RAZON de SER DEL PERU.

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Fuente de la foto: http://blog.pucp.edu.pe/item/3196/catid/353

Desde los albores de su pasado más lejano, a su presente más feliz o infame; se asoman y se imponen las razones de ser del PERÚ. El PERÚ es una patria antigua, con una identidad histórica, social y cultural, que es  plural y única, como pocos países del mundo actual.

En primer lugar, nunca debe olvidarse que no obstante la PLURALIDAD cultural, étnica y lingüística del Perú, e incluso a través de ella, hay una CONTINUIDAD de posesión histórica y cultural sobre este territorio, que viene desde las primeras sociedades que se forjaron en esta patria, hasta la época actual.

En tal sentido nuestras primeras raíces provienen del hombre andino, que aún existe y que convive en estos espacios. El hombre andino, fue quien creó las primeras culturas que aparecieron sucesivamente en las diversas regiones de nuestra patria; desde CARAL, CHAVIN y KOTOSH, a  los INCAS, que consiguieron forjar la primera unidad política en este país, sometiendo o asimilando a todas las etnias y pueblos andinos, al TAHUANTINSUYO: la única gran sociedad política precolombina que tuvo las características de un imperio,  en lo que hoy es América del Sur; y a su turno los conquistadores españoles se acomodaron y se sustituyeron en la sujeción del territorio ganado por los incas, estableciendo el virreinato del Perú, que continuó la tradición de dominio sobre el suelo hoy peruano y sobre parte del que hoy pertenece a nuestros vecinos. Sin embargo, a diferencia de otros países, el elemento étnico y cultural proveniente de los pueblos indígenas no desapareció ni es minúsculo hoy en día, sino que sigue siendo un elemento esencial de la fecunda pluralidad de la población actual. He allí el gran tema del Perú, su unidad en la diversidad, a través de la POSESIÓN de la patria peruana, no solo desde la conquista española, sino desde los primeros hombres que se asentaron sobre los Andes, sus costas y sus selvas, hace miles de años.

No debemos olvidar nunca, que esta patria, significó un “hallazgo” feliz para los pueblos que llegaron a aposentarse en él: andinos, amazónicos, europeos y asiáticos. ¿Porqué razón?, sencillamente porque aquí encontraron todo aquello que les había sido negado en otros lares (tierras, fortuna, naturaleza para satisfacer sus necesidades y metales preciosos para el disfrute de las sociedades monetarias). Esta patria cobijó así a los ancestros cobrizos, arios, negros y amarillos; en ella se levantaron grandes sociedades de naturaleza imperial como el Tahuantinsuyo o sedes de dominación imperial como el Virreinato de Lima, se forjaron grandes fortunas y se prodigaron riquezas y honores en su nombre; por ello el apelativo de esta patria alguna vez fue sinónimo de oro y plata a raudales y por eso se acuñó aquella estridente y a veces increíble frase colonial: ¡VALE UN PERU!

Del primer encuentro del hombre con la naturaleza pletórica y a la vez difícil y exigente de los Andes, surgieron las primeras culturas peruanas. ¡Y qué clase de culturas! Citaremos dos opiniones, primero las palabras de un conquistador (MANCIO SIERRA DE LEQUIZAMO), que en su lecho de muerte, a punto de morir a los ochenta años, en el Cusco, nos describió el mundo que había hallado cuando entró con Pizarro a los Andes y al cual había contribuido a destruir; leamos lo que dice este testigo directo de nuestra historia, para “descargo de su conciencia” como no se cansa de repetir, en el proemio de su testamento:

“…que entienda su majestad católica, que hallamos estos reinos de tal manera que en todos ellos no había un ladrón ni hombre vicioso, ni holgazán, ni había mujer adúltera ni mala, ni se permitía entre ellos, ni gente mala vida en lo moral y que los hombres tenían ocupaciones honestas y provechosas.

Y que las tierras y montes y minas y pastos y caza y maderas y todo género de aprovechamientos estaba gobernado y repartido, de suerte que cada uno conocía y tenía su hacienda, sin que ninguno otro se la ocupase ni tomase, ni sobre ello había pleitos; y que las cosas de la guerra aunque eran muchas, no impedían las del comercio ni estas a las cosas de labranzas y cultivar de las tierras ni otra cosa alguna; y que en todo, desde lo mayor hasta lo más menudo, tenían su orden y concierto con mucho asiento; y los incas eran temidos y obedecidos y respetados y acatados de sus súbditos como a gente muy capaz y de mucho gobierno y que lo mismo eran sus gobernadores y capitanes…

Y que entienda su majestad católica que el intento que me mueve a hacer esta relación es por el descargo de mi conciencia y por hallarme culpable en ello; pues habemos convertido gente de tanto gobierno, como eran estos naturales y tan quitados de cometer delitos, ni excesos ni exhorbitancias así hombres como mujeres, (…) y así cuando vieron que había entre nosotros ladrones y hombres que incitaban a pecar a sus mujeres e hijas, nos tuvieron en poco; y habiendo venido este reino a tal rotura, en ofensa de Dios, entre los naturales, por el mal ejemplo que les hemos dado en todo, que aquel estremo de no hacer cosa mala, se ha convertido en que hoy ninguna o pocas (cosas)se hacen buenas, y requiere remedio y esto toca a su majestad, y en cuanto no lo pusiere corre sobre su real conciencia y la mía, y de los que la descubrimos y poblamos(…)

Y con esto suplico a mi Dios me perdone mi culpa, que es la ocasión de ello; yo confieso que la tuve y tengo y me muevo a decirlo, por ver que soy el postrero que muero de todos los descubridores y conquistadores, que como es notorio, ya no hay ninguno sino yo en este reino, ni fuera de él de todos los que a ellos vinimos; y pues en esto entiendo que he descargado mi conciencia, empiezo mi testamento en esta manera…”(1)

Tales son las conmovedoras palabras de uno de los primeros españoles que llegaron al Perú. Señalemos -a continuación- a un riguroso historiador como el británico Arnold Toynbee, quien considera que la civilización andina, surgida en el territorio que hoy ocupa el Perú, fue una de las civilizaciones primigenias que se dieron en el mundo; a la par que Egipto, China o Grecia; siendo que a la llegada de los conquistadores españoles, en la América precolombina solo cuatro sociedades habían alcanzado el grado de civilización: la Andina, la Yucateca, la Mejicana y la Maya.(2)

Establecida la autoridad española sobre el Nuevo Mundo, la Corona fijó en el Perú la sede de la administración colonial más importante del subcontinente, aprovechando la reciente experiencia de sujeción de estos territorios al Tahuantinsuyo y el Perú se convierte en la cabeza de la dominación española en sudamérica. En otras palabras, la llegada del elemento étnico y cultural hispano introduce un nuevo e importante capítulo en nuestra historia y demarca el siguiente hito de la identidad peruana: su vínculación con la cultura hispana, pero no termina con la relativa unidad territorial y administrativa que habían impuesto los Incas, sino que por el contrario la dominación española se asienta sobre lo que ya los incas habían centralizado: el Virreinato del Perú se configura, encima de lo que ya los incas habían ganado y esa tradición la hereda posteriormente la República criolla peruana que es la continuadora de esa soberanía, sobre el mismo territorio que ya habían ganado los antepasados incas y españoles.

Por otra parte, si bien es cierto que la irrupción de la cultura occidental fue: un hecho histórico complejo, violento y crucial para los pueblos andinos, explicable únicamente dentro de la coyuntura de su época; haciendo un balance actual, libre de apasionamientos, de tal hecho histórico, cabe apreciar que con la llegada del elemento étnico español y occidental, se incorporó a estas tierras todo el bagaje cultural, tecnológico, que el resto del mundo había ido intercambiando y desarrollando, en mutuas inter-influencias entre sí, desde las civilizaciones de Mesopotamia, Egipto e Irán, a la China, la India, Grecia, Roma y Occidente en general; y que los hombres andinos desconocían, pues -hasta entonces- esta parte del mundo había permanecido aislada de tales contactos.

