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Oración antigua a Nuestra Señora de Lourdes

ORACIÓN ANTIGUA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

Sed para siempre bendita, purísima Virgen, que os habéis dignado aparecer hasta diez y ocho veces, muy resplandeciente de luz, dulzura y hermosura en la solitaria gruta, y decir a la humilde niña que os contemplaba extasiada: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

Sed para siempre bendita por todos los extraordinarios favores que no cesáis de derramar en este lugar.

Por la ternura de vuestro Inmaculado Corazón, oh María, y por la gloria que ha dado la Santa Iglesia, os conjuramos para realicéis las esperanzas de paz que ha hecho nacer la proclamación del dogma de vuestra Inmaculada Concepción.

Salve Regina

SALVE REGINA
 
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida y dulzura y esperanza nuestra:
Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos
y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima! ¡oh piadosa! ¡oh dulce Virgen María!
 
V. Ruega por nosotros santa Madre de Dios,
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

MAGNIFICAT

MAGNIFICAT
 
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
por el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
 
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.
 
Amen.

Totus Tuus (Oración escrita por San Maximiliano Kolbe y recitada por San Juan Pablo II)

Totus Tuus

(Oración escrita por San Maximiliano Kolbe y recitada por San Juan Pablo II)

Inmaculada Concepción, María mi Madre, vive en mí. Actúa en mí. 
Habla en y a través de mí.
Pon tus pensamientos en mi mente.
Ama a través de mi corazón.
Dame tus disposiciones y sentimientos.
Enséñame, llévame y guíame a Jesús.
Corrige mi camino, ilumina mi entendimiento
y expande con tu amor mi corazón.
Toma mi alma. Toma posesión de toda mi personalidad y mi vida.
Remplázala con tu vida.
Inclíname a una constante adoración y alabanza.
Ora en mí y a través de mí, Oh Madre.
Permíteme vivir en ti y siempre mantenme en esta comunión de corazón.

Totus Tuus Ego Summ

 

Ofrecimiento a Nuestra Señora

¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía!

Yo me ofrezco enteramente a ti

y en prueba de mi filial afecto

te consagro en este día,

mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;

en una palabra, todo mi ser.

Ya que soy todo tuyo

Oh Madre de bondad,

guárdame y defiéndeme

como a pertenencia y posesión tuya.

Amén.

Bajo tu Amparo

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos siempre de todos los peligros,
OH Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

 

Oh, María!, Madre mía

Oh, María!, Madre mía,
oh, consuelo del mortal,
amparadme y guiadme,
a la patria celestial.
Con el Angel de María
las grandezas celebrar,
transportados de alegría
sus finezas publicad.
Quien a ti ferviente clama
halla alivio en el pesar,
pues tu Nombre luz derrama
gozo y bálsamo sin par.
Pues te llamo con fe viva,
muestra, oh, María, tu bondad,
a mí vuelve compasiva
esos ojos de piedad.

Himno a Santa María Madre de Dios

HIMNO A SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

Reina y Madre, Virgen pura,
que sol y cielo pisáis,
a vos sola no alcanzó
la triste herencia de Adán.

¿Cómo en vos, Reina de todos,
si llena de gracia estáis,
pudo caber igual parte
de la culpa original?

De toda mancha estáis libre:
¿y quién pudo imaginar
que vino a faltar la gracia
en donde la gracia está?
Si los hijos de sus padres
Toman el fuero en que están,
¿cómo pudo ser cautiva
quien dio a luz la libertad? Amén

Oración

Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos.

Reina dignísima del mundo, María Virgen perpetua, intercede por nuestra paz y salud, tú que engendraste a Cristo Señor, Salvador de todos, te lo pedimos por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Virgen Santa, noble Reina de los Ángeles

VIRGEN SANTA, NOBLE REINA DE LOS ÁNGELES

Virgen Santa, noble reina de los Ángeles

Esposa del Espíritu Santo,

acuérdate de que eres mi Madre!

 

Tú que nos pones en comunicación con tu Hijo,

que nos das los medios para llegar al Altísimo,

te imploro presentes mis peticiones

para que reciba urgente auxilio.

 

Dulce María, madre amada mía,

líbrame de los enemigos de mi alma

y de los males temporales que me acechan en la vida,

a ti sean mis afectos de gratitud y devoción.

 

María, Santa Señora,

ruega por todos nosotros a tu Santísimo Hijo,

nuestro Señor y Maestro.

Amén.

Deseo que Dios les conceda a todos, por la intercesión de Santa María, las Gracias que necesiten.

Karla Rouillon Gallangos

A la Virgen María – Oración de Santo Tomás de Aquino

A LA VIRGEN MARÍA – ORACIÓN DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

 

Oh bienaventurada y dulcísima Virgen María, Madre de Dios, toda llena de misericordia, hija del Rey supremo, Señora de los Ángeles, Madre de todos los creyentes: hoy y todos los días de mi vida, deposito en el seno de tu misericordia mi cuerpo y mi alma, todas mis acciones, pensamientos, intenciones, deseos, palabras, obras; en una palabra, mi vida entera y el fin de mi vida; para que por tu intercesión todo vaya enderezado a mi bien, según la voluntad de tu amado Hijo y Señor nuestro Jesucristo, y tú seas para mi, oh Santísima Señora mía, consuelo y ayuda contra las asechanzas y lazos del dragón y de todos mis enemigos.

