¿Ustedes se imaginan a Teresita de Liseaux o a Dominguito Savio Comulgando en la mano?

¿USTEDES SE IMAGINAN A SANTA TERESITA DE LISEAUX O A SANTO DOMINGO SAVIO COMULGANDO EN LA MANO?

Estoy segura que han respondido que ni de broma.

Normal, sencillamente es impensable. Ni ellos ni ninguno de nuestros grandes Santos de la historia, hubieran osado hacerlo.

El otro día me encontraba en una Iglesia con un cartel tamaño póster en el cual se explicaba como Comulgar en la mano. Me recordó a las instrucciones de los juegos didácticos, en las que lees, vuelves a leer y no te enteras de nada.

Me preguntaba por qué tanto esfuerzo, cuando no hay nada más sencillo que Comulgar en la boca, no hace falta instrucciones porque nunca se confunde uno.

Hay Sacerdotes que dedican todo su esfuerzo y entrega a este apostolado y para ello, están dispuestos sacrificar la belleza de un Templo Gótico poniendo sobre sus columnas semejantes aberraciones. Este es el nivel actual de parte de nuestro Clero.

Leía con agrado la noticia que nos traía mi compañero Germán Mazuelo, en la cual nos contaba que el Obispo de Oruro prohíbe la Comunión en la mano. Le deseo a Monseñor un gran futuro con esta iniciativa, es un ejemplo de un Buen Pastor.

Hemos hablado por activa y por pasiva de este tema, de cómo se debe recibir al Señor correctamente, “de rodillas y en la boca”, pero créanme, nuestros esfuerzos deben seguir encaminados a ello, hay una corriente modernista, me atrevería a decir que incluso terrorista, que tiene un claro interés en dinamitar el Sagrario, ¿Lo vamos a permitir? Jamás. No desfallezcamos en esta lucha, sigamos hasta el martirio, si es necesario.

Nuestras palabras nunca serán suficientes para dar Gloria al que tanto nos Ama, ¿Cómo nos vamos a cansar de defender a Cristo que está presente en la Hostia? Me conmueve especialmente el Evangelio de la hemorroísa,“cum audisset de Iesu, venit in turba retro et tetigit vestimentum eius”, Jesús era oprimido por la muchedumbre y ella, ni se atrevió a tocarlo, se conformó con acariciar levemente su manto, no se permitió ni rozar al Señor con uno de sus dedos y nosotros, indignos siervos, no sólo nos atrevemos a cogerlo con nuestras manos como si se tratara de un objeto cualquiera, sino que además, ni siquiera somos conscientes de que delante de nosotros está el Rey de Reyes.

El otro día me encontré a unos amigos y me llamó la atención lo que me comentaron. La conversación versaba sobre un Sacerdote al que no conozco personalmente, pero he escuchado hablar de él, según lo que se comenta, por lo visto, “no está bien de la cabeza”, así se lo escuché también a parte del Clero. No tenía ni idea de cual era el mal que aquejaba su cerebro, pero mientras charlaba con este matrimonio, casualmente, lo descubrí.
Este Presbítero NO permite que la gente Comulgue en la mano, ¡Ya ven! ¡Pecador público! Condenado hasta por sus propios compañeros.

Me llamó la atención como estos señores me relataban escandalizados este hecho, cuando ellos mismos, hasta la fecha, siempre los he visto Comulgar en la boca y es gente que acude diariamente a la Santa Misa. Es para pasmarse, no podemos ser más fariseos. Nos vamos dejando contagiar por lascorrientes luteranas y nos adaptamos a todo y así hemos llegado paulatinamente a estos sacrilegios que se cometen a diario delante de nuestros ojos y que en vez de pasmarnos, nos parecen hechos cotidianos, todo vale y todo está bien.

Si ustedes no tienen claro de lo que les hablo, piensan que exagero o me invento algo, enciendan la televisión cualquier domingo y pongan la Santa Misa en el canal que más les guste, observen el momento de la Comunión y después, llamen al Obispo y pregúntenle porque se permite esa aberración pública y consentida, aunque es sabido de todos que nuestra Jerarquía está para otros temas más importantes, tales como representar a la Iglesia en algún evento futbolero o atendiendo a padrinos transexuales y demás variantes.

“Cuando se aproxime para Comulgar, coloque la mano derecha como trono de la izquierda, que va a recibir al Rey y Señor…Con todo cuidado cójalo con la mano derecha y llévelo a la boca”. Me quedé un rato leyendo el manual de instrucciones del Buen Comulgante, lo primero que hace uno, es mirar sus manos y aunque lo sepamos desde pequeños, el caos es tal que intentamos identificar cual es la derecha, cual es la izquierda y cual tiene que estar debajo o encima. Acto seguido intentas analizar lo del trono y en ese momento resulta imposible no esbozar una sonrisa. ¡Qué surrealista! No me extraña que el feligrés medio no se entere de nada, es un cachondeo. Como complicamos la vida, con lo sencillo que es abrir la boca y recibir al Rey y Señor como verdaderamente se merece, de las manos de sus Sagrados Ministros, sin rozarlo nada más que con nuestra lengua.
El letrero remata con el siguiente punto, más pintoresco que los anteriores, “Lleve la Sagrada Forma a la boca delante del ministro de la Comunión. Si se da cuenta que un comulgante no llevó la Sagrada Forma a la boca, intente saber porqué, con caridad y discreción.”.

NOS QUIEREN IMPONER LA COMUNIÓN EN LA MANO COMO FORMA ÚNICA DE COMULGAR A TRAVÉS DEL MIEDO. LA COMUNIÓN EN LA MANO NO ES OBLIGATORIA, ES PARA EL FIEL QUE LO DESEA.

Fíjense que importante el papel de los Laicos, acercarnos a dialogar con nuestros hermanos para saber por qué han decidido no llevar al Señor a la boca y así en vez de una acción de Gracias podemos hacer una tertulia con café y bollos. ¡Por favor! ¿Cómo se permite poner todas estas sandeces en un papel a la vista de todo el mundo?
Esto es un abuso de autoridad, un insulto directo al Buen Dios. Sinceramente, yo no me siento parte de toda esta comedia absurda, pero sí me siento parte integrante de mi Iglesia, porque es la Iglesia de Jesucristo y tenemos derecho a decirlo, esto es una tomadura de pelo por parte de un Clero corrupto.

El otro día leíamos la entrevista a Monseñor Schneider, un Obispo como Dios manda… Hay esperanza, no lo duden.

Para saber el por qué la gente se adapta a estas exigencias de un Clero autoritario y dictador cuyo lema es “iglesia horizontal” hay que ir más allá de un letrero cutre pegado en una pared, se trata de una maniobra perfectamente orquestada desde el inicio del Concilio Vaticano II.
Mientras les escribo, acabo de recibir la llamada de mi madre diciéndome que “jamás conseguirán que ella Comulgue en la mano”, ¡Bravo mamaíta! Una superviviente.

¿Cómo se consiguió en un período express que la gente dejara de Comulgar en la boca? Muy sencillo, se empieza pisoteando la Liturgia, que todo parezca lo que sea menos la Santa Misa. Después para amenizar se pone música guitarrera, con panderetas y bongos y para finalizar le das el Copón a un laico y que “REPARTA” la Comunión como si fueran caramelos en una fiesta de Cumpleaños.

Oigan, esto es muy triste escribirlo, pero desgraciadamente es la realidad que nos rodea, no me estoy inventando nada que no puedan ver en sus Parroquias. Con toda esa fanfarria, ¿Quién se va a creer que el mismo Dios está presente en la Hostia?
Nos tratan como si estuviéramos en un espectáculo circense y no nos queda más remedio que participar y aún encima se atreven a decir que esto es lo que queremos los Laicos, ¡Por favor! ¿A quién quieren engañar? Serán los Laicos a los que Vds. se encargan de adoctrinar diariamente con gran esfuerzo y entusiasmo y a los cuales, en muchas ocasiones no les queda más remedio que acudir a esa Parroquia porque no pueden desplazarse a otra.
Y por si todo esto es poco, muchos Templos se han unido a la moda de poner pantallas de Televisión, ¿Saben para qué? Para que la gente tenga delante de los ojos la letra de la “Misa es una fiesta muy alegre, la Misa es una fiesta con Jesús”, este es el tema.

¿Ustedes han ido a la Santa Misa Tradicional? Sino lo han hecho, intenten buscar un Templo aunque tengan que desplazarse dos horas en coche, las gracias espirituales que obtendrán compensarán todo el sacrificio que les puede suponer el desplazamiento. En la Santa Misa podrán observar como absolutamente nadie Comulga en la mano, todo el mundo lo hace de rodillas y en la boca. ¿Por qué? Muy sencillo, la gente vive el Sacrificio, no vive una tarde de merienda en el campo y los Presbíteros, como representantes de Dios, respetan la Liturgia y el Canto y todo ello te hace situar en el Calvario con el grupo de los que no abandonaron a Jesús, de los que lo siguieron a la Cruz y cuando llega el momento de recibir al Señor, no puedes por menos que caer de rodillas, abrir la boca y dejar que el Sacerdote deposite en tu lengua al mismo Dios. ¿Cómo pensar en ese momento en levantar las manos, empezar a aplaudir y cantar “alabaré, alabaré”? Impensable, acabamos de alojar al Amado en nuestra alma.

“Vete entonces a la sagrada mesa con los ojos bajos, juntas las manos, con porte respetuoso. Anda con gravedad y modestamente. Ponte de rodillas con alegría y felicidad en el corazón. Al comulgar ten derecha e inmóvil la cabeza y bajos los ojos, abre modestamente la boca, pon la lengua humedecida sobre el labio inferior y tenla inmóvil hasta que el sacerdote haya depositado en ella la sagrada forma. Puedes guardarla si quieres por un momento sobre la lengua para que Jesús, verdad y santidad, la purifique y santifique. Después, cuando la sagrada Hostia esté ya en el pecho, pon tu corazón a los pies del divino rey, tu voluntad a sus órdenes y tus sentidos a su mejor servicio.” (Julian Eymard)

¿Novus ordo = novus horror?

No siempre es así, yo acudo a diario a la Santa Misa por el Novus Ordo y después de caminar 45 minutos, puedo asistir a lo que se considera una Misa normal. Pero seamos realistas, en general rozan el esperpento y lo absurdo: Manteles descuidados y horteras, plantas por el altar como si fuera un jardín botánico, hojas sueltas en vez de los Misales, Sacerdotes con Casullas estrafalarias o directamente sin ellas, todo indigno del Culto que merece su Majestad. La Consagración pasa desapercibida, apenas ya suenan las campanillas en ningún Templo y los reclinatorios han pasado a ser elementos decorativos de los desvanes parroquiales.

“¡Ah, con harta frecuencia la pobreza de culto es indicio de la debilidad de la fe! Mientras se mira a lo económico cuando se trata de Dios, nada se niega al lujo y a los placeres. Nuestros padres comenzaban por Dios; y satisfecho de su servicio, Dios les daba el céntuplo.” (Julian Eymard)

El otro día observaba como un Presbítero lanzaba la píxide, el porta Viático, de un extremo a otro de una mesa, no me pregunten si estaba lleno o vacío. Reflexionemos, el mismo Dios está en la Hostia esperándonos.

“Ser poseído de Jesús y poseerle, he ahí el soberano reinado del amor; he ahí la vida de unión entre Jesús y el alma alimentada con el don recíproco de entrambos. El amado es mío en el santísimo Sacramento, porque se me da en don entero y perfecto, personal y perpetuo : así debo ser también yo suyo.” (Julian Eymard)

Sonia Vazquez

Fuente: Adelante la fe

Es erhub sich ein Streit – Se entablo una Batalla (Johann Sebastian Bach)

Cantata BWV 19
ES ERHUB SICH EIN STREIT
Traducción al Español

Cantata BWV 19 – Se entabló una batalla

Fiesta de San Miguel Arcángel
Primera audición: 29 de septiembre de 1726
Texto: 1-6 adaptación de un texto de Picander. 7: Poeta desconocido
Solistas: SCTB. Coro. Trompetas I-III, timbales, oboes I/II, oboes d’amore I/II, taille (oboe tenor barroco) u oboe da caccia, violines I/II, viola y continuo.

Coro

Se entabló una batalla.
La furiosa serpiente, el dragón infernal,
atacó al Cielo con rabiosa venganza.
Pero Miguel venció,
y el ejército que lo rodeaba
abatió la impiedad de Satán.

Recitativo (bajo)

Gracias a Dios, el dragón yace vencido.
El inmortal Miguel
y su angélico ejército
lo han derrotado.
En las tinieblas yace,
atado con cadenas,
y su lugar ya no estará
en el Reino de los Cielos.
Así estamos seguros,
pues si nos espantaba su rugido,
nuestro cuerpo y alma estarán
protegidos por los ángeles.

Aria (soprano)

Dios nos envía a Mahanaim, (Gen 32,2)
pero vayamos o no,
podemos estar tranquilos
frente a nuestros enemigos.
Cerca o lejos, el ángel del Señor
acampa en torno de nosotros (Sal 33,8)
con fuego, caballo y carro.

Recitativo (tenor)

¿Qué es el despreciable hombre, criatura terrenal?
Un gusano, un pobre pecador.
Ved cómo lo ha amado el Señor,
que no lo considera tan bajo,
y ha puesto a los hijos del Cielo,
el ejército de los serafines
para su protección y cuidado,
y para su defensa.

Aria y coral (tenor)

¡Permaneced, ángeles, conmigo!
Guiadme por ambos lados,
para que mi pie no resbale.
Y enseñadme también aquí
a loar vuestra gran santidad,
y a cantar en agradecimiento al Altísimo

Recitativo (soprano)

Amemos la presencia
de los piadosos ángeles,
y no los aflijamos ni los alejemos
con nuestros pecados.
Así, cuando el Señor nos mande
decir adiós al mundo,
serán nuestra felicidad
y nuestro carro hacia el Cielo.