Así pues, otro elemento esencial, que define nuestra plural identidad, es la herencia hispánica, que constituye parte fundamental de nuestra peruanidad actual, que nos vincula o entronca con la gran cultura occidental y universal, con su pasado, presente y futuro; con la tradición filosófica y espiritual hispano-europea, con las instituciones y principios del Estado Democrático de Derecho Social, consagrado en nuestra norma fundamental, con el derecho de filiación romano-germánica, con la tecnología e industria modernas, con la economía y la política mundiales y que nos proyecta a todos los peruanos con nuestra comunión de intereses ante el mundo actual, con sus retos de globalización e intercambio. Y todo esto se enriquece mucho más aún con los aportes culturales y étnicos provenientes del resto del mundo, que se han asentado en nuestra patria.

Finalmente, la razón de ser del Perú, se nutre también del legado moral e ideológico de todas aquellas personas que han luchado e incluso se han inmolado por la patria peruana; cada una de ellas enaltece nuestra peruanidad plural, con sus múltiples herencias raciales y culturales. Rememoremos, solo por decir algunos nombres, a: José Gabriel Túpac Amaru, Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, Francisco de Zela, María Parado de Bellido, José Olaya, Andrés Rázuri, Miguel Grau Seminario, Francisco Bolognesi, Andrés Avelino Cáceres y un gran etcétera. Su vida, acciones o ideas, entregadas de una u otra manera al ideal de la patria peruana, nos vinculan y nos obligan, como sucesores suyos en este territorio.

Por todo lo resumido: pocos países en el mundo tienen tantas razones de ser, como el Perú; las mismas que provienen de su historia dramática y fecunda a la vez, así como de sus raíces culturales y étnicas, empapadas de olor andino e hispano, primordialmente; en fértil y a veces difícil contrapunto.

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(1) Testamento del Conquistador español y vecino principal del Cusco: Mancio Sierra de Leguízamo. Fuentes: PEREYRA, Carlos: CUADROS DE LA CONQUISTA y LA COLONIA, UNAM- Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2001, pp. 82-83. También: VIENRICH, Adolfo: AZUCENAS QUECHUAS, Casa de la Cultura de Junín, Huancayo, Tercera Edición, pp. 70-73.

(2) TOYNBEE, Arnold: ESTUDIO DE LA HISTORIA-Compendio I-IV. ALIANZA EDITORIAL, Madrid, 1971, pp. 65.
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PERUANIDAD: NECESIDAD DE UNA PERSPECTIVA PLURAL DE LO PERUANO.


Foto tomada de: http://www.agendameperu.com/2009/02/27/mundo-dtodos/
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Respecto a la identidad peruana y el caracter y sentido de “lo peruano”, doctrinariamente se suelen encontrar diversas y contradictorias interpretaciones y puntos de vista, a los que hemos hecho referencia muy sucintamente en un artículo anterior; quizás por ello, es común que dentro de nuestra ciudadanía existan visiones pesimistas que niegan que lo peruano tenga alguna definición e incluso algún valor. Ante esa realidad, sería conveniente tener en cuenta:

A) Que, la interpretación de la identidad y el problema nacional peruano, necesita de una perspectiva PLURAL, que recoja los aportes valiosos y constructivos de las diversas tendencias y concepciones que existen sobre dichos temas, sin absolutizar a ninguna de ellas. Pues, cada una de esas perspectivas nos puede brindar un punto de vista a tener en cuenta sobre el problema nacional. En esa forma, se nos hará posible, acceder a una concepción integral, que asuma y reconozca la realidad heterogénea y por eso mismo: sumamente rica, de la identidad peruana.

20120322-20060709diversidad.jpg B)

Ello significa que se debe superar los estrechos y prejuiciados márgenes del INDIGENISMO y del HISPANISMO, por ser visiones parcializadas e incompletas del problema, que absolutizan solo uno de los legados recibidos por nuestra patria y pretenden negar al otro. Lo cual es totalmente errado, pues la pluralidad de la identidad peruana actual, se nutre histórica, social, étnica y culturalmente de ambos aportes esenciales; al lado de otros legados menores como el afro-peruano y el oriental.

C) Que, igualmente, una interpretación moderna y acorde con el desarrollo de las ciencias sociales y con nuestra norma constitucional, respecto a la identidad y el problema nacional peruano, debe SUPERAR la TESIS DEL MESTIZAJE, por ser una mixtificación idealista, que algunos autores asumen de buena fe, pero que en la práctica sirve para negar la pluralidad de lo peruano; para ocultar la discriminación racial y cultural; para negar al hombre andino moderno y sus diferentes manifestaciones culturales, pero también para negar al blanco, al chino y al negro. En suma, la tesis del MESTIZAJE busca eludir, escapar, sublimar la heterogeneidad del Perú; heterogeneidad que sin embargo, es una realidad palpitante, tan igual a la pluralidad de la moderna sociedad española, norteamericana o suiza, por ejemplo, colectividades a las cuales a nadie se le ocurre motejarlas como “sociedades mestizas”, ni tampoco a sus ciudadanos. Siendo, que, la pluralidad del Perú está reconocida y consagrada por nuestra ley de leyes, la Constitución Política del Perú, norma fundamental, que a tono con su perspectiva humanista y democrática, acepta y defiende la PLURALIDAD étnica y cultural del Perú, en su artículo 2 numeral 19.

Abordar el tema de la identidad peruana, obliga pues: a reconocer que el Perú es múltiple y plural, que en él coexisten diversos tonos de piel, razas y culturas, cada cual con iguales derechos: hombres andinos, blancos, negros y chinos; miembros de una colectividad heterogénea con múltiples raíces, pero también con puntos de encuentro esenciales, como son: el compartir un mismo territorio y una misma problemática, el estar vinculados por una experiencia histórica y económica común y difícil, sobre la misma patria; todo lo cual se sintetiza en el actual estado democrático de derecho social y nos obliga, a afrontar solidariamente las necesidades y los retos del presente y del futuro.

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IDENTIDAD PERUANA: LAS DIVERSAS CONCEPCIONES DE LO PERUANO.

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LAS DIVERSAS CONCEPCIONES DE LO PERUANO

Frente a los problemas de la IDENTIDAD y el PROBLEMA NACIONAL PERUANO, algunos autores señalan que se han dado tres grandes orientaciones(1):

a) La que preponderiza el legado hispánico, blanco, occidental.
b) La que preponderiza el legado indígena o andino.
c) La corriente del MESTIZAJE.

Tales serían, en forma muy genérica, los polos o extremos, entre los cuales ha oscilado el debate sobre el problema nacional en el Perú. Esta clasificación puede servirnos para tener una primera visión, elemental, de la naturaleza de los enfoques que se han dado sobre el asunto; pero no agota la riqueza y multiplicidad de variantes que puede distinguirse dentro de cada uno de ellos.

Al respecto, compartimos la apreciaciòn, de que los diversos enfoques sobre la peruanidad, pueden ser clasificados tentativamente así:

– Interpretaciones de lo peruano, que priorizan o enfatizan como lo principal, al legado hispano y occidental, aunque sin negar el aporte indígena. Aquí podría ubicarse, por ejemplo, la visión de pensadores como José de la Riva Agüero o José de la Puente Candamo.

– Interpretaciones de lo peruano que priorizan o enfatizan el legado andino o indígena. En las que se puede ubicar, con distintas características, a Luis E. Valcarcel, los diversos grupos de intelectuales indigenistas de las primeras décadas del siglo XX, José María Arguedas, Virgilio Roel Pineda, etc.

– Interpretaciones de lo peruano que priorizan o enfatizan que el Perú es MESTIZO, con muchos legados, pero de alguna manera con preponderancia de lo hispano. Verbigracia, los planteamientos de Víctor Andrés Belaúnde y José Antonio del Busto. También se ubicaría aquí Luis Alberto Sánchez.

– Interpretaciones de lo peruano que priorizan o enfatizan que el Perú es MESTIZO, con preponderancia de lo andino. Verbigracia, los planteamientos de José Varallanos, Horacio Urteaga,etc.

