Bendito Netflix

Es cierto, confinamientos causados por las pestes, han habido muchos a lo largo de la historia; sin embargo, ninguno tan cómodo como el actual debido, y disculparán mi frivolidad, a Netflix, por mencionar una de las tantas posibilidades que actualmente nos brinda la industria del streaming; es decir, esa tecnología con la que hoy, desde cualquier Smart tv, dispositivo celular o informático, podemos ver y/o escuchar casi de todo, a través de la red, a la hora y desde donde nos pegue la gana. En momentos en que el confinamiento empieza a causar los males propios de estar encerrado forzosamente: stress, hastío, zozobra, (sin dejar de lado algunos males físicos), Netflix ha sido mi cura, el remedio más cercano a la recomendación de la mismísima OMS para fortalecer nuestra inmunología y no ser invadido por el bicho: desconectarse de la realidad, no pegarse a los noticieros; descubrir otras maneras de entretenimiento.

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Juanito

Juan Guillermo Carpio Muñoz, fue sociólogo, historiador, catedrático, maestro, político, parlamentario, legislador, director del Instituto Nacional de Cultura, escritor, editor, animador cultural, periodista, jüergero, músico, poeta, cantante, compositor, sibarita, picantero, viajero, amante de la tauromaquia y de la pelea de toros, amigo, esposo, padre, notable conversador y polemista, alfeñique, regionalista, melómano, coreuta, barítono, cinéfilo, tradicionalista, hijo ilustre y medalla de oro de la ciudad y del gobierno regional de la ciudad, coleccionista, Agustino; pero, por encima de todo, arequipeño, arequipeñista, o, mejor, arequipeñólogo. Eso y mucho más fue Juan Guillermo Carpio en sus 74 años de vida.

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Manito

Con este título, Carlos Rivera inició su lectura durante la presentación de mi reciente libro “Arequipa en Mall”, del pasado 28 de diciembre. Definitivamente, una de las satisfacciones más grandes que experimento al realizar la presentación de un nuevo libro, es la de escuchar a los comentaristas, que son medulares en estos actos. Hay de varios tipos, algunos se centran en la obra, con miradas críticas que ayudan a develar vericuetos que, como autor, pareciera que estoy impedido de descubrir. Otras viajan por espacios teóricos que no sólo permite que el comentarista se luzca, sino que la obra adquiera una importancia que jamás imaginé. Y también están los que se centran en el autor, con una generosidad que, especialmente, me ruboriza. Tal es el caso de Carlos.

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Don Pepe

Era una costumbre casi religiosa en los últimos años, llegar a Lima y visitar a José Ruiz Rosas, Don Pepe. Me motivaba más el aliento de Alonso o Ximena, que cuando preguntaba por su padre, terminaban con visítalo, se va a alegrar. Efectivamente, él se contentaba con verme, y vernos, pués acostumbraba hacerlo con mi familia. Para ello, la siempre diligente doña Tere, lo coordinaba y preparaba todo: las entradas, los platos de fondo, el postre y hasta los entremeses. Mis ruegos de que no se preocupara por esos detalles, que yo sólo quería pasar un rato con ellos, caían en vano; doña Tere tomaba esa visita como un acontecimiento, pues Pepito se entusiasmará, no sabes cuánto le gusta que lo visiten sus amigos de Arequipa, me decía.

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Ironías sociológicas

Ironías sociológicas es el título que decidió ponerle  Carlos Rivera a la entrevista que me hiciera la semana pasada y que fuera publicada en el reciente número del semanario arequipeño Vistaprevia. Lo anuncié en mi feis y recibí varios comentarios positivos de lo que allí comento, lo cual significa, para mi sorpresa, que la publicación cuenta con una lectoría importante que, a la vez, se dignó en leer esa conversa que aquí se las dejo.

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Teatro y ensueño

Ser actor fue uno de mis sueños infantiles. No sé de dónde nació ese deseo; tal vez en la escuela, pues en toda actuación estaba allí, aunque sea con un papel secundario, pero estaba. Con mi crecimiento, el sueño se fue desvaneciendo, pero me reencontré con el teatro cuando vine a estudiar a Arequipa, pero esta vez sólo como espectador.

Recuerdo que era un asiduo concurrente a una sala teatral que se escondía en el Cine-teatro Municipal. Allí, cada vez que había temporada, veía los montajes de Tito Cáceres y su Asociación Nacional de Escritores y Artistas de Arequipa, ANEA. En esas funciones conocí más a Shakespeare, Lope de Vega, Tirso de Molina o Moliere, pero lo que más me emocionaba era el animoso esfuerzo que Leer más

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