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¡Ay de aquel que comienza por callar pecados en la confesión!

¡AY DE AQUÉL QUE COMIENZA POR CALLAR PECADOS EN LA CONFESIÓN!

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Discípulo. —Padre, ¿acaso la causa de que antes se dejen engañar del demonio para callar sus pecados en la confesión y repetir tales sacrilegios, no serán los sacerdotes y confesores que no indagan, no interrogan, no impiden que se hagan malas confesiones?

Maestro. — ¡Pobres sacerdotes y confesores! — Ellos saben y ven muchas veces que ciertas almas dejan bastante que desear, pero frecuentemente temen faltar al recato, temen faltar por falta de delicadeza al interrogar para poner en claro ciertas cosas. Y así, con ciertas personas, no se atreven del todo a interrogarlas, por si no es prudente: se deja correr el agua por su cauce, y Dios proveerá. Del mismo modo, que un padre y una madre siempre quieren pensar bien de sus hijos, y sienten al tener que dudar de su conducta de su inocencia, así el pobre párroco, el confesor con respecto a sus hijos espirituales.

Discípulo. –– ¿Y entonces?

Maestro — Entonces se tira adelante hasta que Dios ponga su mano. He aquí por qué en ocasión de ejercicios espirituales, de misiones, por Pascua y en otras semejantes, se hallan frecuentemente algunos que habiendo tenido la desgracia de callar alguna vez ciertos pecados en la confesión, han continuado cometiendo tales sacrilegios por años y más años, hasta que tocados por una gracia especial, y habiendo encontrado un confesor paciente y experimentado pueden, finalmente, abrir los ojos, y tranquilizar su conciencia atormentada largo tiempo por crueles remordimientos.

Se predicaban los ejercicios espirituales en una importante parroquia de Piamonte. En aquellos días se confesaba a más no poder, y observé a cierta persona de aspecto muy triste y compungido, que merodeaba alrededor de los confesonarios. No le di importancia; mas de aquí, que una tarde se arrodilla a mis pies y me dice:

—Padre: ayúdeme, soy muy desgraciada. Hace quince años me confieso mal, no he hecho más que sacrilegios… y prorrumpió en llanto.

—Bueno, anímese Ud., repásele, Dios tendrá misericordia de Ud., Jesús, será también infinitamente misericordioso y bueno para con Ud. Dígame: ¿Cuántos años tiene? — ¿Cómo fue a enredarse en estos pecados?

—Tengo 27 años; a los 12 apenas, por causa de una curiosidad ilícita, cometí mi primer pecado, el cual no me atreví confesar. Con aquel sacrilegio me acerqué a la Comunión, y desde aquel día fue una no interrumpida cadena de pecados y sacrilegios hasta el presente. Mucho he rogado, mucho he llorado, he hecho peregrinaciones, más todo inútilmente. Me confesaba cada mes y aún con más frecuencia; en ocasión de ejercicios espirituales, he hecho confesiones generales, pero siempre este pecado lo he callado de pura vergüenza.

—Y ¿quedaba usted satisfecha de sus confesiones, tranquila en sus comuniones?

— Oh, padre, si supiese qué agudos remordimientos, qué espinas punzaban mi corazón cada vez

— ¿Y por qué pasó tanto tiempo en esta forma?

— ¡Porque fui una estúpida, por eso! Un tremendo miedo de las reprensiones del confesor, me cerraba la boca y un gran respeto humano de mis compañeras, me empujaba a la Comunión en este estado.

— ¿Cuánto tiempo hace que se confesó?

— ¡Ah, Padre! me he confesado ya tres veces en esta misión, con tres diversos confesores, siempre con el propósito firme de resolverme de una vez a decirlo todo, mas llegado el momento, sentí como un cruel nudo que me apretaba la garganta y siempre callé tal pecado.

— Y ahora, ¿cómo lo ha podido manifestar?

— Padre, su sermón de esta tarde sobre la necesidad de confesarse bien, aquellas palabras que usted repetía: “probadlo y veréis cuan bueno es Jesús”, me han conmovido y me he decidido a ello a toda costa.

Ayudada por el confesor, hizo una de aquellas confesiones generales, las más consoladoras, y recibida la absolución, no acababa de repetir:

— Basta ya de pecados y de sacrilegios. Lo diré a todos que he probado y he visto cuan bueno es Jesús.

Discípulo. — Estos casos son consoladores, ¿no es verdad Padre? y menos mal que todavía se corrigen a tiempo.

Maestro. — Mas ¡cuántos no se enmiendan ni siquiera en la hora de la muerte! Es cosa para llorar, pero muy cierto. No es raro encontrar moribundos que ya con un pie en la sepultura, se obstinan en callar los pecados no confesados o mal confesados desde su juventud, y en este estado entran en la eternidad.

Discípulo. — ¡Pobrecitos!

Maestro. — Llámales, más bien desgraciados. ¡Ay del que comienza!

Discípulo. — Y la misericordia infinita de Dios ¿no vendrá en su ayuda?

Maestro. — ¿Se puede suponer que siempre quiera Dios usar de misericordia en el trance de la muerte con quienes durante su vida, abusando de su misma misericordia, le han injuriado con tales sacrilegios? Y además, la mayor parte de las veces, no invocan la misericordia divina, antes la desprecian frecuentemente.

Varios hechos te persuadirán de lo que te voy diciendo:

El Padre Del Río, refiere de una joven sirvienta que se confesaba con frecuencia, porque así lo deseaba su señora, más por vergüenza, se obstinaba en callar los pecados deshonestos. Cayó gravemente enferma por primera vez y a ruegos de la señora se confesó, pero sacrílegamente, una vez que sanó, después de muchos cuidados, solía con frecuencia burlarse de sus compañeras, y poner en ridículo el celo de su ama y el del confesor, por inducirla a que se confesase bien. Recayó por segunda vez más gravemente enferma, y la señora mandó de nuevo llamar al sacerdote, el cual vino y con toda la piedad y paciencia que Dios concede en semejantes casos procuró inducir a aquella desgraciada a que hiciera una sincera y dolorosa confesión. Todo fué inútil. Siempre obstinada durante su larga agonía en defenderse y callar los pecados, rehusaba hasta el repetir las jaculatorias e invocaciones que le sugería el confesor, mostrándose fastidiada de aquellas cosas y aún de la presencia del sacerdote. Y cuando, por fin, éste viéndola en el término de su vida, le ruega que bese el crucifijo, ella, con un esfuerzo supremo, lo aleja de mal modo de sí y mirándolo con desprecio dice: “Quitad de mi vista ese Cristo, que no tengo necesidad de Él”. Luego volviéndose de espaldas, con un horrible suspiro, expiró aquella alma impenitente y sacrílega. ¡Ay del que comienza!

Otro caso semejante refiere el Padre Agustín de Pusignano, del que fue testigo él mismo. Una infeliz mujer callaba en la confesión los pecados más graves. No obstante los sermones que oía contra esta vergüenza sacrílega, no obstante las más amorosas exhortaciones, y los más agudos remordimientos de conciencia, no le decidían a aprovecharse. Agotada la misericordia de Dios, la hirió una violenta enfermedad que la puso en trance de muerte. Se llamó en seguida al confesor, más la infeliz apenas lo vio exclamó:

— Padre, habéis llegado a tiempo de ver bajar al infierno a una falsa penitente. Me confesaba con frecuencia, mas dejándome siempre los pecados más graves.

— Pues bien, confiésalos ahora le responde el sacerdote.

— No puedo, no puedo, gritó desesperada. Pasó ya el tiempo de la misericordia y ha llegado ya el de la justicia.

Y enfureciéndose y contorciendo rabiosamente su cuerpo, expiró, dejando en todos los presentes la más triste y horrible impresión.

Refiere San Alfonso de un señor que en apariencia tenía buena conducta, pero que se confesaba mal, que habiendo caído gravemente enfermo, fue a visitarlo el Párroco, el cual le exhortó a que recibiera los Sacramentos, pues se encontraba en peligro de muerte. El enfermo, no obstante, rehusaba confesarse.

— ¿y por qué, mi caro señor, no se quiere confesar?

— Ah, responde el enfermo: ¡porque estoy condenado! Dios, en castigo de mis sacrilegios, me quita la voluntad y la fuerza para repararlos.

Dicho esto, empezó a morderse la lengua, y a revolverse desesperadamente y a gritar: “¡Maldita lengua, maldito silencio, malditos sacrilegios!”

Más terrible aún es el hecho siguiente que se lee en la vida de San Francisco de Borja.

Un gentilhombre, que vivía habituado a los vicios más abominables, fue atacado de una enfermedad mortal. Los parientes y amigos, estaban alrededor para inducirlo a pensar y proveer por su alma y para que se dispusiera a hacer una buena confesión; mas el solo nombre de la confesión bastaba para ponerlo furioso. Se llamaron varios sacerdotes y finalmente el mismo San Francisco de Borja, el cual, viendo la obstinación de aquel moribundo, pensó en recurrir al Crucifijo. Tomándolo, pues, con la mano, se acerca al lecho y en nombre del mismo Jesús, que murió por nosotros, le conjura a que doblegue su obstinación y se confiese. El enfermo no quiere saber nada, sacude la cabeza y se vuelve de espaldas. Entonces San Francisco se va frente al enfermo y le repite con mayor dulzura las exhortaciones e insistencias de antes, pero el enfermo de nuevo se vuelve a la otra parte para no escucharlo, y ¡oh terrible prodigio! El crucifijo que tenía el Santo en la mano, desclavó su mano derecha y tomando de la sangre que en aquel momento brotó de su costado abierto como si estuviera vivo, la arrojó al rostro de aquel obstinado, diciendo en voz alta: “Esta sangre que no quieres para tu salvación, que sea para tu condenación eterna”. A tales palabras y a vista de tales cosas el moribundo lanza un grito desgarrador y muere en el acto.

Discípulo. —Basta, Padre, son cosas que le llenan a uno de espanto. Yo por mi parte, jamás querré cometer sacrilegios.

Maestro. — ¡Muy bien! mantén tan santa resolución. ¿Y por qué dejarse dominar del demonio mudo, pisotear la Sangre de Jesucristo, trocar la medicina en veneno y obligarle a condenarnos, cuando su deseo más ardiente es salvarnos?

Presbítero. José Luis Chiavarino

“CONFESAOS BIEN”

Fuente: BLOGSPOT SAN MIGUEL ARCANGEL

Consejos del Padre Carlos Cancelado para hacer una buena Confesión

CONSEJOS DEL PADRE CARLOS CANCELADO PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN

padre carlos cancelado krouillong comunion en la mano es sacrilegio (2)

El Padre Carlos Cancelado recomienda REZAR para pedir a tu Santo Ángel de la Guarda que te ayude a recordar todos tus pecados, luego debes hacer tu EXAMEN DE CONCIENCIA revisando losMANDAMIENTOS DE DIOS, uno por uno, y escribirlos para no olvidarlos.

Debes tener verdadero DOLOR DE TUS PECADOS y firme PROPÓSITO DE ENMIENDA, es decir, que luego de conocer y recordar tus pecados debes no querer volverlos a cometer jamás, porque has comprendido que con ellos has ofendido a Dios.

Antes de ir a confesarte debes orar a Dios y pedirle un BUEN SACERDOTE QUE TE COMPRENDA Y TE ACONSEJE BIEN, pedirle a tu Santo Ángel de la Guarda y a San Miguel Arcángel que te guíen en tu camino para encontrar el Confesor que Dios quiere para ti, que te protejan en el camino y que no permitan que los demonios se interpongan e impidan tu confesión.

Debes ir primero al SAGRARIO y leerle todos tus pecados a JESÚS, tal y como se los vas a decir al Sacerdote; luego debes ir al Confesionario y debes CONFESAR TODOS TUS PECADOS QUE HAS RECORDADO sin ocultar ninguno ni justificarte, solo lee la lista que has hecho y los que hayas olvidado los recordarás ahí mismo.

Por último, deberás cumplir la PENITENCIA que te dé el Sacerdote Confesor y LISTO.

Espera la Santa Misa y comulga con tu alma limpia, sé constante y fuerte para no volver a pecar.

No olvides romper la lista hecha luego de tu confesión.

padre carlos cancelado krouillong comunion en la mano es sacrilegio (1)

En tu juicio personal habrán solo tres testigos: Dios que te juzgará, tu Santo Ángel de la Guarda que presentará tus obras buenas y Satanás que estará listo para reclamarte por tus obras malas. Tú responderás solo en tu juicio personal, que tus obras buenas respondan por ti es la Gracia que te deseo.

Escuchen al Santo Cura de Ars hablándonos del JUICIO PARTICULAR

Confiesa tus pecados al sacerdote de manera recta y honesta, clara y puntual, con una sinceridad “salvaje”, sin miedos ni culpas. Sé valiente y ¡Confiésate bien! con ayuda de tu Guía para una buena confesión.

Consigue tu GUIA PARA UNA BUENA CONFESIÓN y ¡Confiésate Bien!

Recuerda que los demonios son RESPONSABLES del pecado pero tú eres CULPABLE por no haber resistido la tentación y por ofender a Dios con el pecado.
Además, los demonios te quitan la culpa para que peques y luego cuando te quieres confesar te la regresan.

Asume y ahora ¡Confiésate bien!

