Arqueo del rohelismo

De no haberse dado la actual crisis sanitaria, el Dr. Rohel Sánchez, y su equipo de gobierno, estarían despidiéndose de su gestión agustina iniciada en el 2016, y entregando la posta a sus sucesores, que deberían ser elegidos con la participación de toda la comunidad agustina, de acuerdo a la nueva ley universitaria. Eso no ocurrió, pues el escenario no se presta a un acto electoral, según SUNEDU; y, además, el Gobierno Central ha dispuesto que las autoridades pueden extender su mandato, previo acuerdo de la Asamblea Universitaria, lo que ha ocurrido en la UNSA.

Es decir, formalmente, la administración rohelista ya terminó, y el tiempo que continuará, será sólo por cuestiones coyunturales y legales, que le permitirá cerrar algunos aspectos de orden administrativo. Desde esa perspectiva, corresponde hacer un balance de esa gestión, para saber si fue exitosa o no. ¿Cómo hacerlo?

Para responder a esa pregunta, puede aplicarse varias de las fórmulas que provienen, tanto desde las ciencias de la administración pública, hasta de la valoración de la gente. Por ejemplo, la gestión pública nos señala que la tarea no es difícil si consideramos que bastaría aplicar las fórmulas o conceptos provenientes de las ciencias administrativas, mezcladas con las normas regulatorias del nuestro Estado. Desde ese ángulo, sólo es cuestión de fusionar las variables de eficacia, eficiencia, economía calidad, etc. y eso arrojará las cifras rojas o azules, para determinar si una gestión fue positiva o negativa.

Otra fórmula más práctica para hacer la misma medición, es aquella que consiste en revisar los planes de trabajo que inspiraron la gestión y los resultados obtenidos, al finalizar el período de gobierno. Pero, definitivamente, la fórmula más contundente es saber dónde terminan las autoridades, luego de su mandato. Por lo que estamos viendo en las últimas experiencias, no sólo en universidades, sino en el aparato público en general, nuestras autoridades finalizan su gestión en las cárceles, fugados o merodeando los pasillos del Poder Judicial, para responder a las serias acusaciones que penden sobre ello por actos delictivos.

Ad portas de finalizar la gestión rohelista en la UNSA (2016-2020), podemos usar las tres fórmulas para saber cuán positiva o negativa fue esa administración. Para la primera, habrá que esperar lo que dicen los organismos acreditados que hoy hacen ese conteo de cuentas, números, presupuestos, y un largo etcétera. Estoy seguro que en general, serán cifras azuladas, pues, como nunca, esta administración ha sido muy cuidadosa en ese aspecto, mucho más teniendo en cuenta que el rector agustino es contador y auditor de amplia trayectoria. Por otro lado, en todos estos cinco años, no se ha sabido de malos manejos, por lo que se espera que los informes oficiales, así lo corroboren.

Usando las otras dos fórmulas de evaluación, no hay que esperar mucho; es decir, podemos tener una respuesta rápida si cotejamos lo que se prometió hace cinco años y los resultados obtenidos. Allí, es contundente que a pesar de algunas promesas incumplidas, los logros son irrefutables. Sólo dos resultados o menciones: la UNSA es la única universidad nacional del interior del país, con la calificación más alta en términos de licenciamiento; y la segunda: la UNSA es la única universidad del país que tendrá un Parque Científico Tecnológico (PCT), que en la actualidad es una de las principales variables para medir la calidad de las universidades en el mundo.

Si a esos dos logros se le suma la eliminación de las donaciones del alumnado; el repositorio digital; el financiamiento de tesis, así como el cambio de modalidad de grado, que enfatiza la publicación en revistas indexadas; la implementación de laboratorios; el programa de movilidad internacional estudiantil y docente; remozamiento y ampliación de la infraestructura; el aumento de docentes en el registro de investigadores, las investigaciones y patentes logradas, etc. entonces sólo la mezquindad explicaría porqué al período rohelista, se le podría calificar negativamente.

Pero suponiendo que el recuento de los logros materiales, no fuese útil. Es más, suponiendo que la UNSA en este período de pandemia ha demostrado una absoluta inutilidad, a pesar de ser la primera universidad pública que inició el año académico de manera virtual para no perjudicar a nuestros 30,000 alumnos; a pesar que puso a disposición de toda Arequipa sus servicios para ayudar a combatir la peste, terminando, incluso, instalando una planta de oxígeno, siendo la única universidad del país en tenerlo. Suponiendo, repito, que nada de eso sea valorable; sin embargo, sólo el hecho de que sus autoridades no terminen su gestión envueltos en casos de corrupción; y, por tanto, no los veamos fugados o en los pasillos del Poder Judicial pretendiendo demostrar su inocencia, sólo eso ya los pone en la condición de haber hecho una gestión más que positiva. Pues, en un país como el nuestro, caracterizado por tener autoridades públicas que terminan demostrando ser cabecillas o socios de mafias delictivas, salir con la frente en alto, ya es suficiente. Y eso, también es hacer docencia universitaria.

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