CHOLEDAD ó PLURALIDAD – El dilema de la identidad peruana.

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LA TESIS DEL MESTIZAJE o DE LA CHOLEDAD FRENTE a la PLURALIDAD REAL.

Durante mucho tiempo la tesis del MESTIZAJE fue  la panacea para tratar de superar o soslayar los problemas de la pluralidad  étnica y cultural peruana, así como los conflictos derivados de esa compleja realidad, iniciada a partir del denominado “encuentro de dos mundos”, es decir a partir de la colonización europea; cuyas implicancias  aún persisten en nuestros días.

En los últimos treinta años, la tesis del mestizaje ha ido cediendo paso paulatinamente a una forma supuestamente más feliz y más acabada, que es la tesis de la CHOLEDAD.  Autores hay, que con sumo empacho y retórica se proclaman y se auto reconocen como cholos a todo pulmón. La choledad aparece en sus voces como la solución más democrática  y hasta  incomprendida, de la diversidad peruana.

Pero, ¿qué es lo cholo? Existe de veras lo cholo en el Perú? ¿Tenemos una cultura chola?

El primer punto para que exista algo, no son los buenos deseos de determinados creadores literarios, sino que en verdad exista una comunidad, una idiosincrasia y una autodefinición chola en el Perú. De allí debemos partir.

Veamos. ¿Alguien sabe de alguna asociación de ciudadanos que se auto reconozca como chola y tenga perspectivas de crecimiento? ¿tenemos alguna lengua o dialecto cholo? ¿alguna danza folklórica, algún instrumento musical, un potaje culinario, una vestimenta, que se pueda distinguir en forma evidente, palmaria  e inobjetable como chola? Creo que  hasta el momento no sería posible encontrar algún ejemplo de aquello. Y es que la noción de cholo, no pasa de ser un deseo, que puede sonar muy agradable  pero  también muy ofensivo, según los casos.

Pues, si lo pensamos bien, a partir de la observación de nuestra  realidad cotidiana, la “choledad”, “lo cholo”, es solamente una idea, que no pasa de referir un mito, una falacia superficial y deleznable, que muchos  pretenden asumir, quizás con muy buena fe  y  otros no tanta, para limar asperezas y cubrir las llagas, de casi 500 años de algo mucho más trascendental:  la fértil pero compleja  pluralidad peruana.

Personalmente, he conocido muy pocos peruanos que acepten ser cholos o mestizos  de veras, con sinceridad. Sin embargo, cada vez que saltan a la luz  los problemas y prejuicios inter-raciales que existen en el Perú, no faltan los que vuelven a insistir en la etiqueta de la choledad o el mestizaje.

LA DIVERSIDAD ES UNA REALIDAD UNIVERSAL.

El PERU es al parecer, el único país del mundo, en el cual se pretende ocultar, esconder,  negar, suprimir, hacer desaparecer: la pluralidad étnica y la coexistencia de diversos elementos raciales y culturales, bajo el membrete de un pretendido y ansiado “mestizaje”. 

Si la diversidad, inter-convivencia, mixtura,  amancebamiento, sincretización, multiplicidad y maridaje, de diversos pueblos y culturas significa mestizaje, entonces resultaría que todas, absolutamente todas las sociedades del mundo, sobretodo occidental, serían mestizas. Pero que se sepa, ni en los EE.UU, ni en España, ni en Rusia, por citar solo algunos ejemplos notorios de colectividades históricamente plurales, se define la identidad de dichas sociedades como mestizas. Ello resultaría ridículo, habida cuenta que en tales países se asume la pluralidad, la diversidad, la mixtura, el sincretismo, la simbiosis y la aculturación como fenómenos naturales, que se han venido dando desde siempre, en todos los pueblos.

CARÁCTER ETNOCIDA y DISCRIMINATORIO DEL TÉRMINO CHOLO.

El término “cholo” alude a algo irreal y resulta profundamente discriminatorio. Lo “cholo”  en latinoamérica y el Perú, no solo es una categoría que nació procaz, infamante, porque en sus orígenes significó y para muchos aún significa un insulto vital; sino que lo más grave es que “lo cholo” y “lo mestizo”, constituyen membretes de esencia etnocida y discriminatoria, pues con tales etiquetas se pretende negar en forma absoluta, la feliz sobrevivencia en el PERÚ, del elemento étnico andino o indio o cobrizo, que forma parte fundamental y esencial de nuestra historia y de nuestra sociedad, hablen o no hablen los indios actuales quechua o aymara o yunga o lengua amazónica. Pues, no se puede ignorar que recientes estudios científicos de la National Geographic, revelan que en el Perú, aproximadamente el 75% de la población tiene sangre predominantemente india. De lo cual trataremos en un próximo artículo. Siendo que, del mismo modo, bajo el cuento del mestizaje o de la choledad, se pretende negar que en el Perú existe una población de ascendencia europea ó africana o asiática. 