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Que Dios les conceda a todos la Gracia de una sincera conversión y una buena confesión.

Karla Rouillon Gallangos

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Del Camino Recto y Seguro para llegar al Cielo, por San Antonio María Claret

 

DEL CAMINO RECTO Y SEGURO PARA LLEGAR AL CIELO

Del Camino Recto y Seguro para llegar al Cielo, por San Antonio María Claret

Hasta ahora te he propuesto, amado cristiano, el camino que debes seguir y el modo de poderte levantar, si por desgracia cayeres, que es el sacramento de la Penitencia. Exige, sin embargo, este Sacramento mucha disposición para acercarse a él debidamente, porque, de otra suerte, en lugar de levantarte te hundirás más en la iniquidad, añadiendo a tus pecados el peso enorme del sacrilegio; y si así, mal confesado, te acercases a la sagrada Mesa, ¡ay de ti!, ¡qué otra nueva maldad cometerías! Te harías reo del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, y te tragarías, como dice San Pablo, la condenación. A fin, pues, de apartarte de tan enorme delito, voy a referirte algunos ejemplos de varios estados, copiados de San Alfonso Ligorio en su libro titulado Instrucción al pueblo.

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1.º Ejemplo de un hombre que hacía malas confesiones, y después, cuando quiso confesarse debidamente, no pudo; porque bien lo expresa el mismo Dios cuando dice: Me buscaréis y no me hallaréis y moriréis en vuestro pecado. Dice San Ligorio que en los anales de los Padres Capuchinos se refiere de uno que era tenido por persona de virtud, pero se confesaba mal. Habiendo enfermado de gravedad, fue advertido para confesarse, e hizo llamar a cierto Padre, al cual dijo desde luego: -Padre mío: Decid que me he confesado, mas yo no quiero confesarme. -¿Y por qué?, replicó admirado el Padre. –Porque estoy condenado -respondió el enfermo-, pues no habiéndome nunca confesado enteramente de mis pecados, Dios, en castigó, me priva ahora de poderme confesar bien. Dicho esto comenzó a dar terribles aullidos y a despedazarse la lengua, diciendo: -¡Maldita lengua, que no quisiste confesar los pecados cuando podías! Y así, haciéndose pedazos la lengua y aullando horriblemente, entregó el alma al demonio, y su cadáver quedó negro como un carbón y se oyó un rumor espantoso, acompañado de un hedor intolerable.

2.º Ejemplo de una doncella, que murió también impenitente y desesperada. –Cuenta el Padre Martín del Río que en la provincia del Perú había una joven india llamada Catalina, la cual servía a una buena señora que la redujo a ser bautizada y a frecuentar los Sacramentos. Confesábase a menudo, pero callaba pecados. Llegado el trance de la muerte se confesó nueve veces, pero siempre sacrílegamente, y acabadas las confesiones, decía a sus compañeras que callaba pecados; éstas lo dijeron a la señora, la cual sabía ya por su misma criada moribunda que estos pecados eran algunas impurezas. Avisó, pues, al confesor, el cual volvió para exhortar a la enferma a que se confesase de todo; pero Catalina se obstinó en no querer decir aquellas sus culpas al confesor, y llegó a tal grado de desesperación, que dijo por último: -Padre, dejadme, no os canséis más porque perderéis el tiempo y volviéndose de espaldas al confesor se puso a cantar canciones profanas. Estando para expirar y exhortándola sus compañeras a que tomase el Crucifijo, respondió: -¡Qué Crucifijo, ni Crucifijo! No le conozco ni le quiero conocer. Y así murió. Desde aquella noche empezaron a sentirse tales ruidos y fetidez, que la señora se vio obligada a mudar de casa, y después se apareció Catalina, ya condenada, a una compañera suya, diciendo que estaba en los infiernos por sus malas confesiones.

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3.º Ejemplo de un joven. –En este ejemplo se deja ver claramente aquel principio: o confesión o condenación para el que ha pecado mortalmente, y que todas las obras buenas y penitencias, sin preceder la confesión, de nada sirven para salir del miserable estado de la culpa, a no ser que se tenga un deseo eficaz y verdadero de confesarse, si entonces no se puede. La razón es evidente: el pecado mortal tiene una malicia infinita; para curar esta llaga infinita es absolutamente necesario un remedio infinito; este remedio infinito son los méritos de Jesucristo aplicados por medio de los Sacramentos; resulta, pues, que si pudiéndose recibir los Sacramentos no se reciben, o a lo menos no se desean eficazmente recibir para cuando se pueda jamás se alcanza el remedio, como desgraciadamente sucedió al infeliz Pelagio.

Cuéntase en la crónica de San Benito de un cierto ermitaño llamado Pelagio, que, puesto por sus padres a guardar ganados, todos le daban el nombre de santo, y así vivió por muchos años. Muertos sus padres, vendió todos aquellos cortos haberes que le habían dejado, y se puso a ermitaño. Una vez, por desgracia, consintió en un pensamiento de impureza. Caído en el pecado viose abismado en una melancolía profunda, porque el infeliz no quería confesarlo para no perder el concepto de santidad. Durante esta obstinación pasó un peregrino que le dijo: -Pelagio, confiésate, que Dios te perdonará y recobrarás la paz que perdiste, y desapareció. Después de esto resolvió Pelagio hacer penitencia de su pecado, pero sin confesarlo, lisonjeándose de que Dios quizá se lo perdonaría sin la confesión. Entró en un monasterio, en donde fue al momento muy bien recibido por su buena fama, y allí llevó una vida áspera mortificándose con ayunos y penitencias. Vino finalmente la muerte, y confesóse por última vez; más así como por rubor había dejado en vida de confesar su pecado, así lo dejó también en la muerte. Recibió el Viático, murió y fue sepultado en el mismo concepto de santo. En la noche siguiente, el sacristán encontró el cuerpo de Pelagio sobre la sepultura; lo sepultó de nuevo; mas tanto en la segunda como en la tercera noche, lo halló siempre insepulto, de manera que dio aviso al Abad, el cual, unido con los otros monjes, dijo: “Pelagio, tú que fuiste obediente en vida, obedece también después de la muerte; dime de parte de Dios: ¿Es quizá su divina voluntad que tu cuerpo se coloque en lugar reservado?” Y el difunto, dando un aullido espantoso, respondió: -¡Ay de mí, que estoy condenado por una culpa que dejé de confesar; mira, Abad, mi cuerpo! Y al instante apareció su cuerpo como un hierro encendido, que centelleaba horriblemente. Al punto echaron todos a huir; pero Pelagio llamó al Abad para que le quitase de la boca la partícula consagrada que aún tenía. Hecho esto, dijo Pelagio que le sacasen de la iglesia y le arrojasen a un muladar, y así se ejecutó.

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4.º Ejemplo de la hija de un rey de Inglaterra: este caso es muy semejante al que antecede. –Refiere el P. Francisco Rodríguez que en Inglaterra, cuando allí dominaba la religión católica: el rey Auguberto tenía una hija de tan rara hermosura que fue pedida por muchos príncipes. Preguntada por el padre si quería casarse respondió que había hecho voto de perpetua castidad. Pidió su padre la dispensa de Roma, pero ella permanecía firme en no aceptarla, diciendo que no quería otro esposo que a Jesucristo; tan sólo pidió a su padre que la dejase vivir retirada en una casa solitaria, y como el padre la amaba, trató de no disgustarla, asegurándole una pensión cual a su rango convenía. Luego que estuvo en su retiro, se puso a hacer una vida santa de ayunos, oraciones y penitencias; frecuentaba los Sacramentos y asistía muy a menudo a un hospital para servir a los enfermos. Llevando tal género de vida, y joven todavía, cayó enferma y murió. Cierta señora que había sido su aya, haciendo oración una noche, oyó un gran estrépito, y vio luego un alma en figura de mujer en medio de un gran fuego y encadenada por muchos demonios, la cual le dijo: “Has de saber que yo soy la desdichada hija de Auguberto.” “¡Cómo!”, respondió la aya, “¿tú condenada después de una vida tan santa?” “Justamente soy condenada por mi culpa”, has de saber que siendo niña gustaba que uno de mis pajes, a quien tenía afición, me leyese algún libro. Una vez este paje, después de la lectura, me tomó la mano y me la besó. Empezó a tentarme el demonio, hasta que finalmente con él mismo ofendí a Dios. Fui a confesarme; empecé a decir mi pecado, y mi indiscreto confesor me interrumpió: “¡Cómo! ¿Esto hace una reina?” Entonces yo, por vergüenza, dije que había sido un sueño. Empecé después a hacer penitencias y limosnas, a fin de que Dios me perdonase, pero sin confesarme. Estando para morir dije al confesor que yo había sido una gran pecadora; respondiéndome el confesor que debía desechar aquel pensamiento como una tentación; después expiré, y ahora me veo condenada por toda una eternidad.” Y diciendo esto desapareció con tal estruendo, que parecía que se hundía el mundo, dejando en aquel aposento tal hediondez, que duró por muchos días.

Si esta infeliz se hubiese acercado debidamente al Sacramento de la Penitencia, cantaría al Señor cánticos de alabanza en el cielo; mas ahora, por su despreciable y maldita vergüenza, sirve de tizón en el infierno… ¡Y cuántas personas hay de todo estado, sexo y condición que experimentarán igual castigo si no acuden contritas a este Sacramento!

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5.º Ejemplo de una casada, muy parecido al antecedente; también lo refiere San Ligorio. –Cuenta el P. Serafín Razzi que en una ciudad de Italia había una noble señora casada que era tenida por santa. A punto de morir, recibió todos los Sacramentos, dejando muy buena fama de su virtud. Su hija rogaba de continuo a Dios por el descanso de su alma. Cierto día, estando en oración, oyó un gran ruido a la puerta; volvió la vista y vio la horrible figura de un cerdo de fuego, que exhalaba un hedor insufrible, y tal fue su terror, que se hubiera tirado por la ventana; mas la detuvo una voz que le dijo: “Hija, detente; yo soy tu desventurada madre, a quien tenían por santa; mas por los pecados que cometí con tu padre, y que por rubor nunca confesé, Dios me ha condenado al infierno; no ruegues, pues, más a Dios por mí, porque me das mayor tormento.” Y dicho esto, bramando, desapareció.

Tal vez, amado cristiano, preguntaras: ¿Es posible que un alma condenada aparezca? A esto te responderé que sí, y para sacarte de la duda quiero explicarte las razones. Escúchame, pues, y vamos por partes: “¿Tú bien crees en las santas Escrituras y en el Credo?” “Cierto que si” me contestarás, o de lo contrario te diría que eres un hereje. Pues de la Escrituras y del Credo, consta que nuestra alma es inmortal. La razón natural nos está clamando que es preciso que sobreviva al cuerpo nuestra alma, para que el pecador pueda recibir de Dios el castigo de sus pecados, que no recibió en este mundo; y el justo, el merecido premio de sus virtudes; de otra suerte, Dios no sería justo. Y se presenta esto tan claro, que aun el mismo Rousseau lo confesó diciendo: “Aunque no existiesen otras pruebas de la inmortalidad de nuestra alma que el triunfo del mal y la opresión de la virtud acá en la tierra, ésta sólo me quitaría cualquier duda que tuviese de ella.”

También sabes y crees, según el Credo, en la Remisión de los pecados, es decir que por muchos pecados que haya cometido una persona, si se confiesa bien de ellos, le quedan todos perdonados; pero si se muere sin haberse confesado debidamente, basta un solo pecado mortal para quedar condenado eternamente. Y así como la bien ordenada justicia de la tierra (que es una participación de la justicia del cielo) tiene cárceles y suplicios para encerrar y castigar a los malhechores, también la justicia del cielo tiene cárceles y suplicios en el purgatorio e infierno para los que mueren en pecado o no del todo purificados.

Sentados estos principios, valgámonos de una semejanza: ¿Has visto u oído referir que a veces el juez o el tribunal decreta que uno de los presos sea expuesto a la vergüenza y que otro sea azotado por los parajes más públicos? Y no todos los demás presos han de salir a la vergüenza, ni cuando sale aquél lo ven todos los habitantes del mundo, ni aun todos los de aquella ciudad por donde es paseado, sino algunos. Aplica ahora la semejanza: Dios Nuestro Señor, Juez supremo y dueño absoluto de vivos y muertos, en cualquier hora puede ordenar, y algunas veces ha ordenado, que algunos de los encerrados en las mazmorras del infierno, para confusión suya y escarmiento y utilidad nuestra, salgan de aquella cárcel y se aparezcan del modo más conforme al fin por el cual les manda aparecer. Y cuando aparecen no es menester que todo el mundo los vea; basta lo vean algunos y éstos participen a los demás, para que, escarmentando todos en cabeza ajena, pongan un grande y especial cuidado en no hacer malas confesiones, y para que por medio de una confesión general, acompañada de un verdadero dolor y firme propósito, se enmienden y hagan de nuevo todas las mal hechas, para no tener que experimentar después la misma desgraciada suerte. Este es el fruto y utilidad que debes sacar de este y otros ejemplos.