Coral
(Trompetas I-III, timbales, oboe I y violín I con sopranos, oboe II y violín II con contraltos, taille y viola con tenores, y continuo)

Que tus ángeles vayan conmigo
en el ígneo carro de Elías,
y custodien mi alma,
como a Lázaro tras su muerte.
Que ella repose en tu seno,
y llénala de consuelo y alegría,
hasta que el cuerpo salga de la Tierra
y se una con ella.

Traducción: Saúl Botero Restrepo

Aquí la letra en alemán y español: http://www.bach-cantatas.com/Texts/BWV19-Spa7.htm

Ambas imágenes se llaman “Nuestra Señora del Apocalipsis”

Gracias Gonzalo María Fernández Hernández por compartir esta bella Cantata de Bach y que nuestro Santo Patrón te colme de bendiciones y Gracias.

Cada 29 de mes… ¡rezamos el Rosario de San Miguel!

Facebook Rosario de San Miguel Arcángel cada 29 de mes

Conoce mejor cómo le fue revelada esta Corona Angélica a Sor Antônia d’Astónaco

¿Conoces el Escapulario de San Miguel?

Triduo a Nuestra Señora de Fátima

TRIDUO EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Comenzamos el Triduo en honor a Nuestra Señora de Fátima el día 11 de Mayo y lo terminamos el día 13 de Mayo, día de su Fiesta.

El Triduo en honor a Nuestra Señora de Fátima puede rezarse en cualquier día y mes del año.

TRIDUO EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro

Señor mio, Jesucristo,
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío,
por ser Vos quién sois
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberos ofendido;
propongo firmemente nunca más pecar,
apartarme de todas las ocasiones de pecado,
confesarme y, cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

Te ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos,
en satisfacción de todos mis pecados,
y, así como lo suplico,
así confío en vuestra bondad y misericordia infinita,
que los perdonareis,
por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte,
y me daréis Gracia para enmendarme,
y perseverar en vuestro santo amor y servicio,
hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL PARA TODOS LOS DÍAS

Altísimo Dios de todo lo creado,
en quien creo, espero,
y amo sobre todas las cosas,
y a quien me pesa con gran dolor de haber ofendido.
Te ofrezco Señor, por medio del Corazón Inmaculado de María
todas las obras y sufrimientos de este día y de todos los días de mi vida, para reparar por mis propios pecados
y por la conversión de los pecadores.

Te ruego Virgen Santísima de Fátima,
me ayudes en los momentos difíciles de la tentación
y en la hora de mi muerte,
para que goce contigo las delicias del Cielo. Amén.

 

ORACIÓN DEL PRIMER DÍA

Virgen del Rosario, que aparecisteis en Fátima en 1917 a tres inocentes niños: Lucía, Francisco y Jacinta. Bajasteis del cielo para anunciar a los hombres que Dios está muy ofendido. Tú como Madre Amorosa, nos avisas del grande castigo que merecemos si no dejamos de pecar.
¡Virgen Santísima de Fátima! Ayúdanos a llevar una vida santa, y si tenemos la desgracia de pecar, vayamos con decisión al Sacramento de la Confesión.

Rezar un Avemaría, un Gloria y la oración final de todos los días.

ORACIÓN DEL SEGUNDO DÍA

¡Dulce Madre! Virgen Blanca e Inmaculada, que enseñaste en Fátima a tres niños el infierno, no para asustarles sino para avisar de que el infierno existe y que no es un mito, y se dispongan los hombres a enmendar sus vidas haciendo oración y penitencia. El demonio vomita veneno por el mundo con la corrupción de costumbres para que las almas se pierdan por una eternidad. ¡Virgen Poderosa! Enciérranos en tu Corazón de Madre y condúcenos por el camino de la salvación. Amén.

Rezar un Avemaría, un Gloria y la oración final de todos los días.

 

ORACIÓN DEL TERCER DÍA

¡Virgen de Fátima! Mensajera de amor y paz. Blanca como tu pureza. Perpetua virginidad.
Como hijos que te amamos, queremos reparar las ofensas que hieren tu Inmaculado Corazón con una Salve…

Nos comprometemos a rezar todos los días el Santo Rosario, porque sabemos Madre Bendita que es tu deseo. Confiamos Madre de Dios y Madre nuestra, en tu poderosa intercesión.

Rezar un Avemaría, un Gloria y la oración final de todos los días.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

¡Virgen de Fátima! Si es la voluntad de tu Divino Hijo,
concédeme la gracia que te pido en este Triduo…

(mencionar la Gracia que se desea conseguir)

¡Ayúdanos Madre! a vivir siempre en la fe, esperanza y caridad.

Amén.

Deseo que Dios les conceda a todos las Gracias que necesiten.

Karla Rouillon Gallangos

Déjame ver Tu grandeza, Señor

DÉJAME VER TU GRANDEZA, SEÑOR

Señor, me acaricias con la brisa,
Me besas con la luz del sol,
Me meces en las olas de Tus playas,
Me mimas con las gotas de la lluvia,
Me consuelas con Tu Palabra,
Me perdonas en el Sacramento de la Reconciliación y me das Vida con la Eucaristía.

¡Si supiéramos la grandeza del Sagrario!
Te das por amor en la Eucaristía,
Te inmolas constantemente por mi.
Aumenta mi amor por Ti
Y déjame ver Tu grandeza y sentir Tu Amor.
¡Amén!

Acompaña a Jesús en el Sagrario más cercano 10 minutos diarios. La Adoración Eucarística es tan efectiva como la oración diaria y constante para crecer espiritualmente.

¡NO RECIBAS A JESÚS EN LA MANO!

El Santo Rosario en latín que Santa María entregó Santo Domingo de Guzmán

EL SANTO ROSARIO EN LATÍN QUE SANTA MARÍA ENTREGÓ A SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

Yo doy gracias a Dios porque hoy en día existen católicos que conservan la Tradición Católica pura, sin los cambios dados luego del Concilio Vaticano II. Si no fuera por ellos yo nunca habría conocido la Santa Misa Tradicional, nunca hubiera tenido un Misal latín español en mis manos, nunca hubiera conocido una Mantilla, y no hubiera conocido las oraciones en latín y el canto gregoriano.

Existen católicos modernistas que no conocen todo esto pero lo critican porque les han enseñado mal a propósito pues hay hijos de perdición que quieren eliminar la Tradición de la Iglesia y reducirla a nada, también les han enseñado que quienes conservan la Tradición de la Iglesia Católica son sedevacantistas (no reconocen a los Papas después de Pablo VI) y esto no es del todo cierto. Algunos si pero otros no, y por desconocimiento se pierden la oportunidad de conocer la Tradición de la Iglesia y disfrutar de sus Gracias.

La Santa Misa Tradicional no ha sido derogada por la Iglesia, solo ha sido despreciada por los católicos modernistas a quienes les parecía aburrida, y que -seguramente- hoy disfrutan mucho ver mujeres entregando la comunión en una misa lo suficientemente corta como para no aburrirse; sin embargo, en esta ocasión les quiero explicar por qué algunas personas rezan el Santo Rosario en latín, y por qué no rezan los misterios luminosos.

S.S. Benedicto XVI durante su papado rezaba los cuatro misterios en latín (yo tengo sus audios), estos son: gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos, pero existen católicos tradicionales que solo rezan tres misterios, estos son: gozosos, dolorosos y gloriosos.

 

El motivo por el cual no rezan los misterios luminosos no necesariamente se debe a que no reconocen a S.S. Juan Pablo II como Papa (fue él quien introdujo los misterios luminosos del Santo Rosario), sino más bien a que quieren rezar el Santo Rosario en latín bajo una disciplina instruida por la Santísima Virgen María en persona, ya que, cuando Nuestra Santa Madre le entregó a Santo Domingo de Guzmán el Santo Rosario, éste solo tenía tres misterios, estos son: gozosos, dolorosos y gloriosos.

Quienes así deciden rezarlo consideran que las adiciones posteriores (los misterios luminosos) destruyen lo tradicional, es decir, aquello que fue entregado por manos de la Santísima Virgen María, y por disciplina, tradición y obediencia deciden sujetarse a su rezo tal cual.

También consideran que la meditación de los momentos que se indicaron como misterios luminosos no es que sea mala, sino que lo malo es cambiar lo dictado por la Santísima Virgen María en persona.

En la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario o de Santo Domingo de Guzmán todos los católicos comparten en sus redes sociales artículos relacionados al momento en que Nuestra Madre del Cielo entrega al religioso el Santo Rosario, incluso con bonitas imágenes de dicho momento, pero nadie explica en dichos artículos que ese Rosario no es el que los católicos rezamos hoy en día.

Entonces, si se trata de ser fieles a lo que Nuestra Santa Madre nos dio, cabe recordar que en la guerra contra los albiguenses Nuestra Santa Madre dio a Santo Domingo de Guzmán el Santo Rosario, el cual consta de 150 Avemarías para equipararse a los 150 salmos, no más y no menos. Y así solo lo rezan pocos hoy en día porque a la mayoría nadie se lo ha explicado.

Es una Tradición que nuestra Santa Madre dictó en persona a Santo Domingo de Guzmán para que nosotros sus hijos podamos meditar y contemplar la vida, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

No obstante lo arriba explicado, se puede rezar como obra piadosa en forma privada los misterios luminosos, y meditar sobre tales momentos incluidos en las Sagradas Escrituras, pues Dios ve nuestros corazones y nuestras intenciones en lo privado, y por Su misericordia nos lo reconocerá en lo público (en el juicio final delante de toda la humanidad); pero siempre respetemos lo que Nuestra Santa Madre dictó y respetemos también a quienes quieran rezarlo así.

Si te surge la inquietud de qué debemos contestarnos ante la pregunta ¿Debo elegir entre el Santísimo Rosario tal cual fue dado por la Santísima Virgen María a Santo Domingo de Guzmán o el “Nuevo” con los Misterios Luminosos? ¿Cuál elijo? La elección es individual y en ninguno de dichos casos estás haciendo mal a tu alma, pues es Nuestra Santa Madre del Cielo quien te guía en tu oración.

Sin embargo, hay algo que los católicos si debemos dejar de hacer y es ofender a los católicos tradicionales y continuar despreciando la Tradición de la Iglesia, la Santa Misa Tradicional y el latín, que -por cierto- critican sin conocerlos diciendo que lo moderno es mejor, cuando nuestros ojos ven -en la santa misa (de cara al pueblo) y las ministras extraordinarias de la comunión- que eso no es cierto.

Luego del Concilio Vaticano II han pasado más de 40 años en que ni sacerdotes ni fieles transmiten estas verdades sobre el Santo Rosario en latín, no se difunde la Santa Misa Tradicional que no ha sido derogada por la Iglesia, no se difunde el latín y a muchos católicos ni les interesa conocerlo; pero estas mismas personas que se llaman a sí mismos “muy católicos” si han tenido tiempo para rechazar la Tradición y ofender a los católicos tradicionales de diversas maneras.

En tal sentido, luego de más de 40 años, nuestras abuelas todavía pueden recordar la Santa Misa Tradicional y el latín, pero no nuestras madres que ya lo olvidaron, tampoco nosotros que nunca nos enseñaron, ni nuestros hijos pues sus padres no pueden enseñarles lo que ellos desconocen, y menos nuestros nietos. Por eso doy gracias a Dios por quienes nunca cambiaron nada a la Tradición de la Iglesia y siguen conservándola hasta nuestros días.

Ya es tiempo de detener las ofensas e informarse mejor.

Tú no puedes opinar ni criticar aquello que no conoces solo por cómo otros te lo han contado.

Católico, regresa a la Tradición. Asiste a la Santa Misa Tradicional en latín y verás la diferencia.

Que Dios les conceda a todos, por la intercesión de Nuestra Santa Madre del Cielo y su Santo Rosario, las Gracias que necesiten.

Karla Rouillon

Este libro nos explica el Santo Rosario Tradicional que Nuestra Santa Madre del Cielo nos entregó.

¿Debe un Católico celebrar a Lutero?

¿DEBE UN CATÓLICO CELEBRAR A MARTÍN LUTERO?

Mientras nos preparamos para que el Papa Franciso celebre el 31 octubre (del 2016) la conmemoración del Quinto Centenario de la Reforma Protestante, nos preguntamos: ¿Por qué un católico debe celebrar a Martin Lutero cuando toda su reforma se basó en odio a la fe católica?

Lutero Ataca al Papado

El foco central de la revuelta de Lutero de 1517 fue un ataque a gran escala al Papado establecida por Cristo. Lutero no se opuso a las políticas de uno u otro Papa, que es algo que varios santos han hecho. En cambio, los delirios de Lutero se dieron contra la misma Santa Sede en su libro “Contra el papado romano: una institución del diablo”.

También denunció al papado cuando el Papa León X condenó su doctrina en 1520 con Bull Exurge Domine . Lutero respondió: “Yo sostengo que el autor de esta Bula es el Anticristo: Maldigo como una blasfemia contra el Hijo de Dios … Confío en que cada persona que acepta esta Bula va a sufrir los tormentos del infierno … ¿dónde están los emperadores, reyes y príncipes de la tierra que toleran la voz infernal del Anticristo? León X y ustedes, cardenales romanos, Yo les digo en sus caras … renuncien a su blasfemia satánica contra Jesucristo”. 1

Lutero pasó a quemar la bula papal y presumir de ello al día siguiente: “Ayer he quemado la obra diabólica del Papa, y me gustaría que fuera el Papa, es decir, la sede papal que hubiera sido consumida. Si no se separan de Roma, no hay salvación para sus almas.” 2

Lutero Ataca la Santa Misa

Sobre el Santo Sacrificio de la Misa, la acción más sagrada de la Iglesia, Lutero se duchó en su desprecio vulgar.