– La corriente de la INTERPRETACIÓN ECONÓMICO-SOCIAL del Problema Nacional. Que incluye muchas sub variantes. Fue iniciada por José Carlos Mariátegui y otros como Hildebrando Castro Pozo y continuada por Pablo Macera, Julio Cotler, Mirko Lauer, Nicolás Lynch, José Matos Mar, Wilfredo Kapsoli, Heraclio Bonilla, Karen Spalding, Waldemar Espinoza Soriano, etc,

– La corriente del PERU como país con identidades múltiples. Preconiza la PLURALIDAD RACIAL y CULTURAL del Perú. Tendencia, que surge a partir de la visión económico-social del Problema Nacional, más los aportes de la historiografía moderna, la etnología, la antropología cultural, la linguística y la sociología. En la que se ubica a pensadores tan diversos como: Alberto Flores Galindo (que revaloriza la utopía andina), Manuel Burga, Miguel de Althaus, Rodrigo Montoya, Nelson Manrique, Guillermo Lumbreras, etc. Creemos que Jorge Basadre también puede ser ubicado en este grupo, aunque con las reservas del caso.

– La tendencia que considera que el debate sobre la IDENTIDAD es una disquisición estéril y que no conduce a ninguna parte en esta época de la GLOBALIZACIÓN; señala que se debe tender a la modernidad, dejando de lado los nacionalismos y chauvinismos. En la que se ubica a Mario Vargas Llosa y otros.

En un próximo artículo sentaremos una opinión al respecto.

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(1) FUKUMOTO, Mary: POBLACION INMIGRANTE, GRUPOS ETNICOS e IDENTIDAD NACIONAL, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, Mayo 1986, pp. 18. Continúa leyendo “IDENTIDAD PERUANA: LAS DIVERSAS CONCEPCIONES DE LO PERUANO.”

EL TAHUANTINSUYO: UNA APROXIMACION JURIDICA


Fuente del mapa:http://www.cprcalahorra.org/alfaro/Material/Historia%20de%204%C2%BA/Cultura%20Inca.jpg

EL TAHUANTINSUYO:  UNA APROXIMACIÓN POLÍTICO – JURÍDICA

I. INTRODUCCION

En el transcurso de los siglos XIV al XVI, los hombres andinos, quechuas- incas, lograron constituir en la parte del mundo que hoy conocemos como América del Sur, una macro formación político-social, que en sus aspectos más esenciales, solo se puede comparar con los grandes imperios de la historia universal.

El presente artículo, no es en modo alguno, ni pretende ser, un resumen histórico respecto a dicha sociedad, conocida como Tahuantinsuyo, sino un esbozo de aproximación, desde una perspectiva político-jurídica.

En torno a las características socio-económicas de aquella sociedad, se discutió y aún se sigue discutiendo hoy en día, con mucho apasionamiento. Los intentos para definirlo en tales términos, oscilan, entre aquellos que lo encuentran esclavista, hasta los que lo llaman comunista, pasando por una serie de clasificaciones intermedias. Waldemar Espinoza Soriano[1], en una ya clásica compilación, consigna por lo menos siete caracterizaciones, diferentes y controversiales,  sobre la sociedad inca, desde el punto de vista económico.

Si bien, ha sido y es difícil, encontrar homogeneidad en los investigadores, respecto al modo o sistema de producción que predominó en la sociedad inca; consideramos, que desde lo político y jurídico es posible hallar mayores coincidencias generales, en torno a lo que fue el estado llamado Tahuantinsuyo.

Primeramente, pocos dudan en identificar a la sociedad Inca que encontraron los españoles, como la expresión más reciente y centralizadora, de una antigua cultura matriz desarrollada en los Andes; a la cual, historiadores insospechables de parcialidad alguna, que han estudiado las diversas culturas producidas por el genio humano, como Arnold Toynbee, no vacilaron en denominar como: CIVILIZACIÓN ANDINA[2]

De acuerdo con Toynbee(3), la sociedad o civilización andina, había alcanzado ya la condición de Estado-universal, en el Imperio Inca, cuando éste fue destruido por los españoles.

Del mismo modo, pensadores peruanos, como Víctor Andrés Belaúnde o Luís E. Valcárcel, coincidieron desde distintas ópticas, en afirmar que el Tahuantinsuyo fue en efecto un estado imperial peculiar. Para el primero de los nombrados, el Imperio Inca es una creación de élites nativas geniales, que fundaron la unidad política y la eficiencia administrativa y económica en los Andes, a pesar de las dificultades geográficas y las diversidades étnicas[4]. Aunque subraya, que el impulso integrador Inca no llegó a configurar de ningún modo una nación; el legado de la unidad política relativa alcanzada bajo la dignidad imperial Inca, constituye para Belaúnde, uno de los componentes históricos de nuestra peruanidad, pero no el único ni el definitivo por supuesto.

VALCARCEL por su parte, remarca que el Estado Inca reunió en sí todas las características propias de los Estados Imperiales (reseñadas por Toynbee): existencia de comunicaciones, guarniciones, colonias, provincias, ciudad, capital, lengua oficial, sistema legal, calendario, ejército, servicios públicos, etc.[5] Para este notable indigenista peruano, el incario no es sino el sumun, la creación cultural máxima del mundo antiguo peruano, hecha posible debido a que los incas recogen y asumen -lo mejor- de los florecimientos culturales y regionales que les antecedieron o les fueron contemporáneos.

También BASADRE, en su obra Historia del Derecho Peruano, señala que el Tahuantinsuyo estuvo a la altura de los grandes Estados imperiales del mundo histórico-asiático, aunque no fue en modo alguno tan sangriento o despótico como aquéllos y no vivió despreocupado del pueblo y su bienestar.[6]

Trabajos como los de MARIA ROSTOROWSKI [7] (1983:105), seguían asignándole al Tahuantinsuyo la consideración de Imperio; y aún cuando esta investigadora pareció revisar luego dicha acepción por razones de relativismo cultural; no niega sin embargo, la calidad de Estado, alcanzada por la sociedad inca.[8]

Cabe agregar lo expresado por FLORES GALINDO, quien respecto a lo andino en general, se pregunta: ¿Qué es lo andino?, y se responde: “Antes que nada, una antigua cultura, que debería ser pensada en términos similares a los que se utilizan con los griegos, los egipcios o los chinos, pero para ello hace falta que este concepto por crear se desprenda de toda mitificación” (9).

II. EL ESTADO: ¿FRUTO EXCLUSIVO DE OCCIDENTE?

En el fondo del debate sobre lo que fue el Tahuantinsuyo, subyace la vieja disputa, entre los que pretenden que la civilización y el orden fueron fruto exclusivo de Occidente y aquellos que defienden la elemental igualdad del ser humano (a través de las diversas razas y culturas humanas), como múltiple constructor de sociedades y civilizaciones, cada cual dotada de similar soberanía y derecho a subsistir

La antigua polémica entre la civilización y la barbarie, parece renacer, cada vez que se toca el tema del carácter que tuvieron las formaciones político-sociales más complejas que crearon los pueblos no occidentales. Esto se nota con particular intensidad, en lo que respecta a las grandes culturas pre-colombinas americanas. Respecto a ellas, incluso un cierto marxismo mecanicista y estereotipado se creyó con derecho a emitir caracterizaciones pretendidamente científicas, a partir de una visión lineal y dogmática- evolucionista de la historia; producto de lo cual, la sociedad inca, resultaba siendo calificada como bárbara ó esclavista, e incluso como socialista o comunista. Frente a ello, es necesario, superar los estrechos márgenes de los esquemas unidireccionales del desarrollo histórico y entender las diferencias y singularidades de cada pueblo y formación social; pero sobre la base de ciertos universales de la conducta humana. El relativismo cultural y el humanismo, nos enseñan a respetar y buscar entender las diferencias y particularidades culturales, étnicas e históricas de cada grupo humano; pero en función a una concepción final igualitaria de todos los hombres. Los límites del relativismo son claros: no negar ni soslayar las evidentes constantes que se dan en todas las culturas y pueblos, y que indican que hay ciertas preocupaciones, respuestas e instituciones -comunes- al hombre de todas las latitudes y todas las épocas; lo que algunos estudiosos entienden como “los universales” de lo humano. Esto ha sido recalcado por historiadores y antropólogos.[10]

Desde dicha perspectiva, nosotros, en el presente trabajo, asumimos las opiniones que otorgan la categoría de ESTADO IMPERIAL, a la gran sociedad política andina conocida como TAHUANTINSUYO. Precisaremos a continuación esto.