6.º Ejemplo de una señora que por muchos años calló en la confesión un pecado deshonesto. –Refiere San Ligorio, y más particularmente el P. Antonio Caroccio, que pasaron por el país en que vivía esta señora dos religiosos, y ella, que siempre esperaba confesor forastero, rogó a uno de ellos que la oyese en confesión, y se confesó. Luego que hubieron partido los Padres, el compañero dijo a aquel confesor haber visto que mientras aquella señora se confesaba, salían muchas culebras de su boca, y que una serpiente enorme había dejado ver fuera su cabeza; mas de nuevo se había vuelto dentro, y entonces vio entrar tras de ella todas las culebras que habían salido. Sospechando el confesor lo que aquello significaba, volvió al pueblo y a la casa de aquella señora, y le dijeron que al momento de entrar en la sala había muerto de repente. Por tres días consecutivos ayunaron y rogaron a Dios por ella, suplicando al Señor les manifestase aquel caso. Al tercer día se les apareció la infeliz señora, condenada y montada sobre un demonio en figura de un dragón horrible, con dos serpientes enroscadas al cuello, que la ahogaban y le comían los pechos; una víbora en la cabeza, dos sapos en los ojos, flechas encendidas en las orejas, llamas de fuego en la boca, y dos perros rabiosos que le mordían y le comían las manos, y dando un triste y espantoso gemido, dijo: “Yo soy la desventurada señora que usted confesó hace tres días; a medida que iba confesando mis pecados, iban saliendo como animales inmundos por mi boca, y aquella serpiente que el compañero de usted vio asomar la cabeza y volverse dentro, era figura de un pecado deshonesto que siempre había callado por vergüenza; quería confesarlo con usted, pero tampoco me atreví: por esto volvió a entrar dentro y con él todos los demás que habían salido. Cansado ya Dios de tanto esperarme, me quitó de repente la vida y me precipitó al infierno, en donde estoy atormentada por los demonios en figuras de horribles animales. La víbora me atormenta la cabeza por mi soberbia y demasiado cuidado en componerme los cabellos; los sapos me cierran los ojos, por las miradas lascivas; las flechas encendidas me lastiman las orejas, por haber escuchado murmuraciones, palabras y canciones obscenas; el fuego me abrasa la boca, por las murmuraciones y besos torpes; tengo las serpientes enroscadas al cuello que me comen los pechos, por haberlos llevado de un modo provocativo, por lo escotado de mis vestidos y por los abrazos deshonestos; los perros me comen las manos, por mis malas obras y tocamientos feos; pero lo que más me atormenta es el formidable dragón en que voy montada, que me abrasa las entrañas, y es en castigo de mis pecados impuros. ¡Ah, que no hay remedio ni misericordia para mí, sino tormentos y pena eterna! ¡Ay de las mujeres! –añadió-, que se condenan muchas de ellas por cuatro géneros de pecados: por pecados de impureza, por galas y adornos, por hechicerías y por callar los pecados en la confesión; los hombres se condenan por toda clase de pecados; pero las mujeres, principalmente por los cuatro.” Dicho esto, se abrió la tierra y se hundió esta desdichada hasta el profundo del infierno, en donde padece y padecerá por toda una eternidad.

Haz reflexión, cristiano, y entiende cómo Dios Nuestro Señor mandó salir a esta infeliz señora de la cárcel del infierno y que pasase por la vergüenza, para que los mortales supiesen la muerte que les esperaba si pecan y no se confiesan bien. Ojala sacases tú de la lectura de este ejemplo el fruto que otros han sacado, haciendo una buena confesión y enmendándote del todo. Un autor dice que este caso ha convertido más gente que doscientas cuaresmas. El misionero P. Jaime Corella hizo voto de predicarlo en todas las misiones, por el grande provecho que causaba a los fieles. Hasta un Prelado hizo una fundación para que en ciertos tiempos del año se predicase o se leyese este caso en la iglesia. Mas, ¡ay de ti si no te aprovechas de él! ¡Ay de ti si no confiesas todos tus pecados! ¡Ay de ti si, mal preparado, vas a recibir la sagrada Eucaristía! Mejor fuera que no hubieses nacido.

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Les recomiendo este artículo APRENDAMOS A CONFESARNOS BIEN

Y este otro que nos habla de la CONFESIÓN GENERAL

Descarga tu GUÍA PARA UNA BUENA CONFESIÓN y ¡Confiésate bien! y recuerda que los demonios son RESPONSABLES del pecado en el mundo pero tú eres CULPABLE por no haber resistido la tentación y por ofender a Dios con el pecado.

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Aprendamos a Confesarnos

APRENDAMOS A CONFESARNOS

Muchos católicos hacen malas confesiones porque no saben que lo que hacen es pecado, por ignorar lo que realmente es el Sacramento de la Confesión y la manera de efectuarla provechosamente.

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¿Qué nos enseña S.S. Juan Pablo II ?

“Tener presente que todavía está vigente y lo estará por siempre en la Iglesia la necesidad de la confesión íntegra de los pecados mortales y la norma en virtud de la cual para la recepción digna de la Eucaristía debe preceder la confesión de los pecados cuando uno es consciente de pecado mortal”, por lo tanto para un cristiano el sacramento de la penitencia es el camino ordinario para obtener el perdón y remisión de todos sus pecados cometidos después del bautismo.

Fundamentalmente nos confesamos para obtener la remisión de los pecados y la reconciliación con Dios; por tanto no nos confesamos para simplemente cumplir un requisito de la Iglesia.

Ante todo debemos concientizarnos sobre qué es pecado y si lo que hacemos en nuestras vidas es pecado, debemos sentir la necesidad de pedir perdón a Dios por ofenderlo con el pecado y deseo sincero de no volver a cometerlos otra vez.  Cuando tenemos conciencia de pecado grave tenemos la obligación de confesamos, no podemos acercamos a recibir la Eucaristía, la confirmación, el orden sagrado, el matrimonio o la unción de enfermos con conciencia de pecado grave, en otras palabras el cristiano debe vivir en estado de Gracia.

Las otras confesiones se hacen por devoción y hay que cuidarse mucho de caer en la rutina: si eres conciente de lo que es pecado y de lo que es falta, podrás hacer una buena confesión. Y si no has cometido pecado ni falta, entonces no tienes nada que confesar y estás en estado de Gracia.

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PREPARACIÓN PARA UNA BUENA CONFESIÓN

Para confesarse bien necesitamos saber cinco cosas:

PRIMERO: HACER UN EXAMEN DE CONCIENCIA, que consiste en recordar todos los pecados que hemos cometido después de la ultima confesión.

Debes recordar cuándo fue tu última confesión pues deberás decirle al sacerdote si fue hace una semana, un mes, un año o más de treinta años desde que no te confiesas. Para ayudarte a recordar todos tus pecados puedes usar esta GUIA PARA UNA BUENA CONFESION con la cual analizarás los 10 Mandamientos de Dios y los 5 Mandamientos de la Iglesia, y podrás sincerarte contigo mismo si has pecado contra ellos.

SEGUNDO: ARREPENTIMIENTO, que consiste en sentir sincero dolor por haber ofendido a Dios con el pecado, pues el pecado es ofensa contra Dios. Debes pedir a Dios te conceda la Gracia del arrepentimiento y

TERCERO: PROPÓSITO DE LA ENMIENDA, que consiste en decidirse firmemente a no volver a pecar, debes estar dispuesto a evitar el pecado, cueste lo que cueste. Tu voluntad tiene que vencer al pecado, tienes que querer detestar ofender a Dios.

CUARTO: CONFESIÓN, que consiste en decirle al sacerdote todos los pecados que hemos descubierto al hacer el examen de conciencia. La confesión es pedirle perdón a Dios, pues Dios no te puede perdonar si tú no le pides perdón.

Debes confesar tus pecados al sacerdote de manera recta y honesta, clara y puntual, con una sinceridad “salvaje”, sin miedos ni culpas. Sé valiente y ¡Confiésate bien! con ayuda de tu Guía para una buena confesión.

Tu confesión debe ser sincera, completa, humilde, prudente y breve: sincera, porque no debe mentirle al sacerdote; completa, porque no debes callar ningún pecado; humilde, porque debes reconocer que los demonios son responsables del pecado en el mundo pero tú eres culpable por no haber resistido la tentación y por ofender a Dios con tus pecados; prudente, porque debes ser puntual en decir lo que hiciste, cuántas veces lo hiciste y si involucraste o hiciste pecar a otras personas (para que el sacerdote conozca la gravedad de tu pecado o si hiciste pecar a otras personas), pero sin decir nombres de otras personas ni señalar pecados ajenos,  breve, porque debes decir lo que hiciste sin explicaciones innecesarias y sin justificar las cosas que hiciste, pues estarías reconociendo que no te has arrepentido de ello.

QUINTO: SATISFACCIÓN, que consiste en cumplir la penitencia que nos haya impuesto el sacerdote, con la intención de reparar los pecados cometidos. No basta con decirle tus pecados al sacerdote y recibir su absolución, debes cumplir la penitencia impuesta porque es parte del sacramento.

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CONSEJOS DEL PADRE CARLOS CANCELADO PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN

El Padre Carlos Cancelado recomienda REZAR para pedir a tu Santo Ángel de la Guarda que te ayude a recordar todos tus pecados, luego debes hacer tu EXAMEN DE CONCIENCIA revisando los MANDAMIENTOS DE DIOS Y DE LA IGLESIA, uno por uno, y si quieres escribirlos para no olvidarlos (luego de tu confesión deberás romper la lista hecha).

Debes tener verdadero DOLOR DE TUS PECADOS y firme PROPÓSITO DE ENMIENDA, es decir, que luego de conocer y recordar tus pecados debes no querer volverlos a cometer jamás.

Antes de ir a confesarte debes orar a Dios y pedirle un BUEN SACERDOTE QUE TE COMPRENDA Y TE ACONSEJE BIEN, pedirle a tu Santo Ángel de la Guarda y a San Miguel Arcángel que te guíen en tu camino para encontrar el Confesor que Dios quiere, que te protejan en el camino y que no permitan que los demonios se interpongan e impidan tu confesión.

Debes ir primero al SAGRARIO y leerle todos tus pecados a JESÚS, tal y como se los vas a decir al Sacerdote; luego debes ir al Confesionario debes CONFESAR TODOS TUS PECADOS QUE HAS RECORDADO sin ocultar ninguno ni justificarte, solo lee la lista que has hecho y los que hayas olvidado los recordarás ahí mismo.

Por último deberás cumplir la PENITENCIA que te dé el Sacerdote Confesor y LISTO. Espera la Santa Misa y comulga con tu alma limpia, sé constante y fuerte para no volver a pecar.

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ORACIONES PARA HACER UN BUEN EXÁMEN DE CONCIENCIA Y UNA BUENA CONFESIÓN

Para pedir a Dios te conceda la Gracia de recordar todos tus pecados puedes rezar esta oración:

ORACIÓN PARA ANTES DEL EXAMEN DE CONCIENCIA

Mirad, oh amado y buen Jesús, un pecador, postrado lleno de confianza a vuestros pies. Mis pecados me llenan de temor y no encuentro otro refugio que vuestro amantísimo Corazón. A la vista de ese divino Corazón, la confianza vuelve otra vez a mi alma. Soy, en verdad, oh Señor, el más ingrato de vuestros hijos, que tan mal ha correspondido a vuestro amor, ofendiéndoos a Vos, que sois mi Padre bondadosísimo. Ya no soy digno de ser llamado hijo vuestro. Pero mi pobre corazón no puede vivir sin Vos. Merezco un juez severo; pero en vez de esto, encuentro un Dios, lleno de ternura y amor, clavado en la cruz, por mi bien, y con los brazos abiertos, dispuesto a recibirme, cual Padre amoroso.

Vuestras cinco llagas son como otras tantas lenguas que me invitan al arrepentimiento y hablan a mi pobre corazón: vuélvete, hijo mío, vuélvete a Mi, arrepiéntete y no dudes de mi amor y de mi perdón.

Acabad, oh dulce Maestro la obra que en vuestra infinita caridad habéis comenzado. Concededme un poco de aquel conocimiento y de aquel dolor que Vos teníais de mis pecados, cuando en el huerto de los Olivos sudasteis sangre a la vista de ellos, y caísteis como muerto sobre vuestro sagrado rostro, para que yo comprenda el peso y la malicia del pecado y conciba un verdadero dolor. Iluminad mi entendimiento para que conozca claramente mis pecados. Fortaleced mi voluntad para aborrecer mis pecados y arrepentirme de todos ellos.

Oh María, Madre de los dolores, ayudadme en esta grande tribulación de mi alma.

Ángel de mi guarda, Patronos míos, rogad por mí, para que haga una buena confesión. Así sea.

ORACIÓN PARA DESPUÉS DEL EXAMEN DE CONCIENCIA 

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador y Redentor mío: por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme, cumplir la penitencia que me fuere impuesta; os ofrezco mi vida, mis obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como os lo suplico, así confío en vuestra divina bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los méritos de vuestra preciosa Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Así sea.

¡Mi Jesús, azotado en la columna por mis deshonestidades! ¡Mi Señor, coronado de espinas por mis malos pensamientos! ¡ Mi Dios agonizando de pena en el huerto, por mis ingratitudes! ¡El Rey del cielo y tierra tenido por loco y pospuesto a Barrabás por mi soberbia! ¡El autor de la vida puesto en una cruz por mis malditas culpas! ¿Y yo no lloro? Pero no, que ya se enternece el corazón al considerar que yo fui causa de tantos dolores; ya se angustia mi corazón; ya clamo a las puertas de vuestra clemencia.

