Bendito Netflix

Es cierto, confinamientos causados por las pestes, han habido muchos a lo largo de la historia; sin embargo, ninguno tan cómodo como el actual debido, y disculparán mi frivolidad, a Netflix, por mencionar una de las tantas posibilidades que actualmente nos brinda la industria del streaming; es decir, esa tecnología con la que hoy, desde cualquier Smart tv, dispositivo celular o informático, podemos ver y/o escuchar casi de todo, a través de la red, a la hora y desde donde nos pegue la gana. En momentos en que el confinamiento empieza a causar los males propios de estar encerrado forzosamente: stress, hastío, zozobra, (sin dejar de lado algunos males físicos), Netflix ha sido mi cura, el remedio más cercano a la recomendación de la mismísima OMS para fortalecer nuestra inmunología y no ser invadido por el bicho: desconectarse de la realidad, no pegarse a los noticieros; descubrir otras maneras de entretenimiento.

El streaming es un mundo. Anidadas en el sector telecomunicacional, las empresas que dan ese servicio se valen de Internet para brindarnos películas, documentales, series (tipo Netflix), música a borbotones (como Spotify), o simple comunicación o mensajería (Whatsapp, que con la pandemia confesó abiertamente que es de Facebook). A este menú, que ya lo conocíamos y usábamos, pero nunca como ahora, se le ha sumado, por razones laborales, las teleconferencias como Zoom, Meet, Teams,  el viejo Skype, y otros que siguen apareciendo. Es decir, tenemos streaming para todo, y para todos los gustos, convirtiéndose así en la industria que más provecho le ha sacado al bicho (y la que más viene ganando económicamente), o la que más ha crecido de manera exponencial, mientras que el resto de actividades sobreviven, están en estado catatónico o simplemente ya fallecieron; es decir, la industria cultural o de servicios, nuevamente se impone, por encima de las industrias tradicionales, como lo pronosticara Marshall McLuhan.

Desde hace cuatro meses, yo vengo usando el streaming, laboralmente; sin embargo, lo que quiero destacar ahora, es por el lado del entretenimiento. Ya perdí la cuenta de cuántas series, películas, documentales, etc. he visto en las cadenas streaming. También he perdido la contabilidad de cruces de opinión, críticas, recomendaciones, y otro largo etc., que he tenido con amigos que, como yo, se han refugiado en esos canales. No ha faltado un día, en estos ya largos cuatro meses de encierro, que no haya leído una invitación para engancharse con una serie, película o programa. Las de los Jorges, Bedregal y Álvarez, nunca han fallado; al igual que las de Omar, o Andrea Quevedo, que también han servido como un solaz, luego del atosigante teletrabajo en la que nos hemos sumido (para aquellos que somos bendecidos por esa modalidad laboral), pero que en el fondo también se han convertido en una variante del streaming, porque desde el 16 de marzo, han empezado a proliferar exponencialmente las reuniones, conferencias, asambleas, seminarios y hasta congresos internacionales, que nos tienen todo el día, pegados a la pantalla del computador. En medio de eso, cambiar con un par de clicks, a una plataforma tipo Netflix, Amazon Prime o iTunes, es un verdadero recreo.

Para los chicos de casa, Fabio y Josué, en mi caso, el streaming también se ha convertido en un gran aliado, puesto que los videojuegos on line o retransmisiones en directo, les ha permitido reencontrarse con sus amigos (o descubrir otros), divertirse y fortalecer lazos, olvidándose así, aunque sea por unas horas, de la libertad y ganas de vida propias de la adolescencia, que la peste les ha arrebatado.

Como señalé al inicio, este post puede parecer frívolo porque soy consciente que en un país como el nuestro, tocar este tema, mucho más en la actual coyuntura atravesada por el pesar, puede ser sensible, o simplemente extraño, ya que una suscripción a Netflix, HBOGo o iTunes, no está al alcance de mucha gente, no tanto por el lado económico (en realidad, no son caros), sino por la conectividad, o por dificultad en los dispositivos; sin embargo, eso se va a ir solucionando muy pronto, puesto que toda la industria del entretenimiento, ha encontrado en los streaming la nueva manera de seguir activa y produciendo. Lo están haciendo desde imperios como Hollywood, que ya estrenan películas con esta modalidad, hasta empresas teatrales o grupos musicales (he asistido virtualmente a varios conciertos de grupos arequipeños).

Finalmente, para que no se me vea como un promotor de Netflix y similares, y menos como aportante de su enriquecimiento (sus acciones están volando con la pandemia), hay que recordar que por la región, han aparecido otras alternativas (muchas de ellas gratuitas), como Cine.ar, Retinalatina o Cineaparte, con producciones netamente latinoamericanas y peruanas, incluso arequipeñas. Ahora, si hay algo que no se encuentra, es cuestión de paciencia y empezar a navegar y navegar; pues, si hay algo que nos sobra hoy, es tiempo.

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