III. HACIA UNA APROXIMACIÓN JURÍDICA
DE LO QUE FUE EL TAHUANTINSUYO

3.1 Noción de Estado.

Al hablar de Estado, los tratados de historia comúnmente no detallan lo que quieren decir con ello. Generalmente se alude a la aparición de sociedades urbanas ampliamente estratificadas, con alguna forma de poder institucionalizado diferente a la democracia militar o de los ancianos, propias de las tribus o comunidades aldeanas; tal criterio difiere al que manejan usualmente los juristas. En general, existen diferentes conceptualizaciones de lo que es un Estado, Loaiza Gallón (11) nos ofrece por ejemplo, un interesante resumen, así:

Robert Maclver :
¨El Estado constituye el órgano fundamental de la sociedad. Es la asociación más poderosa y de mayor permanencia¨.
Vierkandt :
¨El Estado no existe mas que en aquellas sociedades que poseen instituciones capacitadas para ejercer la fuerza física o para amenazar como ejercerla ¨.
Meyer Fortes y E.E. Evans- Pritchard :
¨El Estado consiste en un tipo de sistema político con autoridad centralizada, aparato administrativo e instituciones judiciales; aparece en un contexto social caracterizado por una estratificación y diferenciación basadas en la riqueza y el privilegio,…¨
Richard Thurnwald :
¨El Estado como una comunidad política, formada por la combinación y estratificación de personas de diferentes orígenes étnicos¨.
Hans Kelsen :
¨El Estado es sinónimo de derecho (…) unificador por excelencia de los diversos aconteceres sociales, el elemento que permite interpretarlos a todos en el mismo sentido¨.
Hegel :
El Estado es una agrupación de personas con capacidad de unirse en defensa de la integridad de su propiedad (…) no debe considerarse como el garante de la sociedad civil, sino como un fin en sí mismo, no es un simple guardián de la libertad y la propiedad privada(…) sino que asumiendo su rol de miembro de la realidad política puede el individuo tener realidad objetiva y una vida ética.
Friedrich Engels :
¨El Estado es el producto de sociedades económicamente evolucionadas, en las que la propiedad y los privilegios están distribuidos en forma desigual¨(12).

En tal sentido, es necesario tener en cuenta, que si bien el Estado moderno, recién se fue decantando y perfilando hasta llegar a la forma que actualmente le conocemos, a partir del siglo XVI(13);  antes de ello, ya en las primeras sociedades políticas complejas: reinos o imperios antiguos, desarrollados por el ser humano, se percibe la presencia de algunos elementos esenciales que caracterizan la organización del poder (del mando político), tal como lo que hoy denominamos ESTADO. Y la presencia de aquellos elementos característicos, nos permite diferenciar tales colectividades,  de la banda, la horda o la tribu.

Por eso, primeramente es justo precisar que para los fines del presente artículo, utilizamos una noción jurídica general del Estado, concibiéndolo como una forma de sociedad que reúne básicamente tres elementos: territorio, población y poder institucionalizado y soberano, todos ellos vinculados mediante un orden normativo coactivo institucionalizado o jurídico. Ello significa la existencia de un orden político centralizado, que tiene en sí mismo la fuente de su mando autónomo, y que establece las relaciones entre los que detentan el poder y los gobernados; y sobretodo que determina una fuente de identidad y autonomía frente a otras colectividades vecinas. El Estado, aparece históricamente pues, como una sociedad política compleja, dotada de una élite gobernante que ejerce el poder, de centros ó núcleos urbanos, de una burocracia especializada y de un sistema administrativo y normativo de control político-social, eficaz, sobre un pueblo y un territorio, que le da unidad al sistema y que lo defiende frente a agresores externos.

Obviamente, que la aproximación conceptual de Estado que aquí planteamos, es una noción general, que parte de recordar las características comunes a todas las sociedades políticas o estados, desde la antigüedad hasta nuestros días y que recoge los aportes de lo que MIRO QUESADA llama las concepciones sociológicas del Estado, trazadas por pensadores como: Weber y Marx, para quienes el Estado es una estructura de dominación, o una conjunción de pueblo, territorio y poder como señalaron Jellineck y Heller[14]; sin dejar de lado la percepción de Kelsen en lo que concierne a la importancia de la existencia de un orden normativo coactivo como sustento de dicha estructura; y sin pasar por alto la visión de la Ciencia Política, para la cual el Estado: es el poder político jurídicamente institucionalizado[15]; entendiendo por lo jurídico, una acepción genérica, que alude a un conjunto de normas eficaces para el control social y la convivencia, es decir que se cumplen, al estar respaldadas por la coacción institucionalizada, establecida por los gobernantes que ejercen el poder.

3.2 Orígenes del Tahuantinsuyo.

En cuanto a su origen histórico, el fenómeno llamado TAHUANTINSUYO, es fruto de una encrucijada de variables sociales, económicas, políticas y culturales; que permitieron, que entre los siglos XIV y XV, uno de los grupos quechuas del sur-andino, desarrollara un proceso victorioso de expansión política y cultural, hasta llegar a convertirse en uno de los Imperios más originales de la historia del hombre.

La cronología del surgimiento y desarrollo inca no está aún suficientemente dilucidada. Los cronistas ofrecen versiones contradictorias, acerca del tiempo que venía durando el Tahuantinsuyo, desde sus inicios hasta la llegada de los españoles. Empero, las opiniones más comunes en nuestros días, coinciden en dos cosas:

A) El Estado Imperial Inca se forma recién entre los siglos XV al XVI; esto quiere decir, con arreglo a la cronología propuesta por J.H. Rowe, que la dominación inca tenía no más de cien años a la llegada de Pizarro[16].

B) Que siendo relativamente joven y reciente; el Estado Inca había heredado una experiencia cultural y política de muchos siglos; pues antes que los Incas, ya se habían dado en el área andina, sociedades estratificadas, e incluso grandes Estados como aquellos que señala John Murra: Wari, Tiawanaku, Chimu[17] y otros. Esto coincide con lo sugerido por Luis E. Valcárcel: El Tahuantinsuyo no es sino la máxima creación del mundo antiguo peruano que mantenía una unidad cultural hasta la irrupción del dominio hispano[18]. El Estado universalista inca, nació y se consolidó, aprovechando las creaciones e instituciones de las sociedades andinas que le precedieron.

Los datos más remotos del poder inca se pierden en un pasado legendario. Al igual que otros pueblos conquistadores de la historia, como los romanos y los aztecas, entre los incas se advierte también la existencia de un mito de peregrinaje inicial, de la búsqueda de una tierra prometida. Eso se aprecia, en los relatos orales sobre el origen de los Incas, recogidos por los cronistas, conocidos popularmente como: las leyendas de Manco Capac y de los Hermanos Ayar, que hablan de una migración inicial quechua-inca, desde la zona del Lago Titiqaqa al valle del Cusco. Al respecto, los estudios históricos y arqueológicos confirman: que los incas fueron un pueblo invasor en el valle del Cusco, que se estableció en esa región aproximadamente en el siglo XII(19], bajo el comando de caudillos militares o sinchis, que con el tiempo serían personajes míticos. Este grupo étnico configuraría luego lo que hoy en día apreciamos como una confederación regional[20] hegemonizada por los incas y posteriormente: alrededor de los inicios del siglo XV iniciaría un proceso ininterrumpido de expansión, fuera de sus dominios locales, utilizando para ello no solamente la guerra o conquista militar, sino alianzas y compromisos mutuos entre el Inca y los señores étnicos circundantes. Esto conduciría a otra etapa en el desarrollo político – jurídico de esta sociedad, en el cual, la sociedad inca pasa de confederación curacal a Estado[21]. Ello, como ya se dijo, se consolida bajo el gobierno del gran caudillo quechua: PACHAQUTIQ.

3.3 El Estado Inca.

Bajo el mando del inca Pachaqutiq, la sociedad inca, adquiere definidamente el perfil de Estado, delineado en un acápite precedente, pues bajo su égida el TAHUANTINSUYO, llega a reunir en sí, claramente, las características señaladas, para ser considerado como ESTADO: un territorio centralizado, una población oriunda (inca-quechua) que lo sustenta y se identifica con él, un poder institucionalizado y autónomo ejercido por la élite encabezada por el SAPAN INCA, que ejercía el control social mediante un sistema administrativo y represivo eficaz.