Dijo que ningún pecado de inmoralidad, o mejor dicho, incluso de “homicidio, el robo, el asesinato y el adulterio es tan perjudicial como esta abominación de la misa papal.”  Además gruñó que más adelante tendría “que conservar una obscena casa o ser un ladrón que tendría que blasfemar y traducir a Cristo por quince años diciendo las misas. 3

En su panfleto “la abrogación de la misa”, pretendía destruir la Santa Misa, Lutero escribió:

“Estoy convencido de que por estos tres argumentos [que había hecho anteriormente] cada conciencia piadosa será persuadida de que este sacerdote de la misa y el papado no son más que una obra de satanás, y será lo suficientemente advertida contra la imaginación de que por estos sacerdotes nada piadoso o bueno se efectúa. Ahora todos sabrán que con estas misas de sacrificio se han probado como perjudiciales para el testamento de Nuestro Señor y que, por tanto, no hay nada en todo el mundo que ha de ser odiado y detestado tanto como los espectáculos hipócritas de estos sacerdotes, sus misas, su culto, su piedad, su religión. Es mejor ser un alcahuete público o ladrón como uno de estos sacerdotes”. 4

El gran San Juan Fisher, que vivió en la época de Lutero, expresa su horror por la impiedad de Lutero: “Dios mío”, escribió, “¿Cómo puede uno estar tranquilo cuando uno oye tales mentiras blasfemas pronunciadas en contra de los misterios de Cristo? ¿Cómo puede uno sin resentimiento escuchar tales insultos escandalosos lanzados contra los sacerdotes de Dios? ¿Quién puede leer tales blasfemias sin llorar de pura pena si todavía conserva en su corazón, incluso la más pequeña chispa de piedad cristiana?” 5

Perversión de las Sagradas Escrituras

Un principio clave de la reforma de Lutero es la creencia en la “sola Esritura”. En el sistema de Lutero, no hay Iglesia encargada con autoridad divina para enseñar en el nombre de Cristo, pero está solo la Biblia como la única fuente de la revelación divina. Lutero enseñó esto a pesar del hecho de que el principio de la “sola Esritura” no se encuentra en ninguna parte de la Biblia – promoviendo así un principio que no es bíblico.

Al mismo tiempo, Lutero manifiesta su desprecio por las Sagradas Escrituras mediante la alteración de textos para adaptarlos a sus propias ideas. Lutero rechazó las buenas obras como un medio para la salvación. Tuvo la audacia de cambiar el verso 28 del Capítulo III de la Carta de San Pablo a los Romanos para leer, “Sostenemos que el hombre es justificado sin las obras de la ley de la fe sola .” Lutero añadió la palabra “solo” al texto sagrado para reforzar su propio punto de vista herético. Para cualquier seguidor que se opuso a la perversión del texto, Lutero tronó: “Y si a algún papista le molesta la palabra “solo” le dicen en seguida: el Dr. Martin Lutero lo quiere así: papista y el culo son una y la misma cosa.” 6

Como es obvio, el orgullo era uno de las fallas principales de Lutero. Haciendo gala de la infalibilidad y superioridad de su propia enseñanza, Lutero ladró: “El que enseña de manera diferente que yo, a pesar de que sea un ángel del cielo, sea anatema.” Y más adelante: “Yo sé que soy más culto de todas las universidades … “ 7

Lutero pasó a rechazar varios libros de la Biblia que encontró insatisfactorios.Denunció la Epístola de Santiago como “una epístola de paja.” “Yo no tengo que”, dijo, “sostener sus escritos ni puedo colocarlo entre los libros primordiales.” Rechazó la Epístola de Santiago, ya que proclama la necesidad de las buenas obras, en contra de su herejía. Lutero también rechazó el libro del Apocalipsis: “Hay muchas cosas desagradables en este libro; en mi opinión, no lleva a ninguna marca de un carácter apostólico o profético … Todo el mundo puede formar su propio juicio de este libro; en cuanto a mí, siento aversión haia él, y para mí esto es motivo suficiente para rechazarla. “ 8

Lutero pasaría a negar la fuerza vinculante de la ley moral: “Debemos eliminar el Decálogo fuera de la vista y el corazón” 9 y aún más, “Si Moisés trata de intimidarlos con sus estúpidos Diez Mandamientos, diganle de inmediato: ‘Persigue tú mismo a los Judíos’.” 10

Lutero pervierte la Moralidad

Lutero, un sacerdote ordenado y consagrado como religioso agustinos, rompió su voto de celibato y se casó con una monja, también bajo el voto de celibato. Luteror animó a muchos otros sacerdotes y religiosos a romper sus votos y casarse. El enfoque de Lutero era en última instancia, una rendición a la sensualidad y la mundanalidad en un momento de relajamiento moral. Como explicó el profesor Thomas Neil, el atractivo de Lutero al clero de su época fue un éxito: “Les ofreció esposas y querían esposas. Él los retiró de los monasterios y los puso en la plaza pública, y ellos querían vivir en la sociedad mundana “. 11

El eminente converso David Goldstein escribió: “los escritos de Lutero en materia de sexo son lo opuesto de las cosas dignas. Sólo en los escritos socialistas de amor libre habíamos visto el elogio de ellos. Hay escritos lascivos de Lutero que le han ganado para él la distinción de”exponente clásico” de la “sensualidad saludable”.” 12

Demasiadas veces a través de los siglos, inmoralidades han deshonrado el ministerio cristiano, pero Lutero tiene la distinción poco envidiable de haber defendido pecados sexuales como ‘necesarios’.” 13

Y porque Lutero ha enseñado que el hombre es inherentemente corrupto, que sus pecados nunca son realmente perdonados sino que son simplemente cubiertos por la sangre de Cristo, con tal de que se haga un acto de “fe” en la salvación de Cristo, instó a su amigo Melanchton, “Sé un pecador y peca valientemente, pero cree más valientemente todavía.” 14

Qué contrario es esto a la verdadera doctrina católica que nos ordena no sólo evitar el pecado, sino evitar las ocasiones de pecado.

La crueldad de Lutero

Aunque Lutero hizo uso de los campesinos de su tiempo para popularizar su revuelta, que de manera inadvertida despertó a las clases pobres a una rebelión que llevaba mucho tiempo ulcerosa en sus corazones, Lutero puso entonces a los príncipes contra los campesinos. En una muestra de su crueldad inhumana, Lutero aconsejó a los príncipes que debido a que los campesinos “roban y deliran como perros enfurecidos … debían hacerlos añicos, estrangularlos y apuñalarlos, al igual que uno se ve obligado a matar a un perro rabioso.” 15

Ruptura con la Cristiandad

El Padre Thomas Scott Preston, en su obra “La Reforma protestante”, describen las consecuencias de la tesis de Lutero de que todo hombre es libre de interpretar las Escrituras a su antojo.

“En teoría,” escribe el Padre Preston, “el juicio privado destruye tanto el Credo y la posibilidad de la fe. No puede haber ningún Credo de que cada individuo es el creador de su propia fe. No puede haber unidad de la fe en todas las cuestiones de creencias son referidos al juicio individual. Un hombre es tan bueno como otro en la búsqueda de su propia fe y en la interpretación de la Escritura, la tradición, o la historia; y más que eso, este juicio privado no es simplemente su privilegio, sino su deber. Todos están obligados, incluso el ignorante y analfabeta, de decidir por sí mismos donde no hay autoridad divina y testimonio divino, y por lo tanto puede haber tantos credos como hay individuos.” 16

Incluso el escritor no católica Friedrich Paulsen ha observado con razón “la revolución es el término por el cual la reforma debe describirse … la obra de Lutero no fue Reforma, no “volvió a formar” la Iglesia existente por medio de sus propias instituciones, sino por la destrucción de la vieja forma, de hecho, la negación fundamental de cualquier Iglesia en absoluto.” 17

El resultado final fue el alejar a millones de almas de la única Iglesia verdadera establecida por Cristo, y la ruptura de la unidad de la cristiandad.

Como Monseñor Joseph Clifford Fenton, el teólogo americano eminente, observara, la supuesta Reforma de la Iglesia de Martin Lutero “consistía en un esfuerzo para que la gente abandonara la fe católica, y renunciara a su pertenencia a la única verdadera Iglesia militante del Nuevo Testamento, con el fin de seguir su enseñanza y entrase en su organización.” 18

A pesar de la postura ecuménica sentimental de eclesiásticos colocados altamente, no hay que tapar la arrogancia de Lutero y sus graves errores contra la Fe. De hecho, la presente colaboración ecuménica entre católicos y luteranos es, en palabras del Papa Pío XI, una “falsa unidad, bastante ajena a la única Iglesia de Cristo.” 19

Nada que Celebrar

Los errores de Martin Lutero – y del protestantismo que dio lugar – no podrían ser más contrario a las hermosas verdades católicas reiteradas por Nuestra Señora de Fátima.

En Fátima, Nuestra Señora reafirmó doctrinas católicas clave que Lutero negó, como la misa y la Eucaristía, la realidad del pecado personal, la necesidad de la confesión y de reparar, la realidad y la centralidad del papado establecida por Cristo, la humildad de sumisión a la doctrina perenne de la Iglesia Católica, y la caridad hay que mostrar a los demás a diferencia del “estrangular” y “apuñalar” a los campesinos si se salen de control de Lutero.

Nuestra Señora de Fátima realizó el asombroso milagro del sol antes de 70.000 personas el 13 de octubre de 1917, para demostrar la veracidad de sus palabras. No hay competencia entre las hermosas verdades pronunciadas por Nuestra Señora y el veneno herético vomitado por Martin Lutero.

Por tanto, es imposible admitir que un católico debe celebrar a Lutero en modo alguno. Sólo los de una mentalidad protestante y modernista lo harán. Martin Lutero no debe ser ni admirado ni imitado. Mientras la Iglesia le ha combatido constantemente durante cuatro siglos, su doctrina y el movimiento iniciado sólo es digno de condena.

El aniversario número 500 de la revuelta destructiva de Lutero debe ser un tiempo para los católicos para marcar el centenario de 1917 de las Apariciones de Nuestra Señora de Fátima, y para orar y trabajar por la conversión de los protestantes a la única verdadera Iglesia de Cristo, la Iglesia Católica.

(escrito por JV, publicado originalmente como un folleto para el Centro de Fátima )

Notas:

1 Los hechos en contra de Lutero , Mons. Patrick O’Hare, p. 89.

2  Ibid., P. 90.

3 Luther , Hartman Grisar, SJ (traducción Inglés, Herder), vol. 2, p. 166; Vol 4. p. 525.

4 La defensa del Sacerdocio, San Juan Fisher, traducido por Mons. PE Hallet, p. 2.

5  Ibid, pp. 2-3.

6  Amic. Discusión, I, 127 – tomado de los defensores de la Manual de Cristo , David Goldstein, pp 197-198..

7 Datos sobre el Luther , p. 20.

8  Ibid, p. 203.

9 De Wette, IV, p. 188.

10 obras , Wittenberg, ed. V, 1573, tomado de Goldstein, pp. 197-198.

11 Los fabricantes de la mente moderna , Thomas P. Neil, Ph.D., p. 24.

12  Bebel, Mujer , p. 78, Nueva York, 1910 (de Goldstein).

13  Citado de Goldstein, p. 198.

14 Datos sobre el Luther , p. 119.

15 Los fabricantes de la mente moderna, p. 25.

16 Hechos sobre Luther, pp.167-168.

17  Ibid., Pp. 168-169.

18  “El Consejo y el padre de Kung,” Mons. Joseph Clifford Fenton, American Ecclesiastical Revisión , septiembre de 1962.

19  El Papa Pío XI, Mortalium animos “, en el fomento de verdadera unidad de los cristianos” (contra el ecumenismo), 6 de enero de 1928.

13 de de octubre de 2016: No se hace mención de la Virgen de Fátima, pero Martin Lutero es entronizado por Francisco en el Vaticano

Fuente: CFNEWS.ORG

27 de Octubre de 2016

La muerte de Lutero

LA MUERTE DE LUTERO

Así pintan los protestantes a Lutero en su lecho de muerte

¿Cómo murió Lutero?

La versión oficial protestante narra que el mayor artífice de la ruptura cristiana falleció de muerte natural, el 15 de febrero de 1546, luego de un viaje a Eisleben y padeciendo una angina en el pecho; ¿fue realmente así?

Un estudioso alemán contemporáneo, Dietrich Emme, ofrece una versión muy diferente en una revisión de los hechos. En su “Martin Luther, Seine Jugend und Stu­dienzeit 1483-1505. Eine doku­mentarische Darstelleng[1] (“Mar­tín Lutero: La juventud y los años de estudio desde 1483 al 1505. Bonn 1983”) señala que Lutero se suicidó; pero no es el único en señalarlo.

Asimismo, un psicoanalista freudiano, M. Roland Dalbiez,en su estudio sobre “La angustia de Lutero”[2],le atribuye «…una neurosis de angustia gravísima, tan grave que uno puede preguntarse si no ha sido debida a un estado-límite en la frontera entre la neurosis, por una parte, y el “raptus suicida”, por otra, un automatismo teleológico anti-suicida»[3].

Sí; Lutero tuvo tendencias suicidas, como puede corroborarse en sus mismas “Tischreden” (“Charlas de sobremesa”) donde se reporta, entre otras, una de sus conversaciones con el pastor Güben, Leonhard Beyer, ocurrida en el año 1551:

«Nos dijo que, cuando estaba prisionero, el diablo lo había malvadamente atormentado y que había reído de todo corazón cuando él (Lutero) tomó en su mano un cuchillo, diciéndole: “¡Ve adelante! ¡Suicídate!” (…). Esto me ha ocurrido muy a menudo, tanto como para ponerme en la mano un cuchillo… y que pensamientos malvados me venían a la mente de tal modo, de manera de no poder ya rezar»[4].

Algo análogo narra en 1606 el franciscano Heinrich Sedulius, en su “Preaescriptiones adversus haereses” al traer a colación el valioso testimonio de Ambrosio Kudtfeld, un testigo y hombre de confianza del “reformador” quien, lejos de narrar una muerte a causa de una angina, dice:

«Martín Lutero, la noche antes de su muerte, se dejó vencer por su habitual intemperancia y en tal exceso que fuimos obligados a llevarlo, completamente alcoholizado, y colocarlo en su lecho. Luego, nos retiramos a nuestra cámara, ¡sin presentir nada desagradable! A la mañana siguiente, volvimos junto a nuestro señor para ayudarlo a vestirse, como de costumbre. Entonces – ¡oh, qué dolor! – ¡vimos a nuestro señor Martín colgando del lecho y estrangulado miserablemente! Tenía la boca torcida, la parte derecha del rostro negra, el cuello rojo y deforme»[5].

