16/09/26: La obstinación por el crecimiento económico infinito

LA OBSTINACIÓN POR EL CRECIMIENTO ECONÓMICO INFINITO: sucumbir o cambiar

Efraín Gonzales de Olarte

El crecimiento económico es una especie de sentido común, que no requiere explicación, más allá de cuánto será la tasa anual de crecimiento y qué sectores serán sus impulsores. La cuestión central es si el crecimiento económico es un medio para mejorar la vida de las personas o es un fin en sí mismo, que ha ido adquiriendo autonomía.

La pregunta es por qué el crecimiento económico se ha convertido en un proceso infinito, que no ha favorecido ni favorece a todos de manera igual. La respuesta se encuentra en dos niveles: 1. El sistema capitalista y la sociedad moderna han generado un mecanismo que no se puede parar sin riesgo de transformarse en otro sistema o de extinguirse. La idea es simple: el crecimiento depende de la acumulación del capital, a través de las inversiones, que aumentan la producción y al venderla genera ganancias, que hay que volver a invertir y, así, de manera indefinida. 2. Este sistema genera comportamientos microeconómicos. Por un lado, los capitalistas invierten e innovan para seguir compitiendo y producen nuevos bienes o servicios, es decir, siempre hay algo nuevo que vender y quizás más barato. Por otro lado, los trabajadores consumen lo que los productores les ofrecen, nuevas cosas, nuevos servicios, nuevas ideas, en general de manera pasiva y en muchos casos con “el placer de comprar” y seguirán comprando todo lo nuevo que aparezca. Así, el sistema genera una causación acumulativa, que no para y que se alimenta en el largo plazo por el crecimiento de la población, lo que aumenta la demanda, con el consiguiente aumento de los ingresos salariales y las ganancias.

Complementariamente, el sistema financiero sostiene el crecimiento a través del crédito, que asegura la continuidad de la cadena de pagos en el futuro. Obviamente, los bancos ganan a través de los intereses que cobran y seguirán dando crédito como medio para asegurar el futuro de las ganancias de los sectores productivos y, ciertamente, de ellos mismos.

Adicionalmente, el Estado necesita financiar educación, salud, infraestructura, seguridad, administración pública, justicia, para lo cual necesita de impuestos, que dependen del crecimiento económico. De alguna manera, el Estado de Derecho depende del crecimiento económico. Además, los gobiernos suelen ser evaluados por el crecimiento del empleo, de los ingresos de los servicios públicos, todos ellos dependientes del crecimiento económico.

Todos estos aspectos han generado una ideología del crecimiento: más producción → más riqueza→ más bienestar y una sociedad mejor. Por ello, durante todo el siglo XX se midió el progreso a través de la tasa de crecimiento del producto nacional (PBI). Es decir, se incorporó en el sentido común, la idea de que crecer es indispensable para la tranquilidad de la población. Sin embargo, crecer para satisfacer necesidades esenciales no es lo mismo que crecer indefinidamente cuando las necesidades básicas ya están cubiertas.

Es aquí cuando aparece el otro problema central del crecimiento indefinido: la desigualdad de la distribución de sus frutos. Al parecer es consustancial al capitalismo el generar desigualdades sociales, que, sin embargo, no generan mayores tensiones sociales ya porque los salarios crecen, aunque a menores velocidades que las ganancias gracias a que las mayores productividades y a la intervención redistribuidora del estado.

Como fruto de este crecimiento sin pausa, en el presente siglo, hemos llegado a una situación en la que el crecimiento económico ha chocado con la finitud de los recursos naturales y ha generado el calentamiento global. Esto quiere decir, que, en algún momento, no será posible crecer más ya sea porqué los recursos no renovables se acabaron (que son fundamentales para la industria y el desarrollo tecnológico) o porqué el calentamiento global genera tal cantidad de pérdidas que cualquier crecimiento será para reponer lo arrasado por la naturaleza (viviendas, bosques, infraestructura, etc.). Obviamente, a menos que haya importantes cambios tecnológicos que disminuyan el uso de recursos naturales o que se dé un cambio de ideología sobre el crecimiento indefinido el futuro se presenta incierto.