Con relación a este asunto, recientemente, ROSTOROWSKI[22], subraya que la unidad territorial del Tahuantinsuyo lograda por el gran caudillo quechua PACHAQUTIQ, se explica por tres medidas de su gobierno: la implementación de un desarrollado sistema vial, la imposición del quechua de Chinchaysuyu o Runasimi como lengua oficial y el establecimiento de una compleja organización administrativa que ejecutaba las órdenes dictadas por el poder central. “Estas tres disposiciones permitieron alcanzar la unidad geográfica, lingüística y estatal” [23], enfatiza la gran historiadora peruana. En ello, coincidió también PEASE [24], quien señala: “Con Pachacuti y con la definitiva constitución del estado cusqueño, aparece una élite expansiva, que asume la organización -fundamentalmente la administración- del creciente ámbito dominado por el Cusco.”

Luego de Pachaqutiq, y aún en vida de éste, otro gran caudillo, hijo suyo, asumiría la conducción de la expansión inca y llevaría al imperio hacia los extremos del norte y del sur del Tahuantinsuyo; nos referimos a TUPAC INCA YUPANQUI, “gran guerrero, al que describen con alabanza todas las crónicas” como acota VERGARA(25), quien al mismo tiempo que sus campañas militares impuso una rígida estructura de gobierno y administración para lograr el mejor control de los pueblos sometidos al Cusco(26). A éste le sucedería el inca HUAYNA CAPAC, quien recorriendo y pacificando regiones de pueblos rebeldes como los Chachapoyas, Cañaris, o los pueblos ubicados en el valle del Mapocho en el actual Chile, se preocupó de consolidar la dominación inca sobre el Tahuantinsuyo.

Por ende, a partir de investigaciones históricas recientes, en consonancia con los autores clásicos del tema, se está en condiciones de señalar que el Estado inca, entendido según la definición delineada líneas atrás, se perfila a partir del siglo XV como una macro formación política dominante, sobre otras sojuzgadas, dotada de un fundamento teocrático justificatorio del poder, sobre un territorio y población, en creciente expansión. La aparición de este tipo de Estado inca, necesariamente debió coincidir, con el desarrollo de un orden normativo institucionalizado, al que podemos asumir como sistema de control político-social, equivalente a lo que se entiende como un orden jurídico o derecho no escrito, que se impone sobre los demás y concuerda, con la divinización del Inca, como fundamento de la legitimidad del poder y con el encumbramiento en el mando, de las panacas o clanes familiares hegemónicos del Tahuantinsuyo. Ello fue acompañado de toda una readecuación de las estructuras políticas y económicas andinas, partiendo de la redefinición del papel de los curacas con relación al Estado inca; de los ayllus o comunidades, cuyo papel e injerencia en tal Estado no han sido todavía suficientemente ponderados por los estudios históricos y con la reorientación de los sistemas de reciprocidad e intercambio de productos en los andes, de los cuales se hacen señores y supremos vigilantes, los Incas.

3.4 El Imperio.

Sea por la fuerza (la guerra), por las alianzas inducidas por la presión militar, o por la ascendencia divina del soberano gobernante, los incas llegan a configurar una forma histórica de Estado, que se conoce como IMPERIO. Esto significa: una macro formación político-social, surgida en torno a un centro hegemónico de poder centralizado, que ejercía la D0MINACIÓN, o mando político, sobre otros estados y sociedades subordinadas al estado hegemónico. Esta capacidad de gobernar o mandar sobre otras colectividades y etnias, imponiéndoles una relación de dominio, es lo que se conoce como imperium.

¿Cuáles fueron los móviles del proceso de crecimiento, de esencia imperialista, desarrollado por los Incas? Si bien, PEASE con mucha modestia apuntó que es difícil explicar o hallar las razones de la expansión inca[27]; este mismo autor, en concordancia con diversos estudios históricos del último cuarto del siglo XX, resaltó dos elementos importantes que los incas buscaban a través de su permanente expansión: el control de mano de obra (energía humana) y bienes de consumo para ser acumulados y redistribuidos a la población. [28] Tal capacidad, significaba ser dueño del poder en los términos andinos. VERGARA(29), concuerda últimamente con PEASE en que: “Razones de índole económica se unían a las estratégicas en esta incesante ampliación de la frontera incaica que llevaba en sí misma la necesidad de obtener nuevos recursos y que impulsó el dinamismo constante de la política cusqueña, desde los gloriosos y míticos tiempos de su victoria sobre los chancas…(…) y permite entender la obligación de los grupos étnicos incorporados de entregar mano de obra en forma periódica y por plazos limitados(mita), lo que posibilitaba al Tahuantinsuyo generar un nuevo excedente redistribuible.”

En tal sentido, coincidimos con las tendencias históricas, que sugieren que los Incas buscaban expandirse y dominar cada vez más poblaciones, con la finalidad de aprovechar sus recursos humanos y naturales, para acrecentar su prestigio y poder [30]. El poder o la búsqueda del poder, es como anotara LOWENSTEIN uno de los incentivos fundamentales que dominan la vida del hombre en la sociedad[31], por ello: “cada vez con más unanimidad se considera el poder como la infraestructura dinámica de las instituciones sociopolíticas”[32]. Y entre los Incas, como en cualquier otra élite, se puede afirmar, que había una intención de acumular poder político y económico, autoridad y riqueza, entendidas éstas, en los términos culturales andinos: se perseguía obtener una mayor cantidad de bienes de consumo, de productos para ser almacenados y redistribuidos; no olvidemos, que la redistribución de bienes, propiciando su intercambio entre la población, en una sociedad donde no existía la moneda, era la base del estado y de la economía en los andes pre-colombinos. Por eso, se consideraba rico y poderoso a un señor: cuanto mayor número de depósitos repletos poseía[33] o según la cantidad de poblaciones que le brindaban su mano de obra, su fuerza de trabajo transformada en tributo.

Creemos, además, que con el tiempo se configuró otro factor impulsor del expansionismo inca. Tal fue un factor ideológico, que se concretó en una mentalidad pan-incaista: la elite se asumió a si misma como predestinada a mandar, a gobernar, a todos los pueblos conocidos sin excepción. Una mentalidad así, simplemente es una consecuencia natural de una serie de circunstancias históricas que le hacen suponer a una élite que es invencible. Una mentalidad así, no tarda en aparecer en todos los pueblos que resultan dominadores o sojuzgadores de otros.

En cuanto a las fuentes materiales del PODER INCA, en los hechos, éstas fueron: la violencia, la coerción diplomática ejercida por esa violencia o por la imagen divinizada del Inca y las alianzas asimétricas entre el Cusco y los señoríos que pacíficamente se reducían. Todas las expediciones militares incas empleaban estos medios para cumplir sus fines de dominación. Las crónicas, proporcionan abundantes descripciones de lo que fueron las campañas imperiales incas, pero es urgente interpretar dichas fuentes con cautela, discerniendo lo que pudo ser realidad, de las interpretaciones sesgadas por la cultura propia de los cronistas. Es un hecho, que la violencia, la guerra, fue el medio básico principal del predominio de las diversas sociedades imperialistas de la historia, y los incas no pueden ser la excepción; pero, coincidimos con quienes piensan que esa violencia, esa fuerza, pudo tener entre los incas otros referentes culturales, rituales, explicativos, míticos. En suma, la violencia inca pudo asumir otros estilos y límites, diferentes a los de Occidente [34]; pero hace falta mayores investigaciones al respecto.

