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Solemnidad del Corpus Christi – Sermón del Santo Cura de Ars

En la Fiesta de la Solemnidad del Corpus Christi escuchen el Sermón sobre el Corpus Christi del Santo Cura de Ars.

Así como estuvo 9 meses en el vientre de la Santísima Virgen y como estuvo 33 años en este mundo, así le tenemos nosotros hoy en día en cada Parroquia, en cada Sagrario, en cada Custodia en la Adoración Eucarística.

Dios se quedó en este mundo para acompañarnos mientras dure nuestro destierro lejos de Él y, por amor a Dios, debemos recordar el menosprecio con que hemos de mirar las cosas perecederas de este mundo y el deseo con que debemos esperar la salida de este mundo para encaminarnos a nuestra verdadera Patria, la Patria Celestial, ya que este mundo no lo es.

Por la Institución del Sacramento de la Sagrada Eucaristía el pueblo cristiano puede gozar, al recibir la Sagrada Eucaristía en la comunión, de tantos favores que no se conceden a los demás pueblos: un cielo anticipado para los buenos cristianos.

Escuchen el Sermón sobre el Corpus Christi del Santo Cura de Ars

Que Dios les conceda a todos las Gracias que necesiten.

Karla Rouillon Gallangos

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El Juicio Final – Santo Cura de Ars

EL JUICIO FINAL – SERMONES ESCOGIDOS DEL SANTO CURA DE ARS

¿Cómo será el Juicio Final? Todos tendremos un juicio personal donde Dios decidirá nuestra eternidad: felicidad eterna con él en el Cielo o desesperación eterna en el infierno, porque lo merecemos.

“Entonces el Hijo del Hombre vendrá con gran poder y majestad terrible rodeado de los ángeles y los santos.” Santo Evangelio de San Lucas 21. 27

Dios vendrá revestido con todo el brillo de su poder y de su majestad que hace anunciar Su venida por medio de los más espantosos prodigios y por un total trastorno de la naturaleza. En este día será un Juez justamente indignado que juzgará a la humanidad con todo el rigor de Su Justicia, será un Dios vengador que viene a separar para siempre a los pecadores de los justos, a aplastar los malvados en su más terrible venganza. Será un momento terrible y espantoso.

Resulta interesante escuchar este audio porque nos lleva al momento mismo de ese terrible día, día en el que Dios juzgará a la humanidad.

Observen que los demonios no están en juicio aquí, estarás siendo juzgado tú por tus obras delante de todos los justos y de todos los impíos, en el lugar que te corresponda… que no sea el de los impíos, porque en este día el infierno vomitará a los condenados para estar delante del Dios al que negaron en vida y de los justos de quienes ellos se burlaron, insultaron y rechazaron en sus vidas. Será un juicio SIN MISERICORDIA en el que eternamente todos los impíos se lamentarán de haber pecado.

No dejes que los demonios te roben tu Cielo: Satanás y sus ángeles rebeldes tientan a los hombres y los arrastran al infierno por odio a Dios. Satanás odia a Dios y odia al hombre. Los demonios son responsables del mal en el mundo, pero tú eres CULPABLE por no haber resistido las tentaciones y por ofender a Dios con tus pecados.

En tu juicio personal habrán solo tres testigos: Dios que te juzgará, tu Santo Ángel de la Guarda que presentará tus obras buenas y Satanás que estará listo para reclamarte por tus obras malas. Tú responderás solo en tu juicio personal, que tus obras buenas respondan por ti es la Gracia que te deseo.

Escuchen al Santo Cura de Ars hablándonos del Juicio Final

También les recomiendo los CONSEJOS DEL PADRE CARLOS CANCELADO PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN

Confiesa tus pecados al sacerdote de manera recta y honesta, clara y puntual, con una sinceridad “salvaje”, sin miedos ni culpas. Sé valiente y ¡Confiésate bien! con ayuda de tu Guía para una buena confesión.

Consigue tu GUIA PARA UNA BUENA CONFESIÓN y ¡Confiésate Bien!

Recuerda que los demonios son RESPONSABLES del pecado pero tú eres CULPABLE por no haber resistido la tentación y por ofender a Dios con el pecado.
Además, los demonios te quitan la culpa para que peques y luego cuando te quieres confesar te la regresan.

Asume y ahora ¡Confiésate bien!

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Que Dios les conceda a todos la Gracia de una sincera conversión y una buena confesión.