Dígnate alcanzarme de tu amable Hijo y Señor nuestro Jesucristo, gracias para resistir con vigor a las tentaciones del mundo, demonio y carne, y mantener el firme propósito de nunca más pecar, y de perseverar constante en tu servicio y en el de tu Hijo. También te ruego, oh Santísima Señora mía, que me alcances verdadera obediencia y verdadera humildad de corazón, para que me reconozca sinceramente por miserable y frágil pecador, impotente no sólo para practicar una obra buena, sino aun para rechazar los continuos ataques del enemigo, sin la gracia y auxilio de mi Creador y sin el socorro de tus santas preces. Consígueme también, oh dulcísima Señora mía, castidad perpetua de alma y cuerpo, para que con puro corazón y cuerpo casto, pueda servirte a ti y a tu Hijo en tu Religión. Concédeme pobreza voluntaria, unida a la paciencia y tranquilidad de espíritu para sobrellevar los trabajos de mi Religión y ocuparme en la salvación propia y de mis prójimos. Alcánzame, oh dulcísima Señora, caridad verdadera con la cual ame de todo corazón a tu Hijo Sacratísimo y Señor nuestro Jesucristo, y después de él a ti sobre todas las cosas, y al prójimo en Dios y para Dios: para que así me alegre con su bien y me contriste con su mal, a ninguno desprecie ni juzgue temerariamente, ni me anteponga a nadie en mi estima propia. Haz, oh Reina del cielo, que junte en mi corazón el temor y el amor de tu Hijo dulcísimo, que le dé continuas gracias por los grandes beneficios que me ha concedido no por mis méritos, sino movido por su propia voluntad, y que haga pura y sincera confesión y verdadera penitencia por mis pecados, hasta alcanzar perdón y misericordia.

Finalmente te ruego que en el último momento de mi vida, tú, única madre mía, puerta del cielo y abogada de los pecadores, no consientas que yo, indigno siervo tuyo, me desvíe de la santa fe católica, antes usando de tu gran piedad y misericordia me socorras y me defiendas de los malos espíritus, para que, lleno de esperanza en la bendita y gloriosa pasión de tu Hijo y en el valimiento de tu intercesión, consiga de él por tu medio el perdón de mis pecados, y al morir en tu amor y en el amor de tu Hijo, me encamines por el sendero de la salvación y salud eterna. Amén.

Deseo que Dios les conceda a todos, por la intercesión de Nuestra Señora, las Gracias que necesiten.

Karla Rouillon Gallangos

Oración de Consagración a Nuestra Señora

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN A NUESTRA SEÑORA

Santa María, Madre de Dios, Virgen Inmaculada, Vos habéis aparecido dieciocho veces a Bernardita en la gruta de Lourdes, para recordar a los cristianos las maravillas y las exigencias del Evangelio, invitándoles a la Oración, a la Penitencia, a la Eucaristía y a la vida en la Iglesia.

Para mejor responder a vuestra llamada, yo me consagro por vuestras manos a vuestro hijo Jesús.

Hacedme dócil al espíritu; y por el fervor de mi fe, por la manifestación de mi vida, por mi dedicación al servicio de los enfermos, haz que yo trabaje con Vos en confortar a los que sufren, en reconocimiento a los hombres, en trabajar por la unidad de la Iglesia y por la paz del mundo.

Con toda confianza, oh Señora mía, yo os dirijo esta plegaria y os pido que la acojáis y la atendáis. Amén.

Nuestra Señora de Lourdes, rogad por nosotros.

Santa Bernardita, rogad por nosotros.

Deseo que Dios les conceda a todos, por la intercesión de Nuestra Señora de Lourdes, las Gracias que necesiten.

Karla Rouillon Gallangos

Novena para casos difíciles a Nuestra Señora del Rosario de Pompeya

NOVENA EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE POMPEYA PARA ALCANZAR LAS GRACIAS EN LOS CASOS MAS DIFÍCILES Y DESESPERADOS

Por el Beato Bartolo Longo

Esta Novena se puede rezar en cualquier momento del año y consta una oración inicial, cinco oraciones a Nuestra Señora y una oración final, las cuales se rezan igual durante nueve días.

Nuestra Señora del Rosario de Pompeya

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro. + En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN INICIAL

¡Oh Santa Catalina de Siena, mi protectora y maestra! Tú que proteges a tus devotos cuando rezan el Rosario de María, asísteme en este instante, y dígnate rezar conmigo la Novena en honor de la Reina del Rosario, que ha colocado el trono de sus favores en el Valle de Pompeya, para que por tu intercesión obtenga yo la gracia que deseo. Así sea.

Nuestra Señora del Rosario de Pompeya 5

Luego se dice:

V. Dios, venid en mi ayuda.
R. Señor apresuraos a socorrerme.
V. Gloria al Padre y al hijo y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre y por todos los siglos de los siglos. Así sea.

 ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

I.

¡Oh Virgen Inmaculada y Reina del Santo Rosario! en estos tiempos en que, apagada la fe en las almas, domina la impiedad, has querido levantar tu trono de Reina y Madre sobre la antigua Pompeya, morada de muertos paganos y desde aquel lugar, donde eran adorados los ídolos y demonios, Tú hoy, cual Madre de la divina gracia, derramas por doquiera los tesoros de las celestiales misericordias; ¡ah! desde aquel trono donde reinas vuelve, también a mí, oh María, esos tus ojos benignos, y ten piedad de mi, que tanto necesito de tu socorro. Muéstrate también conmigo cual te mostraste con tantos otros, verdadera Madre de misericordia, “Monstra te esse Matrem”, mientras de todo corazón Te saludo e invoco por mi Soberana y
por Reina del Santísimo Rosario. Dios Te salve, Reina, Madre de misericordia.

II.

Mi alma rendida al pie de tu trono, oh grande y gloriosa Señora, te venera entre los gemidos y angustias que sobremanera la oprimen. En medio de las penas y agitaciones en que me hallo, levanto confiado los ojos hacia Ti, que te dignaste elegir para tu morada las campiñas de pobres y desamparados labriegos; y que frente a la ciudad y anfiteatro de deleites paganos, en donde reinan el silencio y las ruinas, cual Señora de las Victorias elevaste tu poderosa voz llamando de todas partes de Italia y del mundo católico a tus devotos hijos para que te levantasen un templo. ¡Oh! apiádate finalmente de está alma que yace aletargada bajo el polvo y las sombras de la muerte! Ten piedad de mi, ¡oh! Señora; ten piedad de mí que me hallo abrumado de miserias y humillaciones. Tú que eres exterminio de los demonios defiéndeme de los enemigos que me asedian. Tú que eres el Auxilio de los cristianos, sácame de las tribulaciones en que me hallo sumido. Tú que eres nuestra vida, triunfa de la muerte que amenaza mi alma en los peligros a que se halla expuesta. Devuélveme la paz, la tranquilidad, el amor, la salud. Así sea. Dios Te salve, Reina, Madre de misericordia.