Dios mío, fuente de misericordia, tened por bien, de limpiarme de mis pecados. Pequé, Dios mío por flaqueza, contra Vos, Padre Eterno, Todopoderoso; por Ignorancia, contra vuestro Unigénito Hijo, Sabiduría infinita; y por malicia contra el Espíritu Santo. Con estas culpas os ofendí, Trinidad Soberana. Ayudadme, oh mi dulcísimo Jesús, con vuestra gracia que todo lo puede. En Vos pongo toda mi confianza. Oh Jesús mío, para Ti vivo, para Ti muero, oh Jesús mío, soy Tuyo en vida y muerte. Así sea.

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AL MOMENTO DE IR AL SAGRARIO A LEER TUS PECADOS A JESÚS EUCARISTÍA

Padre, he pecado contra Ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo. Ten compasión de este pecador y concédeme la Gracia de hacer una buena confesión. He pecado contra ti… (leer mentalmente la lista hecha).

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí, Señor, con misericordia, por tu bondad. Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado, pues yo reconozco mí culpa, tengo siempre presente mi pecado.

Misericordia Dios mío por tu bondad. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. ¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. Jesús, Hijo de Dios, apiádate de mí, que soy un pecador. Gracias Señor. Amén.

AL MOMENTO DE IR AL CONFESIONARIO

Debes ir en silencio, pensando en lo que acabas de rezar delante del Sagrario. Si alguna persona se te acerca y te conversa le pides gentilmente que te deje rezar en silencio porque estás preparándote para tu confesión.

Mientras esperar tu confesión puedes rezar el YO PECADOR  y el ACTO DE CONTRICIÓN

YO PECADOR
(CONFITEOR)

Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado san Miguel Arcángel, al bienaventurado san Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los santos, y a vosotros, hermanos, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra; por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado san Miguel Arcángel, al bienaventurado san Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los santos, y a vosotros, hermanos, que roguéis por mí a Dios nuestro Señor. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN I

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amen.

ACTO DE CONTRICIÓN II

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, Nuestro Señor.

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AL MOMENTO DE LA CONFESIÓN

El sacerdote comenzará diciendo AVE MARÍA PURÍSIMA y tú debes contestar SIN PECADO CONCEBIDA SANTÍSIMA, luego te preguntará hace cuánto tiempo no te confiesas y luego te preguntará por qué deseas pedir perdón a Dios, a lo que tú leerás la lista de pecados que has hecho. Recuerda no justificar nada, pues ya has comprendido que pecaste y debes pedir perdón a Dios por ello.

Luego de la absolución de tus pecados debes cumplir la penitencia impuesta.

ORACIÓN PARA DESPUÉS DE LA CONFESIÓN

Gracias, oh Padre Celestial, gracias infinitas os doy, por el inmenso beneficio que acabáis de concederme. Habéis purificado mi pobre alma con la Sangre preciosísima de vuestro divino Hijo, mi buen Salvador.

Os ofrezco esta mi confesión y mi penitencia en unión con todos los actos de penitencia que hicieron todos los santos y en especial la de nuestro Señor Jesucristo, su santísima Madre y San José, pidiendo a vuestra bondad paternal que os dignéis aceptarlos y hacerlos meritorios para mi eterna salvación. Lo que haya podido faltar a la sinceridad de mi preparación, a mi contrición y a la acusación de mis pecados, lo pongo todo en el Corazón adorable de mi buen Jesús, tesoro infinito de todo bien y de todas las gracias.

Os ofrezco, oh Padre Eterno el Corazón de vuestro divino Hijo, con todo su infinito amor, todos sus sufrimientos y todos sus méritos para digna satisfacción de mis pecados.

Madre dulcísima de Jesús, María, acordaos que sois también mi madre, Mi pobre alma os fue encomendada por Jesús mismo. En la cruz fue El quien me os dio por Madre. Obtenedme, pues, oh tierna Madre, la gracia de sacar de este santo sacramento todos los frutos que Jesús quiere que yo alcance. Alcanzadme, oh amabilísima Madre, por los dolores que sufristeis al ser separado de Jesús, vuestro divino Hijo, un amor ardiente y fiel a Jesús. ¡Muestra que eres mi Madre!

Angel de mi guarda, mi dulce compañía; mis santos patronos y todos los ángeles y santos de Dios, interceded por mí y alcanzadme la gracia de cumplir fielmente con mis propósitos. Así sea.

Haz una buena confesión y verás que estas serán las mejores palabras que hayas escuchado jamás:

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Que Dios les conceda a todos las Gracias que necesiten.

Karla Rouillon Gallangos

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Acto de Desagravio de S.S. Pío XI

ACTO DE DESAGRAVIO DE S.S. PÍO XI

¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.

Más recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.

Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada.

¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Más, entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.

¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos.

Amén.

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Confesión General

Confesión General (Sumamente importante leerlo)

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Discípulo. –– Padre, la última cosa. ¿Qué es la confesión general?

Maestro. –– Se llama confesión general a la acusación de todas las culpas cometidas en toda la vida o en parte notable de ella.

Discípulo. –– ¿Es necesaria la confesión general?

Maestro. –– Para muchos puede ser necesaria para otros solamente útil y para algunas nocivas.

Discípulo. –– ¿Cuándo es necesaria?

Maestro. –– Es necesaria cuando las confesiones precedentes fueron sacrílegas o nulas.

Discípulo. –– ¿Y cuándo son sacrílegas y cuándo nulas?

Maestro. –– Las confesiones son sacrílegas cuando, a sabiendas, se callan pecados graves, sabiendo que hay obligación de confesarlos, o bien, cuando falta el dolor o, propósito necesarios; son nulas cuando la falta de dolor o de propósito de no pecar, no la advertía el penitente en el acto de la confesión.

Discípulo. –– ¿Quién, pues, se encuentra en la necesidad de hacer confesión general?

Maestro. –– Encuéntrase en la absoluta necesidad de hacer una confesión general, aquellos que, sea por malicia, sea por vergüenza, callaron o negaron algún pecado mortal en las confesiones pasadas, o bien, alguna circunstancia que cambiase la especie del pecado o no se acusaron con precisión del número de los pecados mortales, de que tenían conciencia, o también declararon los pecados al confesor en forma tal, que no entendiese, o bien, si le engañaron con mentiras graves al responder a sus preguntas.

Discípulo. –– Tenga la bondad de explicarme con ejemplos todas estas cosas.

Maestro. –– Supongamos que un pobrecito pecador desde la primera vez que se confesó, calló ciertos pecados por vergüenza de confesarlos; aun cuando hubiera declarado bien todos los demás, sin embargo, por no haber corregido la primera confesión mal hecha, ninguna de las confesiones fue buena, y por lo mismo se encuentra en la absoluta necesidad de subsanarlas todas, con una confesión general en la que, además debe acusarse de los sacrilegios cometidos.

Supongamos otro que desgraciadamente, habiendo cometido en otros tiempos ciertos pecados de obra, al acusarse de ellos siempre hubiera dicho que tuvo malos pensamientos; también éste se confesó mal y tiene necesidad de confesarse generalmente.

Supongamos todavía otro que tuvo la desgracia de cometer pecados, pero con otra persona; si al confesarlos calló esta circunstancia y lo hizo a caso hecho, cómo la condición particular de haber pecado con aquella persona debía haberla manifestado y culpablemente la calló, se confesó mal y dabe confesarse también generalmente.

Supongamos, por último, que otro tuviese la costumbre de cometer cuatro o cinco pecados graves cada semana o cada mes y que al confesarse, en vez de cuatro o cinco pecados declaro sólo dos o tres, o bien tres o cuatro, sabiendo con seguridad que mentía, éste si confesaba, Confesaba mal, y se halla en el caso de los anteriores, es decir, que debe hacer confesión general.

Discípulo. –– ¡Por Dios!

Maestro. –– Aún más. La confesión general es, en segundo lugar de absoluta necesidad para quien siempre se ha confesado sin dolor y propósito de no cometer más pecados, según se ha dicho anteriormente, o también para quien no ha cumplido fielmente las obligaciones impuestas por el confesor, como por ejemplo de abandonar la ocasión próxima y voluntaria de los pecados o destruir algún libro prohibido o entregarlo a quien tenga licencia para leerlo o retenerlo, de romper con ciertas relaciones, y así de otros casos semejantes. Todos éstos habiendo faltado a las cualidades sustanciales de la confesión, deben por lo mismo poner en orden y tranquilidad su conciencia mediante una buena confesión general.

Discípulo. –– Padre, ¿estos tales son pocos o son muchos?

Maestro. –– ¡Plugue a Dios que sea pocos los que se encuentran en estas circunstancias! Mas la experiencia diaria demuestra que el número de ellos es, mucho mayor de lo que se cree, aun entre personas aparentemente buenas.

En la vida de Santa Inés de Monte Pulciano se lee, que un señor rico, estimado por todos como buen cristiano, siendo como era muy devoto de aquella santa y de su monasterio, la socorría con muchas y generosas limosnas; y la santa, en cambio, rogaba mucho por su bienhechor.

Cierto día, estando la santa en oración, fue arrebatada en éxtasis, durante el cual vio en medio del infierno un palacio todo de fuego, y oyó una voz que le dijo: “Inés, este palacio es de tu bienhechor, y cuanto antes vendrá a habitarlo”. Vuelta en sí Inés muy asombrada mandó llamar a aquel señor que viniese a verla. Vino, en efecto, contóle la santa la espantosa visión que había tenido. Aquel señor tembló, palideció y como desvanecido, declaró sinceramente que hacía como treinta años que se confesaba mal, a causa de haber permanecido siempre voluntariamente en ocasión próxima de pecado. Entonces la santa lo animó a hacer una buena confesión general. Obedeció aquel señor y he aquí, que Inés, tuvo luego otra visión en la que vio aquel palacio en el Paraíso, y oyó la misma voz que le decía: “bien pronto vendrá tu bienhechor a habitarlo”.

Ahora bien, todo aquel que, a causa de sus malas confesiones, tema tener preparado su palacio o su casa en el infierno, ya sabe lo que debe hacer para librarse: confesarse bien.

Discípulo. –– Padre, cuando uno se dejó algunos pecados en las confesiones pasadas por ignorancia o por olvido y después lleva a conocerlos o a recordarlos, ¿está obligado a repetir las confesiones pasadas o confesarse generalmente?

Maestro. –– No, cuando los pecados se dejaron por ignorancia o por olvido, entonces sólo hay Obligación de reparar aquellas omisiones parciales. Para que haya obligación de la confesión general, es preciso que se trate de haber recibido mal el sacramento a sabiendas y queriendo cometer sacrilegio.

Discípulo. ––Y cuando dudamos de si tenemos obligación o no, de hacer confesión general, ¿cómo debemos comportarnos?

Maestro. –– En este caso expónganse al confesor las dudas que se tengan, y sígase su resolución.

Discípulo. –– Gracias, Padre; y ahora dígame: ¿para quiénes será útil la confesión general?

Maestro. –– Es útil a quien duda acerca del valor de las confesiones pasadas, y tiene necesidad de poner en paz su conciencia.

Es útil a todos aquellos que nunca la han hecho, pues suele producir en sus corazones mayor contrición de los pecados y consolidar la firmeza y la eficacia del propósito de no volver a cometer más.

Es también muy útil a aquellos que se encuentran en un punto decisivo de su vida o deben escoger o abrazar un estado del cual depende su porvenir espiritual. Estos podrán así recibir del confesor, que hace las veces de Dios, mayor luz y mejor consejo y conseguir mayor seguridad en su elección.

Discípulo. –– ¿Por ejemplo, los esposos, al aproximarse las bodas?

Maestro. –– Así es. También a éstos les es muy útil la confesión general, ya para disponerse mejor para recibir el sacramento que los ha de unir hasta la muerte de uno de ellos, ya para obtener aquella luz y consejo indispensable para gobernarse debidamente en tal estado. El matrimonio es un sacramento grande¡ay de quien lo recibe indignamente! Dios no bendecirá nunca un matrimonio en el que interviene el pecado.

Discípulo. –– ¿Cuándo, Padre, puede intervenir el pecado en el matrimonio?

Maestro. ––  Cuando se prolonga mucho el noviazgo.

Cuando se permiten los novios ciertas libertades en sus conversaciones y en sus tratos.

Cuando, estando en pecado los novios, o no se confiesan, o, lo que es peor, se confiesan mal, para casarse.

Discípulo. –– ¿Es, pues, necesario en tal confesión manifestar que se va a contraer matrimonio, y pedir consejo al confesor en tales circunstancias?

Maestro. –– Sin duda. No manifestándolo, ¿cómo puede el confesor ilustrarles en lo concerniente al nuevo estado que pretenden abrazar?

Discípulo. –– Padre ¿cuál es el tiempo más propicio para hacer una confesión general?

Maestro. –– Si se trata solamente de pura utilidad o devoción, el tiempo más indicado es el de los Ejercicios Espirituales, y mejor al fin de los mismos; más si se trata de ponerse en gracia de Dios, debe hacerse cuanto antes se pueda.

Quien piensa disponer de tiempo (para su conversión), no se demore, dice el proverbio.

Discípulo. –– ¿Y se deben escribir los pecados para mejor recordarlos?

