Sendero

No cumplía mi mayoría de edad y ya escuchaba de la fórmula más efectiva de materializar y resolver la lucha de clases: con el uso del fusil. Eso lo oía en mis últimos años secundarios de algunos profesores que con verbo seductor y ardoroso tocaban esos temas en clases. Más tarde me enteraría que esos profesores eran, a la vez, dirigentes del Sindicato de Trabajadores de la Educación Peruana, Sutep. El más vehemente era Barreda Bazán empeñado en organizar a los alumnos a través de un Comité de Coordinación de Unificación de las Luchas Estudiantiles Secundarias, Ccules, símil del Comité de Coordinación de Unificación Clasista, Ccus. Esos años los viví en medio de puras siglas que parecían trabalenguas que desenredábamos entre risas con mis compañeros de aula, sin percibir lo que todo eso encerraba: la génesis del terrorismo que, como se demuestra en el informe final de la CVR, tuvo en la escuela su principal terreno de cultivo.

Terminada mi secundaria, me matriculé en la academia preparatoria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en sus aulas esas siglas del colegio se confundían con otro concierto de abreviaturas: PCP, PCP-U, VR, MIR, PC del P y un largo etcétera que poblaban la mayoría de las paredes sanmarquinas. Es más, muchas veces las clases se interrumpían por el ingreso de “dirigentes” que acaloradamente nos hablaban de la necesidad de luchar contra el revisionismo del imperialismo soviético y otros de zanjar con la cuatrinca de Deng Xiaoping. Es decir, a mi mundo de Led Zeppelin, Black Sabbath y Deep Purple se sumó, intempestivamente, los problemas cotidianos de los rusos y chinos. En ese escenario aprendí que en tercer lugar, debíamos preocuparnos por nuestro país, y en especial de la dictadura militar encabezada por Morales Bermúdez, a quien debíamos derrumbar a punta del griterío “la junta es asesina, los hechos lo demuestran”.

Ya en la universidad, escuchaba también a afiebrados profesores reclutando a estudiantes para sumarse a la “guerra popular del campo a la ciudad”, incluso poniendo fecha para la instalación del “Estado de Nueva democracia” encabezado por el ya proclamado Presidente Gonzalo; es decir, Abimael Guzmán, el filósofo arequipeño salido de aulas agustinas y líder de Sendero Luminoso, personaje que se convirtió en un verdadero termómetro para medir el grado de apego a los ideales marxistas entre mis compañeros; pues quienes al principio creyeron en él y luego lo rechazaron, eran calificados rápidamente de pequeño-burgueses o revisionistas.

Arequipa no sufrió de las acciones y efectos del terrorismo, como otras zonas del país. En la universidad agustina se rumoreaba que eso era debido a la consideración que tenía Abimael por su ciudad natal. Quizá eso contribuyó a que se mantuviera el apego de varios colegas míos por Sendero y también de alumnos que desaparecían de la noche a la mañana de las aulas y que luego nos enterábamos que estaban encarcelados por terroristas. Los pocos efectos destructivos del senderismo en Arequipa, quizá explique el enlutamiento que generó entre varios colegas míos la noticia de la captura de Abimael hace, justamente, 25 años.

Un cuarto de siglo después de la famosa “captura del siglo”, con temor vuelve a tocarse el tema de sendero porque, según el propio gobierno ppkausista, el terrorismo estaría a la vuelta de la esquina debido a que el profesorado está infestado de terroristas. El temor se acrecienta al enterarnos que han empezado a ser liberados varios líderes senderistas tras el cumplimiento de sus sentencias, incluso enriquecidos, ya sea por su vinculación con el narcotráfico o porque han enjuiciado y ganado al Estado; y no falta quienes se alarman al saber que la generación de hoy no sabe quién es Abimael Guzmán o cree que es el sobrino de la Madre Teresa de Calcuta.

Si bien todo ese temor es infundado (es decir, el senderismo no se reactivará porque Garrido Lecca o el propio Abimael lo ordene); eso no significa bajar la guardia. La tarea es educativa y también política, específicamente ideológica haciendo saber a las nuevas generaciones qué fue y significó Sendero Luminoso para el atraso del país y cómo crecimos y nos desarrollamos a partir, justamente, al derrotar esa concepción que tras el seductor discurso de la igualdad y lucha contra la explotación, esconde lo que son en realidad: cultores de una ideología destructiva y eminentemente sanguinaria.

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