En esa forma, la tesis de la choledad y su forma más antigua y refinada que es la tesis del “mestizaje”, son profundamente racistas, xenófobas, pues pregonan: “no existen andinos en el Perú, no existen blancos en el Perú, no existen negros ni chinos, todos somos cholos o mestizos”;  cuando la realidad con la que nos encontramos cada día es muy distinta: el Perú es plural y en la práctica no existe ni se da una  feliz comunión de  cholos,  sino una compleja y a veces difícil convivencia de personas de diferentes orígenes culturales y étnicos. En resumen, la tesis del mestizaje o de la choledad, al pretender negar la verdad, coadyuva al racismo que todavía impera en determinados círculos sociales, pues no acepta y discrimina en forma radical la feliz existencia de lo andino o  indio, o de lo blanco o de lo negro,  en el Perú actual.

Por ello, el término cholo o mestizo es absolutamente incompatible con lo consagrado por nuestra Constitución Política. Pues según nuestra ley fundamental el Perú es un país plural y no cholo o mestizo.

Ya es tiempo de asumir, lo que somos, dentro de la plural sociedad peruana, para poder entender y respetar  a  cada quien; conforme nuestras dos últimas Constituciones Políticas del Estado lo han reconocido y lo han garantizado.  En este orden de ideas, por ejemplo, yo asumo, que soy un hombre andino, del siglo XXI y me siento muy orgulloso de serlo, no pretendo entrar a competir ni a discutir con nadie, respecto a si soy más o menos mestizo que alguien, por el color de mi piel o por la forma de mi cabello o de mi faz.  Basta,  ¡BASTA! ya, por favor,  de tales parámetros que restringen nuestra libertad, nuestra identidad y nuestro derecho a la vida. Apelo a mis derechos humanos a definirme e identificarme como lo que soy.

Al amparo de esa pluralidad, reconocida por nuestra Constitución Política y parafraseando y escindiéndome, razonablemente a la vez, de lo dicho por el gran maestro JOSE MARIA ARGUEDAS, asumo que soy un individuo andino del siglo XXI aculturado, un andino contemporáneo, que habla en español, viste a lo occidental, al igual que tantos otros seres humanos y pueblos mixturizados, aculturados, sincretizados, contemporáneos,  como el japonés, el chino, el hindú, el persa, el egipcio, etc;  a quienes nadie se atreve a motejarlos de “mestizos”, por el hecho de haber asimilado ó de utilizar elementos de la cultura global moderna. Y no olvidemos que la cultura andina, que es uno de los fundamentos existenciales del PERU, es tan igual de antigua e histórica, que esas notables colectividades: japonesa, china, hindú, persa y egipcia,  que acabamos de citar.

DISQUISICIONES SIN SENTIDO.

Dejemos de una vez, a un lado para siempre, la hipócrita y huachafa tesis, de la “choledad o mestizaje”; tesis que cuasi centenarios doctores se empecinaban en fundamentar, en sus clases magistrales, debatiendo quién era más mestizo o menos mestizo, ó que si la cuestión de la identidad o  la choledad era somática o cultural;  ó que si el indio dejaba la bayeta y vestía jean ya no era indio sino cholo;  que si el indio sabía hablar español ya no era indio sino cholo; que si el indio manejaba un vehículo motorizado ya no era indio, sino cholo y así  hasta el infinito.  Algo, como ponerse a decir que: como Martin Luther King vestía terno y hablaba inglés ya no era negro sino gringo. Hoy por fin, se avizora el final de tamañas disquisiciones: atrás quedará para siempre, semejante competencia de barbaridades. Lo negro, es negro; lo blanco es blanco y lo marrón es marrón en sus diversas tonalidades y cada quien merece total respeto en su diversidad. En esa forma reivindicaremos a nuestra población heterogénea andina, blanca, negra y amarilla, que está ligada a la historia pasada, presente y futura del Perú, con incas, fundadores de imperios, héroes, líderes, genios, bellezas rebosantes, caudillos, presidentes y… mártires.

Pues ya es hora de reconocer objetivamente el tema de la innegable diversidad étnica y cultural de la población peruana y ello se condice con la pluralidad real del Perú, que  se encuentra consagrada constitucionalmente, gracias a una pequeña pero inolvidable generación generosa, que milagrosamente logró  imponer la realidad en el congreso, aunque sólo fuera formalmente. 

Dejemos a “lo cholo”, para el orador de plaza frente a una masa rebosante de candor. Pero no para nuestra realidad cotidiana, en la que puedes ver y contrastar la rotunda pluralidad peruana, al  recorrer las calles de Lima, repletas abrumadoramente de andinos, blancos, afroperuanos, y chinoperuanos de todos los matices  y tonalidades;  en pujante y fecunda convivencia; que empezó hace cinco siglos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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