A estas alturas nos preguntamos: ¿sería posible una economía sin crecimiento? Podríamos aceptar la posibilidad de un crecimiento estacionario, con una producción relativamente estable, con bienestar, con mejor distribución y con una organización institucional distinta. El estado estacionario era la situación a la que debería llegar la sociedad en algún momento, así lo afirmaron los economistas clásicos Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill, recientemente Robert Solow y Herman Daly.  John Maynard Keynes sostuvo que en algún momento la humanidad podría centrarse más en los fines (bienestar, felicidad) que en los medios (crecimiento económico). Su idea era llegar a una humanidad casi estacionaria, con una población estable viviendo sin guerras y con pleno empleo.

Creo que es imprescindible comenzar a considerar otro futuro y, quizás, otro capitalismo.

Setiembre 2026

28/08/26: Las cosas y las personas: ¿qué desarrollo?

LAS COSAS Y LAS PERSONAS

Efraín Gonzales de Olarte

Durante mucho tiempo y, hasta ahora, se utiliza el producto bruto interno per cápita (PBIpp) para medir el crecimiento económico, base del desarrollo de los países. El PBI es la sumatoria de todos los bienes y servicios producidos por un país o una región, es decir es la sumatoria de todas las cosas producidas en un determinado período de tiempo (un mes, un año). Así, medimos el progreso de un país por lo que se produce o sea por el incremento de las cosas. Sin embargo, las medidas agregadas ocultan el cómo se reparten esas cosas y qué efecto tienen sobre la vida de las personas.

De alguna manera, las personas dependen de las cosas que producen agricultores, industriales, mineros, y de los servicios que recibimos como telefonía, electricidad, internet, etc. Somos dependientes de las decisiones de la producción de terceros, que no siempre calzan con nuestros deseos, necesidades y preferencias, aún más, casi siempre los productores definen qué nos ofrecen y nos han acostumbrado a un consumismo que no se detiene. Cada vez que aparece un nuevo Ifone, la gente hace colas para adquirir la nueva versión. Estamos, de alguna manera, alienados por que las cosas importan demasiado, quizás más que las personas.

La pregunta que planteamos es la siguiente: ¿por qué los objetivos del crecimiento o de las políticas económicas no se proponen en términos de personas? Por ejemplo: en lugar de proponer que el PBI peruano debería crecer en 5% al año, se podría proponer que el empleo “decente” crezca a 3% al año, o que la tasa de comprensión de lectura y de razonamiento lógico de los alumnos de quinto de primaria aumente anualmente en 10%, o que el acceso a servicios mínimos de salud sea universal y de buena calidad en todas las regiones. Obviamente, para lograr todos estos resultados, la producción de bienes y servicios debería estar en función de estas metas.

¿Por qué estos objetivos no se pueden lograr en el Perú o en cualquier país? La respuesta es: el sistema económico y la ideología no lo permiten o no lo desean. La razón es que el sistema privilegia la obtención de ganancias, que son la base de las inversiones futuras, las cuales deben mejorar permanentemente las tecnologías para mejorar sus productividades, adecuar la contratación de trabajadores a las nuevas tecnologías, todo esto para seguir siendo competitivos y continuar produciendo y nosotros consumiendo. Así se genera un círculo indefinido, del cual es difícil salir.

Las empresas siguen produciendo cosas y las personas, sobre todo los trabajadores, consumen y se tienen que acomodar a usar las cosas que se producen, en función del sueldo o salario que le pague su empleador. Nuevamente, si los empresarios no producen cosas (bienes y servicios) el sistema se para y las personas se tienen que ajustar a este orden de cosas y seguir trabajando por un salario. ¡Atrapados sin salida!