III.

¡Ay!… el oír que tantos han sido colmados de favores sólo porque a Ti acudieron con fe, me infunde nuevo aliento y valor para llamarte en mi socorro. Tú prometiste a Santo Domingo que el que deseara gracias las obtendría con tu Rosario; y yo con el Rosario en la mano, te llamo, oh
Madre, al cumplimiento de tus maternales promesas. Aún más: Tú misma, oh Madre, has obrado continuos prodigios para excitar a tus hijos a que te levantaran un templo en Pompeya. Tú, pues, quieres enjugar nuestras lágrimas y aliviar nuestros afanes; y yo con el corazón en los labios, con fe viva te llamo e invoco: ¡Madre mía! ¡Madre querida! ¡Madre bella!… ¡Madre dulcísima, ayúdame! Madre y Reina del Santo Rosario, no tardes más en tender hacía mí tu poderosa mano y salvarme; porque la tardanza, como ves, me llevaría a la ruina. Dios te salve, Reina y Madre de misericordia.

IV.

¿Y a quién he de acudir yo sino a Ti, que eres el alivio de los miserables, el refugio de los desamparados, el consuelo de los afligidos? ¡Ah, si; lo confieso: abrumada miserablemente mi alma bajo el enorme peso de las culpas, no merece más que el infierno y es indigna de recibir tus favores! Mas, ¿no eres Tú la esperanza de quién desespera, la poderosa Medianera entre Dios y el hombre, la Abogada ante el trono del Altísimo, el Refugio de los pecadores? ¡Ah, basta que digas una sola palabra en mi favor a tu divino Hijo, para que El te escuche! Pídele, pues, oh Madre, la gracia que tanto necesito… (se pide la gracia que se desea). Sólo Tú puedes obtenérmela. Tú que eres mi única esperanza, mi consuelo, mi alegría, mi vida. Así lo espero, así sea. Dios Te salve, Reina, Madre de misericordia.

V.

¡Oh Virgen y Reina del Santo Rosario! Tú que eres la Hija del Padre celestial, la Madre del Hijo divino, la Esposa del Espíritu Santo; Tú que todo lo puedes ante la Trinidad Santísima, debes obtenerme esta gracia para mi tan necesaria, a no ser que sea de obstáculo para mi eterna salvación… (aquí se especifica la gracia que se desea). Te la pido por la Concepción Inmaculada, por tu divina Maternidad, por tus gozos, por tus dolores, por tus triunfos. Te la pido por el Corazón de tu amoroso Jesús, por aquellos nueve meses que lo llevaste en tu seno, por los trabajos y sinsabores de su vida, por su acerba Pasión y Muerte de Cruz, por su santísimo Nombre y por su sangre preciosísima. Te la pido, finalmente, por tu dulcísimo Corazón, por tu glorioso Nombre, ¡oh María! que eres Estrella del mar, Señora
poderosísima, Puerta del paraíso y Madre de todas las gracias. En Ti confío.., todo lo espero de Ti: Tú me has de salvar. Así sea.

Nuestra Señora del Rosario de Pompeya 2

ORACIÓN FINAL

Dios te salve,
Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros,
esos tus ojos misericordiosos.
Y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, OH piadosa,
OH dulce Virgen María!
Ruega por nosotros,
Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos
de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

V. Hazme digno de alabarte, oh Virgen Sagrada.
R. Dame fortaleza contra tus enemigos.
V. Ruega por nosotros, Reina del Santísimo Rosario.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración. Oh Dios, cuyo Hijo Unigénito con su vida, muerte y resurrección nos adquirió el premio de la salvación eterna, concédenos, os suplicamos, que meditando estos misterios en el Santísimo Rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos las virtudes que contienen y alcancemos los bienes que prometen. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.

Que Dios les conceda a todos, por la intercesión de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, las Gracias que necesiten.

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Novena en honor a la Virgen María

NOVENA EN HONOR DE LA VIRGEN MARÍA

Comenzamos la Novena el 1 de Enero, día de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios y la terminamos el día 9.

Por la Señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro.                           + En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN DE SAN BERNARDO (PARA TODOS LOS DÍAS)

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a vuestra protección e implorado vuestro socorro, haya sido desamparado.  Yo, pecador, animado con tal confianza, acudo a vos oh Madre, Virgen de las vírgenes: a vos vengo, delante de vos me presento gimiendo. No queráis, oh Madre del Verbo, despreciar mis palabras; antes bien, oídlas benignamente y cumplidlas. Amén.

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ORACIONES PARA CADA DÍA

PRIMER DÍA

Oración de Santo Tomás de Aquino. 
Concededme, oh Reina del cielo, que nunca se aparten de mi corazón el temor y el amor de tu Hijo santísimo; que por tantos beneficios recibidos, no por mis méritos, sino por la largueza de su piedad, no cese de alabarle con humildes acciones de gracias; que a las innumerables culpas cometidas suceda una leal y sincera confesión y un firmísimo y doloroso arrepentimiento, y, finalmente, que logre merecer su gracia y su misericordia. Suplico también, oh puerta del cielo y abogada de pecadores, no consientas que jamás se aparte ni desvíe este siervo tuyo de la fe, pero particularmente que en la hora postrera me mantenga con ella abrazado; si el enemigo esforzare sus astucias, no me abandone tu misericordia y tu gran piedad. Por la confianza que tengo en ti puesta, alcánzame de tu santísimo Hijo el perdón de todos mis pecados y que viva y muera gustando las delicias de tu santo amor.