COLOFON

De acuerdo con la concepción que compartimos, el Tahuantinsuyo llegó a ser pues, en líneas generales, una sociedad imperialista, un IMPERIO pre-colombino; entendido como una formación político-social, multinacional y pluriétnica; compuesta por un centro hegemónico de poder que tenía potestades de mando (imperium) sobre regiones, señoríos y pueblos periféricos, integrados o conquistados. Los signos de la relación imperial son indudablemente el tributo y las mitas que las poblaciones incorporadas o sometidas debían aportar periódicamente al Tahuantinsuyo; igualmente la supeditación política, jurídica y administrativa de los estados y entidades curacales a la autoridad del Inca y su burocracia; la compleja organización social y laboral que imponían los señores del Cusco a los pueblos incorporados a su estado; la presencia no solo de guarniciones militares sino de colonias y centros urbanos de distinto tamaño, como Vilcashuamán en Ayacucho, Huanuco pampa en Huanuco, Tambo Colorado en Ica, Ingahuasi en Cañete, Paramonga en la costa central hoy peruana, Pachacámac en Lima, Cajamarca y Chachapoyas en el actual extremo norte del Perú, Pucará en Puno, Quito, Tumipampa e Ingapirca en el actual Ecuador, Copacabana en la zona del Lago Titiqaqa, Coquimbo y Aconcagua en el actual Chile, Pucará de Tilcara en la actual Argentina, etc; creados por los incas para fines de gobierno y administración de las regiones dominadas; así como la sujeción directa de una parte de las tierras de los pueblos controlados, al INCA y al culto religioso oficial. Es cierto, que esta formación estatal imperial no era monolítica, como lo hace notar PEASE[35], pero respecto a ello, cabe advertir dos cosas: la primera: que casi ninguna sociedad imperial lo fue en la historia; y la segunda: que el desarrollo, de este riquísimo super-estado, que llenó de oro y plata las arcas de los conquistadores y monarcas españoles(36), fue truncado por una invasión externa, pues de no ser así, hubiera alcanzado niveles mayores de consolidación, que los que hoy le reconocemos y admiramos; por eso dicha constatación, no puede mellar en nada, el hecho de que los quechuas-incas, configuraron un gran estado universalista, orientado a incorporar y a organizar en su seno a todos los pueblos entonces conocidos, por ellos.

No se puede ignorar, por otra parte, que la sociedad inca, tenía notables singularidades culturales e ideológicas. Señalemos, por ejemplo, al modo económico-productivo que regía aquél entonces, que estaba sustentado en el sistema de reciprocidad-redistribución vigente entre el Estado y los ayllus; lo cual ha llevado a investigadores como ESPINOZA SORIANO, a proponer que el Tahuantinsuyo fue un Imperio basado principalmente en un modo de producción comunal tributario[37], planteamiento a nuestro juicio sumamente sugerente, que busca explicar las notorias particularidades de la sociedad inca sin negar las tendencias culturales universales y comunes al hombre; recordemos igualmente la inexistencia de la propiedad privada; subrayemos la llamada generosidad institucionalizada o más bien podríamos decir culturalmente obligada, del Inca y los señores andinos[38]; que tenía que ver con la acumulación de los bienes en los grandes depósitos a ser redistribuidos en la población; la cosmovisión panteísta y armónica de la vida y el universo, etc. Pero, ninguna, de estas características particulares del incario y en general de la cultura andina, nos pueden impedir ver la definida esencia imperial del Tahuantinsuyo. Todo meritorio relativismo concluye allí donde comienzan los intereses de encontrar la sustancial homogeneidad humana; y hay suficientes datos en la Historia Universal, que nos indican, que los fenómenos imperialistas son comunes a todas las razas, sociedades y culturas, en determinados momentos de su vida particular[39], y no son, en modo alguno, patrimonio exclusivo de una sola cultura específica.

NOTAS

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[1] ESPINOZA SORIANO, Waldemar: LOS MODOS DE PRODUCCION EN EL IMPERIO DE LOS INCAS (Antología), Ed. MANTARO, Lima, 1978.

[2] TOYNBEE, ARNOLD: ESTUDIO DE LA HISTORIA, Compendio, Alianza Editorial, tomos I-IV, Madrid, 1971, pp. 65-68.

[3] TONYBEE, Arnold, op.cit. 1971: p.p. 65.

[4] BELAÚNDE, Víctor A. PERUANIDAD (Selección), INSTITUTO RIVA AGÜERO-PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERU, Lima, 1968, pp. 20-21.

[5] VALCÁRCEL, Luis E.. HISTORIA DEL PERU ANTIGUO, Ed. Mejía Baca, Lima, 1985, Tomo I, p.p. 38.

[6] BASADRE, Jorge: HISTORIA DEL DERECHO PERUANO, Edigraf, Lima, 1984, p.205-206

[7] ROSTOROWSKI. María: ESTRUCTURAS ANDINAS DEL PODER: IDEOLOGIA, RELIGION y POLITICA, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1983, pp. 105.

[8] ROSTOROWSKI, María: HISTORIA DEL TAHUANTINSUYO, Instituto de Estudios Peruanos- IEP, Lima, 1988, p.17-21.

(9) FLORES GALINDO, Alberto: BUSCANDO UN INCA-Identidad y Utopía en los Andes; Ed. HORIZONTE, Lima, 1988, pp. 12- Introducción.

[10] FREEMAN E.A. citado por TOYNBEE, Arnold: op.cit. p.68-76. En esta parte Toynbee cita a antropólogos como el mencionado, quien dice: “Existen pocas dudas de que muchas de las invenciones más esenciales de la vida civilizada se han inventado una vez y otra en tiempos y lugares distantes, cuando diferentes naciones han alcanzado aquellos puntos particulares de avance social en que se necesitaron primeramente aquellas invenciones”

(11)LOAIZA GALLON, Hernando: Introducción a la Administración Pública. Bogotá 1993, p. 20 – 27

(12)LOAIZA GALLON, Hernando: ibid.

(13) GARCIA TOMA, Víctor: Teoría del Estado y Derecho Constitucional, Editorial PALESTRA,Lima, 2008, pp. 43 a 52; refiere la distinción entre: sociedades políticas iniciales(como el imperio egipcio, la polis griega y el imperio romano) y los Estados modernos que aparecen después del Renacimiento(siglo XVI) y citando a MARIO DE LA CUEVA señala: “Como bien afirma Mario de la Cueva el término Estado fue ajeno a la antiguedad,época en las que se usaron las denominaciones de polis, civitas res publica e imperium”. De acuerdo con ello, el Tahuantinsuyo sería una “sociedad política inicial”, pero comparable a los imperium egipcio o romano. Cabe hacer notar, sin embargo, que este mismo autor al abordar el tema de la definición del Estado indica: “debe señalarse que la existencia del Estado está condicionada a la interconexión de un grupo humano asentado sobre un territorio determinado en donde opera con suficiencia un poder político”(op.cit. pp.52); características todas, que son plenamente identificables en todos los estados antiguos, desde las primeras civilizaciones de Sumeria al Tahuantinsuyo.

[14] MIRO QUESADA RADA, Francisco: CIENCIA POLITICA, Lima, 1985, pp. 102-103.

[15] MIRO QUESADA RADA, Francisco: ibid.

[16] CANTU Francesca, citando a ROWE J. y KIRCHOFF P. en PROLOGO A LA CRONICA DEL PERU de Pedro Cieza de León, II PARTE, Fondo Editorial PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERU, Lima, 1985, pp. LXVII.

[17] CANTU Francesca, citando a MURRA, ibid, pp. LXVIII.

[18] VALCARCEL, Luis E.: op. cit. pp. 93 y 100

[19] ROSTOROWSKI, María: ROSTOROWSKI, María: INCAS- Enciclopedia Historia del Perú – Tomo II, Empresa editora El Comercio, Lima, febrero 2005, pp. 31.

(20) PEASE, Franklin: CONCEPTO DE DERECHO ENTRE LOS INCAS, tesis de bachiller, PUCP, 1965, pp.9.

[21] PEASE, Franklin: op.cit. pp. 12-14.

[22] ROSTOROWSKI, María: op. cit. 2005, pp. 58.

[23] ROSTOROWSKI, María: 2005 ibid.

[24] PEASE, Franklin: LOS INCAS, en HISTORIA DEL PERU – PERU ANTIGUO, tomo II, Edit. Juan Mejía Baca, Lima, 1982, pp.247.

(25) VERGARA, TERESA: EL TAHUANTINSUYO: El mundo de los Incas. Lexus editores, España, Barcelona, 2007, pp. 249.