Pero, el hombre no sólo vive de pan (las cosas) también tiene aspiraciones, proyectos, deseos, es decir nuestra subjetividad nos alienta a tomar decisiones de empleo, de consumo o de inversión. Aquí entra la ideología, es decir, la idea que tenemos de cómo debería ser el mundo y las cosas. Hemos aceptado, la idea de que el acumular cosas es signo de progreso de movilidad social y cuanto más tenemos nuestro estatus social sube. Lo que coincide a la perfección con el incesante crecimiento de los bienes y servicios, cuyos productores están movidos por la idea de hacer ganancias y rentas de manera permanente. Así la ideología es creada de manera endógena por el sistema capitalista, consumismo y crecimiento productivo sin fin son el motor de las sociedades actuales.

Frente a este orden socio-económico como fundamento del progreso de nuestras sociedades, donde las cosas “jalan” a las personas, surge la posibilidad de que las personas “jalen” a las cosas. Este es el paradigma del desarrollo humano de las capacidades y los derechos, que propone volver de alguna manera al “humanismo” del siglo de las luces, con la tecnología actual. Esto significa repensar nuestros modelos de crecimiento económico y nuestras ideologías en función del ser humano del siglo XXI.

Estamos frente a un desafío, del que depende el futuro de la humanidad, dado que los modelos de crecimiento infinito, basado en la economía de las cosas, está chocando con un planeta finito.

Agosto 2026

28/08/26: Las cosas y las personas: ¿qué desarrollo?

LAS COSAS Y LAS PERSONAS

Efraín Gonzales de Olarte

Durante mucho tiempo y, hasta ahora, se utiliza el producto bruto interno per cápita (PBIpp) para medir el crecimiento económico, base del desarrollo de los países. El PBI es la sumatoria de todos los bienes y servicios producidos por un país o una región, es decir es la sumatoria de todas las cosas producidas en un determinado período de tiempo (un mes, un año). Así, medimos el progreso de un país por lo que se produce o sea por el incremento de las cosas. Sin embargo, las medidas agregadas ocultan el cómo se reparten esas cosas y qué efecto tienen sobre la vida de las personas.

De alguna manera, las personas dependen de las cosas que producen agricultores, industriales, mineros, y de los servicios que recibimos como telefonía, electricidad, internet, etc. Somos dependientes de las decisiones de la producción de terceros, que no siempre calzan con nuestros deseos, necesidades y preferencias, aún más, casi siempre los productores definen qué nos ofrecen y nos han acostumbrado a un consumismo que no se detiene. Cada vez que aparece un nuevo Ifone, la gente hace colas para adquirir la nueva versión. Estamos, de alguna manera, alienados por que las cosas importan demasiado, quizás más que las personas.

La pregunta que planteamos es la siguiente: ¿por qué los objetivos del crecimiento o de las políticas económicas no se proponen en términos de personas? Por ejemplo: en lugar de proponer que el PBI peruano debería crecer en 5% al año, se podría proponer que el empleo “decente” crezca a 3% al año, o que la tasa de comprensión de lectura y de razonamiento lógico de los alumnos de quinto de primaria aumente anualmente en 10%, o que el acceso a servicios mínimos de salud sea universal y de buena calidad en todas las regiones. Obviamente, para lograr todos estos resultados, la producción de bienes y servicios debería estar en función de estas metas.

¿Por qué estos objetivos no se pueden lograr en el Perú o en cualquier país? La respuesta es: el sistema económico y la ideología no lo permiten o no lo desean. La razón es que el sistema privilegia la obtención de ganancias, que son la base de las inversiones futuras, las cuales deben mejorar permanentemente las tecnologías para mejorar sus productividades, adecuar la contratación de trabajadores a las nuevas tecnologías, todo esto para seguir siendo competitivos y continuar produciendo y nosotros consumiendo. Así se genera un círculo indefinido, del cual es difícil salir.

Las empresas siguen produciendo cosas y las personas, sobre todo los trabajadores, consumen y se tienen que acomodar a usar las cosas que se producen, en función del sueldo o salario que le pague su empleador. Nuevamente, si los empresarios no producen cosas (bienes y servicios) el sistema se para y las personas se tienen que ajustar a este orden de cosas y seguir trabajando por un salario. ¡Atrapados sin salida!