Efectivamente en aquella época se usaban camas elevadas, sostenidas por columnas.

«Frente a este horrendo espectáculo, ¡fuimos presos de un gran temor! ¡Corrimos, sin retardo, a los príncipes, sus convidados de la víspera, a anunciarles el execrable fin de Lutero! Ellos, llenos de terror como nosotros, nos comprometieron en seguida, con mil promesas y los más solemnes juramentos, a observar, respecto de aquel suceso, un silencio eterno, y que nada trascendiera. Luego, nos ordenaron quitar del cabezal el horrible cadáver de Lutero, ponerlo sobre su lecho y divulgar, después, entre el pueblo, que el “maestro Lutero” ¡había abandonado de improviso esta vida»[6].

El mismo Maritain señala que el doctor De Coster, quien examinó a Lutero, explica que la boca del difunto se encontraba torcida con el rostro negro y con su cuello rojo y deforme[7].

También el sacerdote oratoriano Bozio, en su libro “De Signis Ecclesiae”, publicado en 1592[8], señala que un doméstico del reformador indicó que su señor fue encontrado ahorcado de las columnas de su lecho; lo mismo dice el Dr. Géorges Claudin[9].

Como bien señala el P. Villa, al parecer “Lutero, entonces, no murió de muerte natural, como se ha escrito falsamente en todos los libros de historia del protestantismo, sino que murió suicida, en su mismo lecho, después de una esplendorosa cena en la cual, como de costumbre, ¡había bebido desmesuradamente y se había saciado de comida fuera de todo límite!”[10].

Él, quien había despotricado contra la Iglesia, el Papado y la doctrina católica, paradójicamente ese 15 de febrero de 1546, fiesta de la Cátedra de San Pedro, abandonaba voluntariamente su vida mortal a las tres de la mañana, la anti–hora de la redención que nos trajo Nuestro Señor Jesucristo en el calvario.

Es triste: pero así acaban los que mal andan…

Que no te la cuenten…

Padre Javier Olivera Ravasi

Fuente: INFOCATOLICA

Notas:

[1] Vale la pena decir que los dos historiadores más competentes en Alemania acerca de la vida de Lutero, el Dr. Theobald Beer y el Prof. Remigius Baumer, han corroborado tanto el material, como los documentos citados por Emme.

[2] Roland Dalbiez, L’angoisse de Luther, Tequi, Paris 1974.

[3] Luigi Villa, Martín Lutero. Homicida y suicida, Civiltà, Brescia s/f, 5 (http://www.chiesaviva.com/lutero%20omicida%20e%20suicida/lutero%20homicida%20y%20suicida.pdf), 8.

[4] Luigi Villa, op. cit., 12-13.

[5] Ibídem, 16. El texto en latín puede verse en Heinrici Seduli ex Ordine Minorum, Praescriptiones adversus haereses, Officina Plantiniana, Amberes 1606, 257 pp. (online, aquí: http://bajarlibros.co/libro/f.-heinrici-seduli-ex-ordine-minorum-praescriptiones-adversus-haereses/bwjIJTfTtzjt2o2G/).

[6] Ibídem. Es interesante coincidencia, Maritain cuenta en su libro Tres reformadores, que muchos amigos, compañeros y primeros discípulos de Lutero también acabaron suicidándose.

[7] El dato que trae Maritain se encuentra en la edición francesa; no en la castellana.

[8] Tomás Bozio, De signis Ecclesiae Dei, Pedro Landry, Lyon 1593-1594, 3 vols.

[9] Géorges Claudin, La mort de Luther, Noisy-Le-Sec, Paris 1900, 99 (puede consultarse aquí: http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k9323938.r=).

[10] Luigi Villa, op. cit., 17.

Lutero, ¿testigo del Evangelio?

Considerar a Lutero un “testigo del Evangelio” olvida que las condenas de Lutero y el luteranismo (de León X al Concilio de Trento) sirvieron precisamente para salvaguardar la verdad del Evangelio, corrompida por el libre examen luterano.

Esta consideración de Lutero como “testigo del Evangelio” proviene a su vez del documento Del conflicto a la comunión elaborado en 2013 por la Comisión Luterano-Católico Romana sobre la Unidad con vistas a la celebración del quinto centenario del que se considera nacimiento oficial de la Reforma: cuando Lutero clavó, el 31 de octubre de 1517, en la puerta de la capilla del Palacio de Wittenberg, sus 95 tesis heréticas. El punto 29 de dicho documento dice lo siguiente: “Un acercamiento implícito a las preocupaciones de Lutero ha conducido a una nueva evaluación de su catolicidad, que se dio en el contexto del reconocimiento de que su intención era reformar y no dividir a la iglesia. Esto surge claramente de las afirmaciones hechas por el cardenal Johannes Willebrands y por el Papa Juan Pablo II. El redescubrimiento de estas dos características centrales de su persona y de su teología llevó a un nuevo entendimiento ecuménico de Lutero como un «testigo del evangelio»”.

Es muy grave que un organismo de la Santa Sede considere a Lutero un “testigo del Evangelio” con la única justificación de “su intención”.

Primero, porque lo que ha impedido durante cinco siglos a los católicos reconocer en Lutero a un “testigo del Evangelio” no ha sido una supuestamente errónea consideración sobre sus intenciones subjetivas, sino la condenación de sus errores objetivos por la bula Exsurge Domine de León X en 1520, donde los califica como “heréticos, escandalosos, falsos u ofensivos de los oídos piadosos o bien engañosos de las mentes sencillas y opuestos a la verdad católica”.

Segundo, porque podría concederse a Lutero el beneficio de la duda en cuanto a sus intenciones si sus “intenciones” de reforma no hubieran, de hecho, producido división. Pero, puesto que la división se produjo, y él vio que se producía, y no solo no aceptó con humildad la corrección de la condena sino que multiplicó su actividad para ahondarla, exonerarle de responsabilidad resulta ridículo. Si yo levanto un cuchillo para matar a alguien, podrán analizarse cuáles eran mis intenciones si finalmente, por lo que sea, no lo mato. Pero, si lo mato… ¿cabe dudar de cuáles eran?

El Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos sacrifica la Verdad en aras de una imposible “comunión” en la que la fe no está presente. Nótese el lenguaje usado: “Separando lo que es polémico de las cosas buenas de la Reforma…” Esto es: en la Reforma no hay cosas malas, solo cosas buenas y cosas “polémicas”, en las que la Verdad desaparece.

¿Testigos del Evangelio? O Lutero o León X. Los dos a la vez es imposible. Hay que elegir. Y la Santa Sede ya lo ha hecho.

Fuente: FSSPX Distrito de México

Lutero, el enemigo de la gracia de Jesucristo – Su Vida

Con ocasión de los 500 años de la Reforma Protestante, empezamos una serie de artículos sobre el Protestantismo. He aquí el primero de ellos sobre la vida del fundador de la secta protestante, Martín Lutero.

En 2017 se celebran 500 años de la publicación del monje agustino, Martín Lutero, en una iglesia de Wittember, acerca de 95 tesis, que en particular, condenan la práctica de las indulgencias enseñadas por la Iglesia así como algunos otros puntos referentes a la fe, como lo es el Purgatorio.

Este acto público se consideró como el principio de lo que llamamos, comúnmente pero erróneamente, la “Reforma”, ya que en realidad se trata de una revolución, de una destrucción de la verdadera fe, de una apostasía y de una rebelión en contra de Dios y de Nuestro Señor. Desde 1517, en realidad, y a pesar de las peripecias que seguirían, Martín Lutero rompió su relación con la Iglesia de Cristo, y no siguió más que su propia, equivocada y diabólica visión.

Sin embargo, Martín Lutero fue en otro tiempo un monje piadoso y diligente. Nació en 1483 en una buena familia cristiana, Martín fue atraído desde muy joven a la religión, a la relación con Dios, y más tarde a la teología. Aunque su padre deseaba que fuera jurista, él decidió hacerse monje agustino, entrando a aquella orden en 1505. Ordenado como sacerdote en 1507 (ya con un diploma en filosofía), obtiene el doctorado en teología en 1512. A partir de este momento, su vida sería la de un maestro y predicador.

Lutero recibió una formación bastante aprofundizada, y desde luego estuvo influenciado intelectualmente por la lectura de varios grandes autores como Aristóteles, Guillermo de Ockham o Gabriel Biel. Mas, está claro que Lutero recibía esas influencias según su propio temperamento, el cual era muy firme, como lo mostrará en su subsecuente carrera. Es, entonces, poco probable que el contacto con estos autores haya sido realmente una determinante en su evolución.

En realidad, debido a un acercamiento hacia sí mismo basado sobre su vida interior personal y su experiencia espiritual íntima, Lutero va a edificar un nuevo sistema religioso, el cual no tendrá más nada qué ver con la enseñanza de la Iglesia ni con la verdad del cristianismo.

Lutero estaba dotado de un temperamento fuerte y apasionado, aquel que hace a los hombres grandes cuando éstos aceptan someterlo al servicio de la verdad y del bien. Pero el corolario de un temperamento tal, son, evidentemente, las grandes tentaciones. Lutero era objeto de esas tentaciones; sin duda en lo que concierne a las tentaciones contra la castidad, atraído por el buen comer, propenso a la cólera, al espíritu de independencia y con inclinación al orgullo. Cuando uno enfrenta estas tentaciones y con la gracia de Cristo se las supera, no solamente no nos hacen caer, sino que el combate contra ellas hace ganar méritos, y el poder de la pasión controlada da energía al hombre. Es en esto último en lo que Hegel fundamenta su frase: “Nada grande se hace sin pasión”.

Así, Lutero fue asaltado por esas tentaciones, aunque las rechazara. Él querría, como San Pedro en la Transfiguración, ya haber alcanzado la vida celestial; estar ya “revestido de Cristo”, encontrarse desde ahora en un estado de rectitud perfecta que no pertenecía a esta vida terrestre, salvo en particulares excepciones. Cierta obsesión de salvación lo invadía, más exactamente la obsesión de la certeza de su propia salvación: y esto porque las tentaciones seguían acosándolo, creando en él un sentimiento de culpabilidad. Terminó de alguna manera por desesperar de la vida cristiana, de la eficacia de la gracia y de los medios ordinarios para recibirla y conservarla (oraciones, sacramentos, ayunos, etc.).

En 1515, como parte de su formación, comenzó a comentar las epístolas de San Pablo, especialmente la primera de ellas según el orden de la Biblia: la epístola a los romanos; de inmensa riqueza, de increíble fulgor, pero también de una fuerte dificultad de comprensión. A partir de lo que él creyó entender en este texto, únicamente según su propio sentido y sin referirse a la tradición eclesiástica, en función de su problema interior (“¿Puedo ser salvado mientras aún sienta tentaciones?”), Martín Lutero elaboró una nueva teología cristiana que, desde ese momento, fue radicalmente incompatible con la de la Iglesia Católica, a pesar de que la ruptura exterior pública tomaría cierto tiempo.

Según la doctrina católica, en efecto, gracias a los méritos de Cristo, el hombre que acepte la Revelación divina por la fe y que, movido por la esperanza de la salvación divina, quiera arrepentirse de sus pecados y convertirse a Dios, obtiene por la gracia que sus pecados le son removidos, su alma regenerada y santificada. De manera que se convierte, según las palabras de San Pedro, “partícipe de la naturaleza divina” (2P 1,4). El cristiano que vive de la caridad, es entonces, tal como seguido lo asegura San Pablo, un “santo”, porque fue purificado, transformado, santificado interiormente y convertido realmente en el amigo de Dios por un parecido efectivo y estable. Y, siendo amigo de Dios, hace automáticamente las obras de Dios; las buenas obras de virtud, las cuales le hacen merecedor, por la gracia de Cristo dentro de él, de la salvación y del Paraíso.

Lutero rechaza esta verdad. Para él, según lo que siente psicológicamente, el hecho de haber abrazado la fe y la vida cristiana no limpia el pecado del alma (en realidad, se trata de la tentación, la cual no es pecado si no consentimos en ella). Para Lutero, el cristiano es pecador y enemigo de Dios en todo momento y su alma permanece totalmente corrompida. Pero, como Cristo alcanzó por el sacrificio de la cruz la salvación de los hombres, si por la “fe” (la cual, según Lutero, consiste en una confianza en esa salvación conseguida por Cristo), yo creo firmemente en que estoy salvo, entonces el manto de méritos de Cristo recubre las manchas de mi alma, y el Padre, viendo este manto sobre mí (gracias a la “fe-confianza”), me acepta en el Paraíso. Las buenas obras entonces no tienen ningún poder de mérito, ya que el hombre es un pecador interior de manera permanente, sino que simplemente animan al cristiano a perseverar en la “fe-confianza”.

Este es el corazón de esto a lo que Lutero llama “la verdad del Evangelio”. A partir de aquí, naturalmente, se deriva todo su sistema. Y, en primer lugar, el replanteamiento de la Iglesia institucional; la cual no es divina, en primer lugar, porque pretende que el hombre puede salvarse debido a las buenas obras, cuando según él, como lo vio al vivir su experiencia decepcionante en el monasterio, estas buenas obras son incapaces de remover el pecado (que en realidad, insisto, se trata de la tentación y que no es pecado si no se consiente en ella); y en segundo lugar porque abandona según él la “verdad del Evangelio”; es decir, la salvación simplemente por  tener la “fe-confianza”.

Por circularidad, este rechazo de la Iglesia justifica el método luterano, a quien se le podría reprochar de inventar, según su propio espíritu, un nuevo Evangelio, lo que es la definición del hereje. Pero ya que la misma Iglesia había traicionado la “verdad del Evangelio”, era lógico y necesario que Lutero, por medio de un “examen libre” de la Escritura, recobrara esta verdad y la transmitiera al pueblo de Dios extraviado por una jerarquía ilegítima. “A menos de que se me convenza de mi error por medio de un acta de la Escritura o por razones evidentes – puesto que yo no creo ni en el papa ni en los concilios ya que está más que claro que a menudo están equivocados o son contradictorios – estoy atado a los textos de la Escritura que he citado, y mi conciencia está cautiva por la Palabra de Dios; no puedo ni quiero retractarme de nada” (declaración de 1521 en la Dieta de Worms precedida por Carlos V).

