Dicho error se vuelve más obvio y patético durante las fiestas patrias, cuando se exacerba el componente militar de las celebraciones, reforzando de ese modo el sentido castrense que se le quiere impregnar a un sentimiento de cariño a la patria que no tiene por qué vincularse exclusivamente a un fusil, un tanque –incluso si es chino y prestado para un desfile- o una marcha de tambores de guerra.
En este contexto cobra especial relevancia el papel de los desfiles de Fiestas Patrias, desde los que organizan tradicionalmente las fuerzas armadas el 29 de julio hasta los que replican los colegios con los desfiles escolares militarizados.
En este sentido, quiero aunarme a los comentarios realizados en estos días por educadores como León Trahtemberg o Idel Vexler en contra de los desfiles escolares militarizados como forma exclusiva de expresión patriótica. La celebración de las Fiestas Patrias no debe limitarse a los desfiles escolares.
En este sentido, es valiosa la disposición del Ministerio de Educación de prohibir que se destinen horas de clase al ensayo de desfiles escolares y, simultáneamente, animar a los colegios a celebrar las Fiestas Patrias con expresiones de otra índole, como actividades culturales o deportivas, pasacalles, o campañas de ayuda comunitaria.
El fortalecimiento de la identidad peruana, de la conciencia histórico-nacional y el homenaje a nuestros héroes no solo se puede realizar con competencias de levantamiento de piernas. La patria es, aunque con frecuencia no se den cuenta las autoridades civiles del ámbito militar, algo mucho más amplio que la perspectiva que se tiene desde un cuartel.■
Artículo «El monopolio del amor a la patria» escrito por el periodista ©AUGUSTO ÁLVAREZ RODRICH, publicado en La República, el sábado 17/07/2010.