SEGUNDO DÍA

Oración de San Atanasio de Alejandría.
Propio es de ti, Señora, que siendo tú, al mismo tiempo que esclava del Señor, Madre de Dios, Reina y Señora, pues Dios quiso también ser Hijo tuyo, no apartes de nosotros tu memoria, habiendo de presentarnos ante el soberano e inexorable Juez, que, si a nosotros nos infunde pavor, es para contigo sobremanera amable y te otorga cuantas gracias le pides, pues eres llamada llena de gracia y de alegría por haber sobrevenido en ti el Espíritu Santo. Por esto, aun los ricos de la nación, los más favorecidos en justicia y santidad, claman a ti e invocan tu protección. No nos cierres las puertas de tu pecho, y deja que fluya sobre nosotros el mar de gracias que encierra.

TERCER DÍA

Oración de San Anselmo.
No son para contar, Reina clementísima, los que, habiendo invocado tu nombre, han conseguido la eterna salvación; ¿y quieres que, invocándote yo, sea defraudado en mis esperanzas? Tal vez no oyes mis clamores en razón de mi gran maldad; pero, aun así, no dejaré de llamarte y de decirte con toda el alma: pues eres tan noble y benigna de condición, da oídos a quien humildemente llama a tus puertas y no le desatiendas en sus esperanzas, ni le abandones en su tribulación, ni le dejes sin una palabra de perdón en medio de su pecado. Sana con tus celestiales medicinas las profundas heridas en mi alma abiertas, desátame de los carnales lazos que me aprisionan en la tierra y abrígame siquiera con un jirón del espléndido
manto de tu gloria. Amén.

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CUARTO DÍA

Oración antigua de autor anónimo.
Ven, oh gloriosa Reina María; ven y visítanos; ilumina nuestras almas dolientes y danos el vivir santamente. Ven, salud del mundo, a lavar tantas manchas que nos afean, a disipar tantas tinieblas que nos envuelven. Ven, Señora de los pueblos, y apaga estas llamas de concupiscencia que nos abrasan, arrójanos el manto de tu pureza y señala el seguro camino que nos ha de llevar al puerto. Ven a visitar a los enfermos, a fortalecer a los débiles, a dar firmeza a los que fluctúan entre mares de dudas. Ven, estrella, luz de los mares, e infúndenos paz, gozo y devoción. Ven, oh cetro de reyes, poderío de las naciones, y vuelve al seno de la fe, al amor y vida de su unidad, a las muchedumbres extraviadas que no conocen lo que conviene a su salud. Ven, trayéndonos en tus manos los dones de tu casto, eterno esposo, el Espíritu Santo, para que vivamos por su lumbre y calor, y sean nuestro sustento aquellos frutos eternos que nos han de merecer entrar en la unidad de la vida bienaventurada. Amén.

QUINTO DÍA

Oración de San Sofronio.
Amansa, oh piadosa Madre, las olas de tristeza y de congoja que combaten mí corazón; apaga las llamas enemigas que me cercan; embota los dardos que manos crueles vienen arrojando contra mi alma, amenazando atravesarla y envenenarla y meter en ella la muerte. Oh alegría
bienaventurada, oh paz, oh serenidad de los que te invocan, oh escudo y fortaleza de tus fieles servidores, ven y tiende tu mano sobre las llagas recibidas y sobre las angustias que me atormentan; da suavidad y paz a mi entendimiento, para que mi lengua engrandezca siempre la alteza de la merced recibida. Devuélvenos en lluvias de gracias las alabanzas que te dirigimos; abre ese manantial de gracias que por nosotros quiso encerrarse en ti y no vivamos ya entre noches, incertidumbres y temores; a ti seremos deudores de mercedes que jamás labios humanos podrán agradecer ni ponderar. Amén.

SEXTO DÍA

Oración de San Ildefonso.
Oh clementísima Virgen, que con mano piadosa repartes vida a los muertos, salud a los enfermos, luz a los ciegos, solaz a los desesperados y consuelo a los que lloran. Saca de los tesoros de tu misericordia refrigerio para mi ánimo quebrantado, alegría para mi entendimiento y llamas de caridad para mi durísimo pecho. Sé vida y salud de mi alma, dulzura y paz de mi corazón y suavidad y regocijo de mi espíritu. Y, pues, tú eres estrella clarísima del mar, madre llena de compasión, endereza mis pasos, defiéndeme de riesgos de enemigos, hasta aquella postrera y suspirada hora en la cual, asistido de tu auxilio, enriquecido con tu gracia, vencidas las enemistades del infernal dragón, salga de este mundo para los eternos y seguros gozos de la vida bienaventurada. Amén.

inmaculada (9)

SÉPTIMO DÍA

Oración de San Juan Damasceno.
Nadie está en el cielo más cerca de la Divinidad simplicísima que tú, que tienes asiento sobre la cumbre de los querubines y sobre todos los ejércitos de los serafines, y por esto no es posible que tu intercesión sufra repulsa, ni que sean desatendidos tus ruegos. No nos falte tu auxilio mientras vivamos en este mundo perecedero; alárganos tu mano, para que, obrando las obras de salud y huyendo de los caminos del mal, demos seguro el paso de la eternidad. Por ti esperamos que, al cerrar a este destierro los ojos de la carne, se abrirán los del alma para anegarse en aquel piélago de soberana hermosura, de suavísimos deleites, por el cual ansiosamente suspiran las almas regeneradas y que nos anunció y mereció Cristo Señor
nuestro haciéndonos ricos y salvos. A El por ti, Señora, rendimos gloria y alabanza, con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

OCTAVO DÍA

Oración de San Efrén de Siria. 
Oh Virgen purísima, Madre de Dios, Reina de todo lo criado, levantada sobre todos los cortesanos del cielo y más resplandeciente y pura que los rayos del sol: tú eres más gloriosa que los querubines, más santa que los serafines y sin comparación más sublime y aventajada que todos los ejércitos del cielo. Tú eres la esperanza de los patriarcas, la gloria de los profetas, la alabanza de los apóstoles, honra de los mártires, alegría de los santos, ornamento de las sagradas jerarquías, corona de las vírgenes, inaccesible por tu inmensa claridad, princesa y guía de todos y doncella sacratísima; por ti somos reconciliados con Cristo mi Señor. Guárdame debajo de tus alas; y apiádate de mí, que estoy sucio con mis pasiones y manchado con los innumerables males que he cometido contra mi Juez y Criador. No tengo otra confianza sino en ti, que eres el áncora de mi esperanza, el puerto de mi salud y socorro oportuno en la tribulación.