Ya que el alma del cristiano no es transformada por la gracia, los sacramentos no hacen nada realmente en ella, y por lo tanto el adagio clásico: “Los sacramentos operan según lo que simbolizan” pierde todo sentido. Así, los sacramentos se limitan en significar la “fe-confianza” y de reforzarla. Y por lo tanto, no deben ser conservados sino los sacramentos que producen este efecto psicológico.

Por la misma razón, la misa, renovación incruenta del sacrificio de Cristo, que aplica en nosotros a diario los méritos, pierde todo significado. Sólo va a ser conservada una evocación de la Cena, para hacernos recordar del único sacrificio de Cristo sobre la cruz y reavivar nuestra fe-confianza en su redención.

No obstante, Lutero no se conforma con el cambio de la misa. Padre emancipado, monje infiel a sus votos, desarrolló un odio verdaderamente patológico hacia el santo sacrificio. Sus palabras referentes a este tema son aterradoras, y terminaron por hacer pensar que estaba poseído por el demonio: “La misa- declaró en 1521 – es la más grande y horrible de las abominaciones papistas; la cola del dragón del Apocalipsis; ha vertido impurezas sobre la Iglesia y basura sin igual”. Y fue más allá en 1524: “Sí, lo digo: todas las casas de prostitución, que Dios ha condenado severamente, todos los homicidios, muertes, robos y adulterios son menos dañinos que la abominación de la misa papista”. Y con mucha lucidez concluía: “Si la misa cae, el papado se derrumba”.

Puesto que la Iglesia como institución (lo que Lutero llama con desprecio: “el papado”) ya no existe como una prolongación de Cristo, el creyente (debido a la fe-confianza) se encuentra solo delante de Dios. Está iluminado exteriormente por la Biblia (que debe de leer, evidentemente, de manera personal, y de aquí la necesidad de Biblias en lengua vernácula) e interiormente por el Espíritu Santo que le permite discernir en la Biblia lo que conviene a su vida cristiana. Como justamente lo escribe Boileau: “Todo protestante es Papa cuando tiene una Biblia en la mano”.

Y ya que Lutero abolió la «jerarquía» –esto es, el «poder sagrado»– de la Iglesia, sus sucesores pondrán gradualmente en tela de juicio los demás poderes humanos: el protestantismo es de esencia revolucionaria. Por otra parte, al quedar cada quien remitido a su propia interioridad, sin mediación eclesial, era lógico separar radicalmente la vida religiosa de la vida política mediante la laicización. Por eso no es de extrañar que, en el establecimiento de la República laica en Francia, en la instauración de la escuela sin Dios, en el ascenso del anticlericalismo y en la realización de la separación radical de Iglesia y Estado, muchos de los promotores hayan sido protestantes, de los cuales el primero es Ferdinand Buisson, el mayor colaborador de Jules Ferry.

Las buenas obras, y sobre todo los votos monásticos, son inútiles y engañosos. Lutero se volvió laico, y en 1525 se casó con una antigua monja, Catalina de Bora, y tuvieron seis hijos. De una manera general, lo esencial para Lutero no es evitar el pecado, ni combatir las tentaciones (como él lo había hecho en su etapa católica, pero pensaba erróneamente que había fallado), puesto que de todos modos el hombre sigue siendo interiormente un pecador. Lo que cuenta es aferrarse al manto de los méritos de Cristo para cubrirse en él y escapar así, a pesar de seguir siendo enemigo de Dios, de la ira divina, ya que Dios ve en nosotros los méritos de su amado Hijo. Este es el sentido de la máxima que Lutero escribe a su amigo y biógrafo Felipe Melanchton, en su carta del 1 de agosto de 1521: «Pecca fortiter, sed fortius crede» (peca fuertemente, pero cree más fuertemente aún).

La Iglesia católica era para él «la gran prostituta de Babilonia», a la que había que atacar y aniquilar por todos los medios. Para ello Lutero multiplicó los panfletos groseros, y sus discípulos destruirían sistemáticamente todos los monumentos católicos, torturarían y asesinarían a obispos, sacerdotes, religiosos y numerosísimos fieles, sin tener en cuenta todas las guerras atroces que desencadenaron.

Cuanto Martín Lutero moría, el 18 de febrero de 1546, Europa estaba a sangre y fuego, por su culpa, y siguió así por largos años. Millones de almas apostataron de la fe católica y abandonaron el camino de salvación en razón de sus falsas doctrinas y de sus ejemplos perniciosos.

Y aunque la Iglesia, en los años siguientes, mostrase una magnífica renovación gracias a una pléyade de santos y al gran movimiento reformador cuyo símbolo es el concilio de Trento; por mucho que lograse atraer numerosos pueblos a la fe gracias a un espléndido trabajo misionero; aun así, por desgracia, naciones enteras, enceguecidas, adoptarían los errores y mentiras del antiguo monje agustino, y no volverían a la verdad salvífica.

Lutero fue así el gran enemigo de la gracia de Cristo, misma a la que pretendía honrar. Lo que nos diferencia a él es mucho más importante que lo que podríamos tener en común. Por este motivo, ningún católico consciente de lo que debe a Cristo y a la Iglesia, no podrá jamás alabar u honrar a Lutero.

Padre Grégoire Celier, FSSPX.

Fuente: FSSPX Distrito de México

De las Segundas Palabras de la Quinta Petición: Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores

DE LAS SEGUNDAS PALABRAS DE LA QUINTA PETICIÓN: ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES

De las Segundas Palabras de la Quinta Peticion Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores krouillong adelante la fe

Meditación para el sábado veinte

PUNTO PRIMERO. Considera lo primero que pedimos a Dios que nos perdone, con esta condición de que nosotros perdonemos a los que nos ofenden; y si no se cumple no alcanzaremos lo que pedimos. Pondera pues cuánto te importa que Dios te perdón, y qué será de ti sino te quiere perdonar; y luego considera que no te perdonará las ofensas que le has hecho, si tú no perdonas a tus prójimos las que han cometido contra ti; y por tanto arrodillado a sus pies, di de todo tu corazón: Señor: yo perdono de toda voluntad a todos mis enemigos, y a cuantos han levantado las manos contra mí, y os suplico que les hagáis merced a la medida que me han ofendido, porque me perdonéis a mí las ofensas que he cometido contra vos: yo los perdono porque me perdonéis: perdóname, Señor, mis deudas, como yo perdono a mis deudores.

PUNTO II. Considera que nos acuerda Dios las deudas que le debemos, y quiere que se las paguemos en nuestros prójimos, perdonándolos sus deudas por las que debemos a Dios: y si no lo hiciéremos así, siempre quedaremos deudores a su Divina Majestad, y reos y condenados a pagar con eternos tormentos. ¡Oh alma mía! Vuelve  los ojos a tu misma, y considera cuántas y cuáles son las deudas que debes a tu Dios, que en número exceden a los átomos del Sol, y su gravedad es tal, que en cuanto miran al ofendido no puede ser mayor; coteja luego con ellas las ofensas de tus prójimos, de que tienes tanta queja, y mira cuán nada son en su comparación, y que Dios te perdona a ti infinito, porque tu perdones una niñería a tus hermanos; y resuélvete a perdonarlos, y da al Señor millares de gracias porque te hizo tan fácil el perdón.

PUNTO III. Considera que nos manda Cristo pedir perdón de nuestras deudas a su Eterno Padre, porque si no las perdona, no tenemos caudal para pagarlas: en que debes reconocer tu pobreza y la imposibilidad en que te hayas para satisfacer a un Señor tan grande por deudas tan crecidas como tiene contra ti: humíllate en su acatamiento, y reconociendo tu pobreza, pide al Salvador del mundo una gota de su grande preciosísima para satisfacer tus deudas; pídele que pues tiene los tesoros infinitos del cielo, te saque de este empeño y pague a su Eterno Padre por ti. ¡Oh dueño de mi alma! ¡Oh Señor liberalísimo! Apiadaos de este pobre miserable, sacadme de este cautiverio; pagad, Señor, lo que no puedo pagar, y tened misericordia de mí.

PUNTO IV. Considera últimamente a que grado de confianza nos levanta el Salvador en esta petición, que nos dice que pidamos a Dios que nos imite en el perdón. El apóstol san Pablo nos exhorta que imitemos a Dios, diciendo[1]: imitad a Dios como hijos carísimos; y el mismo Cristo dijo[2]: sed perfectos, como lo es vuestro Padre celestial; pero en esta oración nos manda trocar las manos, y que pidamos a Dios que nos imite a nosotros perdonando nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores: de donde has de conocer la infinita bondad de Dios, que cosa tan importante como es el perdón de nuestros pecados, en que interesamos la vida eterna, la puso en nuestras manos, dándonos facultad de alcanzarle, perdonando a nuestros hermanos: dale infinitas gracias por esta merced, ármate de caridad para con tus prójimos, y pide a Dios con toda confianza que cumpla su palabra y que te perdone tus deudas, como tú perdonas las que te deben tus hermanos.

Padre Alonso de Andrade, S.J 

[1] Efesios 3.

[2] Mateo 5.

Fuente: ADELANTE LA FE

Asistencia Espiritual a los Enfermos (Parte II)

ASISTENCIA ESPIRITUAL A LOS ENFERMOS – PARTE II

EN LA HABITACIÓN DEL ENFERMO

Se procurará que desaparezcan del cuarto del enfermo todos los objetos peligrosos, como armas, pinturas poco honestas, y señaladamente las personas que pudieran serle ocasión de pecado; y a éstas se les ha de echar y no permitir la entrada en el aposento, aun cuando por otra parte parezcan útiles para el servicio del enfermo.

Por fin, se irán preparando las cosas necesarias para recibir con la posible decencia al Señor de cielo y tierra, que se digna visitar al enfermo y ser su viático para la eternidad.

Las cosas, que se han de preparar, son las siguientes:

   1) Una mesa cubierta con un paño blanco muy limpio.

   2) En el centro de la mesa un crucifijo.

   3) A los lados dos velas de cera, si se puede; si no, de esperma o cebo.

   4) Un vaso de agua bendita y una ramita verde.

   5) Otro vaso con agua clara, para que el sacerdote se purifique los dedos.

   6) Un platillo con migas de pan y un poco de algodón limpio.

Entre tanto que llegue el sacerdote, se leerán algunas oraciones al enfermo para disponerlo a la confesión y comunión; y se procurará que en el aposento no se hable de cosas inútiles; que no entren parientes a llorar y dar gritos; y que los circunstantes se ocupen en rezar el Rosario con otras preces por el moribundo.

Luego que se anuncia la llegada del sacerdote, todas las personas, que no sean absolutamente necesarias para el cuidado del enfermo, saldrán con la cabeza descubierta y con cirios, en las manos, si se puede, para acompañar al Santísimo.

Mientras se administre al enfermo, recen por él los circunstantes.

Como el demonio hace increíbles esfuerzos para perder las almas, especialmente en la hora de la muerte, es de desear que el sacerdote asista al enfermo hasta el último suspiro: caso que esto no fuere posible, toca a los amigos o parientes del paciente ayudarle a pasar santamente el tiempo que media entre la recepción de los sacramentos y la muerte, sugiriéndole algunos actos que le conserven, en la presencia de Dios y en los sentimientos de conformidad con su adorable voluntad. Bueno es poner a su vista un crucifijo, algunas imágenes de la Santísima Virgen, del Ángel de la Guarda, de San José u otros Santos de su devoción; presentarle el crucifijo, para que adore y reverencie las preciosas llagas de nuestro bondadoso Salvador; rociarle a menudo y todo el aposento con agua bendita, la cual ahuyenta a los espíritus infernales (1).

(1) Nota. Es práctica muy recomendable la imposición del Escapulario del Carmen por un Padre, que tenga facultad para ello.

“SOCIEDAD SAN MIGUEL”

AÑO 1928

Fuente: ADELANTE LA FE

De la Quinta Petición de la Oración Dominica: Y perdónanos, Señor

DE LA QUINTA PETICIÓN DE LA ORACIÓN DOMINICA; Y PERDÓNANOS, SEÑOR

De la quinta peticion de la oracion dominica y perdonanos Señor krouillong adelante la fe

Meditación para el viernes veinte

PUNTO PRIMERO. Considera lo que sobre esta petición meditó san Juan Crisóstomo: lo primero, que habiéndonos instruido el Salvador en que pidiésemos el pan cuotidiano, nos manda luego que diligenciemos la vida eterna y los medios que conducen para ella, que son el perdón de los pecados y vencer las tentaciones. Este cuidado de lo eterno es el que ha de ocupar tu corazón, y en lo que has de poner el último esfuerzo; y como es imposible alcanzar la vida eterna sino es mediante el perdón de los pecados, por eso nos manda Cristo pedirle a su Eterno Padre: piensa pues ahora cuál cuidado es el que ocupa tu corazón, y si es el de los deleites y comodidades del cuerpo, y el de los bienes temporales o el de los eternos; y procura sacudir aquellos de ti, y tomar estos, de manera que este sea tu principal intento y el blanco de tus acciones, y en lo que pongas el mayor esfuerzo: cuida de alcanzar para este fin el perdón de tus pecados, y no hagas caso de lo vano y perecedero de este siglo.

PUNTO II. Considera la segunda razón por qué Cristo nos mandó pedir a su Eterno Padre el perdón de los pecados; conviene saber, como dice el mismo san Juan Crisóstomo, para que supiésemos que nos ha de venir de su mano, y que usa de misericordia con los que se la pide, arrepentidos de sus culpas, y sólo espera que se la pidamos para dárnosla. ¡Oh piadosísimo Señor! tan inclinado a la clemencia y a perdonar sus ofensas, que él mismo solicita a los ofensores para que le pidan perdón, y usar con ellos de misericordia. Saca de aquí un grande gozo de tener un Dios y un Señor tan piadoso, tan liberal, tan clemente y misericordioso, que ruega con la misericordia y el perdón. Alaba y engrandece su bondad cuanto tus fuerzas alcanzaren, y cobra juntamente una grande confianza en su piedad de alcanzar perdón de tus pecados por muchos y grandes que sean.

