Mamá

Nació en Arequipa. Caymeña, luego Cerreña. Orgullosa de ser arequipeña, hasta la médula. La sexta de diez hijos que tuvieron Buenaventura Gutiérrez y Marximiliana López (Ventura, Virginia, Reinaldo, Leónidas, Elsa, Eloiza, Olga, Edith y Luis). Alumna de Escuela Fiscal, luego costurera. Casóse con Pedro Vargas. Migró a Lima a días de alumbrarme. Para sus otros partos, regresaba a Arequipa, pues quería que todos sus hijos sean characatos. Ocurrió con Mirian. Con Silvia, casi. Luego Pedrito, que no alcanzó la luz. En la capital fue una provinciana exitosa. A punta de puro trabajo: en sus bodegas, convertidas los fines de semana en cevichería, caldería y, también, potajes mistianos. Era la characata querida de Luis Chiapee, de la Urbanización Los Sauces, de Salamanca de Monterrico. Era la famosa “Señora Esthercita”. Conquistó a todos en esos sitios. Es más, si había arequipeños o apellidaban López, los adoptaba inmediatamente. Así, se hizo de legiones de ahijados y sobrinos postizos. Años después, muchos de esos primos ficticios me confesarían “Tu madre me salvó la vida”.

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“Nada será lo mismo”

“Nada será lo mismo”, es una de las frases que más escucho de colegas y amigos estos días, como una conclusión al ya ritualístico tema del Covid19, que a todos nos tiene aprisionados en nuestras casas, por las medidas de prevención dictadas por el gobierno, al igual que la mayoría de países del orbe. Confieso que yo también he sacado esa conclusión, luego de cavilar sobre qué se viene después de esta pandemia.

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Arqueo del 2019

Casi es un ritual por estos días, recibir las llamadas de algunos medios, para preguntarme cómo evalúo el año que se va. Obviamente, se refieren a mi visión sobre cómo nos fue, tanto a nivel nacional y local. Si hubiera que calificarlo, se me viene a la memoria parafrasear la cinta de Peter Weir: El año que vivimos en el espasmo; es decir, un período de tensiones, de convulsiones y agitaciones persistentes. Veamos, cuáles fueron las principales.

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