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Salve Regina

SALVE REGINA
 
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida y dulzura y esperanza nuestra:
Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos
y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima! ¡oh piadosa! ¡oh dulce Virgen María!
 
V. Ruega por nosotros santa Madre de Dios,
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

MAGNIFICAT

MAGNIFICAT
 
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
por el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
 
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.
 
Amen.

Totus Tuus (Oración escrita por San Maximiliano Kolbe y recitada por San Juan Pablo II)

Totus Tuus

(Oración escrita por San Maximiliano Kolbe y recitada por San Juan Pablo II)

Inmaculada Concepción, María mi Madre, vive en mí. Actúa en mí. 
Habla en y a través de mí.
Pon tus pensamientos en mi mente.
Ama a través de mi corazón.
Dame tus disposiciones y sentimientos.
Enséñame, llévame y guíame a Jesús.
Corrige mi camino, ilumina mi entendimiento
y expande con tu amor mi corazón.
Toma mi alma. Toma posesión de toda mi personalidad y mi vida.
Remplázala con tu vida.
Inclíname a una constante adoración y alabanza.
Ora en mí y a través de mí, Oh Madre.
Permíteme vivir en ti y siempre mantenme en esta comunión de corazón.

Totus Tuus Ego Summ

 

Ofrecimiento a Nuestra Señora

¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía!

Yo me ofrezco enteramente a ti

y en prueba de mi filial afecto

te consagro en este día,

mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;

en una palabra, todo mi ser.

Ya que soy todo tuyo

Oh Madre de bondad,

guárdame y defiéndeme

como a pertenencia y posesión tuya.

Amén.

Dulzura de los Ángeles

Dulzura de los ángeles,

alegría de los afligidos,

abogada de los cristianos,

Virgen Madre del Señor,

protégeme y sálvame de los sufrimientos eternos.

María, purísimo incensario de oro,

que ha contenido a la Trinidad excelsa;

en ti se ha complacido el Padre,

ha habitado el Hijo,

y el Espíritu Santo,

que cubriéndote con su sombra,

Virgen, te ha hecho madre de Dios.


Nosotros nos alegramos en ti, 
Theotókos;

tú eres nuestra defensa ante Dios.

Extiende tu mano invencible

y aplasta a nuestros enemigos.

Manda a tus siervos el socorro del Cielo. 

Amén

 

Bajo tu Amparo

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos siempre de todos los peligros,
OH Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.