Carlos Galdos, tu tambien eres MARCELINO

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Las mujeres están muy molestas porque los hombres nos estamos portando muy mal con ellas, no las estamos defendiendo, no las estamos cuidando, no las estamos respaldando, no las estamos valorando, no nos estamos portando como hombres.

Las mujeres están molestas porque los hombres estamos justificando lo que no corresponde. Lo hacemos desde un sistema de valores mal aprendido, donde el hombre todopoderoso ha propiciado una división sexual del trabajo: mujeres en la casa, los hombres en la calle. Tenemos ahora la obligación de cambiar esos conceptos enraizados. Aquí ninguna es pobrecita ni menos que nadie, aquí hay que ejercer el derecho a empoderarse de igual a igual.

Las mujeres están molestas porque la ley no las cuida, no las ampara. Da la impresión de que fuera todo lo contrario: la ley las sanciona con su indiferencia e indolencia y nosotros, los hombres, bien gracias.

Las mujeres están molestas porque ya sea caminando por cualquier calle, en el transporte público o hasta en su centro de trabajo, cualquiera de nosotros les puede decir una barbaridad y, lejos de defenderlas, celebramos y llegamos al cinismo de justificar desde el machismo cavernario: ella se lo buscó por vestirse de tal o cual manera. A ellas no las defiende ni el hombre que vela por las leyes de Dios en nuestro país y eso las tiene, con toda justicia, hartas, encabronadas.

Las mujeres están molestas porque las estamos matando a golpes y ya hablamos de ello con cifras estadísticas. Cuando eso ocurre quiere decir que hemos caído en la frialdad total, en la rutina del titular en la prensa, del ‘bueno, pues’, ‘así es el mundo de hoy’, ‘qué le vamos a hacer’. Poco hombres, eso estamos siendo.

Las mujeres están molestas también con otras mujeres, con las que se han sometido al sistema y a la comodidad de vivir el día a día un paso atrás, no al lado sino atrás, bien postergaditas porque así les han hecho creer que debe ser: el macho es todo, tú eres una figura decorativa; tú a estar bonita, siempre flaca, siempre regia, siempre dispuesta, siempre atenta; tú carga, plancha, lava, educa y todo con sonrisa porque, si no, pierdes los beneficios y de patitas a la calle. Entonces cuando una mujer rompe esa cadena hay otras tantas que desde su sometimiento las critican, las juzgan y no tienen idea del daño que se hacen.

Ana María Yáñez, abogada laboralista y fundadora dirigente de Manuela Ramos, habla de la necesidad de sacar a las mujeres del encierro doméstico, porque es lo más cruel que hay, porque es como amarrar a un niño a la pata de una silla y dejarlo ahí hasta que se muera, sin ninguna posibilidad de desarrollarse intelectualmente, convirtiéndolo en un ser temeroso. Es necesario crear más espacios donde la mujer encuentre una válvula de escape frente a sus labores como madre, más guarderías y leyes de impacto de género.

Las mujeres están molestas conmigo porque yo, desde mi programa de televisión, me he equivocado. Recibimos una llamada de atención del Ministerio de la Mujer por un bloque en el que la invitada –según le iba tocando en una ruleta– tenía que quitarse una a una las prendas de vestir hasta quedar en bikini. Mi respuesta inicial, lejos del análisis y el mea culpa, fue más bien una reacción grosera exigiendo que se preocuparan por temas más in- mediatos o por otros programas. Luego del impulso de macho bravo, pedí reunirme con las autoridades del Ministerio, quienes luego de una larga conversación y con muy buen ánimo conciliador me hicieron entender el grave error que significaba continuar con ese bloque, el cual no va más. Tuve la suerte de tener una charla cara a cara, en la cual me desasnaron, rompieron y desarticularon mi estructura mental de años respecto a los medios de comunicación y los contenidos, donde la mujer es exhibida como un objeto. Pido disculpas por ello a todas las mujeres. Tenemos la obligación de comenzar a cambiar por ellas, por nuestras hijas, por nuestras madres, si es que las respetamos, porque no hay nada mas cierto que la frase ‘Tocas a una, tocas a todas’.

Esta columna fue publicada el 13 de agosto del 2016.

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