(26) VERGARA, TERESA: EL TAHUANTINSUYO: El mundo de los Incas. Lexus editores, España, Barcelona, 2007, idem.

[27] PEASE, Franklin: LOS INCAS, ibid, 1982, pp. 272.

[28] PEASE, Franklin, ibid, pp.268-269 y 283: “En las diferentes escalas del sistema, el poder, fuera el local (curaca) o el estatal del Inka, obtendría en este sistema una contribución en energía que hacía posible acumular un conjunto de recursos de alto valor para una redistribución andina (maíz, mullu, coca, ropa, etc.)…Los señores étnicos, y el Inka requerían de ellos para la distribución ritual, ya que la generosidad institucionalizada del poder era, también los Andes, una fórmula de control de la población. Al desarrollarse el Tawantinsuyo y crecer las unidades étnicas (los territorios) a él sometidos, debieron ampliarse también estas relaciones redistributivas…El Tawantinsuyo fue el último de una larga serie de núcleos de poder andinos, que lograron una amplia base de dominio: Wari, Tiawanaku, Chimor, para no hacer listas más largas. El estado incaico utilizó las infraestructuras que los otros dejaron a su mano, incrementó también los recursos producidos por las unidades que incorporaba a su dominio andino. Hizo de todo ello un gigantesco sistema redistributivo… El poder del estado aparece como asentado en su capacidad redistribuidora, que le permitía manejar crecientes cantidades de mano de obra, progresivamente especializada…”

(29) VERGARA, TERESA: EL TAHUANTINSUYO: El mundo de los Incas. Lexus editores, España, Barcelona, 2007, pp. 251 y 252.

[30] CANTU, Francesca, op.cit, pp. XLII.

[31] LOEWENSTEIN, Karl: Teoría de la Constitución, Editorial ARIEL, Barcelona, 1976, pp.23-24.

[32] LOEWENSTEIN, Karl: idem.

[33] ROSTOROWSKI, María: UNA HIPOTESIS SOBRE EL SURGIMIENTO DEL ESTADO INCA, III Congreso Peruano del Hombre y la Cultura Andina, I, 1978, pp. 97-98.

[34] VELAOCHAGA, Carlos: ha sugerido que los incas eran un pueblo de naturaleza esencialmente pacífica, cuyo dominio era de carácter religioso, semejante al del Dalai Lama en el Tibet. Ver, por ejemplo: EMPERADOR INCA, en el diario EXPRESO, editorial, 9 de septiembre de 1992.

[35] PEASE, Franklin: LOS INCAS, op.cit., pp. 270-271

(36) Sobre los Tesoros de los Incas, referiremos lo señalado por Eduardo Dargent:

“Estos cálculos hechos por Moreyra permiten conocer el total en kilogramos de cada uno de los metales del reparto de Cajamarca:

Oro Puro 1’326,539 pesos x 4.3125 grs.= 5,720 kgs y 699 grs.
Plata Pura 51,610 marcos x 213.94 grs.= 11,041 kgs y 443 grs.

El reparto del Cusco, aunque menos publicitado que el de Cajamarca, fue mayor que éste, si bien en oro equivalió sólo a poco menos que la mitad de lo conseguido en el primero. Las actas del reparto encontradas por Rafael Loredo dan un total de 588,266 pesos de buen oro y 228,310 marcos de plata. De estos últimos 164,588 eran de plata buena. Manuel Moreyra en base a los datos anotados arriba fue el primero en valorizar el reparto de El Cuzco. Considerando el peso de oro a 450 maravedís y el marco de plata en 2,210 maravedís y tomando solo 215,000 marcos como de buena ley según indicaciones de Sancho de la Hoz, llega a la conclusión, que el mismo llama aproximada, que el rescate de Atahualpa fue de 710 millones de maravedís mientras que el reparto de El Cusco llegó a los 736 millones. Como referencia de lo que significaron los montos de ambos repartos arriba anotados es conveniente compararlos con la cantidad de oro que Cortez logro recoger después de la toma de Tenochtitlan y que según indica Demetrio Ramos “fue más de 130,000 Castellanos, o lo que es igual, algo más de 58 millones de maravedís.”
Fuente: ORO y PLATA EN EL PERU DE LA CONQUISTA. http://www.tesorillo.com/articulos/libro/14.htm. Copyrigth 2006-2009-Eduardo Dargent.

[37] Sobre esto, en : ARROYO, Carlos (Entrevistador): ENCUENTROS- HISTORIA y MOVIMIENTOS SOCIALES, Editorial Memoria Angosta, Lima, 1989, pp. 54-55.

[38] MURRA, John: EN TORNO A LA ESTRUCTURA POLITICA DE LOS INCAS, en la Antología: LOS MODOS DE PRODUCCION EN EL IMPERIO DE LOS INCAS (Antología por Waldemar Espinoza Soriano), Ed. MANTARO, Lima, 1978, pp. 222-223.

[39] TOYNBEE, Arnold: ESTUDIO DE LA HISTORIA, Compendio, Alianza Editorial, tomos V-VII, Madrid, 1971, pp. 293-294.

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BIBLIOGRAFIA

ARROYO, Carlos (Entrevistador): ENCUENTROS- HISTORIA y MOVIMIENTOS SOCIALES, Editorial Memoria Angosta, Lima, 1989.

BASADRE, Jorge: HISTORIA DEL DERECHO PERUANO, Edigraf, Lima, 1987.

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CANTU Francesca, citando a ROWE J. y KIRCHOFF P. en PROLOGO A LA CRONICA DEL PERU de Pedro Cieza de León, II PARTE, Fondo Editorial PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERU, Lima, 1985

ESPINOZA SORIANO, Waldemar: LOS MODOS DE PRODUCCION EN EL IMPERIO DE LOS INCAS (Antología), Ed. MANTARO, Lima, 1978.

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FUENTES de INTERNET: ORO y PLATA EN EL PERU DE LA CONQUISTA. http://www.tesorillo.com/articulos/libro/14.htm. Copyrigth 2006-2009-Eduardo Dargent.

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IDENTIDAD PERUANA: El TERRITORIO ANCESTRAL

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(Fuente de la foto: SOPHIMANIA, blogspot.com)

Otro gran elemento geográfico, histórico, político y jurídico, que cohesiona y define, a pesar de su diversidad, a nuestra plural identidad peruana: es nuestro TERRITORIO ANCESTRAL.

En efecto, el suelo que ocupa el Perú en estos días, es fruto de una larga tradición de posesión histórica, iniciada con las primeras culturas andinas, consolidada con los INCAS y mantenida por el virreinato hispano y la repùblica peruana;  VICTOR ANDRES BELAUNDE denominó a ello el LEGADO DEL IMPERIO[1] y recalcó que la unidad política (del territorio) fue uno de los principales legados del incario al Perú, “unidad que fue una obra milagrosa, realizada contra las dificultades territoriales y las diversidades étnicas. Hemos mantenido ese legado de la unidad política. Podría decirse que España, sobre todo la España de Carlos V, Estado imperial como el Incaico, quiso conservar bajo un solo mando, el vasto territorio del Tahuantinsuyo.”[2].   Esto también fue advertido y ensalzado en términos románticos por JOSE DE LA RIVA AGÜERO: “nacionalistas, tradicionales, restauradores, los incas escucharon y obedecieron el mandato de unidad que parece bajar de los Andes, a pesar de los eternos obstáculos físicos y la no menos perpetua diversidad de razas de este país. Venciendo la lentitud y la pusilanimidad de los hombres, construyeron un grande imperio (con)…una cadena de bronce, poderosa y recia con frecuencia manchada de sangre y de sudor. Pero con ese vínculo duro y macizo consolidaron cosas nobles y grandes. Por ellos nació la patria peruana.”[3]

El territorio sobre el que mandaban los incas, lo tomaron los conquistadores españoles, colocándose sobre las etnias y pueblos andinos, en reemplazo de la figura del INCA centralizador. El Perú, no nace pues de un paulatino y lento avance sobre un territorio nunca antes dominado, según las posibilidades o afanes del invasor europeo, como ocurrió en los Estados Unidos de Norteamérica o en Argentina, o Chile, donde los estados republicanos para poder definir su territorio tuvieron que librar largas campañas de exterminio contra pueblos indígenas nunca antes sometidos, guerras que recién culminaron a fines del siglo XIX.  No;  en el Perú, la cosa fue distinta, porque aquí, los españoles, encontraron una macro formación social que era el TAHUANTINSUYO, que ya se había impuesto en mayor o menor medida sobre las diversas etnias, confederaciones y señoríos regionales y en consecuencia: los españoles luego de imponerse a los señores del Cusco tras las guerras de conquista, hicieron suya esa tradición de dominio, sobre un territorio que ya había sido ganado, centralizado y trabajado por los incas; es decir: sobre un territorio  que tenía una relativa tradición de obediencia, de formar parte de una unidad política. Ese es el Perú que asumieron los españoles y que posteriormente hereda la república.