PUNTO III. Considera la tercera razón por qué nos manda pedir cada día perdón de nuestros pecados, porque nos humillemos y vivamos con cautela viendo nuestra flaqueza y malicia, que todos los días caemos y pecamos muchas veces, y necesitamos del perdón. El justo, dice Salomón[1], cae siente veces al día, esto es muchas veces; ¿Qué hará el pecador? Todos lo somos y todos caemos y por esto nos exhorta Cristo a todos, que diligenciemos con oraciones y plegarias todos los días el perdón de la mano de Dios, que sólo puede perdonar los pecados; mira que fuera de ti si Dios no te perdonará, y si se juntaran todos los pecados que has cometido en toda tu vida, ¿qué mar formarán tan profundo de tantos arroyos como corren cada día? Humíllate en la presencia de Dios, reconociéndote por pecador e indigno de que te sustente la tierra ni te cubra el cielo y de levantar los ojos a él, antes admírate como te han sufrido las criaturas, y no se han levantado todas contra ti, habiendo ofendido continuamente con tan gran número de ofensas a tu Criador; y pídele que se acuerde de tu flaqueza y detenga su ira para que no te aniquile o eche en los abismos del infierno, como lo merecen tus pecados.

PUNTO IV. Considera la cuarta razón porque nos manda Cristo pedir cada día perdón de nuestros pecados: conviene a saber, porque los traigamos cada día a la memoria, y los lloremos con verdadera contrición, y hagamos penitencia por ellos: este es un grande fruto de esta petición, y una lección utilísima: vuelve los ojos a la vida pasada, y mira también la presente, y acuérdate cuántas veces y cuán gravemente has ofendido a Dios: mira quién ha ofendido a quien, la criatura al Criador, y el que recibió merced al que se la hizo, y tú a tu bienhechor, a quien por tantos títulos debías servir; y esto no una vez en la vida, o en el año, o en el mes, sino muchas veces cada día, aún cada hora, sin cesar de ofenderle. Mira otrosí que penas mereces por tantos y tan continuos pecados, y cuanta es la bondad de Dios que te ha sufrido: gime y llora y resuélvete en lágrimas de pura contrición por haber ofendido a un tan grande Dios, y a un Padre tan piadoso y liberal que merece ser servido: pídele perdón con todo el afecto de tu alma, y gracia en adelante para morir millares de muertes antes de cometer la más mínima ofensa contra su Divina Majestad.

Padre Alonso de Andrade, S.J 

[1] Proverbios 24

Fuente: ADELANTE LA FE

De la doctrina del Evangelio (Mateo 18)

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO (MATEO 18)

De la doctrina del evangelio krouillong adelante la fe

Meditación para el domingo veintiuno después de Pentecostés.

Compara Cristo en el evangelio el reino de los cielos a un rey que se puso a cuentas con sus criados, y habiendo perdonado a uno diez mil talentos, él no quiso perdonar a su consiervo ciento que le debía, por lo cual airado el rey le mandó echar en la cárcel hasta que pagase toda la deuda cumplidamente, de lo cual concluye el Salvador diciendo: de la misma manera hará vuestro Padre celestial con vosotros, si no os perdonáis de corazón unos a otros.

PUNTO PRIMERO. Considera la doctrina de este evangelio, que es confirmación y como repetición de la meditación pasada; en que nos enseña Cristo con esta semejanza, que no perdonará Dios en el juicio al que no perdonare en esta vida a sus hermanos: pasa los ojos de la considera por toda esta parábola, y mira cuánto te importa ser misericordioso con tus prójimos, perdonándoles sus deudas, porque Dios lo sea contigo, perdonándote las tuyas; y que si ellos no tienen con qué pagar, tampoco tienes tú con que satisfaces a Dios y resuélvete a perdonarlos, porque Dios te perdone.

PUNTO II. Considera cómo este rey poderoso se puso a cuentas con sus criados, pidiéndosela muy menuda de todo lo que les había entregado. Pondera despacio que ha de llegar aquel día en que el sumo Emperador de los cielos y la Tierra se ponga a cuentas con todos sus criados, y la estrechura con que se las ha de pedir, y cuán riguroso se ha de mostrar aquel día, en que no habrá apelación como la hubo en este, sino que se dará la sentencia final irrevocable, y luego se ejecutará sin dilación, en los buenos para el cielos, y en los malos al infierno para siempre jamás Considera a cuál parte irás tú y qué fuera de ti ahora, si te llamaran a cuentas, y tiembla los juicios de Dios, y prevente para el día de la cuenta.

PUNTO III. Considera lo que dice Cristo, que el primero de estas cuentas fue alcanzado en diez mil talentos, y no tuvo de donde pagar. ¡Oh pecador! Ponte en el lugar este siervo, y mírate en el tribunal de tan gran Dios, cercado por todas partes de acusadores que te hacen los cargos y te alcanzan mucho más que a este, porque son más tus pecados que sus deudas: mira que responderás, y con qué pagarás las deudas que debes a Dios y cuán alcanzado te hallarás; pues como dice el santo Job, de mil cargos no podrás responder a uno: ajusta tus cuentas antes que te las pidan, resuelve los libros de tu vida, repasa los años pasados y las partidas antiguas y las presentes; mira la entrada y la salida, y los cargos y descargos, y ajusta bien la cuenta, porque la des buena el día del juicio.

PUNTO IV. Considera lo que dice el Salvador, que alcanzando el rey a este siervo en la cantidad, dicha, le mandó vender a él, y a su mujer y a sus hijos, y a todos sus bienes y hacienda, cuanto tenía y poseía, para hacerse pago de la deuda: en que nos significa el rigor de aquel juicio y la terribilidad de la sentencia, y cómo le serán confiscados al malo todos sus bienes, en que tenía su esperanza, sin dejarle cosa alguna. Pondera la aflicción del pecador en este trance, y cómo hallará frustradas todas sus esperanzas, y aplica aquí las palabras de Cristo: ¿qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si su alma se condena? Vuelve sobre ti, y mira que al pasar los puertos de esta vida te han de confiscar cuanto hubieres ganado en ella, y que en las cuentas que te han de pedir no podrás hacer pago con la hacienda que llevares de acá, porque toda la han de vender y pasar a otros poseedores; solas tus obras te han de acompañar: la mujer, los hijos, los parientes, los amigos, los censos, las casas, las viñas y las haciendas, todo se ha quedar acá; lo cual supuesto, no seas tan necio como este, sino toma tiempo ahora que te lo da Dios, y atesora riquezas inmortales de muchas y santas obras, que puedan valerte en aquella ocasión.

Padre Alonso de Andrade, S.J 

Fuente: ADELANTE LA FE

De la paciencia y benignidad de Dios para con los pecadores

DE LA PACIENCIA Y BENIGNIDAD DE DIOS PARA CON LOS PECADORES

De la paciencia y benignidad de Dios para con los pecadores krouillong adelante la fe

Meditación para el lunes veintiuno

PUNTO PRIMERO. Considera cómo hallándose alcanzado en las cuentas este siervo, se arrojó a los pies de su rey, pidiéndole con lágrimas que le diese espera, y le pagaría la deuda. Este sólo medio te queda para tu remedio en las deudas que debes a Dios, imposibilitado de pagarle, que es arrojarte a sus pies, y pedirle con lágrimas de verdadera contrición, que alargue los plazos y te espere a penitencia, y te dé tiempo para satisfacer por tus pecados y pagarle lo que le debes; híncate de rodillas y pídele con este siervo: Señor tened paciencia, esperadme como esperáis a tantos, que yo prometo la enmienda y serviros de manera, que pueda con vuestra gracia satisfacer vuestras deudas.

PUNTO II.  Considera cómo mandó el rey confiscarle todos los bienes temporales, la mujer, los hijos y la hacienda para cobrar su deuda: con que nos enseña Cristo, que nos confisca Dios los bienes de la tierra para que le paguemos los que le debemos espirituales y del cielo: la pérdida de los parientes que nos quita, la de la salud, la de la honra y la de la hacienda, son prendas que nos saca Dios para que abramos los ojos y le paguemos las deudas que le debemos por nuestros pecados, hasta que nos cite de remate y nos embargue a nosotros mismos. ¡Oh alma mía! Atiende a tu particular, y mira las voces que te ha dado Dios y las prendas que te ha sacado, y saca cada día por las deudas que le debes y no le pagas, y mira que se van abreviando los plazos, y que muy presto te citará de remate y mandará venderte a ti mismo y entregarte a los tormentos, hasta que pagues en tu persona el más mínimo cuadrante: despierta y no esperes a más plazos, sino procura desde luego satisfacer a tu rey y hacer cuenta con pago.

PUNTO III. Considera la benignidad del rey, que sin más intercesores que sus lágrimas, le dio espera y tuvo paciencia en él: y pondera, que no solamente le esperó como pedía, sino que le perdonó todo el débito; cosa tan grande que no se atrevió a pedirla: en que declara la infinita piedad de Dios para con los pecadores, que no solamente los espera a penitencia, sino que les perdona liberalísimamente todo cuanto le han ofendido: bendito sea tan buen Dios, tan liberal, tan piadoso y misericordioso por siempre jamás. Amén. Saca aquí una grande confianza en Dios y un propósito firme de amarle y servirle eternamente. Contempla la paciencia con que sufre y espera a tantos pecadores como hoy le están ofendiendo en el mundo, y la que ha tenido y tiene en sufrirte a ti, y en esperarte tantos años a penitencia y nunca acabas de venir y rendirte a su servicio: llora tu obstinación y rebeldía, y rompe las cadenas que te tienen y no le hagas esperar más tu conversión, no sea que irrites con la dilación su ira, y venga sobre ti su indignación.

PUNTO IV. Pondera últimamente que este rey dilató la cuenta, para que multiplicándose la deuda del criado campease más su liberalidad, dándole mayor perdón: en que se descubre la liberalidad de Dios que espera a los pecadores muchos años, sabiendo que se multiplican sus ofensas, para darles mayor perdón y ostentar más su piedad: de lo cuál has de sacar dos cosas: la primera, es alabar y engrandecer la benignidad y misericordia de Dios, que tiene por caso de menos valer ser vencido de nuestras ofensas, y por timbre perdonar más, y a más que le hayan ofendido. La segunda no desmayar por muchos que sean tus pecados, antes cobra nueva confianza en su piedad de que la tendrá de ti, y no sólo te perdonará, sino que te recibirá en su gracia y te hará muchas mercedes por su infinita bondad, que sea alabada y ensalzada por todos los siglos de los siglos, sin fin.

Padre Alonso de Andrade, S.J 

Fuente: ADELANTE LA FE

Del pan supersustancial que pedimos en la oración dominica

DEL PAN SUPERSUSTANCIAL QUE PEDIMOS EN LA ORACIÓN DOMINICA

Del pan supersustancial que pedimos en la oración dominica krouillong adelante la fe

Meditación para el jueves veinte

PUNTO PRIMERO. Considera que, como escribe san Mateo, Cristo nos mandó pedir el pan sobresustancial todos los días, que es su santísimo cuerpo sacramentado en especie de pan, como dicen muchos santos citados de santo Tomás, sobre lo cual has de meditar: lo primero cómo este divino manjar sobresustancial, porque  él sólo es de sustancia para el alma y contiene la sustancia de todos los manjares; por lo cual dijo el mismo Cristo que su carne era el verdadero manjar, y su sangre la verdadera bebida; porque las demás no lo son como esta, en que se nos da la gracia y el autor de la misma gracia. Contempla el valor de este manjar, y la sustancia y la virtud que comunica a el alma, y dale muchas gracias a Dios por la merced que nos hizo en dárnosla para nuestro consuelo y remedio; y enséñate a despreciar todos los manjares por este, que es de sustancia y virtud sobre todos los demás.

PUNTO II. Considera por qué le llamo nuestro: lo primero porque le sazonó Cristo para nosotros y no para los ángeles, a quienes no hizo la merced que a nosotros. Considera los agradecimientos que le dieran los del cielo, si les hiciera esta merced de darles su cuerpo como a nosotros, y no seas tú más corto en agradecérsele que ellos, y en estimar tan singular favor; lo segundo porque no es singular, sino merced hecha a todos igualmente. Pondera aquí la equidad con que Cristo da tan soberano don a todos, chicos  y grandes, nobles y plebeyos, ricos y pobres, sin excluir a alguno, sin distinción ni singularidad, comunicándoles su gracia a cada uno conforme a su devoción y a las disposición que lleva; y que muchas veces la dará más copiosa al pobre y humilde por ir más dispuesto, que al rico y levantado porque va menos; y alaba las maravillas de Dios y la rectitud de su justicia, y estudia en merecer más aumentos de su gracia por tu mayor disposición.

PUNTO III. Considera que siendo este divino pan de tan subido valor, le llama cuotidiano y nos manda pedir cada día, como el maná que bajaba del cielo: porque como dice san Agustín, cada día nos hemos de preparar para merecer recibirle, y cuando es de nuestra parte purificar nuestras almas, y hacerlas dignas moradas de tan alto Señor; en figura de lo cual todos los días al amanecer enviaba Dios un viento blando, que limpiaba la tierra donde había de caer el maná, porque ha de estar limpia el alma de toda imperfección para recibir este maná del cielo: mete la mano en tu conciencia, y mira si está tan limpia que le merezcas recibir, y procura acrisolarla de cualquier imperfección: toma el consejo de san Agustín, y vive de tal suerte que merezcas recibirle cada día.

PUNTO IV. Considera que nos manda Cristo pedir este divino pan, porque como tal nos sustenta y alimenta, y con él reparamos lo que perdemos cada día pecando, y cada día necesitamos de reparar por este celestial alimento lo que perdemos por el pecado: cada día necesitamos de ofrecerle este sacrificio para aplacarle y satisfacerle por nuestros pecados: cada día enfermamos en el alma, y cada día tenemos necesidad de esta saludable medicina para curar nuestras dolencias. Contempla pues los bienes y riquezas inestimables que tienes en este celestial bocado, y estímale y venérale como debes: ofrécele cada día a Dios en satisfacción de  tus pecados: recíbele con hacimiento de gracias para reparo de tu alma; pídele que como médico celestial te cure de tus enfermedades, y que te preserve de caídas, y te de perseverancia en su gracia.

