Responsabilidad Social y Educación: primer acercamiento

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¿Responsabilidad social? ¿Por qué ser responsable socialmente? ¿En la escuela? ¿Acaso no son las escuelas socialmente responsables? ¿No han sido muchas instituciones responsables socialmente desde hace ya muchísimos años al desarrollar actividades de labor social? ¿Dónde está la diferencia?

Muy buenas preguntas, ¿verdad? Totalmente válidas y necesarias si queremos que el paradigma de la Responsabilidad Social no sea solo un cambio de nombre para una labor que efectivamente muchas instituciones educativas han desarrollado mediante programas de voluntariados sociales.

Tengo firmemente en la cabeza la idea que la Responsabilidad social es un rasgo inmanente de la educación que se ha hecho notable en los últimos años ante el relativismo y el individualismo creciente que se forma en las escuelas como reflejo social local y global; ya que para entrar en este paradigma hay que salir aquel en el que estamos sumergidos. En nuestro contexto local y global, el yo es prácticamente todo lo que importa, la libertad se asume como el poder de hacer lo que quiera con mi vida y la ética se concibe como mi manera de actuar correctamente.

Somos humanos, pero no humanidad, somos individuos sin colectivo. En sí, necesitamos volver a mirar más allá de yo mismo, observar el nosotros; donde el yo está incluido con los otros y los identifico como mis semejantes. Por este hecho, la Responsabilidad social no se puede entender como asistencialismo, porque si el otro es mi semejante, no puedo tratarlo como un ser inferior.

En el caso de las escuelas, creo que no podrán llegar a ser Responsables socialmente en realidad, si es que no se observan primero a ellas mismas bajo este paradigma. ¿Funciona mi escuela como una democracia? ¿Existe verdadera interacción entre las personas o no es más que una reproducción vertical de comandos? ¿Cada persona es conciente del impacto de sus acciones en los otros? Aquí muy bien podríamos detenernos a hablar del currículo oculto: la pedagogía invisible e inconsciente que muchas veces hecha abajo totalmente el trabajo organizado.

¿Y por qué hablar de democracia? ¿Cuál es la relación con el tema? Pues bien, la gestión de un centro educativo es más que el trabajo de la dirección. En cierta medida, toda la organización (docentes, administrativos, alumnos) está involucrada en la gestión de manera que cada quien es capaz de participar, desde su perspectiva y en función de sus capacidades y potencialidades, en la toma de decisiones y ejecución. Es decir, pensar en términos de “nosotros” y trabajar bajo este enfoque en lugar de considerar a la gestión como el “yo-líder” solitario que dirige al centro.

Sin embargo, en muchos casos se repite la dinámica de asistencialismo donde el alumno se convierte en el ser inferior que requiere de mí. Al término de la escolaridad, observamos en los últimos años chicos que consideramos inmaduros, irresponsables, egocéntricos, apáticos, indiferentes; y pensamos que no aprendieron nada en lugar de mirar si les brindamos las herramientas necesarias. Esto, obviamente, es un proceso que se repite desde la educación inicial, pero que se evidencia con mayor fuerza en la secundaria.

¿Cómo podemos tener alumnos comprometidos si convertimos a las escuelas en burbujas? ¿Cómo podemos exigir responsabilidad cuando no hemos confiado en ellos? Por eso mismo, deberíamos trabajar con ellos para ayudarles a tomar conciencia gradual del mundo que les rodea.

Ello debería ir en un sentido espiral desde el centro hacia el exterior; es decir, partir de sí mismo tomando conciencia de su entorno más inmediato en la escuela: su salón. Coexiste con personas diariamente y debería a prender a convivir con ellas, aprender a ser responsable del impacto de sus actos en sus propios compañeros. Empiezan, así, a crearse una serie de círculos individuales que van integrándose en un aula para convertirse en un solo círculo: nosotros. Y de esta forma, paulatina, el círculo se amplía hasta que de hecho pueda se involucre y comprometa con la gestión de su centro: no estoy en un todo, soy parte de un todo. En consecuencia, legitimado para tomar decisiones sobre aquel todo.

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