NOVENO DÍA

Oración de San Germán.
Ninguno se salva sino por ti, oh Virgen Santísima.’Ninguno se libra de males sino por ti, oh Virgen purísima. Ninguno recibe gracias de Dios sino por ti, oh Virgen castísima. Ninguno obtiene misericordia sino por ti, oh Virgen venerabilísima. ¿Quién, después de tu bendito Hijo, tiene tanto cuidado del linaje humano como tú? ¿Quién así nos defiende en nuestras tribulaciones?
¿Quién tan presto nos socorre y nos libra de las tentaciones que nos acosan y persiguen? ¿Quién, con sus piadosos ruegos, intercede por los pecadores y los libra de las penas que por sus pecados merecen? Por esto recurrimos a ti, oh purísima y dignísima de toda alabanza y de todo obsequio.
Haz que, por medio de tus oraciones, que tanto pueden con el Señor, las cosas eclesiásticas sean bien gobernadas y tú misma las conduzcas a puerto seguro. Viste ricamente a los sacerdotes de justicia y de la gloria de la fe probada, inmaculada y sincera. Dirige en estado próspero y tranquilo los cetros de los soberanos cristianos. Sé, en tiempo de guerra, la protección del ejército, que siempre milita bajo tu amparo, y confirma al pueblo para que, conforme Dios lo tiene mandado, persevere en el obsequio suave de la obediencia. Sé el muro inexpugnable de este pueblo que te tiene a ti como a torre de refugio y cimiento que la sostiene. Preserva la habitación de Dios y el decoro del templo de todo mal; libra a cuantos te
alaban, da redención a los cautivos y sé refugio para el peregrino y consuelo para el desamparado. Extiende, por fin, a todo el orbe tu mano auxiliadora, para que, así como celebramos con alegría esta festividad, celebremos también todas las demás que te dedicamos, en Cristo Jesús, Rey de todas las cosas y verdadero Dios nuestro; a quien sea la gloria y la fortaleza, junto con el Padre Eterno, que es principio de la vida, y con el Espíritu coeterno, consubstancial, y que reina con los dos, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

nuestra señora del monte carmelo krouillong (21)

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh santísima Señora, excelentísima Madre de Dios y piadosísima Madre de los hombres! Después de Dios, tú eres la única esperanza de los pecadores y la mayor confianza de los justos. La Iglesia te llama vida, dulzura y esperanza nuestra, y todos los pueblos ponen en ti sus ojos, esperando de ti todas las gracias. Nosotros también, dulce abogada, acudimos a ti en estos días, instándote para que nos oigas y concedas las gracias que te pedimos. Danos, en primer lugar, un amor sincero a tu divino Hijo, observando su santa ley cristiana; alcánzanos también la salud del cuerpo y la serenidad del espíritu, la paz en la familia y la suficiencia de
medios para la vida; concédenos, en fin, una santa muerte en la santa Iglesia católica.
¡Oh Virgen, que superas toda alabanza! Todo lo que tú quieres, lo puedes ante Dios, de quien eres Madre; y, aun cuando nosotros somos pecadores, tú eres dulce madre del Redentor y dulce madre nuestra, y puedes abogar por tus hijos pequeños y pecadores ante tu Hijo altísimo y redentor; a tu nombre se abren las puertas del cielo; en tus manos están todos los tesoros de la divina misericordia; óyenos, oh plácida Virgen y Madre, y, si nos conviene, concédenos las
gracias que te pedimos en esta novena.

Petición. Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los pusilánimes, reanima a los que lloran, ora por el pueblo, intervén por el clero, intercede por las mujeres consagradas, sientan tu auxilio todos los que celebran tu santa festividad.
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

Oremos. Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Que Dios les conceda a todos , por la intercesión de la Santísima Virgen María, las Gracias que necesiten.

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Oración de la Restauración por Plinio Corrêa de Oliveira

ORACIÓN DE LA RESTAURACIÓN
por Plinio Corrêa de Oliveira

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“Hay momentos, Madre mía, en que mi alma se siente, en lo que tiene de más profundo, tocada por una saudade indecible. Tengo saudades de la época en que yo os amaba, y Vos me amabais, en la atmósfera primaveral de mi vida espiritual. Tengo saudades de Vos, Señora, y del paraíso que ponía en mí la gran comunicación que tenía con Vos.
¿No tenéis también Vos, Señora, saudades de ese tiempo? ¿No tenéis saudades de la bondad que había en aquél hijo que fui?
Venid, pues, ¡oh la mejor de todas las madres! , y por amor a lo que florecía en mí, restauradme: recomponed en mí el amor a Vos, y haced de mí la plena realización de aquel hijo sin mancha que yo habría sido, si no fuese tanta miseria.
Dadme, ¡oh Madre! , un corazón arrepentido y humillado, y haced brillar nuevamente ante mis ojos aquello que, por el esplendor de vuestra gracia, yo comenzara a amar tanto y tanto…
Acordaos, Señora, de este David y de toda la dulzura que en él poníais. Así sea.”

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Fuente: HERALDOS DEL EVANGELIO

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Novena a Nuestra Señora del Rosario

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

La Iglesia celebra a la Virgen bajo esta advocación el 7 de octubre. Su fiesta fue instituida por San Pío V en agradecimiento a la Virgen por su ayuda en la victoria sobre los turcos en Lepanto. En 1716 Clemente XI extendió esta fiesta a toda la Iglesia. León XIII acrecentó su importancia litúrgica con la publicación de nueve encíclicas dedicadas al Rosario.