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El Juicio Personal – Santo Cura de Ars

EL JUICIO PARTICULAR – SANTO CURA DE ARS

Nos tocan vivir tiempos en que se ha perdido el Temor de Dios ¿seremos capaces de pensar seriamente en la severidad de los juicios de Dios sin sentirnos penetrados del máximo temor? Los días de nuestras vidas están contados y nosotros ignoramos la hora y el momento en que Dios nos va a llamar ante Su Tribunal, que de seguro será el momento que menos esperamos y ¿estaremos preparados? ¿tendremos obras? Esto sucederá en nuestro juicio particular, donde estaremos solos y responderemos solos de nuestras acciones buenas y de las malas (sin amigos, familiares, sacerdotes, ni nadie que hable por nosotros).

Dios nos dirá: “Ríndeme cuentas de tu administración” – Santo Evangelio según San Lucas 16. 2

¿Estás listo para responder? Puede ser hoy, que seas joven o niño no te garantiza que mañana vas a despertar, si eres adulto o mayor puede que te queden 10 años más o solo 10 minutos.

La condición del hombre es nacer para morir, morir para ser juzgados y de este juicio personal dependerá nuestra felicidad o nuestra desgracia eterna.

El infierno existe, no es un estado, es un lugar fisico creado por Dios para Satanás y sus ángeles rebeldes pero ellos tientan a los hombres y los arrastran al infierno por odio a Dios. Satanás odia a Dios y odia al hombre. Los demonios son responsables del mal en el mundo, pero tú eres CULPABLE por no haber resistido las tentaciones y por ofender a Dios con tus pecados.

En tu juicio personal habrán solo tres testigos: Dios que te juzgará, tu Santo Ángel de la Guarda que presentará tus obras buenas y Satanás que estará listo para reclamarte por tus obras malas. Tú responderás solo en tu juicio personal, que tus obras buenas respondan por ti es la Gracia que te deseo.

Escuchen al Santo Cura de Ars hablándonos del Juicio Final

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64 de 131 – Catequesis del Santo Padre Benedicto XVI: San Juan María Vianney

64 de 131 – CATEQUESIS DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI: SAN JUAN MARÍA VIANNEY – EL SANTO CURA DE ARS

AUDIENCIA GENERAL DEL 5 DE AGOSTO DE 2009

SAN JUAN MARIA VIANNEY – EL SANTO CURA DE ARS

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy quiero recorrer de nuevo la vida del santo cura de Ars subrayando algunos de sus rasgos, que pueden servir de ejemplo también para los sacerdotes de nuestra época, ciertamente diferente de aquella en la que él vivió, pero en varios aspectos marcada por los mismos desafíos humanos y espirituales fundamentales. Precisamente ayer se cumplieron 150 años de su nacimiento para el cielo: a las dos de la mañana del 4 de agosto de 1859 san Juan Bautista María Vianney, terminado el curso de su existencia terrena, fue al encuentro del Padre celestial para recibir en herencia el reino preparado desde la creación del mundo para los que siguen fielmente sus enseñanzas (cf. Mt 25, 34). ¡Qué gran fiesta debió de haber en el paraíso al llegar un pastor tan celoso! ¡Qué acogida debe de haberle reservado la multitud de los hijos reconciliados con el Padre gracias a su obra de párroco y confesor! He querido tomar este aniversario como punto de partida para la convocatoria del Año sacerdotal que, como es sabido, tiene por tema: “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”. De la santidad depende la credibilidad del testimonio y, en definitiva, la eficacia misma de la misión de todo sacerdote.

Juan María Vianney nació en la pequeña aldea de Dardilly el 8 de mayo de 1786, en el seno de una familia campesina, pobre en bienes materiales, pero rica en humanidad y fe. Bautizado, de acuerdo con una buena costumbre de esa época, el mismo día de su nacimiento, consagró los años de su niñez y de su adolescencia a trabajar en el campo y a apacentar animales, hasta el punto de que, a los diecisiete años, aún era analfabeto. No obstante, se sabía de memoria las oraciones que le había enseñado su piadosa madre y se alimentaba del sentido religioso que se respiraba en su casa.