Padre Alonso de Andrade, S.J 

Fuente: ADELANTE LA FE

¡Ay de aquel que comienza por callar pecados en la confesión!

¡AY DE AQUÉL QUE COMIENZA POR CALLAR PECADOS EN LA CONFESIÓN!

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Discípulo. —Padre, ¿acaso la causa de que antes se dejen engañar del demonio para callar sus pecados en la confesión y repetir tales sacrilegios, no serán los sacerdotes y confesores que no indagan, no interrogan, no impiden que se hagan malas confesiones?

Maestro. — ¡Pobres sacerdotes y confesores! — Ellos saben y ven muchas veces que ciertas almas dejan bastante que desear, pero frecuentemente temen faltar al recato, temen faltar por falta de delicadeza al interrogar para poner en claro ciertas cosas. Y así, con ciertas personas, no se atreven del todo a interrogarlas, por si no es prudente: se deja correr el agua por su cauce, y Dios proveerá. Del mismo modo, que un padre y una madre siempre quieren pensar bien de sus hijos, y sienten al tener que dudar de su conducta de su inocencia, así el pobre párroco, el confesor con respecto a sus hijos espirituales.

Discípulo. –– ¿Y entonces?

Maestro — Entonces se tira adelante hasta que Dios ponga su mano. He aquí por qué en ocasión de ejercicios espirituales, de misiones, por Pascua y en otras semejantes, se hallan frecuentemente algunos que habiendo tenido la desgracia de callar alguna vez ciertos pecados en la confesión, han continuado cometiendo tales sacrilegios por años y más años, hasta que tocados por una gracia especial, y habiendo encontrado un confesor paciente y experimentado pueden, finalmente, abrir los ojos, y tranquilizar su conciencia atormentada largo tiempo por crueles remordimientos.

Se predicaban los ejercicios espirituales en una importante parroquia de Piamonte. En aquellos días se confesaba a más no poder, y observé a cierta persona de aspecto muy triste y compungido, que merodeaba alrededor de los confesonarios. No le di importancia; mas de aquí, que una tarde se arrodilla a mis pies y me dice:

—Padre: ayúdeme, soy muy desgraciada. Hace quince años me confieso mal, no he hecho más que sacrilegios… y prorrumpió en llanto.

—Bueno, anímese Ud., repásele, Dios tendrá misericordia de Ud., Jesús, será también infinitamente misericordioso y bueno para con Ud. Dígame: ¿Cuántos años tiene? — ¿Cómo fue a enredarse en estos pecados?

—Tengo 27 años; a los 12 apenas, por causa de una curiosidad ilícita, cometí mi primer pecado, el cual no me atreví confesar. Con aquel sacrilegio me acerqué a la Comunión, y desde aquel día fue una no interrumpida cadena de pecados y sacrilegios hasta el presente. Mucho he rogado, mucho he llorado, he hecho peregrinaciones, más todo inútilmente. Me confesaba cada mes y aún con más frecuencia; en ocasión de ejercicios espirituales, he hecho confesiones generales, pero siempre este pecado lo he callado de pura vergüenza.

—Y ¿quedaba usted satisfecha de sus confesiones, tranquila en sus comuniones?

— Oh, padre, si supiese qué agudos remordimientos, qué espinas punzaban mi corazón cada vez

— ¿Y por qué pasó tanto tiempo en esta forma?

— ¡Porque fui una estúpida, por eso! Un tremendo miedo de las reprensiones del confesor, me cerraba la boca y un gran respeto humano de mis compañeras, me empujaba a la Comunión en este estado.

— ¿Cuánto tiempo hace que se confesó?

— ¡Ah, Padre! me he confesado ya tres veces en esta misión, con tres diversos confesores, siempre con el propósito firme de resolverme de una vez a decirlo todo, mas llegado el momento, sentí como un cruel nudo que me apretaba la garganta y siempre callé tal pecado.

— Y ahora, ¿cómo lo ha podido manifestar?

— Padre, su sermón de esta tarde sobre la necesidad de confesarse bien, aquellas palabras que usted repetía: “probadlo y veréis cuan bueno es Jesús”, me han conmovido y me he decidido a ello a toda costa.

Ayudada por el confesor, hizo una de aquellas confesiones generales, las más consoladoras, y recibida la absolución, no acababa de repetir:

— Basta ya de pecados y de sacrilegios. Lo diré a todos que he probado y he visto cuan bueno es Jesús.

Discípulo. — Estos casos son consoladores, ¿no es verdad Padre? y menos mal que todavía se corrigen a tiempo.

Maestro. — Mas ¡cuántos no se enmiendan ni siquiera en la hora de la muerte! Es cosa para llorar, pero muy cierto. No es raro encontrar moribundos que ya con un pie en la sepultura, se obstinan en callar los pecados no confesados o mal confesados desde su juventud, y en este estado entran en la eternidad.

Discípulo. — ¡Pobrecitos!

Maestro. — Llámales, más bien desgraciados. ¡Ay del que comienza!

Discípulo. — Y la misericordia infinita de Dios ¿no vendrá en su ayuda?

Maestro. — ¿Se puede suponer que siempre quiera Dios usar de misericordia en el trance de la muerte con quienes durante su vida, abusando de su misma misericordia, le han injuriado con tales sacrilegios? Y además, la mayor parte de las veces, no invocan la misericordia divina, antes la desprecian frecuentemente.

Varios hechos te persuadirán de lo que te voy diciendo:

El Padre Del Río, refiere de una joven sirvienta que se confesaba con frecuencia, porque así lo deseaba su señora, más por vergüenza, se obstinaba en callar los pecados deshonestos. Cayó gravemente enferma por primera vez y a ruegos de la señora se confesó, pero sacrílegamente, una vez que sanó, después de muchos cuidados, solía con frecuencia burlarse de sus compañeras, y poner en ridículo el celo de su ama y el del confesor, por inducirla a que se confesase bien. Recayó por segunda vez más gravemente enferma, y la señora mandó de nuevo llamar al sacerdote, el cual vino y con toda la piedad y paciencia que Dios concede en semejantes casos procuró inducir a aquella desgraciada a que hiciera una sincera y dolorosa confesión. Todo fué inútil. Siempre obstinada durante su larga agonía en defenderse y callar los pecados, rehusaba hasta el repetir las jaculatorias e invocaciones que le sugería el confesor, mostrándose fastidiada de aquellas cosas y aún de la presencia del sacerdote. Y cuando, por fin, éste viéndola en el término de su vida, le ruega que bese el crucifijo, ella, con un esfuerzo supremo, lo aleja de mal modo de sí y mirándolo con desprecio dice: “Quitad de mi vista ese Cristo, que no tengo necesidad de Él”. Luego volviéndose de espaldas, con un horrible suspiro, expiró aquella alma impenitente y sacrílega. ¡Ay del que comienza!

Otro caso semejante refiere el Padre Agustín de Pusignano, del que fue testigo él mismo. Una infeliz mujer callaba en la confesión los pecados más graves. No obstante los sermones que oía contra esta vergüenza sacrílega, no obstante las más amorosas exhortaciones, y los más agudos remordimientos de conciencia, no le decidían a aprovecharse. Agotada la misericordia de Dios, la hirió una violenta enfermedad que la puso en trance de muerte. Se llamó en seguida al confesor, más la infeliz apenas lo vio exclamó:

— Padre, habéis llegado a tiempo de ver bajar al infierno a una falsa penitente. Me confesaba con frecuencia, mas dejándome siempre los pecados más graves.

— Pues bien, confiésalos ahora le responde el sacerdote.

— No puedo, no puedo, gritó desesperada. Pasó ya el tiempo de la misericordia y ha llegado ya el de la justicia.

Y enfureciéndose y contorciendo rabiosamente su cuerpo, expiró, dejando en todos los presentes la más triste y horrible impresión.

Refiere San Alfonso de un señor que en apariencia tenía buena conducta, pero que se confesaba mal, que habiendo caído gravemente enfermo, fue a visitarlo el Párroco, el cual le exhortó a que recibiera los Sacramentos, pues se encontraba en peligro de muerte. El enfermo, no obstante, rehusaba confesarse.

— ¿y por qué, mi caro señor, no se quiere confesar?

— Ah, responde el enfermo: ¡porque estoy condenado! Dios, en castigo de mis sacrilegios, me quita la voluntad y la fuerza para repararlos.

Dicho esto, empezó a morderse la lengua, y a revolverse desesperadamente y a gritar: “¡Maldita lengua, maldito silencio, malditos sacrilegios!”

Más terrible aún es el hecho siguiente que se lee en la vida de San Francisco de Borja.

Un gentilhombre, que vivía habituado a los vicios más abominables, fue atacado de una enfermedad mortal. Los parientes y amigos, estaban alrededor para inducirlo a pensar y proveer por su alma y para que se dispusiera a hacer una buena confesión; mas el solo nombre de la confesión bastaba para ponerlo furioso. Se llamaron varios sacerdotes y finalmente el mismo San Francisco de Borja, el cual, viendo la obstinación de aquel moribundo, pensó en recurrir al Crucifijo. Tomándolo, pues, con la mano, se acerca al lecho y en nombre del mismo Jesús, que murió por nosotros, le conjura a que doblegue su obstinación y se confiese. El enfermo no quiere saber nada, sacude la cabeza y se vuelve de espaldas. Entonces San Francisco se va frente al enfermo y le repite con mayor dulzura las exhortaciones e insistencias de antes, pero el enfermo de nuevo se vuelve a la otra parte para no escucharlo, y ¡oh terrible prodigio! El crucifijo que tenía el Santo en la mano, desclavó su mano derecha y tomando de la sangre que en aquel momento brotó de su costado abierto como si estuviera vivo, la arrojó al rostro de aquel obstinado, diciendo en voz alta: “Esta sangre que no quieres para tu salvación, que sea para tu condenación eterna”. A tales palabras y a vista de tales cosas el moribundo lanza un grito desgarrador y muere en el acto.

Discípulo. —Basta, Padre, son cosas que le llenan a uno de espanto. Yo por mi parte, jamás querré cometer sacrilegios.

Maestro. — ¡Muy bien! mantén tan santa resolución. ¿Y por qué dejarse dominar del demonio mudo, pisotear la Sangre de Jesucristo, trocar la medicina en veneno y obligarle a condenarnos, cuando su deseo más ardiente es salvarnos?

Presbítero. José Luis Chiavarino

“CONFESAOS BIEN”

Fuente: BLOGSPOT SAN MIGUEL ARCANGEL

Novena de las Tres Avemarías

NOVENA DE LAS TRES AVEMARÍAS

Esta novena consiste en rezar tres veces el Avemaría a la Santísima Virgen, Madre de Dios y Señora nuestra, bien para honrarla, bien para alcanzar algún favor por su mediación. Tiene como fin honrar tres principales atributos de María Santísima, a saber: el poder que le otorgó Dios Padre, por ser su Hija predilecta; la sabiduría de que la adornó Dios Hijo, al elegirla por su Madre; y la misericordia de que la llenó Dios Espíritu Santo, al escogerla por su inmaculada Esposa.

La Novena consiste en rezar tres veces el Avemaría durante nueve días. Como hemos indicado en su lugar, la Santísima Virgen prometió a Santa Matilde asistirla en la hora de la muerte si rezaba cada día en su honor tres Avemarías para celebrar los atributos de Poder, Sabiduría y Misericordia con que la enriqueció la Beatísirna Trinidad.

Mas los devotos de María, entendiendo con esto cuán de su agrado es este obsequio, juzgaron que repitiéndolo durante nueve días, quizás alcanzarían para sus necesidades el eficaz socorro de su poderosa intercesión. Este es el origen de la Novena eficaz de las Tres Avemarías.

Esas Tres Avemarías son como otras tantas aldabadas que damos a las puertas del misericordioso y compasivo corazón de Nuestra Señora; son como tres aclamaciones angustiosas con que el alma implora su Poder, Sabiduría y Misericordia para el remedio de las múltiples necesidades que la aquejan.

Cuán del agrado de Nuestra Señora sea este piadoso ejercicio, dícenlo muy elocuentemente los muchos y diversos favores, tanto espirituales como materiales, que cuentan haber alcanzado por semejante práctica las personas que se han servido de ella para implorar la protección de la Santísima Virgen.

Pero lo más consolador son los beneficios espirituales que dispensa la Santísima Virgen por medio de esta Novena. Diríamos que esa bendita devoción es el anzuelo con que María Santísima pesca innumerables almas para el cielo; muchas, ciertamente, serán deudoras de su eterna felicidad en la gloria a la eficacia de esa devota práctica.

Conversiones extraordinarias de pecadores moribundos que se logró recibieran los últimos Sacramentos, a lo que se resistían; jóvenes extraviados, devueltos al camino del bien y al hogar, de donde los había arrancado la perversión; matrimonios que han recuperado el tesoro de la paz y unión, que hacia tiempo habían perdido; almas atormentadas por los escrúpulos y otras penas interiores, que recobraron la paz de conciencia y el sosiego de su espíritu; en fin, devoto lector, que esta Novena parece la panacea de todos los males, así del cuerpo como del alma.

Si quieres convencerte de ello, pruébalo; haz una Novena o varias para el remedio de tus necesidades o las de tu familia; pero hazla con fe y confianza, y purifica tu alma con una buena confesión; acude en los trances apurados a este piadoso ejercicio, y no dudo de que experimentarás su eficacia y encontrarás hartos motivos para ser devoto de la Madre de Dios y admirarte de su benignidad, que a cambio de tan corto servicio tan regaladas mercedes dispensa al que se lo hace.

santa maria krouillong

NOVENA DE LAS TRES AVEMARÍAS

La novena puede comenzarse en cualquier día del año, si se desea puede comenzarla nueve días antes de una fiesta mariana de su preferencia para terminarla en el día de dicha fiesta.

Se conforma de tres oraciones y en cada una ser reza tres avemarías, terminando con una jaculatoria tres veces y una oración final.