Comienza la novena el 28 de septiembre y termina el 6 de octubre, un día antes de su fiesta, el 7 de octubre.

Esta es la fecha principal para rezar a Nuestra Señora del Rosario, pero, por tratarse de una Novena, puedes iniciarla en cualquier momento del año para pedir a Nuestra Señora una Gracia que necesites. Incluso, puedes rezar la Novena varias veces al año.

nuestra señora del santo rosario 4

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN INICIAL

¡Oh Madre y clementísima Virgen del Rosario! Vos que plantasteis en la Iglesia, por medio de vuestro privilegiado hijo Domingo, el místico árbol del Santo Rosario, haced que abracemos todos tu santa devoción y gocemos su verdadero espíritu; de suerte que aquellas místicas rosas sean en nuestros labios y corazón, por los pecadores medicina y por los justos aumento de gracia. Amén.

 Pedir aquí con confianza la gracia que se desea obtener con esta novena.

nuestra señora del santo rosario

Rezar la oración del día que corresponda:

DÍA PRIMERO

“Dios te salve”. ¡Cuanto mi alma se alegra, amantísima Virgen, con los dulces recuerdos que en mi despierta esta salutación! Se llena de gozo mi corazón al decir el “Ave Maria”, para acompañar el gozo que llenó Vuestro espíritu al escuchar de boca del Ángel, alegrándome de la elección que de Vos hizo el Omnipotente para darnos el Señor. Amén.

DÍA SEGUNDO

¡”María” nombre santo! Dignaos, amabilísima Madre, sellar con vuestro nombre el memorial de las súplicas nuestras, dándonos el consuelo de que lo atienda benignamente vuestro Hijo Jesús, para que alcancemos aburrimiento grande a todas las vanidades del mundo, firme afición a la virtud, y ansias continuas de nuestra eterna salvación. Amén.

DÍA TERCERO

“Llena eres de gracia”. ¡Dulce Madre! Dios os salve, María, sagrario riquísimo en que descansó corporalmente la plenitud de la Divinidad: a vuestros pies se presenta desnuda mi pobre alma, pidiendo la gracia y amor de Dios, con el que fuisteis enriquecida, haciéndote llena de virtud, llena de santidad, y llena de gracia. Amén.

DÍA CUARTO

“El Señor es contigo”. ¡Oh Santísima Virgen! Aquel inmenso Señor, que por su esencia se halla con todas las cosas, está en Vos y con Vos por modo muy superior. Madre mía venga por Vos a nosotros. Pero ¿como ha de venir a un corazón de tan poca limpieza, aquel Señor, que para hacernos habitación suya, quiso con tal prodigio, que no se perdiese, siendo Madre vuestra virginidad? ¡Oh! muera en nosotros toda impureza para que habite en nuestra alma el Señor. Amén.

DÍA QUINTO 

“Bendita Tu eres entre todas las mujeres” Vos sois la gloria de Jerusalén: Vos la alegría de Israel: Vos el honor del pueblo santo de Dios. Obtenga por vuestra intercesión nuestro espíritu la más viva fe, para considerar y adorar con vuestro santo Rosario las misericordias que en Vos y por Vos hizo el Hijo de Dios. Amén.

DÍA SEXTO 

“Bendito es el fruto de tu vientre Jesús”. Lloro, oh Madre mía, que haya yo hecho tantos pecados, sabiendo que ellos hicieron morir en cruz a vuestro Hijo. Sea el fruto de mi oración, que no termine nunca de llorarlos, hasta poder bendecir eternamente aquel purísimo fruto de vuestro vientre. Amén.

DÍA SÉPTIMO

“Santa María, Madre de Dios”. No permitáis se pierda mi alma comprada con el inestimable precio de la sangre de Jesús. Dadme un corazón digno de Vos, para que amando el recogimiento, sean mis delicias obsequiaros con el santo Rosario, adorando con él a vuestro Hijo, por lo mucho que hizo para nuestra redención, y por lo que os ensalzó, haciéndote Madre suya. Amén.

DÍA OCTAVO

“Ruega por nosotros pecadores”. ¡Madre de piedad! A Vos solo dijo aquel Rey soberano de la gloria: Vos sois mi Madre. Alcanzadme humildad y plena confianza, dispuesto de este modo, con el auxilio de Dios, a recibir los favores de la Divina misericordia, por los méritos de vuestro Hijo y Redentor nuestro. Amén.

DÍA NOVENO 

“Ahora, y en la hora de nuestra muerte”, estamos siempre expuestos a perder la gracia de Dios. Haced que no se aparte de mi memoria al último momento de la vida, que habrá de ser decisivo de mi eterna suerte. ¡Oh Madre de piedad! concededme el consuelo de morir bajo la vuestra protección y en el amor de mi Jesús. Amén.

nuestra señora del santo rosario 2

ORACIONES FINALES

Rezar tres Avemarías y Glorias en reverencia de las órdenes de misterios del Santo Rosario.

Terminar con la siguiente oración:

¡Oh Santísima Virgen, Madre de Dios, dulce refugio y consuelo piadoso de todos los afligidos! Por aquella confianza y autoridad de Madre con que podéis presentar nuestros ruegos al que es árbitro soberano de nuestro bien empeñad una y otra en favor nuestro. Conseguidnos el reformar con el Santo Rosario nuestras vidas, estudiando en tan dulce libro la fiel imitación de vuestro Hijo Jesús, hasta que podamos adorarlo y amarlo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Que Dios les conceda a todos, por la Intercesión de Nuestra Señora del Rosario, las Gracias que necesiten.

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El Santo Rosario en Latín

EL SANTO ROSARIO EN LATÍN

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“El que con devoción rezare mi Rosario, considerando sus misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna”. (Promesa de Nuestra Señora para los devotos del Santo Rosario)

Explicación gráfica para aprender a rezar el Santo Rosario

Orationes ab inítio Rosárii dicéndæ (Oraciones al comenzar el Rosario)

Per sígnum Sanctæ Crucis ✠ de inimícis nostris ✠ líbera nos, Deus noster ✠. In nómine Patris, et †Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.