Los biógrafos refieren que, desde los primeros años de su juventud, trató de conformarse a la voluntad de Dios incluso en las ocupaciones más humildes. Albergaba en su corazón el deseo de ser sacerdote, pero no le resultó fácil realizarlo. Llegó a la ordenación presbiteral después de no pocas vicisitudes e incomprensiones, gracias a la ayuda de prudentes sacerdotes, que no se detuvieron a considerar sus límites humanos, sino que supieron mirar más allá, intuyendo el horizonte de santidad que se perfilaba en aquel joven realmente singular. Así, el 23 de junio de 1815, fue ordenado diácono y, el 13 de agosto siguiente, sacerdote. Por fin, a la edad de 29 años, después de numerosas incertidumbres, no pocos fracasos y muchas lágrimas, pudo subir al altar del Señor y realizar el sueño de su vida.

El santo cura de Ars manifestó siempre una altísima consideración del don recibido. Afirmaba: “¡Oh, qué cosa tan grande es el sacerdocio! No se comprenderá bien más que en el cielo… Si se entendiera en la tierra, se moriría, no de susto, sino de amor” (Abbé Monnin, Esprit du Curé d’Ars, p. 113). Además, de niño había confiado a su madre: “Si fuera sacerdote, querría conquistar muchas almas” (Abbé Monnin, Procès de l’ordinaire, p. 1064). Y así sucedió. En el servicio pastoral, tan sencillo como extraordinariamente fecundo, este anónimo párroco de una aldea perdida del sur de Francia logró identificarse tanto con su ministerio que se convirtió, también de un modo visible y reconocible universalmente, en alter Christus, imagen del buen Pastor que, a diferencia del mercenario, da la vida por sus ovejas (cf. Jn 10, 11). A ejemplo del buen Pastor, dio su vida en los decenios de su servicio sacerdotal. Su existencia fue una catequesis viviente, que cobraba una eficacia muy particular cuando la gente lo veía celebrar la misa, detenerse en adoración ante el sagrario o pasar muchas horas en el confesonario.

El centro de toda su vida era, por consiguiente, la Eucaristía, que celebraba y adoraba con devoción y respeto. Otra característica fundamental de esta extraordinaria figura sacerdotal era el ministerio asiduo de las confesiones. En la práctica del sacramento de la Penitencia reconocía el cumplimiento lógico y natural del apostolado sacerdotal, en obediencia al mandato de Cristo: “A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20, 23).

Así pues, san Juan María Vianney se distinguió como óptimo e incansable confesor y maestro espiritual. Pasando, “con un solo movimiento interior, del altar al confesonario”, donde transcurría gran parte de la jornada, intentó por todos los medios, en la predicación y con consejos persuasivos, que sus feligreses redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostrándola como una íntima exigencia de la Presencia eucarística (cf. Carta a los sacerdotes para el Año sacerdotal).

Los métodos pastorales de san Juan María Vianney podrían parecer poco adecuados en las actuales condiciones sociales y culturales. De hecho, ¿cómo podría imitarlo un sacerdote hoy, en un mundo tan cambiado? Es verdad que los tiempos cambian y que muchos carismas son típicos de la persona y, por tanto, irrepetibles; sin embargo, hay un estilo de vida y un anhelo de fondo que todos estamos llamados a cultivar. Mirándolo bien, lo que hizo santo al cura de Ars fue su humilde fidelidad a la misión a la que Dios lo había llamado; fue su constante abandono, lleno de confianza, en manos de la divina Providencia.

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Logró tocar el corazón de la gente no gracias a sus dotes humanas, ni basándose exclusivamente en un esfuerzo de voluntad, por loable que fuera; conquistó las almas, incluso las más refractarias, comunicándoles lo que vivía íntimamente, es decir, su amistad con Cristo. Estaba “enamorado” de Cristo, y el verdadero secreto de su éxito pastoral fue el amor que sentía por el Misterio eucarístico anunciado, celebrado y vivido, que se transformó en amor por la grey de Cristo, los cristianos, y por todas las personas que buscan a Dios.

Su testimonio nos recuerda, queridos hermanos y hermanas, que para todo bautizado, y con mayor razón para el sacerdote, la Eucaristía “no es simplemente un acontecimiento con dos protagonistas, un diálogo entre Dios y yo. La Comunión eucarística tiende a una transformación total de la propia vida. Con fuerza abre de par en par todo el yo del hombre y crea un nuevo nosotros” (Joseph Ratzinger, La Comunione nella Chiesa, p. 80).