Maestro. –– Generalmente no. El que tuviere necesidad de recurrir a la escritura, hágalo con la debida cautela, y apenas terminada la confesión, destruya aquel escrito, de modo que nadie pueda ya leerlo, ni siquiera el mismo penitente.

Entre los muchos episodios chistosos que se leen en la vida de San Juan Bosco, se encuentra el siguiente: Un buen muchacho, deseoso de hacer con la mayor precisión posible su confesión general, había escrito sus pecados, llenando con ellos un cuadernillo. Más sin saber cómo, perdió el pequeño volumen de sus infaustas gestas. Mete una y más veces sus mayos en los bolsillos, busca y vuelve a buscar por todas partes. El manuscrito no aparece. Entonces el pobre muchacho se desconsuela, siente oprimírsele el corazón y rompe a llorar. Por buena suerte, el cuadernito se lo había encontrado Don Bosco. Cuando los compañeros del muchacho lo llevaron llorando ante el Santo, sin haberle podido arrancar la causa de su llanto,Don Bosco le preguntó:

— ¿Qué te pasa, Jaimito? ¿Estás enfermo? ¿Tienes algún disgusto? ¿Te han pegado?

El buen muchacho enjugándose un poco las lágrimas y animándose un poco, le responde, ¡He perdido los pecados! A estas palabras los compañeros prorrumpieron en regocijadas risas, y Don Bosco, que en seguida lo había comprendido todo, le dice discretamente:

—Feliz de ti si has perdido los pecados, y mucho más feliz, si ya no los vuelves a encontrar, porque sin pecados, irás ciertamente al cielo.

Mas Jaimito pensando que no había sido comprendido, se explicó diciendo:

— ¡He perdido el cuaderno en que los tenía escritos!

Entonces, D. Bosco, sacando del bolsillo el gran secreto, le dice:

—Está tranquilo, querido, que tus pecados han caído en buenas manos; ¡élos aquí!

Al verlos el pobrecito se sosegó y sonriendo añadió:

—Si hubiese sabido que era Ud. quien los había encontrado, en vez de llorar me hubiera echado a reír. Esta noche al irme a confesar lo hubiera dicho: Padre, me acuso de todos los pecados que usted se ha encontrado y que tiene en el bolsillo.

Discípulo. –– Muy chistoso, en verdad, es el caso, y como todos los episodios y escenas de este gran educador y humildísimo santo, lleno de dulzura. Y finalmente, Padre, ¿para quiénes podría ser nociva la confesión general?

Maestro. –– Puede ser nociva especialmente para las personas escrupulosas o llenas de ansiedades y de vanos temores: para aquellos que, habiéndola hecho varias veces, no se aquietan nunca y quisieran cada momento decir, desde el principio, lo que tienen dicho ya cien veces. A todos éstos, la confesión general les servirá sólo para suscitarles un avispero de mayores ansiedades y escrúpulos. Estos deben obedecer al confesor, y cuando él les asegura que pueden estar tranquilos… que él responde ante Dios del estado de su alma, ¿por qué dudar? El confesor ve y juzga mejor que ellos. Deben, pues, quedar bien persuadidos de que obedeciendo al confesor, obedecen a Dios mismo.

Discípulo. –– Entonces, pues, cuando el confesor no permite la confesión general,¿debe ser obedecido?

Maestro. –– Sin duda, cuando el confesor no permite la confesión general está en uso de sus plenos derechos y el penitente tiene el deber de obedecer. Solamente a este precio se consigue poco a poco llegar a gozar de aquella tranquilidad tan suspirada. Querer encontrar la paz por otros caminos, es como pedir peras al olmo.

Ya vez, en resumen, de cuánta importancia es la confesión general. Después de esto no hay por qué maravillarnos que haya sido tan recomendada de los santos, como de un San Ignacio, de un San Carlos Borromeo, de un San Francisco de Sales, de un San Buenaventura, de un Santo Tomás de Aquino, que son los más célebres por su práctica espiritual y por su doctrina.

Animo, pues. Ninguno se deje engañar del demonio; y teniendo necesidad, dispóngase a hacer una confesión general. Anímenos el pensamiento de que, por su remedio, podemos en cierto modo reconquistar la inocencia bautismal.

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En la vida de los santos monjes del desierto se lee que un joven, gran pecador, se presentó al monasterio con el fin de hacerse religioso, al cual el Superior le mandó que hiciera confesión general el domingo siguiente en la iglesia del monasterio. El joven con este intento se preparó y escribió todos sus pecados para mejor recordarlos y confesarlos. Ahora bien, mientras se confesaba leyendo sus culpas, un monje de los más ancianos y virtuosos vio al mismo tiempo un ángel que iba tachándolos del catálogo que tenía en la mano el joven, hasta dejarlo por fin completamente blanco; como significando la blancura inmaculada con que había quedado adornada el alma de aquel joven.

Un hecho semejante lo refiere Cesáreo, Obispo de Arles. Era cierto estudiante de París, el cual, habiendo sido gran pecador, pero queriéndose convertir de veras y a toda costa, fue a hacer confesión general con un buen confesor de la Orden Cisterciense. Más no pudiendo declarar sus pecados, por la abundancia de lágrimas y suspiros, el confesor le exhortó a que los escribiese en un papel, lo que el joven hizo de muy buena gana. Púsose luego el confesor a leerlos y encontró allí casos tan enormes, y complicados que no se atrevió a resolverlos por sí mismo, por lo que pidió y obtuvo del penitente la licencia necesaria para consultar acerca de ellos con el Superior. Mas cuando el Abad tomó aquel papel para leerlo, al punto exclamó: “Pero, ¿qué cosa he de leer si no hay nada escrito?” —En efecto, Dios milagrosamente había borrado del papel todos los pecados de aquel joven, así como los había también borrado de su alma.

Más, ¿a qué ir aduciendo ejemplos de los santos, cuando el mismo Jesucristo nos declara que la confesión general nos devuelve verdaderamente la inocencia bautismal? En confirmación de esto, además del hecho de Santa Margarita de Cortona, referido antes al tratar de los admirables efectos de la confesión, tenemos el de Santa Margarita María Alacoque.

Estaba la Santa practicando los Santos Ejercicios Espirituales, cuando se le apareció Jesucristo, y le dijo: ––“Margarita, deseo que renueves la confesión general de los pecados de toda tu vida, y yo te regalaré un cándido vestido”.

Margarita, para complacer a Jesús, puso mano a la obra, y después de un diligente examen, verificó su confesión general. Inmediatamente después se le apareció de nuevo Jesús, quien llevando en sus manos un blanquísimo vestido se lo vistió diciéndole: “Este es, Margarita, el vestido que te había prometido”. Aquella cándida vestidura era la imagen de la inocencia bautismal.

¡Oh, mil veces bendita sea la confesión general, que produce en nuestras almas, tan maravillosos efectos, que la purifica más y más y la deja de nuevo tan bella como si entonces acabara de salir de la pila del Santo Bautismo!

Discípulo. –– Gracias, Padre, lo he entendido todo muy bien, y le agradezco cordialmente su doctrina; la estamparé en mi corazón.

CONFESAOS BIEN

Pbro. Luis José Chiavarino

Fuente: SAN MIGUEL ARCÁNGEL BLOGSPOT

 

Recuerda que los demonios son RESPONSABLES del pecado pero tú eres CULPABLE por no haber resistido la tentación y por ofender a Dios con el pecado. ¡Confiésate bien!

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Que Dios les conceda a todos la Gracia de una sincera confesión y una verdadera conversión.

Karla Rouillon Gallangos

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La comunión en la mano es SACRILEGIO y PECADO y nadie puede obligarte a recibir la comunión en la mano, pues es “sólo para el fiel que lo desea”.

Por favor, por amor a Jesús, no se queden callados y luchen contra la sacrílega comunión en la mano… es Jesús ahí presente y no, no está dichoso de ser flagelado otra vez por ti recibiéndolo en las manos… ¡NO RECIBAS A JESÚS EN LA MANO!

Sobre la COMUNIÓN EN LA MANO

Continuación LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE DIOS Y LA CONFESION – Padre Zlatko Sudac

Los Diez Mandamientos y la Confesión – Padre Zlatko Sudac

Ver la PRIMERA PARTE – PRÉDICA DEL PADRE ZLATKO SUDAC

Ahora discutamos acerca de los detalles acerca del Sacramento de la Confesión.

Primero: El Sacramento de la Confesión no es una conversación espiritual, en el que tú vienes aquí a conversar un rato, no tú debes venir a confesarte cuando tú hayas reflexionado acerca de tus pecados.

¡Tú sabes, y todos nosotros sabemos que nosotros estamos cargando y sabemos cuánta cantidad de mugre estamos cargando!

Entonces ven a confesarte y di: “Esto, esto, esto y aquello” Y después el sacerdote te dará una advertencia, y te aconsejará algo únicamente para tu propio bien.  Después te dará la absolución y tú te sentirás agradecido y ESO ES TODO.

Este es el Sacramento de la Confesión, principalmente, no es una conversación espiritual.

Segundo: No interesa qué sacerdote te confiesa, todos son iguales. Algunos dicen éste es más o menos psicólogo. El sacerdote está aquí para ti y para Dios. El sacerdote no es importante en absoluto. Pero tú eres importante, tu corazón abierto.

Y TU FE EN DIOS, ESO ES LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE.

Tercero y muy importante para todos: Sean honestos en su Confesión.

¿Acaso no es para su propio interés confesarse honestamente? ¿Saben una cosa? Hay gente que sólo viene a confesarse cuando otros también vienen porque es Navidad y ahora todos quieren confesarse y después confiesan lo que no hicieron y no lo que si pecaron.

Las personas sienten vergüenza de admitir que son pecadores, discúlpenme, pero si ustedes piensan que no son pecadores, de seguro que de lejos si lo son y por mucho porque mientras más santo se es más cerca se está de Dios, pero mientras más mugre cargamos más divinos decimos que somos, más pecadores somos todos.

Por ejemplo: un vidrio sucio, límpialo y levántalo y mira si en verdad está limpio. Si, parece limpio, pero si lo miras más de cerca a la luz de una bombilla ustedes encontrarán la suciedad. Límpialo otra vez y ponlo ahora a la luz del sol y verás que tan sucio sigue aún. Mientras más cerca estamos de Dios, podemos ver más mugre en nuestra alma.

Para aquellos que creen que son menos pecadores, incluso que vienen a rezar a la Iglesia, a veces yo siento escuchar a alguien preguntarles ¿para qué viniste hoy? ¿Tú vienes a decirme que tú no tienes pecados? Vete entonces, a ti no te hace falta la Confesión.

Por eso: Sean honestos en su Confesión. No se subestimen a ustedes mismos exagerando algunos de sus pecados.

Pero honestamente, objetivamente, claramente digan: “Yo hice esto y esto y aquellos y lo lamento”.

Repítanlo es muy importante: “Lo lamento, si, lo lamento”, “porque lo que ustedes le hicieron al más pequeño de mis hermanos, me lo hicieron a mi”

Tienen que dirigir la uña hacia la mano de Jesús. Cada chisme, cada odio, cada maldad que ustedes hicieron contra cualquier persona ustedes se la hicieron a Dios.

Eso es todo. Este fue el programa para hoy por esta noche.

Háganlo con el Espíritu Santo, honestamente, verdaderamente, Llora si tienes que llorar, llora, échalo todo afuera de tu sistema. Deja que tus lágrimas y tus penas caigan juntas.

Ya han recibido hoy una sólida y fuerte base, podemos continuar mañana.

Amén.

padre zlatko sudac krouillong comunion en la mano confesion diez mandamientos

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Aquí les dejo los enlaces a  los videos de esta Prédica en idioma Croata con subtítulos en idioma inglés y les pido por favor los difundan para que llegue a más personas, que los pueden traducir a otros idiomas, para mayor Gloria de Dios.

PRÉDICA DEL PADRE ZLATKO SUDAC 01

PRÉDICA DEL PADRE ZLATKO SUDAC 02     

PRÉDICA DEL PADRE ZLATKO SUDAC 03     

PRÉDICA DEL PADRE ZLATKO SUDAC 04     

PRÉDICA DEL PADRE ZLATKO SUDAC 05

PRÉDICA DEL PADRE ZLATKO SUDAC 06

Si deseas hacer una buena confesión puedes ayudarte con tu GUÍA PARA UNA BUENA CONFESIÓN desde el blog y también disponible desde SLIDESHARE 

Que Dios les conceda a todos la Gracia de una verdadera conversión y una sincera confesión.

Karla Rouillon Gallangos

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Oracion de Reparacion

Padre Eterno, Yo te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad, la Paciencia y la Sed por la Salvación de las Almas, de Tu amadísimo Hijo Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por todos los ultrajes, sacrilegios, abandonos e indiferencias con que El mismo es ofendido, y por los méritos infinitos de Su Sagrado Corazón y del Inmaculado Corazón de María, en unión con las Santas Misas celebradas en todo el mundo, y en unión con los dolores que padeció nuestra Santísima Madre, te pido: que envíes Tu Santo Espíritu para que con total abandono a Sus Divinas inspiraciones se logre la conversión de los pobres pecadores, el alivio de todas las Benditas Almas del Purgatorio y el perdón de nuestros pecados y los del mundo entero. Te pido muchos santos sacerdotes para Tu Santa Iglesia y te pido que no se pierda hoy ninguna alma.
Angelito de Fatima Angel de Portugal krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano

Los Diez Mandamientos y la Confesión – Padre Zlatko Sudac

Los Diez Mandamientos y la Confesión – Padre Zlatko Sudac

 

Videos con la prédica del Padre Zlatko Sudac, traducidos al español por KARLA ROUILLON GALLANGOS

He traducido al castellano este sermón del Padre croata Zlatko Sudac, el cual pueden encontrar en youtube en idioma croata con subtítulos en inglés. No se ha modificado una sola palabra dicha por el Padre Zlatko Sudac.