Confíteor (Acto de contrición)

Confíteor Deo omnipoténti, beátæ Maríæ semper Vírgini, beáto Michaéli Archángelo, beáto Joánni Baptístæ, sanctis Apóstolis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis, quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et opere: mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ideo precor beátam Maríam semper Vírginem, beátum Michaélem Archángelum, beátum Joánnem Baptístam, sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, et omnes Sanctos, oráre pro me ad Dóminum, Deum nostrum. Amen.

1 Pater noster
Pater noster, qui es in Cælis, sanctificétur nomen tuum. Advéniat Regnum tuum. Fiat volúntas tua, sicut in Cælo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie. Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem, sed líbera nos a malo. Amen.

3 Ave María
Ave María, gratia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hóra mortis nostræ. Amen.

Gloria
Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.

Oratio Fátima
O mi Jesu, dimítte nobis débita nostra, líbera nos ab ígne Inférni, conduc in Cælum omnes ánimas, præsértim illas quæ maxíme indígent misericórdia tua.

Sýmbolum Apostolórum (Credo de los Apóstoles)
Credo in Deum, Patrem omnipoténtem, Creatórem Cæli et térræ. Et in Jesum Christum, Fílium ejus únicum, Dóminum nostrum: qui concéptus est de Spíritu Sancto, natus ex María Vírgine, passus sub Póntio Piláto, crucifíxus, mórtuus, et sepúltus: descéndit ad Ínferos; tértia die resurréxit a mórtuis; ascéndit ad Cælos; sedet ad déxteram Dei Patris omnipoténtis: inde ventúrus est judicáre vivos et mórtuos. Credo in Spíritum Sanctum, Sanctam Ecclésiam Cathólicam, Sanctórum communiónem, remissiónem peccatórum, carnis resurrectiónem, vitam ætérnam. Amen.

Meditatiónes Rosárii (Meditaciones del Santo Rosario)

I. Mystéria Gaudiósa (Misterios Gozosos- lunes y jueves)

Primo, Beátæ Maríæ Vírginis anuntiatiónem contemplámur, et humílitas pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima)
Secundo, Beátæ Maríæ Vírginis visitatiónem contemplámur, et cháritas ad fratres pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima)
Tertio, Dómini Nóstri Jésu Chrísti nativitátem contemplámur, et paupertátis spíritus pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima)
Quarto, Dómini Nóstri Jésu Chrísti presentatiónem in templo contemplámur, et obediéntia pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima) 
Quinto, Dómini Nóstri Jésu Chrísti inventiónem in templo contemplámur, et Déum inquæréndi volúntas pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima)

II. Mystéria Dolorósa (Misterios Dolorosos- martes y viernes)

Primo, Dómini Nóstri Jésu Chrísti oratiónem in horto contemplámur, et dólor pro peccatis nostris pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima)
Secundo, Dómini Nóstri Jésu Chrísti flagellatiónem contemplámur, et córporum nostrórum mortificátio pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima) 
Tertio, Dómini Nóstri Jésu Chrísti spinis coronatiónem contemplámur, et supérbiæ mortificátio pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima) 
Quarto, Dómini Nóstri Jésu Chrísti crucis bajulatiónem contemplámur, et patiéntia in tribulatiónibus pétitur (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima) 
Quinto, Dómini Nóstri Jésu Chrísti crucifixiónem et mortem contemplámur, et súi ipsíus dónum ad animárum redemptiónem pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima) 

III. Mystéria Gloriósa (Misterios Gloriosos- miércoles, sábado y domingo)

Primo, Dómini Nóstri Jésu Chrísti resurrectiónem contemplámur, et fídes pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima) 
Secundo, Dómini Nóstri Jésu Chrísti in Cælum ascensiónem contemplámur, et spes pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima) 
Tertio, Spíritus Sáncti descensiónem contemplámur, et cháritas ad Deum pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima) 
Quarto, Beátæ Maríæ Vírginis in Cælum assumptiónem contemplámur, et bene moriéndi gratia pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima) 
Quinto, Beátæ Maríæ Vírginis coronatiónem contemplámur, et fidúcia in María Regína Nostra pétitur. (Pater Noster, 10 Ave María, Gloria et Oratio Fátima)

Oratiónes ad fínem Rosárii dicéndæ (Oraciones al finalizar el Rosario)

Memoráre (Acordaos)
Memoráre, O piíssima Virgo María, non esse audítum a sǽculo, quémquam ad tua curréntem præsídia, tua implorántem auxília, tua peténtem suffrágia, esse derelíctum. Ego tali animátus confidéntia, ad te, Virgo Vírginum, Mater, cúrro, ad te vénio, coram te gémens peccátor assísto. Noli, Mater Verbi, verba mea despícere; sed audi propítia et exáudi. Amen.

Sub tuum præsídium
Sub tuum præsídium confúgimus, sancta Dei Génetrix; nostras deprecatiónes ne despícias in necessitátibus; sed a perículis cunctis líbera nos semper, Virgo gloriósa et benedícta. Amen.

Magníficat
Magníficat † ánima mea Dóminum. Et exsultávit spíritus meus in Deo, salutári meo. Quia respéxit humilitátem ancíllæ suæ: ecce enim ex hoc beátam me dicent omnes generatiónes. Quia fecit mihi magna, qui pótens est: et sanctum Nómen ejus. Et misericórdia ejus, a progénie in progénies timéntibus eum. Fecit poténtiam in bráchio suo, dispérsit supérbos mente cordis sui. Depósuit poténtes de sede, et exaltávit húmiles. Esuriéntes implévit bonis, et dívites dimísit inánes. Suscépit Israël púerum suum, recordátus misericórdiæ suæ. Sicut locútus est ad patres nostros: Ábraham, et sémini ejus in sǽcula.
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.  
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.