Así pues, lejos de reducir la figura de san Juan María Vianney a un ejemplo, aunque sea admirable, de la espiritualidad católica del siglo XIX, es necesario, al contrario, percibir la fuerza profética, de suma actualidad, que distingue su personalidad humana y sacerdotal. En la Francia posrevolucionaria que experimentaba una especie de “dictadura del racionalismo” orientada a borrar la presencia misma de los sacerdotes y de la Iglesia en la sociedad, él vivió primero -en los años de su juventud- una heroica clandestinidad recorriendo kilómetros durante la noche para participar en la santa misa. Luego, ya como sacerdote, se caracterizó por una singular y fecunda creatividad pastoral, capaz de mostrar que el racionalismo, entonces dominante, en realidad no podía satisfacer las auténticas necesidades del hombre y, por lo tanto, en definitiva no se podía vivir.

Queridos hermanos y hermanas, a los 150 años de la muerte del santo cura de Ars, los desafíos de la sociedad actual no son menos arduos; al contrario, tal vez resultan todavía más complejos. Si entonces existía la “dictadura del racionalismo”, en la época actual reina en muchos ambientes una especie de “dictadura del relativismo”. Ambas parecen respuestas inadecuadas a la justa exigencia del hombre de usar plenamente su propia razón como elemento distintivo y constitutivo de la propia identidad. El racionalismo fue inadecuado porque no tuvo en cuenta las limitaciones humanas y pretendió poner la sola razón como medida de todas las cosas, transformándola en una diosa; el relativismo contemporáneo mortifica la razón, porque de hecho llega a afirmar que el ser humano no puede conocer nada con certeza más allá del campo científico positivo. Sin embargo, hoy, como entonces, el hombre “que mendiga significado y realización” busca continuamente respuestas exhaustivas a los interrogantes de fondo que no deja de plantearse.

Tenían muy presente esta “sed de verdad”, que arde en el corazón de todo hombre, los padres del concilio ecuménico Vaticano ii cuando afirmaron que corresponde a los sacerdotes, “como educadores en la fe”, formar “una auténtica comunidad cristiana” capaz de preparar “a todos los hombres el camino hacia Cristo” y ejercer “una auténtica maternidad” respecto a ellos, indicando o allanando a los no creyentes “el camino hacia Cristo y su Iglesia”, y siendo para los fieles “estímulo, alimento y fortaleza para el combate espiritual” (cf.Presbyterorum ordinis, 6).

La enseñanza que al respecto sigue transmitiéndonos el santo cura de Ars es que en la raíz de ese compromiso pastoral el sacerdote debe poner una íntima unión personal con Cristo, que es preciso cultivar y acrecentar día tras día. Sólo enamorado de Cristo, el sacerdote podrá enseñar a todos esta unión, esta amistad íntima con el divino Maestro; podrá tocar el corazón de las personas y abrirlo al amor misericordioso del Señor. Sólo así, por tanto, podrá infundir entusiasmo y vitalidad espiritual a las comunidades que el Señor le confía.

Oremos para que, por intercesión de san Juan María Vianney, Dios conceda a su Iglesia el don de santos sacerdotes, y para que aumente en los fieles el deseo de sostener y colaborar con su ministerio. Encomendemos esta intención a María, a la que precisamente hoy invocamos como Virgen de las Nieves.

San Juan María Vianney – Santo Cura de Ars y la Confesión del Demonio

San Juan María Vianney – Santo Cura de Ars y la Confesión del Demonio

Su vida fue un ejemplo de vida sacerdotal, siempre en el confesionario y nada -ni siquiera el demonio- le impedía realizar la Santa Misa.

San Agustín nos habla del demonio como el perro encadenado que no puede morder, pero la cadena del perro con el permiso divino puede aflojarse un poco cuando Dios quiere dar a conocer la existencia del demonio y hacer grandes santos.

Hacia los años 1824 – 1825 era ya cura de Ars desde hacía seis años y ruidos inquietantes le impedían dormir. Al principio creía que eran roedores que mordían sus cortinas, pero cuanto más trataban de atemorizar a las ratas más ruidosos se volvían los ruidos y al día siguiente no había ni rastro de los roedores. El cura de Ars no era ningún crédulo pero poco a poco fue cayendo en la cuenta que se trataban de tentaciones demoníacas. Antes pensó que se trataba de ladrones que querían apropiarse de los lujosos regalos que el vizconde de Ars había hecho su parroquia, por lo cual pidió ayuda a la autoridad que enviaba guardias a proteger durante la noche el presbiterio.