Pero, el hombre no sólo vive de pan (las cosas) también tiene aspiraciones, proyectos, deseos, es decir nuestra subjetividad nos alienta a tomar decisiones de empleo, de consumo o de inversión. Aquí entra la ideología, es decir, la idea que tenemos de cómo debería ser el mundo y las cosas. Hemos aceptado, la idea de que el acumular cosas es signo de progreso de movilidad social y cuanto más tenemos nuestro estatus social sube. Lo que coincide a la perfección con el incesante crecimiento de los bienes y servicios, cuyos productores están movidos por la idea de hacer ganancias y rentas de manera permanente. Así la ideología es creada de manera endógena por el sistema capitalista, consumismo y crecimiento productivo sin fin son el motor de las sociedades actuales.

Frente a este orden socio-económico como fundamento del progreso de nuestras sociedades, donde las cosas “jalan” a las personas, surge la posibilidad de que las personas “jalen” a las cosas. Este es el paradigma del desarrollo humano de las capacidades y los derechos, que propone volver de alguna manera al “humanismo” del siglo de las luces, con la tecnología actual. Esto significa repensar nuestros modelos de crecimiento económico y nuestras ideologías en función del ser humano del siglo XXI.

Estamos frente a un desafío, del que depende el futuro de la humanidad, dado que los modelos de crecimiento infinito, basado en la economía de las cosas, está chocando con un planeta finito.

28/07/26: El futuro del empleo juvenil y la inteligencia artificial

El futuro del empleo juvenil y la inteligencia artificial

Efraín Gonzales de Olarte

Existe ya un consenso que la inteligencia artificial (IA) está teniendo efectos contradictorios sobre el empleo. Pero lo más preocupante es cuál será su efecto sobre el empleo juvenil, de aquí en adelante. La IA no sólo cambiará el nivel y la estructura del empleo, sino también modificará la relación entre la educación, el trabajo, la productividad, lo que tendrán efectos sobre el desarrollo económico y humano. Su efecto será especialmente profundo para los jóvenes, por que serán quienes deberán incorporar nuevas habilidades y destrezas cuando incursionen en los mercados de trabajo.

Históricamente, todas las revoluciones industriales tuvieron efectos sobre el empleo. La revolución agrícola sedentarizó a la población y generó la división del trabajo, la revolución industrial sustituyó el trabajo manual por máquinas, la electricidad especializó la fuerza laboral, la informática automatizó las tareas administrativas. Todas ellas cambiaron el empleo total y, sin embargo, éste no desapareció. Lo que cambio fueron las ocupaciones, las profesiones y los niveles educativos de los trabajadores.

Desde una perspectiva de largo plazo, la IA puede representar un cambio comparable a la revolución industrial, pero con una diferencia clave: el recurso escaso deja de ser la fuerza de trabajo y pasa a ser la capacidad de aprender y adaptarse.

La revolución impulsada por la IA es fundamentalmente diferente, pues automatiza tareas cognitivas -no sólo manuales y rutinarias- dado que la IA generativa razona, aprende, innova, puede imitar la creatividad humana. En consecuencia, se convierte en un factor productivo adicional al capital físico, al capital humano y puede redefinir el cambio tecnológico con intervención mínima del hombre. Por ello, se están automatizando actividades que antes requerían de educación superior o técnica.

En adelante, el mayor determinante del desarrollo económico ya no será solo la acumulación de capital físico o incluso el nivel educativo alcanzado en la juventud, sino la capacidad de las personas (los jóvenes), las empresas y las instituciones para aprender continuamente.

En este contexto, el empleo juvenil adquiere un papel estratégico. La juventud será la primera generación que deberá construir trayectorias laborales marcadas por cambios tecnológicos permanentes. Los países que logren facilitar esa transición —mediante educación flexible, formación a lo largo de la vida, ecosistemas de innovación y mercados laborales dinámicos— tendrán una ventaja competitiva sostenida.

Por ello, la gran pregunta para la economía del desarrollo ya no es si la IA destruirá empleos, sino qué instituciones permitirán transformar el aumento de la productividad generado por la IA en empleos de calidad, movilidad social y crecimiento inclusivo. Por ello, no es que la IA sustituya completamente a las personas, sino que cambiará la frontera entre tareas humanas y automatizadas.

