¿REALMENTE QUÉ TAN RENTABLE PODRÍA SER INVERTIR EN OTRAS MONEDAS?

Siendo ciento por ciento prácticos, para comparar rentabilidades, lo primero que tendríamos que tener en cuenta es el riesgo involucrado a cada alternativa de inversión. Sería faltar a la verdad el decir que un instrumento es más rentable que otro, o que la inversión en una moneda es mejor que en otra, si no se menciona explícitamente los niveles de riesgo involucrados en cada alternativa. Algunos ejemplos podrían ayudar a explicar y entender mejor los conceptos relacionados al riesgo de las inversiones.

En general, el principal factor de riesgo que deberíamos tener en cuenta siempre es la inflación o variación de precios. A nadie le dará lo mismo consumir S/ 100 hoy que guardar ese billete en el cajón un tiempo y usarlo para consumir después, cuando su poder adquisitivo sea menor. Así, lo primero que deberíamos hacer para comparar diferentes alternativas de rentabilidad es medirlas en términos reales, es decir, comparando sus rendimientos ajustados por inflación.

No obstante, en un mundo cada vez más interconectado, las variaciones de los tipos de cambio son los factores de riesgo con los que nos enfrentamos cada vez más frecuentemente. Incluso muchas veces las posibilidades de invertir en otras monedas ya están solo al alcance de un clic por internet. Igual, la metodología a utilizar para comparar sería básicamente la misma: comparar rendimientos ajustados por el riesgo de la variación de precios y de tipos de cambio.

Así, si tuviéramos dos o más alternativas de rentabilidades en diferentes monedas, para compararlas bastaría ajustarlas por las inflaciones de cada país involucrado. Por ejemplo, un 5% en pesos mexicanos no sería más rentable que un 3% en soles, si la inflación en México fuera 5% y la inflación en el Perú 2%. En este caso, ¡el 3% del Perú sería más rentable que el 5% en México, pues, la rentabilidad real de 1% en el Perú sería mayor que la de 0% en México!

Pero alguien podría decir: “Nada, nada, ese 5% no lo voy a consumir en México porque voy seguir viviendo en el Perú”. En ese caso, ya no interesará tanto la inflación de México, sino la apreciación o depreciación del peso mexicano respecto del sol. Por ejemplo, si el peso mexicano se depreciara 1% respecto del sol, entonces el 5% de rentabilidad nominal del peso mexicano habría sido 4% expresado en soles nominales y 2% expresado en soles reales, lo que sí sería mayor al 3% nominal del Perú, que seguiría equivaliendo a 1% en soles reales.

Nótese que se han mantenido constantes todos los otros tipos de riesgo. Esto significa que hemos asumido que las alternativas de rentabilidad en México y el Perú son ofrecidas por una misma contraparte, en un mismo tipo de instrumento y para un mismo plazo, asumiendo además que no había mayores costos o gastos de transacción. Si la contraparte o el instrumento o el plazo no son los mismos, habría que hacer ‘los ajustes’ respectivos, igual que si hubiera comisiones, impuestos u otros gastos directamente atribuibles.

Por tanto, la comparación de rentabilidad en otras monedas, no solo depende de los riesgos de inflación y tipo de cambio, sino de los otros tipos de riesgo y costos de transacción involucrados. Y casi por definición, o arbitraje, las supuestas mayores rentabilidades ofrecidas por otras alternativas, dentro o fuera del país, en promedio están “compensados” por los mayores riesgos involucrados o, en el peor de los casos, por los gastos cobrados por la intermediación financiera utilizada, ya sean explícitos o implícitos.

La moraleja quizá sería que la única manera de monetizar mejor las diferencias de rentabilidades sea conociendo y gestionando mejor los verdaderos niveles de riesgo involucrados. Casi nadie conoce mejor el riesgo de un negocio que sus propios directivos, empleados, proveedores y clientes. Casi nadie incurre en menores gastos que quien sabe cómo hacer prevalecer eficazmente sus derechos, aún si le fallara su propio intermediario financiero.

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