UNA ECONOMÍA ESTRANGULADA POR EL DESCALCE ENTRE SUS PASIVOS DOLARIZADOS Y SUS INGRESOS SOLIZADOS

Tan dolarizado estará el pensamiento financiero y monetario en el Perú, que al deseado proceso de desdolarización de las principales variables de la economía se le ha llegado a llamar “solarizar”, en lugar de “solizar”, como si la moneda local fuera el “sólar” y no el “sol”.

Una variable está “dolarizada” cuando su valor en términos de dólares nominales (u otra moneda extranjera) se tiende a mantener constante, ya sea porque su precio cobrado directamente en moneda extranjera se mantiene sin cambios mayores o porque su precio cobrado en moneda local se ajusta (se indexa) a la evolución del tipo de cambio, preservando su valor nominal medido en moneda extranjera. En cambio, una variable está “solizada” cuando mantiene su valor respecto del sol (u otra moneda local), independientemente de que sus precios estén o no denominados en soles.

A nivel agregado, el descalce entre pasivos dolarizados e ingresos solizados ocasiona que la economía se extrangule ante cualquier intento de reactivación que pretenda favorecer una depreciación de la moneda local o ante cualquier choque externo que efectivamente la produzca. La estrangulación se produce porque la depreciación eleva el valor de las deudas y demás pasivos pactados en moneda extranjera, al ser convertidos en moneda local al tipo de cambio vigente, sin que los agentes económicos puedan trasladar efectivamente los efectos del riesgo cambiario, ya sea incrementando sus precios (sin afectar los volúmenes de venta) o incrementando sus ingresos netos en general, en la misma proporción, sin importar la moneda en la que los reciban.

Si bien teóricamente una depreciación pueda impulsar la reactivación de una economía, al hacer que sus precios de exportación, convertidos a dólares, sean más competitivos; sin embargo, este efecto se ve contrarrestado por la inflación de precios internos que pueda transmitir dicha depreciación. Por ello, se supone que la depreciación de la moneda local será más beneficiosa cuanto menor sea el coeficiente de transmisión entre depreciación e inflación. No obstante, en los años 90 en el Perú esta condición fue paradójicamente perjudicial por ese descalce entre poder adquisitivo mayormente solizado y el endeudamiento mayoritariamente dolarizado.

En el Perú, los choques externos de 1998 y las políticas de gobierno de 1999 produjeron y favorecieron depreciaciones bruscas, no temporales, que ocasionaron el estrangulamiento recesivo de la economía en su conjunto. Hubo un efecto riqueza negativo para la gran mayoría de deudores de créditos en dólares, pues no generaban ingresos efectivamente dolarizados, aunque algunos ilusamente los siguieran cobrando en dólares, como en los casos de la venta de inmuebles o el cobro de arriendos de alquiler. Teóricamente el crédito en soles era muy limitado por los problemas de hiperinflación que se vivieron a fines de los años 80, a pesar de que incluso en esos años el nivel de dolarización no llegó a ser tan alto como en los años 90, cuando ya había una estabilidad monetaria.

Posteriormente, la recesión económica y la contracción del crédito comercial bancario se prolongarían varios largos años porque el efecto riqueza negativo no se revirtió ni se compensó. Este proceso disminuyó la capacidad de pago e incrementó la morosidad crediticia, lo que a su vez requirió de un incremento en las provisiones bancarias para incobrables e inhibió una salida más rápida del estancamiento en el que se encontraba toda la economía.

 

Fuente:

JIMÉNEZ SOTELO, Renzo A. (2001) Perú: Una economía estrangulada por el descalce entre la dolarización de los pasivos financieros y la solarización del poder adquisitivo de sus agentes económicos. Lima: Universidad del Pacífico. (https://mpra.ub.uni-muenchen.de/26615/)

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