En 1826, André Verchere era el carretero de la aldea, un joven fortachón que un día decidió acompañar al Cura de Ars en el presbiterio de noche y que luego de la muerte de cura Vianney daría testimonio de su experiencia para la apertura de su canonización. Llegada la noche y luego de una conversación con el cura de Ars se fueron a acostar, alrededor de la 1am comenzaron a forcejear la cerradura por lo que Verchere cogió su fusil, luego se escuchó un estruendo -como de varios coches que pasaban por el frente- pero afuera no había nada y el presbiterio temblaba como terremoto. El presbiterio parecía que se iba a derrumbar, a Verchere le temblaban las piernas, había olvidado que tenía el fusil en la mano y se sintió mal hasta 8 días después. Cuando el cura de Ars le rogó que le acompañe la noche siguiente le respondió que ya había tenido suficiente la noche anterior, no queriendo regresar al presbiterio de noche. El santo cura de Ars relataba esta historia con gracia pero ahí fue donde cayó en cuenta que se trataba del diablo.

El demonio actúa sobre todos los hombres tentándolos nadie escapa a sus ataques, en otros casos algunas personas son victimas de sus vejaciones penosas que son mas aterradoras que peligrosas, nos dice el canónigo Sabroé.

La fama de los ruidos nocturnos en el presbiterio eran tales que algunas personas incluso llegaban a exclamar “pobre santo hombre ¿cómo puede vivir en medio de este horrendo barullo?”

El alcalde envió a dos guardias juntos, varios ciudadanos de Ars acompañaron al santo cura de Ars para protegerlo de noche, a veces ellos escuchaban ruidos y a veces solo los escuchaba el santo cura de Ars. Más de uno salio asustado del presbiterio por los hechos inexplicables, al final, el santo cura de Ars al escuchar a un grupo como de cosacos que marchaban fuera del presbiterio, y al ver en la nieve afuera que no había una sola huella de pie en ella, recibió la luz en su espíritu de que dichos fenómenos eran acciones demoníacas, los ruidos no eran pues acciones humanas y siendo sobrenaturales no venían de Dios, pues Dios no da miedo.

El santo cura de Ars tuvo tal trato con el demonio que lo llamaba el arpeo, para él era en cierto grado bueno recibir esos ataques del demonio pues, cuando el diablo lo perturbaba en grande durante la noche,  al día siguiente siempre le venia a visitar en el confesionario no solo un gran pecador arrepentido, sino varios.

Para 1826 ya se había corrido la voz de los ataques demoníacos al santo cura de Ars, por lo que era motivo de burla entre sus compañeros sacerdotes. “Usted no come, no bebe, le zumba la cabeza, las ratas le corren por el cerebro” le decían, por no decirle que estaba loco, mientras él afirmaba que era el bellaco enojado por las conversiones y frutos de salvación que se iban a dar en el jubileo ese año.

Los ruidos eran tales dentro de la habitación del cura de Ars que sus compañeros sacerdotes al escucharlas pensaban que alguien estaba asesinándolo. “Están asesinando al cura de Ars” gritaban en medio de la noche, pero al abrir la puerta de su habitación la cama del cura de Ars estaba en el centro de la habitación mientras el seguía tranquilamente durmiendo en ella. “Es el arpeo, siento no haberlos prevenido antes, -les decía- pero mañana vendrá un pez gordo a visitarnos”.

Las bromas se incrementaron pero el pueblo y los sacerdotes comenzaron a creer en su santidad cuando un personaje de la región, el Caballero de Murs, ciudadano notable y muy conocido pecador de Ars entró en la Iglesia directo al confesionario del cura de Ars para arrodillarse y confesarse con el cura Vianney.  Y no fue el único.

El demonio usaba sus tretas también con la comunidad que rodeaba al cura de Ars, quienes también oían los ruidos, no se limitaban solo a él, pero el cura de Ars sacaba provecho de las tentaciones y cuando el demonio le perturbaba le increpaba: “mañana me voy al orfelinato para contarles a todos cómo procedes, para que te desprecien”. Y todos sabemos que al demonio no le gusta que se sepa de su existencia.

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Un día el diablo se le apareció en su celda muy temprano y le prendió fuego a su cama, incendiándola con la finalidad de distraer al sacerdote, quien entregó las llaves a los bomberos diciéndoles “ese vil arpeo, como no puede apoderarse del pájaro le incendia su jaula” y salió a celebrar la Santa Misa sin demora.

El demonio le gritaba durante la noche “Vianney, Vianney, te venceré, te venceré” a lo que el cura de Ars le respondió “no tengo ningún miedo” pues sabia que lo que quería era no dejarlo dormir para cansarlo y evitar sus obligaciones sacerdotales al día siguiente.