Antes de comenzar debo aclarar que la historia de Padre Zlatko Sudac es un poco controversial debido a varios aspectos. Primero, es un joven sacerdote que recibió estigmas, básicamente uno en forma de cruz en la frente y eso lo hizo muy conocido en su país, lo que lo llevó a una investigación por parte de la Iglesia, que desconozco si en la actualidad ha terminado, pero si determinó que el estigma no tuvo origen humano sino que se formó de una forma que la ciencia médica no puede explicar, y se le dio al Padre Sudac -por parte de la Iglesia y de su obispo- la indicación de no frecuentar la vida pública. Segundo, es un sacerdote que ha dado su opinión sobre temas políticos en su país, lo que lo ha convertido en punto de burlas y críticas de toda índole, como suele suceder en estos casos. Tercero, al Padre Sudac se le conoce también como un artista que disfruta de la pintura y la escultura, además de escribir libros espirituales. Este lado del Padre Sudac, ha generado que muchas personas confundidas con la New Age mezclen lo espiritual con el ocultismo. No conozco la participación del padre Sudac en esto último, y a pesar de alguna portada de CD musical medio rara que anda por ahí, les pido no duden del mensaje que este sacerdote ha dado acerca de cómo hacer una buena confesión.

El idioma croata y la distancia me impiden averiguar más acerca de este sacerdote y su situación actual, pero conocedores de que Satanás tienta con más fuerza a los sacerdotes para hacerlos caer, les pido consideren al Padre Zlatko Sudac en sus oraciones para siga dando testimonios como el que hoy les comparto.

No desechen esta prédica por lo que puedan ver en el internet cuyo contenido es siempre dudoso, fue dada en el año 2007 por el Padre Sudac, y su mensaje para lograr una verdadera conversión y una sincera confesión es en verdad muy edificante para todos, pues el Padre Sudac detalla uno por uno cada Mandamiento de Dios tratando de hacernos entender de qué manera estamos pecando contra ellos y ofendiendo a Dios a fin de que logremos una buena Confesión, y también nos habla de este Sacramento.

Aquí pueden encontrar la prédica del Padre Zlaktco Sudac en idioma croata con subtítulos en ingles desde YOUTUBE

Que Dios les conceda a todos la Gracia de una verdadera conversión y una sincera confesión.

Karla Rouillon Gallangos.

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Prédica del Padre Zlatko Sudac sobre los Diez Mandamientos de Dios y la Confesión

Los mensajes primarios del Padre Zlatko Sudac son muy simples: El amor tiene que ser la base de todo lo que hacemos, y si vivimos en el amor, entonces, vivimos con Dios. Debemos dejarnos morir nosotros por completo, para que Dios pueda llenarnos de Él. Debemos ser personas completamente normales, con los pies bien plantados en la tierra, pero seamos conscientes que mientras vivimos en este mundo, no estamos fuera de Él (de Dios).

El Padre Zlatko Sudac constantemente anuncia en sus seminarios: “Si ustedes vienen aquí por mí, entonces ustedes cometen un error, pero si ustedes vienen aquí por Jesucristo, entonces quédense.”

“Yo mismo me experimento como sandalia que Dios se coloca y que Él pisará de modo que a través de ella Él pueda acercarse a sus hijos a los que intenta alcanzar”

El Padre Zlatko Sudac es muy cercano a Nuestra Santa Madre. El dice: “Ella es mi amada madre. Todas las fuerzas del mal caen delante de Ella. Uno solo puede orar a Ella con un corazón puro y le estaré agradecido por su protección hasta el final de mi vida”

“Yo me he consagrado al Inmaculado Corazón de María. Nuestra Madre es realmente el dulce rostro de nuestra espiritualidad. En esta materialista y ruda sociedad, hemos perdido a Nuestra Madre de la Dulzura”

Quiero empezar con la Señal de la Cruz: En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Dejemos ingresar honestamente, la Bendita y Verdadera Trinidad de Dios en nuestros corazones. Les doy la bienvenida desde el fondo de mi corazón. Estoy muy contento de regresar a Novalja, Croatia. Este es el lugar donde todo comenzó. Es por eso que tengo muy especiales sentimientos y recuerdos que me hacen sentir muy apegado a esta Parroquia.

Este es el proyecto a seguir para esta Renovación Espiritual:

Estaba pensando un poco cuando estaba en casa que ahora tenemos seminarios de manera más frecuentes en nuestra Parroquia, y no son pequeños grupitos de 50, 60 o 100 personas sino Iglesias llenas de personas, justo como en esta donde estamos ahora.

¿De qué debo hablarles? ¿Qué cosa es importante para hablarles acerca de eso el día de hoy? ¿Cómo voy a hacer destacar este día?

Yo mantengo muchos seminarios muy lejos y hablamos acerca de la Contemplación, Meditación y muchísimas cosas más. Yo siento que la gente no entiende ninguna de estas cosas. Yo siento que es importante empezar por el principio y revivir y despertar la importancia de los Sacramentos en nuestra Iglesia.

Voy a hablarles acerca de los Fundamentos Básicos de Nuestra Fe. 

Voy a hablarles acerca de Satanás, acerca del mal y voy a resaltar otras importantes cosas que la gente difícilmente habla de eso hoy en día.

También he notado algo más, en realidad puedo ver personas hablando y ofreciendo “meditación” a la gente. A la gente que no vive sus vidas en la Fe, ¿Cómo puedo yo liderarlos fuera del peligro? Hoy en día ustedes pueden encontrar “meditación” y “ayuda espiritual” en cada esquina. Existe una desfiguración de la Iglesia Católica, comparando a la Iglesia Católica con “ayuda espiritual” y con esas falsas tendencias modernas, es como si quisiéramos competir con Ella o superarla.

En estos tiempos donde cada uno de ustedes se compite por estos falsos ofrecimientos que están alrededor nuestro, nosotros no tenemos que competir con nadie, nosotros no tenemos que probarnos a nosotros mismos.

Nosotros tenemos a Jesucristo, ¡VIVO Y PRESENTE DESDE HACE 2000 AÑOS!

Nosotros tenemos los Sagrados Sacramentos, que nos colocan directamente frente a Nuestro Padre.

Nuestra Doctrina Cristiana y nuestra Edificación es FIRME Y SÓLIDA.

Nosotros no tenemos que competir con nadie, Nosotros solamente tenemos que vivir la vida que tenemos.

Nosotros solamente tenemos que ser testigos de lo que somos, es por esto que yo quiero comenzar este día con el Sacramento de la Confesión.

¿Cuál es el beneficio de la lectura de la Biblia y la meditación si ustedes no han confesado sus pecados?

Sólo hay cinco sacerdotes aquí y ustedes son muchos, por eso voy a hablarles un poquito, algo muy corto pero muy conciso, porque hablar de Dios durante la Confesión no significa ser sabio se trata de tu vida actual. Y cuando se habla durante la Confesión tienes que ser breve y conciso, es por eso que después de esta conversación ustedes podrán tener la oportunidad de hacer una Confesión.

Hay aquí cinco sacerdotes quienes están dispuestos a recibir sus confesiones. Y si tenemos que estar aquí toda la noche, nos quedamos toda la noche, vengan a hacer su confesión y confiesen sus pecados.

Pero hay algo muy importante que decirles: Las personas no siempre saben cómo hacer una buena confesión.

Las personas no tienen ni idea de qué es el Sacramento de la Confesión. Es por eso que yo prefiero comenzar por el principio.

Tengo el sentimiento y la impresión que necesitamos empezar desde el principio.

Desde el Antiguo Testamento, en otras palabras, desde los Diez Mandamientos de Dios.

Por favor escuchen muy cuidadosamente lo que les voy a decir. Escuchen y aplíquenlo en su propia vida, repásenlo y cuestiónense ustedes mismos.

Esta es su preparación para su propio Sacramento de la Confesión, confesión que vamos a lograr realizar esta noche. Este es solo un inicio necesario que se completará a futuro y lograr el comienzo de una confesión razonable. Es necesario que ustedes encuentren su Paz con Dios.

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Empecemos con el Primer Mandamiento de DiosDios nos dice “Amarás a Dios sobre todas las Cosas”.

¿Está realmente Dios en primer lugar en tu vida? Empecemos por aquí. ¿Está realmente Dios en primer lugar en mi vida?

¿No tienen ustedes el presentimiento de que nosotros como cristianos nos hemos vuelto muy tibios? ¿No tienen ustedes ese presentimiento?

¿No tienen ustedes el sentimiento de que nos hemos vuelto terriblemente tibios?

Nos hemos vuelto tan indiferentes al grado de que más mal podemos hacer por tibios que por verdadero odio hacia Dios.

Irónicamente, todo es Dios para nosotros, excepto lo que verdaderamente es Dios.

¿Dónde está Dios en tu vida? ¿Cuánto tiempo ustedes invierten en dedicárselo a Dios?

Sin mencionar todo lo que la gente hace para reemplazar el vacío de sus propios corazones, o para reemplazar a Dios con aquello que no tienen.

Se encuentran visitando toda clase de lugares incorrectos.

Ustedes tienen que estar alertas, conscientes, entender y observar todas las trampas tendidas por el Maligno en estos días.

Mientras más yo trabajo con personas más me doy cuenta que muchos de ellos tienen problemas diabólicos. Con toda seguridad ellos tienen trabajos con el Maligno, porque ellos han visitado falsos profetas o lectores espirituales, bioenergía o alguna bola de cristal, curaciones, hechizos, relatores de fortunas, brujerías, espiritismos, rituales y otras cosas sin sentido.

¡TODO ESTO SE OPONE A DIOS!

Y algunos de ellos están aquí entre ustedes, quienes han hecho estas cosas.

Eso demuestra su carencia de fe hacia Dios.

Pregúntense ustedes mismos si Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Salvador nuestro, está en sus corazones, aquél que nos dio vida eterna.

Pregúntense ustedes mismos ¿Realmente entiendo que Jesucristo es MI SALVADOR? ¿Es Jesucristo realmente mi Salvador? ¿REALMENTE EL SIGNIFICA TODO PARA MI?

Pregúntense ustedes mismos, Puedo yo en confidencia decir: Cristo yo realmente te siento y yo estoy respirando y moviéndome contigo. ¿Está realmente DIOS en primer lugar en mi vida?

Vayamos un poquito más profundo. Veamos, qué es eso, que ha cambiado en tu vida, y ha reemplazado a Dios con otros dioses en sus vidas.

Ideologías, política, ambiciones, dinero, carrera, éxito, reputación, poder, obsesión, jefaturas, gente, tradiciones, rituales…

¿Qué más?

Su propio silencioso deseo de convertirse en alguien o algo, inclusive si son notoriamente anti sagrados, estos son los dioses de sus vidas.

Deben entender, entender que ustedes no son nada y entonces, ustedes entenderán ¡que Dios lo es todo!

Les digo en repetidas ocasiones, yo también me siento como cotorro, repitiéndome a mí mismo: ¡SU LUGAR EN EL PARAÍSO ESTÁ ESPERANDO POR USTEDES!

Ustedes no pueden ganarlo y es por eso les digo: rechacen estos acercamientos al Maligno y esta forma de vida.

Nada de lo que ustedes hagan, incluso si ustedes sacrifican su cuerpo o si ustedes venden sus casas, no pueden ganárselo

Simplemente porque Dios ya les dio a ustedes ese regalo, ¡su eternidad es un regalo!

Porque su misericordia les ha sido dada a ustedes, porque Dios está en sus corazones, porque Él ya hizo el trabajo en ustedes.

Hace 2000 años atrás, cuando Él dio a su único Hijo para salvarlos a ustedes.

Ustedes no tienen que agregarle nada a su cuerpo para salvarse.

Lo único que ustedes tienen que hacer es abrir sus corazones y confesarse a ustedes mismos que ustedes son “CERO” (NADA) ante Dios.

Que ustedes son sangre debajo de piel, que sin Dios ustedes no mueven un solo paso en sus vidas. Acepten que son nada y abran sus corazones a Dios.

Esta es su mejor oportunidad, confiésenle a Dios lo que realmente son: pecadores, seres imperfectos y humildemente suplíquenle Su perdón.

Esto es lo básico, aquí es donde ustedes deben empezar, este es el comienzo.

Es por eso que yo les digo, piensen acerca del Primer Mandamiento de Dios.

¿Qué son esos otros “dioses”, que ustedes tienen en sus vidas, mejores que el verdadero Dios?

Ustedes saben que algunas personas están atadas a su propio bienestar, y entonces su propio bienestar se transforma en su Dios. Si pues, ellos se atan a muchos diferentes tipos de comodidades y sus comodidades se transforman en su Dios. Ellos crean “dioses” a su propia imagen. ¿Por que rechazan a Jesucristo? ¿Por qué? Porque han creado su propia imagen de Dios que no encaja en la imagen de Jesucristo que es el Dios verdadero.

