UNA VISIÓN DE ÍTACA y LA ODISEA (A propósito de un poema de Konstantino Kavafis)

 

La ODISEA siempre me impresionó,  por razones muy distintas a la ILÍADA.  En efecto, al leer la ODISEA, desde la primera vez que lo hice,  siempre sentí  algo así como un escape,  una evasión a  los terribles días de la guerra, en que se había centrado  la ILIADA;  un  retorno hacia el hogar y el amor, hacia un estado ideal, hacia un lugar feliz y añorado, anterior a la guerra, una búsqueda de la paz, que el conflicto nos había quitado a los hombres. Empero, ese retorno a la paz y a la calma,  en un comienzo tan esperanzado y prometedor, poco a poco se  iba volviendo más y más ilusorio.

Por ello,  de niño, siempre sufrí los apuros y desgracias de Ulises en su retorno a ITACA, como aciagos e injustos, burla febril de los dioses para un pobre aunque poderoso mortal, que -a pesar de todo- sobrevivía, a todas las hecatombes y emboscadas, en su regreso al amor y la paz.

Posteriormente, el ULISES de James Joyce, nos permitió aproximarnos a los linderos de la búsqueda existencial,  de la pequeña y terrible odisea de la cotidianeidad, la de todos los amaneceres citadinos, en medio de la abulia burguesa, para hallar la pequeña o grandiosa razón de la vida, en la que todos somos o podemos llegar a ser: o bien Penélope o bien Ulises, con nuestros monstruos y cantos de sirenas, de cada día.

En este orden de ideas,  es un poema de  Konstantino Kavafis, el que  condensa una visión muy sugerente de ITACA, que a continuación compartimos. La ÍTACA de KAVAFIS, es  el discurrir de cada uno,  hacia su meta en la vida:

ITACA

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

 

No le temas a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al colérico Poseidón,

no los encontrarás en tu camino,

si mantienes en alto tu ideal

si tu cuerpo y alma se conservan puros.

 

Nunca verás  a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al fiero Poseidón,

si no los llevas dentro de tu alma,

si tu alma no los levanta frente a ti.

 

Pide que tu camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas de verano,

en que llegues con placer a puertos

que nunca viste  antes.

 

Ancla en mercados fenicios

y aprecia cosas bellas:

madreperla,  coral, ámbar, ébano

y toda suerte de perfumes sensuales,

cuantos más abundantes  puedas.

 

Ve a las ciudades egipcias

y  aprende  a aprender de sus sabios.

 

Siempre ten a Ítaca en tu mente,

llegar allí es tu meta. Pero no apresures el viaje.

Es mejor que dure mucho

Mejor llegar cuando estés viejo,

pleno con  la experiencia del viaje,

y no aguardes  que Ítaca te enriquezca,

Ítaca te ha dado un bello viaje.

 

Si no es por ella, nunca lo hubieras emprendido.

Pero ella no tiene ya, nada más que ofrecerte.

Aunque la halles pobre, Ítaca  no te ha engañado.

 

Con la sabiduría ganada, con tanta experiencia,

Habrás comprendido  lo  qué las Ítacas significan.

 

Konstantino Kavafis. (Grecia)

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