ORACIÓN PRIMERA

Oh María, Virgen poderosa, a quien nada es imposible! Os suplico, por el poder con que os distinguió Dios Padre Omnipotente, que me socorráis en la presente necesidad. ¡Oh Abogada de las causas más desesperadas, ayudadme! En ello están interesados la gloria de Dios, vuestra honra y el bien de mi alma.
Si la gracia que pido está conforme con la amabilísima y santísima voluntad de Dios, interceded, omnipotencia suplicante, interced por mí ante vuestro Hijo, que nada os puede negar. Os lo pido por ese poder ilimitado que os comunicó el Padre Celestial, ya que, para celebrarlo, os digo con Santa Matilde a quien revelasteis la práctica saludable de las Tres Avemarías:

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo;
bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén. (3 veces)

Coronacion de la Virgen Maria krouillong comunion en la mano es sacrilegio

ORACIÓN SEGUNDA

Purísima Virgen, justamente llamada Trono de la sabiduría, porque en Vos moró la Sabiduría increada, el Verbo de Dios, y os comunicó toda la plenitud de su divina ciencia en la medida que podía participarla a la más perfecta de las criaturas. Vos sabéis bien cuán grande es mi miseria y la necesidad que tengo de vuestro auxilio.
Me abandono del todo en vuestras manos, confiando en que vuestra divina Sabiduría lo ordenará todo con fuerza y suavidad a mayor gloria de Dios y provecho de mi alma, y que, por los medios más convenientes, acudiréis a socorrer mi necesidad.
¡Oh María, Madre de la divina sabiduría! Dignaos alcanzarme el favor que solicito. Os lo pido por esa inefable sabiduría con que el Verbo, Hijo vuestro, ilustró vuestra inteligencia, ya que, para celebrarla, os digo con San Antonio de Padua y San Leonardo de Puerto Mauricio, celosísimos propagadores de las Tres Avemarías:

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo;
bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén. (3 veces)

Santa Maria Reina krouillong comunion en la mano sacrilegio

ORACIÓN TERCERA

¡Oh tierna y verdadera Madre de Misericordia, que en estos últimos tiempos os habéis llamado Vos misma “Madre la más misericordiosa”! A Vos acudo para que uséis conmigo de compasión y bondad, con tanta mayor razón cuanto es mayor mi miseria.
No soy acreedor a la gracia que de Vos espero, ya que tantas veces os he contristado, ofendiendo a vuestro divino Hijo; pero estoy sinceramente arrepentido de haber traspasado con mis pecados el amante Corazón de Jesús y el vuestro. ¿No sois Vos, según lo revelasteis a vuestra sierva Santa Brígida, la “Madre de los pecadores arrepentidos”? Perdonadme, pues, mis pasadas ingratitudes; y teniendo sólo en cuenta vuestra misericordiosa bondad y la gloria que de ello resultará para Dios y para Vos misma, obtenedme la gracia que os pido.
¡Oh Vos, a quien nadie ha implorado en vano! ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Dignaos socorrerme. Os lo pido por esa misericordiosa bondad de que en favor nuestro os ha llenado el Espíritu Santo, ya que, para celebrarla, os digo con San Alfonso María de Ligorio, incomparable Apóstol de vuestra misericordia y doctor de las Tres Avemarías:

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo;
bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén. (3 veces)

santa maria krouillong

JACULATORIA: María, Madre mía, preservadme de pecado mortal. (3 veces)

La siguiente oración se reza cada día al terminar la Novena de las Tres Avemarías.

ORACIÓN FINAL

Acordaos, ¡oh clementísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección invocando vuestro Poder, vuestra Sabiduría y vuestra Misericordia para el remedio de sus males, haya visto defraudadas sus esperanzas. Animado con esta confianza a Vos también acudo, ¡oh Poderosísima Reina!, ¡oh Sapientísima Virgen!, ¡oh Misericordiosísima Madre!, os suplico vengáis a socorrerme con estos tres atributos de que os adornó la Beatísima Trinidad para consuelo de los desvalidos. ¡Oh piadosísima Señora! ¡Oh trono de la Sabiduría! ¡Oh clementísima Abogada!, no despreciéis las súplicas de este pobre pecador, que implora vuestro poder para que le defendáis y protejáis, vuestra sabiduría para que le guiéis y enseñéis y vuestra misericordia para que, benigna, le amparéis en todo peligro y le favorezcáis en sus necesidades.

¡Oh María, Hija del Padre, Madre del Verbo Encarnado y Esposa del Espíritu Santo!, no despreciéis mi humilde oración; antes bien, acogedla piadosa, interceded para que sea despachada favorablemente y brille más a los ojos de todos vuestro gran poder, vuestra admirable sabiduría y vuestra inagotable misericordia, y sea todo a gloria de la adorabilísima Trinidad, que os enriqueció con tan preciosos dones. Amén.

Que Dios les conceda a todos, por la intercesión de Nuestra Señora, las Gracias que necesiten.

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Fuente: DEVOCIONARIO.COM

Villancico de la Reina Isabel La Católica

VILLANCICO DE LA REINA ISABEL LA CATÓLICA

Hacia el Portal de Belén
desde su inmortalidad
la Reina Isabel camina
llena de triste pesar.

A Belén llega la Reina
revestida de humildad
y el Niño-Dios la recibe
en su infinita bondad.

– ¿Qué quieres, Reina Isabel,
gloria de la Hispanidad…?
Tú que hiciste a España mía,
¿qué ocasiona tu pesar?

– Niño Dios, que hoy has nacido
en este humilde portal,
Tú que eres Rey de los Cielos
y en pobre pesebre estás…
mira mi querida España
a punto de naufragar,
afligida por el paro,
la decadencia moral,
las deudas y el despilfarro,
la anarquía territorial
y el odio a la religión.

No dejes que una vez más
España caiga en el trágico
pesimismo nacional.

Al escuchar a Isabel
el Niño se echó a llorar.
Y al fin, tras muchos sollozos,
el Niño-Dios pudo hablar:

– Gran Reina fuiste de España,
modelo de santidad,
por tu noble intercesión
y por mi excelsa bondad,
a la gran nación de España
la tengo que remediar.
Yo restauraré la fe,
la conciencia y la moral
y habrá trabajo y justicia
y habrá bienestar social…

Y yo haré que tu buen nombre
de Reina santa e impar
resplandezca en los altares
con toda solemnidad.

Contenta vuelve Isabel
a la patria celestial.
En España la esperanza
de nuevo vuelve a brillar.

José María Gómez Gómez, Gran Maestre.

Reina Isabel La Catolica krouillong 6

Una Feliz y Santa Navidad

Al Nacimiento de Jesús

Hoy nos viene a redimir
un niño, nuestro pariente,
¡mira, que es Dios omnipotente!

Pues si es Dios, ¿cómo es vendido
y muere crucificado?
¿No ves que mató el pecado,
padeciendo el inocente?
¡Oye, que es Dios omnipotente!

Mi fe, yo lo vi nacido
de una muy linda doncella.
Pues si es Dios, ¿cómo ha querido
estar con tan pobre gente?
¿No ves que es Dios omnipotente?

Déjate de esas preguntas,
muramos por le servir,
y pues que Él viene a morir,
muramos nosotros con Él,
¡pues es Dios omnipotente!

(Santa Teresa de Jesús)

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Novena para casos difíciles a Nuestra Señora del Rosario de Pompeya

NOVENA EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE POMPEYA PARA ALCANZAR LAS GRACIAS EN LOS CASOS MAS DIFÍCILES Y DESESPERADOS

Por el Beato Bartolo Longo

Esta Novena se puede rezar en cualquier momento del año y consta una oración inicial, cinco oraciones a Nuestra Señora y una oración final, las cuales se rezan igual durante nueve días.

Nuestra Señora del Rosario de Pompeya

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro. + En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN INICIAL

¡Oh Santa Catalina de Siena, mi protectora y maestra! Tú que proteges a tus devotos cuando rezan el Rosario de María, asísteme en este instante, y dígnate rezar conmigo la Novena en honor de la Reina del Rosario, que ha colocado el trono de sus favores en el Valle de Pompeya, para que por tu intercesión obtenga yo la gracia que deseo. Así sea.

Nuestra Señora del Rosario de Pompeya 5

Luego se dice:

V. Dios, venid en mi ayuda.
R. Señor apresuraos a socorrerme.
V. Gloria al Padre y al hijo y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre y por todos los siglos de los siglos. Así sea.

 ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

I.

¡Oh Virgen Inmaculada y Reina del Santo Rosario! en estos tiempos en que, apagada la fe en las almas, domina la impiedad, has querido levantar tu trono de Reina y Madre sobre la antigua Pompeya, morada de muertos paganos y desde aquel lugar, donde eran adorados los ídolos y demonios, Tú hoy, cual Madre de la divina gracia, derramas por doquiera los tesoros de las celestiales misericordias; ¡ah! desde aquel trono donde reinas vuelve, también a mí, oh María, esos tus ojos benignos, y ten piedad de mi, que tanto necesito de tu socorro. Muéstrate también conmigo cual te mostraste con tantos otros, verdadera Madre de misericordia, “Monstra te esse Matrem”, mientras de todo corazón Te saludo e invoco por mi Soberana y
por Reina del Santísimo Rosario. Dios Te salve, Reina, Madre de misericordia.

II.

Mi alma rendida al pie de tu trono, oh grande y gloriosa Señora, te venera entre los gemidos y angustias que sobremanera la oprimen. En medio de las penas y agitaciones en que me hallo, levanto confiado los ojos hacia Ti, que te dignaste elegir para tu morada las campiñas de pobres y desamparados labriegos; y que frente a la ciudad y anfiteatro de deleites paganos, en donde reinan el silencio y las ruinas, cual Señora de las Victorias elevaste tu poderosa voz llamando de todas partes de Italia y del mundo católico a tus devotos hijos para que te levantasen un templo. ¡Oh! apiádate finalmente de está alma que yace aletargada bajo el polvo y las sombras de la muerte! Ten piedad de mi, ¡oh! Señora; ten piedad de mí que me hallo abrumado de miserias y humillaciones. Tú que eres exterminio de los demonios defiéndeme de los enemigos que me asedian. Tú que eres el Auxilio de los cristianos, sácame de las tribulaciones en que me hallo sumido. Tú que eres nuestra vida, triunfa de la muerte que amenaza mi alma en los peligros a que se halla expuesta. Devuélveme la paz, la tranquilidad, el amor, la salud. Así sea. Dios Te salve, Reina, Madre de misericordia.

III.

¡Ay!… el oír que tantos han sido colmados de favores sólo porque a Ti acudieron con fe, me infunde nuevo aliento y valor para llamarte en mi socorro. Tú prometiste a Santo Domingo que el que deseara gracias las obtendría con tu Rosario; y yo con el Rosario en la mano, te llamo, oh
Madre, al cumplimiento de tus maternales promesas. Aún más: Tú misma, oh Madre, has obrado continuos prodigios para excitar a tus hijos a que te levantaran un templo en Pompeya. Tú, pues, quieres enjugar nuestras lágrimas y aliviar nuestros afanes; y yo con el corazón en los labios, con fe viva te llamo e invoco: ¡Madre mía! ¡Madre querida! ¡Madre bella!… ¡Madre dulcísima, ayúdame! Madre y Reina del Santo Rosario, no tardes más en tender hacía mí tu poderosa mano y salvarme; porque la tardanza, como ves, me llevaría a la ruina. Dios te salve, Reina y Madre de misericordia.

IV.

¿Y a quién he de acudir yo sino a Ti, que eres el alivio de los miserables, el refugio de los desamparados, el consuelo de los afligidos? ¡Ah, si; lo confieso: abrumada miserablemente mi alma bajo el enorme peso de las culpas, no merece más que el infierno y es indigna de recibir tus favores! Mas, ¿no eres Tú la esperanza de quién desespera, la poderosa Medianera entre Dios y el hombre, la Abogada ante el trono del Altísimo, el Refugio de los pecadores? ¡Ah, basta que digas una sola palabra en mi favor a tu divino Hijo, para que El te escuche! Pídele, pues, oh Madre, la gracia que tanto necesito… (se pide la gracia que se desea). Sólo Tú puedes obtenérmela. Tú que eres mi única esperanza, mi consuelo, mi alegría, mi vida. Así lo espero, así sea. Dios Te salve, Reina, Madre de misericordia.

V.

¡Oh Virgen y Reina del Santo Rosario! Tú que eres la Hija del Padre celestial, la Madre del Hijo divino, la Esposa del Espíritu Santo; Tú que todo lo puedes ante la Trinidad Santísima, debes obtenerme esta gracia para mi tan necesaria, a no ser que sea de obstáculo para mi eterna salvación… (aquí se especifica la gracia que se desea). Te la pido por la Concepción Inmaculada, por tu divina Maternidad, por tus gozos, por tus dolores, por tus triunfos. Te la pido por el Corazón de tu amoroso Jesús, por aquellos nueve meses que lo llevaste en tu seno, por los trabajos y sinsabores de su vida, por su acerba Pasión y Muerte de Cruz, por su santísimo Nombre y por su sangre preciosísima. Te la pido, finalmente, por tu dulcísimo Corazón, por tu glorioso Nombre, ¡oh María! que eres Estrella del mar, Señora
poderosísima, Puerta del paraíso y Madre de todas las gracias. En Ti confío.., todo lo espero de Ti: Tú me has de salvar. Así sea.

Nuestra Señora del Rosario de Pompeya 2

ORACIÓN FINAL

Dios te salve,
Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros,
esos tus ojos misericordiosos.
Y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, OH piadosa,
OH dulce Virgen María!
Ruega por nosotros,
Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos
de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

V. Hazme digno de alabarte, oh Virgen Sagrada.
R. Dame fortaleza contra tus enemigos.
V. Ruega por nosotros, Reina del Santísimo Rosario.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración. Oh Dios, cuyo Hijo Unigénito con su vida, muerte y resurrección nos adquirió el premio de la salvación eterna, concédenos, os suplicamos, que meditando estos misterios en el Santísimo Rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos las virtudes que contienen y alcancemos los bienes que prometen. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.

Que Dios les conceda a todos, por la intercesión de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, las Gracias que necesiten.

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