Todos nosotros cargamos, de manera consciente o inconsciente, todo tipo de divinidades en nuestras cabezas.

Si señores nosotros hacemos eso, es por eso que nosotros perdemos al verdadero Dios.

Solamente ustedes saben todo lo que han hecho de sus vidas y qué tan ocupados han estado y cómo ustedes han roto ese misericordioso contacto con Dios.

¿Cuáles son esos otros “dioses” que ustedes tienen en sus vidas y que no son el verdadero Dios?

ESO ES LO QUE USTEDES DEBEN CONFESAR HOY Y ENTENDER REALMENTE.

Continuemos.

El Segundo Mandamiento de Dios: “No tomarás el nombre de Dios en vano”.

¿Saben? Nuestra nación es una maldita nación. Están maldiciendo, condenando, jurando.

Es increíble como la gente maldice y se mofan (burlan), incluyendo la blasfemia contra la Madre de Dios, contra el Nacimiento, contra Jesucristo, Su sangre, los Santos, los Sacramentos, Dios, incluso contra sus propias vidas.

Algunos se maldicen a sí mismos.

Somos malditos, descarriados y desagradables, pero agitamos banderitas cuando el Papa visita Maria Bistrica porque no lo hacía desde el siglo 7.

Es una desgracia como la gente abusa de “sus madres” con sus propias lenguas.

Están encadenándose todos ustedes con frases que maldicen.

Maldecimos al Santo Cielo, pisoteándolo, pero después venimos a escuchar la Santa Misa del Domingo, si lo hacemos, porque somos “cristianos”, somos “romanos católicos”.

El Segundo Mandamiento de Dios dice: No tomarás el nombre de Dios en vano

No dice: No maldigas a tu Dios o no jures, lo que dice es: ni siquiera menciones Su Santo Nombre en vano, a menos que sea mediante una oración o con temor reverencial.

Pregúntense, ¿Cuántas veces han ustedes mencionado Su Santo Nombre en vano?

¿Y cuántas veces han maldecido?

Saben una cosa, ustedes no tienen que ser extremadamente sabios o buenitos o lo que la gente pretende ser en estos días.

Este es solo el comienzo, aquí es donde recién comenzamos, este es solo un ejercicio espiritual.

¿Cuál es el punto de predicar acerca de otras cosas si nosotros no comprendemos esto primero?

Si recién estamos en la teología del Antiguo Testamento.

Si el 30% de ustedes maldice y jura por Dios, ¿Cómo va a progresar esta comunidad espiritual?

El Tercer Mandamiento de Dios: Santificarás las Fiestas (Recordar Guardar el Día del Señor).

¿Son realmente conscientes de la grandeza del Día del Señor?

Esto no es para nuestros sacerdotes, que nosotros tenemos Iglesias llenas de gente.

Esto no es para nosotros, ¡no es para nosotros en absoluto!

¿No entienden que este día es para sus familias?

¿Que es solo un día en este mundo enfermo en que vivimos?

Para que puedan venir con sus hijos y sentarse todos en la misma mesa.

Este es un momento, un sagrado momento, en el que ustedes pueden compartir con ellos un rato, que pueden regresar a sus casas después de la Santa Misa y compartir este precioso momento en el que pueden preguntarles a sus hijos como le fue en su primera semana de colegio, en el que pueden conversar con otros, si, pueden comunicarse con otros, en el que pueden comportarse como seres humanos después de todo.

Que este día es para ustedes, este precioso momento por ustedes y por la paz de sus familias, por su felicidad y para su bendición.

¿En que gastan su domingo cuando se quedan en sus casas?

Hay otra cosa que me preocupa cuando nuestros sacerdotes atienden la Santa Misa: el esposo canta en el coro, la esposa esta en otro lugar, la madre está aquí, los niños están por allá, el hijo está arriba, ¿y después de la Santa misa?

Ustedes no se van a casa juntos, no, ustedes no almuerzan unidos, no, porque el esposo está en el trabajo, la esposa está tomando un café con una amiga, los niños están solos, ¡no!, no es el día del Señor para ellos, no lo es.

Jesús, cristiandad, fe es algo que realmente tiene que estar presente y activo en sus vidas.

El privilegio no está entre estas cuatro paredes, está en sus vidas.

Cuando están en sus camas, a la mesa, con sus familias, en el trabajo, ¡eso es cristiandad!, esa forma de vida.

No es suficiente estar aquí presentes hoy y hacer una especie de renovación ¡entiendan lo que se les está diciendo!

¡Les estoy diciendo esto por sus familias! Por su paternidad, por su maternidad, por usted, por ese poquito de Paz y ustedes ofenden, y ustedes violan esta ley tantas veces.

Todos nosotros y yo, junto con ustedes, cada uno de nosotros, tantas veces porque no comprendemos lo que Dios quiso para nosotros y lo mucho que significa eso para nosotros.

El Cuarto Mandamiento de Dios: Honrarás a Tu Padre y a Tu Madre, para que tus días transcurran en la tierra que el Señor tu Dios te obsequia.

Esto es lo que yo veo en estos locos tiempo que nos ha tocado vivir.

Hoy en día los niños no crecen dentro de una familia.

Ellos no pueden ver a nadie muriéndose dentro de sus familias.

Hoy en día el misterio del nacer y el morir están separados. Separados de la idea de familia.

Hoy los ancianos mueren en hospitales, asilos o en cualquier otro lugar que brinde estos cuidados y facilidades.

Es muy inusual para alguien morir en casa, muy inusual.

Sin dejar de mencionar lo difícil que es que alguien nazca en casa.

Yo no estoy diciendo que debemos retroceder en el tiempo y que las mujeres tengan a sus hijos en sus casas. No, claro que no. Lo que estoy diciendo es por otras razones.

Si tus hijos no ven como sus abuelos envejecen. Y si tus hijos no ven como tú, siendo su padre, no respetas a tus mayores. Si tus hijos no ven como tú veneras a tus padres, aunque ellos estén seniles y viejos, son tu padre y tu madre.

Si tus hijos no experimentan ese tipo de trato, no esperes, no esperes que tu hijo te haga lo mismo a ti. Espera algo peor, mucho peor.

Incluso si tú sientes que tus padres son una carga y ellos te incomodan.

No esperes bendiciones.

Aunque ellos te dejen cientos de miles de dólares y cientos de miles de casas, no esperes bendiciones.

Si tu no respetas a tu padre y a tu madre estas rompiendo la más básica, moral, humana y divina ley de la vida.

Si, porque tu estas faltándote el respeto a ti mismo, a la gente que te dio la vida.

A Dios quien se sirvió de ellos para darte a ti la vida y un alma eterna.

Estas rompiendo la ley principal de la vida.

Si eres incapaz de cumplir este mandamiento con tu corazón y tu mente.

No esperes bendiciones, no esperes…

El Quinto Mandamiento de Dios: No Matarás.

Nosotros pensamos que esas son cosas del pasado: asesinatos, que nosotros estamos ahora en un nuevo milenio ¿Pero saben ustedes? La vida humana nunca fue más perjudicada que en nuestros tiempos, y quien sabe si no lo será aun más en el futuro.

Lo único que nos queda es suplicar la Misericordia de Dios.

Este siglo recuerda solamente dos guerras mundiales, pero la verdad es que no ha existido la Paz en la Tierra ni por un minuto, ni por un minuto, en este mismo segundo, ahora, mientras estamos aquí, miles de personas están siendo asesinadas alrededor del mundo, no solo con cuchillos, pistolas y bombas, sino con el uso de nuestros propios úteros.

Si, ustedes están matando.

Quien decide abortar, me gustaría decirle a él al igual que a su pareja: ustedes no solo planifican una sola vida, ustedes planifican los hijos de sus hijos, y los hijos de los hijos de sus hijos, y los hijos de los hijos de los hijos de sus hijos.

¡Ustedes le dicen “alto” al Plan de Dios!

Porque ustedes le impiden a alguien venir a la vida, a través de ese ser ustedes le prohíben a miles de personas venir al mundo.

Quien sabe cuánto tiempo más vamos a vivir en esta Tierra y quien sabe si ustedes tuvieron 2, 3 o más abortos. ¿Cuántos más miles de personas ustedes han matado?

No solo matamos, sino que también matamos disfrutándolo, con odio.

No hay nada peor que el odio entre católicos.

No hay nada peor que odiar con esa cínica sonrisa en el rostro.

También está el asesinato entre hermanos y hermanas.

Ustedes escuchan acerca del avance del mal entre las personas y las naciones.

Ustedes limitan las bendiciones, ustedes matan, y matan conscientemente.

Y no hablemos de las drogas y el alcohol.

¡No maten cristianos! ¡No maten!

El Sexto Mandamiento de Dios: No cometerás adulterio.

¿Saben una cosa? Yo estoy convencido desde que soy sacerdote que las personas se avergüenzan de conversar acerca de estas cosas.

¿Cómo van a decirle estas cosas a un sacerdote?

Los jóvenes nunca se confiesan hoy en día ¿Por qué?

Porque los jóvenes no se dan cuenta que lo que hacen es un pecado ¿Qué cosa?

No practicar castidad antes del matrimonio.

Y a los casados… no todo les está permitido. Ustedes están siendo llamados a tener relaciones sexuales limpias.

Si, relaciones sexuales antes del matrimonio es pecado ¿Nadie se los dijo?

¿No sabían eso?

¡Masturbación es pecado!, ¡Desperdiciar su semen es pecado!

La confesión no es solo acerca de un pecado específico.

Observen en lo profundo de sus corazones ¿Por qué están ustedes haciendo estas cosas?

Es por vacío que lo hacen. Existe un inmenso vacío en sus corazones. ¿Dónde está Dios en sus corazones? No tienen amor, no tienen respeto, no tienen verdaderas relaciones con otras personas.

No tienen amistades verdaderas ¿Dónde están las emociones? Observen de cuanto amor verdadero se están perdiendo. Amor, cariño de verdad, honesto, sentimientos, amor con Dios.

Ahora ya saben que eso es pecado, ahora ya saben que deben confesar.

La sociedad moderna les dice que son muy anticuados, que eres retrasado si tú no tienes relaciones sexuales antes del matrimonio, si no tienes experiencia, si.

Ustedes no pueden encontrar una sola película donde no se vea desnudez, no existe.

Ustedes no van a encontrar una sola revista o periódico donde ustedes no vean una persona desnuda.

Hoy en día la desnudez y la pornografía está en cada esquina.

Se ha convertido en algo completamente normal.

El Séptimo Mandamiento de Dios: No robarás

Si país de ladrones, ¿Qué más puedo yo decirles?, no roben e imaginen: nuestra religión tiene cientos de años, no roben. ¡no roben!

Esta es su reforma espiritual, decidan cambiar su vida y vuélvanse personas honestas. Honestos en sus familias y en sus trabajos.

Y ni se les ocurra volver siquiera a pensar en robarse un tornillo ni nada.

Vivan honestamente ¿Acaso les da vergüenza ser honestos? Si, hoy en día da vergüenza ser honesto, cualquier persona honesta es estúpida y quien roba es exitoso.

Si, y su camino lo tiene claro para alcanzar lo más alto de la escena política

Si, ser honesto en estos días es motivo de vergüenza.

Nosotros nos traemos abajo todo. Todo es pervertido, estamos viviendo equivocadamente.

Nosotros nos vemos y creemos que somos perfectos, podemos arreglar nuestras casas y maquillar nuestros rostros para ponernos bonitos, pero por dentro somos como sepulcros putrefactos.

No roben, mantengan este mensaje muy cerca de sus corazones y piensen “prefiero cortar mi mano” antes de robarle a alguien.

¿Cómo vamos a construir un nuevo milenio cuando nadie confía en nadie?

Empezando por sus propias familias. Yo escucho de diferentes padres que ellos dejan dinero a propósito en lugares visibles para probar y ver si sus propios hijos, al ver el dinero, lo roban o no.

¿En qué nos estamos convirtiendo?

Y si el hijo toma el dinero de seguro está consumiendo drogas, porque no trabaja.

Nosotros robamos en cada esquina, nosotros robamos, y eso que sólo estamos hablando de robar cosas materiales. Ni hablemos del robo espiritual

Cuando nosotros robamos la reputación de una persona, cuando nosotros robamos el esfuerzo de otros, algunas personas venderían a su propia madre si solo pudieran alcanzar cierta posición.

Este tipo de personas piensa: “Arrebato, robo, mato… siempre y cuando yo esté bien”.

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El Octavo Mandamiento de Dios: No levantarás falso testimonios ni mentirás

Acá es en donde todos fallamos ¡todos!

¿Saben una cosa? Ustedes pueden todavía decir que esas cosas pasan, cuando están mintiendo haciéndose los tontos a ustedes mismos, pero cuando están mintiendo de una manera que ustedes causan daño a otras personas… aflíjanse si ustedes no reaccionan pronto.

Cuando mientes de tal manera que retrocedes aun más, difamando y afectando el futuro de esa persona, probablemente has sido testigo de otros acontecimientos.

Las pequeñas áreas rurales son ejemplos perfectos de este tipo de cosas.

¿Ustedes se imaginan? “Estoy aburrido, vamos a difamar a alguien solo por diversión”.