“Vianney, Vianney comedor de trufas (papas). No te has muerto todavia Vianney? No te me escaparás” y en seguida aullaba como perro o cantaba con voz agua y falsa, hacia ruidos como de martillos, tocaba el tambor sobre la mesa o la chimenea, pero todo esto era más grotesco e inútil que peligroso, pues todo apuntaba a agotarlo, más que a hacerle daño, pues la cadena la suelta Dios pero no tanto.

El demonio le gritaba repetidas veces “Vianney que haces ahí, vete” y fue una de las primeras cosas que escuchó, no siendo en vano. Con edad avanzada el santo cura de Ars comenzó a pensar en que no quería morirse siendo párroco de Ars, que quería retirarse para prepararse para su muerte y pretendía irse de Ars para ello. Esta idea la tuvo prendida mucho tiempo hasta que comprendió -cayendo en la cuenta de esta frase dicha por el demonio- que era tentación del demonio para evitar la confesión de más almas arrepentidas en el pequeño pueblito de Ars.

El santo cura de Ars pasó mucho tiempo atormentado por un deseo de soledad, por la creencia en la que caen muchos sacerdotes de que conviene poner un poco de espacio entre el ejercicio del ministerio y la muerte para prepararse bien con penitencia y no desesperar en el último suspiro. El demonio lo empujaba por un camino que no era el que Dios le había trazado, hasta que el jefe de la diócesis le ordena al cura Vianney permanecer en su puesto. Esta fue la tentación dominante de su vida que estuvo a punto de ceder en dos ocasiones pero que cesaron con la orden de su obispo que lo ayudó a descubrir la maniobra dominante del demonio.

Es un extracto del programa radial Presencia de Satanás en el mundo moderno, el cual puedes escuchar completo aquí: EL SANTO CURA DE ARS VS EL DEMONIO

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En el año 2009 el Santo Padre Benedicto XVI concedió Indulgencia Plenaria para todos aquellos laicos que el día 4 de Agosto, fecha en conmemoración del fallecimiento del santo cura de Ars, acudan a escuchar la Santa Misa, procurando acudir a confesarse y recibiendo la comunión, y recen una ORACIÓN POR LOS SACERDOTES, además de un padre nuestro, un avemaría y un gloria por las intenciones del Santo Padre y para ganar la indulgencia.

Además, el Santo Padre Benedicto XVI ha declarado el año sacerdotal (19/06/2009 – 19/06/2010) con el ejemplo de este santo sacerdote y concede Indulgencia Plenaria a todos los laicos que con devoción recen una ORACION POR LOS SACERDOTES todos los primeros jueves del año sacerdotal declarado y cumplan con los demás requisitos para ganar la indulgencia.

El Santo Padre Benedicto XVI inaugura el Año Sacerdotal pidiendo Sacerdotes Santos ZENIT

 Video del Programa CAMINO A LA SANTIDAD de EWTN sobre San Juan María Vianney

BENEDICTO XVI

ORACIÓN PARA EL AÑO SACERDOTAL

Señor Jesús, que en san Juan María Vianney quisiste donar a tu Iglesia una conmovedora imagen de tu caridad pastoral, haz que, en su compañía y sustentados por su ejemplo, vivamos en plenitud este Año Sacerdotal.

Haz que, permaneciendo como Él delante de la Eucaristía, podamos aprender cuán sencilla y cotidiana es tu palabra que nos enseña; tierno el amor con el que acoges a los pecadores arrepentidos; consolador el abandono confiado a tu Madre Inmaculada.

Haz, Oh Señor, que, por intercesión del Santo Cura de Ars, las familias cristianas se conviertan en “pequeñas iglesias”, donde todas las vocaciones y todos los carismas, donados por tu Espíritu Santo, puedan ser acogidos y valorizados. Concédenos, Señor Jesús, poder repetir con el mismo ardor del Santo Cura de Ars las palabras con las que él solía dirigirse a Ti:

«Te amo, oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
hasta el último suspiro de mi vida.

Te amo, oh infinitamente amoroso Dios,
y prefiero morir amándote que vivir un instante sin amarte.

Te amo, Señor, y la única gracia que te pido es la de amarte eternamente.

Oh mi Dios, si mi lengua no puede decir cada instante que te amo,
quiero que mi corazón lo repita cada vez que respiro.

Te amo, oh mi Dios Salvador,
porque has sido crucificado por mí,
y me tienes aquí crucificado contigo.
Dios mío, dame la gracia de morir amándote
y sabiendo que te amo».

Amén.