Salve Regína
Salve Regína, Mater misericórdiæ, vita, dulcédo, et spes nostra, salve. Ad te clamámus éxsules fílii Evæ. Ad te suspirámus, geméntes et fléntes in hac lacrimárum valle. Eia, ergo, Advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte. Et Jésum, benedíctum frúctum ventris tui, nobis post hoc exílium osténde. O clémens, O pía, O dulcis Virgo María. Amen.
V. Ora pro nobis, Sancta Dei Génetrix.
R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Orémus
Deus, cujus Unigénitus per vitam, mortem et resurrectiónem suam nobis salútis ætérnæ prǽmia comparávit: concéde, quǽsumus; ut, hæc mystéria sacratíssimo beátæ Maríæ Vírginis Rosário recoléntes, et imitémur, quod cóntinent, et quod promíttunt, assequámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen.

Los Misterios del Santo Rosario Lourdes krouillong comunion en la mano es sacrilegio
Litaníæ Lauretánæ

V. Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.
V. Christe, eléison.
R. Christe, eléison.
V. Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.
V. Christe, audi nos.
R. Christe, audi nos.
V. Christe, exáudi nos.
R. Christe, exáudi nos.

V. Pater de cælis Deus.
R. Miserére nobis.
V. Fílii Redémptor mundi Deus.
R. Miserére nobis.
V. Spíritus Sancte Deus.
R. Miserére nobis.
V. Sancta Trínitas, unus Deus.
R. Miserére nobis.

V. Sancta María.
R. Ora pro nobis.
V. Sancta Dei Genétrix.
R. Ora pro nobis.
V. Sancta Virgo vírginum.
R. Ora pro nobis.
V. Mater Christi.
R. Ora pro nobis.
V. Mater Ecclésiæ.
R. Ora pro nobis.
V. Mater Divínæ grátiæ.
R. Ora pro nobis.
V. Mater puríssima.
R. Ora pro nobis.
V. Mater castíssima.
R. Ora pro nobis.
V. Mater invioláta.
R. Ora pro nobis.
V. Mater intemeráta.
R. Ora pro nobis.
V. Mater amábilis.
R. Ora pro nobis.
V. Mater admirábilis.
R. Ora pro nobis.
V. Mater boni Consílii.
R. Ora pro nobis.
V. Mater Creatóris.
R. Ora pro nobis.
V. Mater Salvatóris.
R. Ora pro nobis.
V. Mater Eucharistíæ.
R. Ora pro nobis.
V. Virgo prudentíssima.
R. Ora pro nobis.
V. Virgo veneránda.
R. Ora pro nobis.
V. Virgo prædicánda.
R. Ora pro nobis.
V. Virgo humílima.
R. Ora pro nobis.
V. Virgo pótens.
R. Ora pro nobis.
V. Virgo clémens.
R. Ora pro nobis.
V. Virgo fidélis.
R. Ora pro nobis.
V. Spéculum justítiæ.
R. Ora pro nobis.
V. Sédes sapiéntiæ.
R. Ora pro nobis.
V. Causa nostræ lætítiæ.
R. Ora pro nobis.
V. Vas spirituále.
R. Ora pro nobis.
V. Vas honorábile.
R. Ora pro nobis.
V. Vas insígne devotiónis.
R. Ora pro nobis.
V. Rosa mýstica.
R. Ora pro nobis.
V. Túrris Davídica.
R. Ora pro nobis.
V. Túrris ebúrnea.
R. Ora pro nobis.
V. Domus áurea.
R. Ora pro nobis.
V. Fœdéris arca.
R. Ora pro nobis.
V. Jánua Cæli.
R. Ora pro nobis.
V. Stella matutína.
R. Ora pro nobis.
V. Salvatiónis arca.
R. Ora pro nobis.
V. Mýstica cívitas Dei.
R. Ora pro nobis.
V. Adorátrix perpétuam Jesus Sacramentátum.
R. Ora pro nobis.
V. Salus infirmórum.
R. Ora pro nobis.
V. Refúgium peccatórum.
R. Ora pro nobis.
V. Consolátrix afflictórum.
R. Ora pro nobis.
V. Auxílium Christianórum.
R. Ora pro nobis.
V. Corredemptóra humánum genus.
R. Ora pro nobis.
V. Mediátrix ómniæ gratiárum.
R. Ora pro nobis.
V. Terror dæmónium.
R. Ora pro nobis.
V. Exterminátrix ómniæ heresíæ.
R. Ora pro nobis.
V. Regína Immaculáta.
R. Ora pro nobis.
V. Regína Angelórum.
R. Ora pro nobis.
V. Regína Patriarchárum.
R. Ora pro nobis.
V. Regína Prophetárum.
R. Ora pro nobis.
V. Regína Apostolórum.
R. Ora pro nobis.
V. Regína Mártyrum.
R. Ora pro nobis.
V. Regína Confessórum.
R. Ora pro nobis.
V. Regína Vírginum.
R. Ora pro nobis.
V. Regína Sanctórum ómnium.
R. Ora pro nobis.
V. Regína sine labe origináli concépta.
R. Ora pro nobis.
V. Regína in Cælum assúmpta.
R. Ora pro nobis.
V. Regína Sanctíssimi Rosárii.
R. Ora pro nobis.
V. Régina clericórum.
R. Ora pro nobis.
V. Regína Ecclésiæ.
R. Ora pro nobis.
V. Regína famíliæ.
R. Ora pro nobis.
V. Regína pacis.
R. Ora pro nobis.

V. Agnus Dei, qui tóllis peccáta mundi.
R. Párce nobis, Dómine.
V. Agnus Dei, qui tóllis peccáta mundi.
R. Exáudi nobis, Dómine.
V. Agnus Dei, qui tóllis peccáta mundi.
R. Miserére nobis.

V. Ora pro nobis, Sancta Dei Génetrix,
R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Orémus 
Concéde nos fámulos tuos, quǽsumus, Dómine Deus, perpétua mentis et córporis sanitáte gaudére: et, gloriósa beátæ Maríæ semper Vírginis intercessióne, a præsénti liberári tristítia, et ætérna pérfrui lætítia. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.