Porque tu escuchaste algo y le añadiste algo más a esa historia, y cuando llega a la persona final ya se convirtió en una tremenda mentira y esa pobre persona tiene que vivir su vida así, y nadie le dice nada en su cara. Incluso cuando ustedes lo conocen ninguno se le acerca y le advierte de ello ¿Por qué?

Porque tienen miedo y están asustados de que esa persona se ofenda y los culpe a ustedes por todo aquello.

Nosotros mentimos, fingimos, trastocamos la palabra y ustedes permiten que esa persona viva su vida en una ilusión, cuando la realidad es otra.

¿Lo están ayudando realmente?

E incluso quizás ustedes rezan juntos, pero ustedes no se acercan a esa persona para decirle la verdad “sabes una cosa se está diciendo esto y aquello de ti”. No lo hacen, porque a ustedes solo les interesa su propia reputación, porque a ustedes solo les importan ustedes mismos y su propio bienestar.

Y ese es el motivo por el cual ustedes son esclavos del hombre hoy en día.

Y esclavos de su entorno social.

¡Nadie dice la verdad nunca jamás! ¡Nadie!

Todos nosotros mentimos y fingimos, porque tenemos miedo de nuestra propia sombra.

Pero eso no es Cristiandad.

Tomen un ejemplo de la Santa Biblia: “Si mi hermano peca contra ti, ve y enséñale su falta, Si no te escucha, ve con otros dos testigos, y si rehúsa escucharlos, suplica a la Iglesia”

Y nosotros, nosotros nos dirigimos a todos los que están alrededor de esa persona y comúnmente esa persona es la última que se entera de las cosas.

Yo lo sé por la experiencia de los padres que tienen hijos que consumen drogas.Ellos son los últimos que lo descubren. Vecinos, amigos, familiares, hermanos, hermanas, todos los ven tomando drogas pero guardan silencio.

Y cuando ellos se convierten en adictos a las drogas, ni siquiera ahí se lo dicen a los padres, porque su propia reputación es más importante que esos muchachos.

¿Todavía continuamos diciendo que nosotros no mentimos en la vida?

Hay mentira en cada esquina y hoy en día no hay un solo periódico donde ustedes lean algo cierto. Eso no existe, son mentiras fabricadas

Y todos nosotros sabemos quién es el “padre de la mentira”.

Les diré mas acerca de esto mañana, escuchen atentamente lo que les digo.

El Noveno Mandamiento de Dios: No desearás a la mujer de tu prójimo.

Hoy en día es “moderno” tener amantes o prostitutas.

Ni siquiera desees, no te atrevas ni siquiera a mirar, no rebajes tu corazón a desear a la mujer de otro hombre.

Y ni mencionemos aquello que tú deseas hacerle a esa persona.

¿Cuántos matrimonios despedazados terminan en divorcio? ¿Cuántos? Demasiados.

Esa es la imagen moderna, es genial tener una prostituta o una amante, recién cuando la tienes eres “moderno”, estás en “onda”; es decir, tú tienes una esposa en tu casa que te cocina, lava y plancha y tienes una amante fuera de tu casa y “si yo me puedo permitir tener una mi esposa también puede tener un amante”.

¡Esa es la última tendencia!

El Décimo Mandamiento de Dios: No codiciarás los bienes ajenos.

Imagínense, Dios acaba de decirnos no robarás y después nos dice y nos repite no codiciarás los bienes ajenos.

No desees, ni siquiera pienses en desear, que ni siquiera se te ocurra ¿Por qué?

¿Por qué Dios trabaja en estos dos mandamientos para que nosotros tengamos mentes puras?

¿Por qué? Porque cada maldad empieza por aquí, pensamientos que ocurren en tu mente, después ustedes comienzan a escavar más profundo en esa mugre y entonces comienzan a desear, y después ese deseo se instala en sus corazones y después de todo esto, ustedes lo hacen.

Siempre comienza con un pensamiento que sucede en tu mente. Siempre viene de tu mente.

Es por eso que ustedes deben controlar sus pensamientos.

La mejor advertencia que yo les puedo dar a ustedes: mentes limpias, bocas cerradas y corazones puros.

Es mi mejor advertencia, tengan mentes limpias, corazones puros y guarden silencio para que puedan escuchar la Palabra de Dios en silencio.

Esa es mi advertencia.

Estos son los Diez Mandamientos de Dios.

Y así es como Jesucristo nos revela la ley del amor, a través de los Diez mandamientos del Padre.

Amen a Dios con todo su corazón, su alma, su ser y su mente, con todo su poder y con todo su aliento, con todo lo que ustedes son.

Para ser capaces de lograrlo, ustedes deben hacer esto primero: hay una condición, Su Confesión.

¿Qué más debería decirles? ¿Qué más les puedo yo decir?

Si nosotros mismo nos cumplimos esta condición primero.

Cada uno está mirando por los frutos y misterios del Espíritu Santo.

Como si este no fuera suficiente misterio, mostrándonos y haciéndonos testigos de la Palabra de Dios.

El misterio de los Sacramentos y el misterio de lo sagrado.

Esta es una gran prueba, mis hijos Cristianos y eso (la Confesión) los completará.

Que ustedes están queriendo hacerlo todo en el nombre de Dios para llegar más alto, para sanar a las personas, para brillar con el espíritu santo, para morir por Dios si es necesario.

Entonces ustedes recién estarán viviendo en la segunda dimensión, digamos tercera dimensión.

Les hablaré mañana acerca de tres dimensiones de mal y tres dimensiones de bien, por ahora reflexionen acerca de esto, esto solo ha sido una introducción.

Esta es su advertencia.

Continúa en la SEGUNDA PARTE – PRÉDICA DEL PADRE ZLATKO SUDAC

¿Como llegar a ser Santos?

¿Cómo llegar a ser Santos?

Los Santos se hacen en la Tierra, con las rodillas, la penitencia y la oración. No basta la confesión, también hay que hacer reparación.

Todos estamos llamados a ser Santos ¿pero cómo lo logramos hoy en día en un mundo tan materialista y egoísta? No es fácil pero ahí les va mi experiencia y la que aconsejan muchos Santos Sacerdotes -sin dejar de lado a las apariciones marianas y a los místicos que aconsejan lo mismo.

Conversión

Es darte cuenta que no vives tu vida de acuerdo a lo que Dios espera de ti. Dios te ha dado el libre albeldrío pero también te ha dado talentos para que los uses para tu bien y para ayudar a otros. Debes ver dentro de ti mismo y encontrar cuáles son estos dones y tratar ponerlos en práctica, pero no sin Dios. Dios es y siempre debe ser el eje de tu vida y y el centro de todo lo que haces, Él te guiará a usar esos talentos de la mejor manera para tu salvación y la de muchos y todo lo que haces debe ser siempre con mucho amor y desprendimiento (sin buscar retribución), siempre para mayor Gloria de Dios, es decir, para que muchos más también conozcan a Dios.

Parte importantísima de la conversión de vida es la confesión. Si tú decides acercarte a Dios no puedes acercarte sucio y llenos de cargas pesadas que te impidan llegar a él, debes dejar tus pecados y tus lágrimas en el confesionario, y luego debes hacer reparación de tus pecados.

Recuerda que los demonios son RESPONSABLES del pecado en el mundo, pero tú eres CULPABLE por no haber resistido la tentación y por ofender a Dios con el pecado.

Si la penitencia no lleva al esfuerzo interior que elimina el pecado y a practicar las virtudes, no puede ser agradable a Dios, que quiere ser servido con corazón humilde, puro, sincero, nos dice San Agustín; por eso, debes confesar tus pecados con la sincera enmienda de no volverlos a cometer más, sabiendo que el pecado es ofensa contra Dios, y que tú ofendiste a Dios con cada uno de tus pecados. Esto es lo importante.

guia para una buena confesion krouillong comunion en la mano

Consejos del Padre Carlos Cancelado para hacer una buena Confesión

El Padre Carlos Cancelado recomienda que una vez tomada la decisión de confesarte bien, debes REZAR para pedir a tu Santo Ángel de la Guarda que te ayude a recordar todos tus pecados, luego debes hacer tu EXAMEN DE CONCIENCIA revisando los MANDAMIENTOS DE DIOS, uno por uno, y si quieres escribirlos para no olvidarlos (pero luego de decirlos al confesor debes asegurarte de romper la lista).

Debes tener verdadero DOLOR DE TUS PECADOS y firme PROPÓSITO DE ENMIENDA, es decir, que luego de conocer y recordar tus pecados debes no querer volverlos a cometer jamás. Antes de ir a confesarte debes orar a Dios y pedirle un BUEN SACERDOTE QUE TE COMPRENDA Y TE ACONSEJE BIEN, pedirle a tu Santo Ángel de la Guarda y a San Miguel Arcángel que te guíen en tu camino para encontrar el Confesor que Dios quiere, para que te protejan en el camino y que no permitan que los demonios se interpongan e impidan tu confesión.

Debes ir primero al SAGRARIO y leerle todos tus pecados a JESÚS, tal y como se los vas a decir al Sacerdote; luego debes ir al Confesionario y debes CONFESAR TODOS TUS PECADOS QUE HAS RECORDADO sin ocultar ninguno ni justificarte, solo lee la lista que has hecho y los que hayas olvidado los recordarás ahí mismo.

Una vez que hayas terminado de leerle la lista (no tiene que ser en voz alta) puedes rezar el Señor Mío Jesucristo antes de entrar al confesionario. Es preferible que busques los confesionarios antiguos que son cerrados para que te sientas más cómodo.

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío
­por ser Vos quien sois­
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberos ofendido.
También me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia,
propongo firmemente nunca más pecar,
confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.

Ingresa en el confesionario, el sacerdote dirá “Ave María Purísima” y tú responderás “Sin Pecado Concebida Santísima”, te preguntará cuándo fue la última vez que te confesaste y dirás “Padre no me confieso desde hace …. (tanto tiempo), luego te preguntará qué pecados deseas confesar y dirás “Padre, quiero pedirle perdón a Dios por …. (comienzas a leer tu lista)”.

El sacerdote te va a escuchar y te va a aconsejar, no te calles nada porque es pecado grave callarte un pecado en el confesionario, suéltalo todo y sin vergüenza que Dios ya sabe lo que haz hecho y ahora quiere perdonarte. Si tú no le pides perdón a Dios él no puede perdonarte. Recuerda que el morir sin confesar los pecados mortales es condenación al infierno. No te calles nada, pues nada puedes ocultarle a Dios.

El sacerdote te va a dar un consejo o una llamada de atención por algo y no tengas vergüenza que es Jesucristo mismo quien está ahí, te va a dar tu penitencia y te va a absolver de tus pecados diciendo las mejores palabras que jamas hayas escuchado en tu vida «Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» y tú respondes “AMÉN”.

El sacerdote te dirá “puedes ir en paz” y tú respondes “demos gracias a Dios” y le agradeces al sacerdote si quieres.

Por último, en la Iglesia te arrodillas donde tú quieras y deberás cumplir la PENITENCIA que te dé el Sacerdote Confesor y LISTO. Espera la Santa Misa y comulga con tu alma limpia, sé constante y fuerte para no volver a pecar.

Puedes ayudarte con esta GUÍA PARA UNA BUENA CONFESIÓN

Penitencia

La penitencia es para muchos algo muy exagerado, pero se refiere al ayuno y la mortificación. Hay muchos tipos de ayuno, algunos son suaves otros más severos, todo depende de la persona, nadie te obliga a hacer un ayuno severo, debes empezar con sacrificios pequeños.

Igual es con la mortificación, nadie dice que seas severo contigo mismo, pero “puedes algo hacer lo que no te gusta hacer” como limpiar los baños, tender la cama, barrer o planchar, sacar la basura, algo que no te guste hacer pero hacerlo con amor ofreciéndole tus sacrificios y esfuerzo a Dios, por las BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO y por la conversión de los pecadores.

Aquí te damos más ideas de MORTIFICACIÓN Y PENITENCIAS PEQUEÑAS con las que puedes empezar.

Oración

No podemos ser santos sin oración, yo te recomiendo el ROSARIO DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL, el SANTO ROSARIO y la CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA

Reparación

Está bien que hayas confesado tus pecados, y mejor aún que en esta nueva etapa de tu vida hagas oración, reparación y penitencias, como lo ha pedido la Santísima Virgen en Fátima, pero si robaste debes reponer lo robado, si difamaste o mentiste debes decir la verdad y aclarar lo mal dicho, si ofendiste a Dios debes ahora hacer actos de adoración, si hablaste mal de los sacerdotes o de la Iglesia ahora debes aclarar la verdad y defender a los sacerdotes y a la Iglesia de los cuales Dios se sirve para que tú seas santo.

Esto es hacer reparación y uno de sus beneficios es que equilibra la balanza de los actos buenos y malos de tu vida ante Dios, lo que finalmente acortará tu Purgatorio.

Te comparto estas prédicas del Padre Carlos Cancelado sobre COMO LLEGAR A SER SANTOS – PARTE 01COMO LLEGAR A SER SANTOS – PARTE 02

Tambien puedes encontrarnos en la página de Facebook GUÍA PARA UNA BUENA CONFESIÓN

Que Dios les conceda a todos las Gracias que necesiten.

Karla Rouillon Gallangos

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