de que él beba como si nada de una botella que le da alguno del público durante las audiencias generales.

¿Quiénes son los “lobos” a nivel religioso?

Está en curso una batalla muy seria entre el proyecto reformista de Francisco y las oposiciones. Los opositores son variados y en la jerarquía eclesiástica, tanto en Roma como fuera de Roma, no se manifiestan abiertamente. Esta oposición silenciosa se manifiesta a través de portales de Internet que son muy agresivos. Hay muchos, de pequeños grupos católicos, que antes no eran importantes, pero que ahora son nutridos por los opositores. Hay portales de este tipo en Italia, en Alemania, en América latina. Acusan al Papa de demagogia, de populismo, de disminuir el primado papal, de llevar a una “protestantización” de la Iglesia y de hablar demasiado de pobreza.

¿Todos los opositores coinciden en las críticas?

No. Por eso hablo de oposiciones, en plural. Porque puede haber prelados que están a favor de un punto y en contra de otro. Por ejemplo, puede haber prelados que dicen “sí, démosles la comunión a los divorciados vueltos a casar”, pero no aceptan que las mujeres lleguen a cargos de poder en la Iglesia. O puede haber otros que piensan que no se debe ser tan duro con los homosexuales, pero se oponen netamente al matrimonio homosexual. Entre los que han votado a este Papa hay algunos que dicen, siempre privadamente, que habla demasiado.

Los que hacen estas críticas son en su mayoría prelados no europeos. Las oposiciones también se manifiestan a través de una resistencia pasiva y de la inercia. Dicen “sí, sí”, pero luego no hacen nada. Están observando solamente. Algunos porque están desorientados o porque esperan las resoluciones del comité de cardenales asesores conocido como G8 para reaccionar, otros porque esperan que otros reaccionen antes. Hay quien quiere esperar las resoluciones del Sínodo de Obispos de octubre sobre la familia.

Algunos le critican también su estilo, su simplicidad…

Francisco es afectuoso, quiere que el Papa sea a la vez obispo y sacerdote. También Juan Pablo II era afectuoso, pero él era un emperador que iba hacia el pueblo, mientras que Francisco se pone al mismo nivel del pueblo. Quiere humanizar la figura del Papa, quiere que deje de tener esa áurea de emperador romano. Y no todos ven esto con buenos ojos. En la curia a veces lo justifican, diciendo que es su estilo latinoamericano. Pero presentándolo de este modo, en realidad se quieren disminuir sus novedades. Es decir, quieren significar que se trata de una cosa personal, no de un cambio de la Iglesia.

¿Cuánta importancia ha tenido en todos estos cambios la experiencia argentina de Francisco?

Creo que el Papa ha sido marcado profundamente por su experiencia en Buenos Aires. Francisco es el único Papa en absoluto, de la época moderna, que viene de una metrópoli. El no viene “del fin del mundo”. El viene de una metrópoli con más de 15 millones de habitantes, donde hay de todo: súper ricos que viven como europeos, situaciones de pobreza o de casi esclavitud. Ningún pontífice ha tenido esta experiencia. Juan Pablo II venía de una pequeña ciudad polaca; Ratzinger, de una pequeña ciudad de la Baviera; Juan XXIII, de un pueblo del norte de Italia. Todos estos papas venían del mundo católico. Francisco viene de una realidad donde convivían culturas, religiones y etnias diferentes. Y eso le da una apertura que otros papas no han tenido. Es la primera vez, por ejemplo, que un pontífice lleva consigo a un musulmán al Muro de los Lamentos en Israel.

A un año y medio de pontificado, ¿los “lobos” podrían acorralarlo?

En el Vaticano hay un núcleo duro, rígido, al que pertenecen varios cardenales. Pero el objetivo de Francisco es desarrollar una estrategia inclusiva. El no quiere crear el partido de los “bergoglianos”. En el G8, por ejemplo, están todas las tendencias, conservadores como el cardenal australiano George Pell, centristas como el alemán Reinhard Marx y reformistas como el hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga y el estadounidense Sean Patrick O’Malley. Francisco persigue una estrategia inclusiva: es su método como Papa.


Análisis del P. Rafael Fernández Hart SJ. sobre las palabras de Marco Politi

Un conocido vaticanista italiano, Marco Politi, decía en una entrevista que “los lobos acechan la revolución pacífica que el Papa Francisco emprendió y usan su personalidad latinoamericana como arma para desprestigiarlo”. Esta opinión podría tener razón de ser al provenir de una persona que, se puede decir, está informada. Pero hagamos un análisis. Quiero, en primer lugar, mostrar que hay, efectivamente, una revolución en proceso; en segundo lugar, insistiré en que una revolución como la que encabeza el Papa no constituye una amenaza; finalmente, explicaré a qué podría obedecer una resistencia ultraconservadora.