El segundo elemento histórico jurídico de la identidad peruana, es así: el poseer una tradición de dominio, una tradición de soberanía sobre nuestro territorio, de siete siglos, anterior a la llegada de los españoles, la cual no la tienen otros países en América. Y debe recordarse, que éste nuestro territorio, sobre el cual históricamente se asentó el Tahuantinsuyo y luego el Virreinato, ha perdido espacio, pues antes abarcaba lo que actualmente es Bolivia, Ecuador, y regiones que hoy en día pertenecen a Colombia, Chile y Argentina.

Cabe recordar, asimismo,  que los INCAS no hicieron sino sustituirse o agregarse a las soberanías regionales que otras etnias y grupos de la misma matriz andina, como los mochica, los chimu, los yauyos, los huancas, collas, chinchas, chachapoyas, tallanes, tumpis, etc; habían venido ejerciendo desde mucho antes, en diversas zonas  y valles del actual territorio peruano.

NOTAS.
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[1] BELAUNDE, Víctor Andrés: PERUANIDAD- Selección, Instituto Riva Agüero- PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERU, Lima, 1968, pp. 14 a 22.

[2] Ibid, pp. 20.

[3] DE LA RIVA AGÜERO, José: AFIRMACION DEL PERU – EL PERU EN SU HISTORIA, Pontificia Universidad Católica del Perú- Publicaciones del Instituto Riva Agüero, Volumen I, Lima, 1960, pp. 137-138.>

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IDENTIDAD PERUANA: El Primer Fundamento Histórico Cultural de su Pluralidad

LA CIVILIZACION ANDINA ORIGINAL.

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El primer elemento que tiene el Perú, como fundamento, de su plural y rica identidad, es  el haber sido la cuna de una civilización absolutamente original,  en el mundo: la civilización andina.

Efectivamente, en el Perú se desarrolló gradualmente, desde hace miles de años, una de las civilizaciones más sorprendentes y exitosas que se han dado en la historia universal. Sabido es, que los focos donde apareció por primera vez la civilización humana son muy contados; tenemos entre otros: el creciente fértil: Mesopotamia, Sumeria, el actual IRAK; otro lugar donde se originó una civilización única y primigenia en el mundo es el territorio que ocupa el río Huang Ho en China; otro foco originario de civilización fue: Mesoamérica, en donde hoy están México y Guatemala. Otros centros iniciales de civilización humana se dieron en la India y Egipto.  Y al lado de todas ellas, la civilización andina, es una de las primeras civilizaciones humanas que apareció  en el mundo. La civilización greco-romana se desarrolló luego, adaptando y potencializando creaciones provenientes de las otras culturas.

En este orden de ideas, la civilización andina, que surgió en el territorio hoy ocupado por el Perú, fue según ARNOLD TOYNBEE, una de las pocas civilizaciones primigenias que se dieron en la historia universal; tan igual que las primeras civilizaciones mencionadas; siendo que a  la  llegada de los invasores  españoles, en la América precolombina solo cuatro sociedades habían alcanzado el grado de civilización: la Andina, la Yucateca, la Mejicana y la Maya.(1). Ello coincide con lo propuesto por VALCARCEL que habla de la matriz cultural común andina (2), BASADRE(3),que señala que el Perú proviene, surge, nace, del contacto no de dos grupos bárbaros, sino: “de dos civilizaciones de estilo divergente, dotadas cada una a su manera, de madurez y autenticidad”; a lo cual debemos añadir lo que dice el gran maestro FLORES GALINDO, quien se pregunta: ¿Qué es lo andino?, y se responde: “Antes que nada, una antigua cultura, que debería ser pensada en términos similares a los que se utilizan con los griegos, los egipcios o los chinos, pero para ello hace falta que este concepto por crear se desprenda de toda mitificación” (4).

¿Qué es una civilización?
La civilización, es un estadío superior de la sociedad humana, en el cual se deja atrás la barbarie, para dar paso a una forma de cultura basada ya no en la recolección y la caza, sino en una explotación más adelantada y racional de los recursos naturales, con agricultura, ganadería, centros urbanos o civitas-ciudades, con organización de poder autónomo, y tecnologías adecuadas al medio ambiente, para poder satisfacer las necesidades de la población. En este sentido, las civilizaciones en las que el ser humano consiguió por primera vez tal cosa, son pocas en la historia universal y esa es una de las fuentes de la identidad peruana, pues en éste territorio el hombre andino fue uno de los primeros que creó una civilización, dejando atrás la barbarie; una civilización que supo responder a los retos de un medio ambiente hostil, lleno de cordilleras, en un lugar donde no había grandes animales de tiro y carga como el caballo ni grandes animales de carne como los vacunos, en donde no existían grandes llanuras ni grandes valles naturales y la construcción de caminos era sumamente difícil, con un clima nunca estable, siendo que ante estos retos y a pesar de estas dificultades, el hombre andino pudo desarrollar una civilización que a la llegada de los españoles, en el Tahuantinsuyo, tenía una población de hasta doce millones de pobladores (5) que tenían satisfechas sus necesidades; debiendo recordar, que por lo menos desde hace cuatro mil años, las cordilleras de los Andes, como lo señala DOLFFUS: “aparecen como regiones habitadas por sociedades agrícolas, a menudo organizadas en Estados, que disponen y utilizan cuidadosamente los diversos pisos ecológicos de las montañas, desde sus bases hasta los límites superiores de vegetación, entre los 4500 y 4800 m (6)

Este primer elemento histórico cultural que define al Perú, es algo que vertebra la identidad peruana, a pesar de su pluralidad. Puesto que el Perú aparece, como lo mencionó BASADRE, como fruto no solo de la gran tradición greco romana occidental, sino también como fruto de una tradición cultural e histórica indígena, propia.

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Asimismo, gracias a la fuerza y vitalidad de la cultura andina, LO INDÍGENA en el PERU de hoy, sigue siendo  un elemento vivo e importante. El PERU es uno de los pocos países del mundo, en que las herencias biológicas, los genes  indígenas no son una anécdota. No, en el Perú de hoy, lo indígena es un elemento esencial de la peruanidad plural, pues una gran parte de su población, tiene, mejor dicho  tenemos una  herencia genética preponderantemente indígena, incluidos los llamados mestizos; si bien es cierto, que en muchos casos,  conformamos  una población andina  modernizada y aculturada, sincretizada y  enfrentada a los retos y problemas del mundo de nuestros días.

NOTAS.

[1] TOYNBEE, Arnold: ESTUDIO DE LA HISTORIA-Compendio I-IV. ALIANZA EDITORIAL, Madrid, 1971, pp. 65.

[2] VALCARCEL, Luis Eduardo: “HISTORIA DEL PERU ANTIGUO – A través de la Fuente Escrita”, Editorial MEJIA BACA, Lima, 1985, pp.93.

[3] BASADRE, Jorge: HISTORIA DEL DERECHO PERUANO, EDIGRAF, 2da Edición, Lima, 1984, pp.40.

[4] FLORES GALINDO, Alberto: BUSCANDO UN INCA –Identidad y Utopía en los Andes, Ed. HORIZONTE, Lima, 1988, pp. 12- Introducción.

[5] Sobre esto: DOLFUS, Olivier: EL RETO DEL ESPACIO ANDINO, Instituto de Estudios Peruanos – IEP, Lima, 1981, pp.85; Cook Noble.

[6] DOLFUS 1981, op. cit. pp. 11.

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