1. Hay una revolución en proceso; la hemos visto constituirse y poco a poco vemos cómo se despliega. El Papa Francisco no hace ruido. Instaura gestos con profundo sentido simbólico. Algún periodista un tanto pesimista dejaba entender que este Papa sólo sonreía, pero no es así. De los distintos gestos que hemos visto, los que más llaman la atención son aquellos que muestran la urgencia de abrir, una vez más, la Iglesia al mundo, es decir la Iglesia puede dejar caer los juicios morales sobre las personas.

Este gesto evangélico es central porque sólo puede haber diálogo cuando se suspenden los juicios morales que pesan sobre los demás. Este dispositivo, es mucho más que una sonrisa; es lo que el Vaticano II había propuesto como el modo propio de la Iglesia de estar en el mundo. Con el Papa Francisco estamos reencontrando un estilo propuesto por el último concilio, pero no hay vuelta atrás; esta revolución está produciendo una conciencia nueva, una identidad nueva, una esperanza nueva entre creyentes en un Dios que está por encima de las diferencias culturales y religiosas.

2.  Esta revolución no es una amenaza. Una revolución supone poner en cuestión un statu quo. Tengo ganas de decir que el Papa Francisco está cuestionando una forma de vivir en automático. Y es que en efecto, pienso que la Iglesia se acostumbró a hacer vivir un sistema que caminaba al lado de la historia y del mundo. Cuando digo “al lado” quiero decir que caminaba en una línea paralela sin mayor posibilidad de encuentro. La Iglesia, más que cualquier institución, sabe que el mejor modo de conservarse como interlocutor válido del mundo, de su historia y de su política es poniendo en cuestión sus propios olvidos o negligencias con respecto al evangelio que profesa.

En este sentido, San Juan XXIII, poco antes del concilio Vaticano II, hablaba de una Iglesia pobre y de los pobres como lo ha hecho, con insistencia, el Papa Francisco. ¿Qué hay en la pobreza que pueda ser relevante? Carencia, abandono, testimonio. Ella es la condición que hace posible esta revolución. En primer lugar porque hace mirar en dirección de la única posesión relevante: Dios. En segundo lugar porque recuerda una comunión con el género humano más allá de todas las cosas que le ponemos encima. De esta pobreza emerge algo nuevo: fraternidad. En tercer lugar porque nos hace descubrir que no nos debemos a nada de lo que tenemos. La pobreza engendra nuestra libertad. ¿Por qué temer a una revolución de este tipo? Estas tres razones (sólo ejemplos) ¿no son acaso las piedras de toque de un reino, de esta utopía que cualquiera en su sano juicio querría?

3. Estoy de acuerdo, hay fuerzas ultraconservadoras que están en campaña y si no las miramos cara a cara se escurrirán por nuestra espalda para frenar cualquier cosa que sepa a novedad. Las palabras de Jesús en el Apocalipsis (“hago todas las cosas nuevas”) son demasiado grandes. Marcel Gauchet, estudioso francés de los procesos de constitución de las democracias modernas, explica con lucidez cómo se articulaban religión y política y en qué ha devenido esta relación.

La religión fue un principio estructurante de la sociedad. Ya no lo es porque la sociedad civil tiene otros modos de organización. El Estado cumple funciones que antes cumplían las religiones. Pero en esta distinción, Gauchet no sólo reconoce que el Estado ha tomado la posta de la función religiosa. El subraya que las religiones descansan sobre algo anterior, sobre un pasado inmemorial y su procedimiento consiste en asegurar la permanencia de dicho pasado. La sociedad civil reunida en torno al Estado, en cambio, una vez que adquirió su autonomía, se puso a mirar hacia el futuro.

El ultraconservadurismo vive de un concepto de religión que no está a la medida del adulto porque se ha dejado atar por un pasado no reflexionado como ocurría en las religiones de carácter mágico. No creo que la religión sea mágica. Nuestra religión, como la mayor parte de ellas, lo fue en algún momento, pero las bases de la religión cristiana no están en un pasado inmemorial, sino en un futuro que nos llama desde hace mucho.

Aun cuando haya quienes temen toda novedad porque han perdido la esperanza en la vida, no deberíamos dejarnos engañar, ni contagiar ese desánimo; y menos aún deberíamos olvidar que podemos mirar a la vez al futuro, como una sociedad civil autónoma, y conservar la necesaria dosis de animación espiritual. La Iglesia tiene y tendrá un espacio en las sociedades civiles contempoaráneas y en la constitucion de las democracias si sabe revisar sus instrumentos para interpelar al mundo.


Fuentes:

Página/12
Blog Mistagogía

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