En este contexto el futuro del empleo juvenil ha de variar según el grado de desarrollo de los países y de sus mercados laborales. América Latina y, particularmente el Perú, tienen algunas características importantes: una elevada proporción del empleo informal, predominan micro y pequeñas empresas, la adopción tecnológica es limitada y la estructura productiva está concentrada en actividades primarias como la agricultura y de servicios de baja productividad. Por estas razones, la IA no eliminará masivamente empleos en el corto plazo, pero si ha de modificar la demanda de habilidades relacionadas al uso de la IA.

La alta informalidad laboral exige un enfoque que no se limite a la búsqueda de empleo tradicional. La clave está en convertir a la inteligencia artificial en una herramienta para el autoempleo y el emprendimiento formal. Este es el gran desafío, de lo contrario la brecha entre países y regiones desarrolladas y subdesarrolladas se hará más grande.

Qué hacer frente a este desafío. Hay varias experiencias que nos ayudan a buscar salidas para enfrentar el empleo juvenil y que habría que tratar de replicarlas en el Perú. 1. Fomentar el emprendimiento digital con IA desde las aulas secundarias, técnicas y universitarias, por ejemplo: formación práctica en emprendimiento IA, metodologías “aprender haciendo”, concursos y proyectos con impacto real. 2. Diseñar programas de capacitación específicos para jóvenes, por ejemplo: alfabetización en IA y habilidades digitales básicas, talleres prácticos y acceso a herramientas de IA para jóvenes de diferentes perfiles. 3. Crear ecosistemas de apoyo y colaboración, para ello es deseable generar alianzas estratégicas (universidad/instituto – empresa – Estado), establecer redes de trabajo entre jóvenes para compartir experiencias e información.

En conclusión, la estrategia de promoción del empleo juvenil formal en tiempos de IA, debe ir más allá de la formación tradicional. Es necesario empoderar a los jóvenes para que sean creadores de sus propias oportunidades. La IA, lejos de ser una amenaza, debería convertirse en el aliado perfecto para que, con la formación, el apoyo y el ecosistema adecuado, puedan construir negocios viables, innovadores y formalizados, rompiendo el ciclo de la informalidad y la pobreza.

Es obvio, que jóvenes empoderados con habilidades informáticas y, sobre todo en IA, les será mucho más fácil encontrar trabajo en empresas medias y grandes del sector formal, si es que acreditan su formación profesional o técnica y su experticia en el uso de la IA. Hoy las empresas de avanzada valoran la formación informática y en IA, antes que la experiencia en trabajos rutinario tradicionales.

Lima, julio 2026

05/07/26: Perspectivas del gobierno fujimorista 2026: Una visión desde la periferia

PERSPECTIVAS DEL GOBIERNO FUJIMORISTA 2026: UNA VISIÓN DESDE LA PERIFERIA

Efraín Gonzales de Olarte

El próximo gobierno tiene varias características del primer gobierno de Alberto Fujimori 1992-2000. Primero, la próxima presidenta tendrá un control casi total del aparato del Estado, salvo del poder judicial y un congreso sin mayoría absoluta, donde tendrá que negociar. Es decir, se presagia un gobierno con gran concentración del poder y probablemente autoritario. Segundo, 2/3 del país no ha votado por ella -tal como sucedió con la aprobación de la Constitución de 1993, que sólo fue aprobada por un tercio de los electores- por ello su legitimidad y popularidad es un gran problema para la señora K y el fujimorismo. De la forma como afronte esta debilidad, nos dará una idea de su opción política (democracia, democradura, o dictadura). Tercero, llega al poder en un momento en que la violencia cotidiana se ha convertido en el principal problema social del Perú, cuya letalidad se acerca a la del terrorismo de los años 90 del siglo pasado. Es decir, tendrá que responder de una manera efectiva y, la forma como la afronte, si incluye a los militares, se parecerá a la estrategia de su padre, cuyos resultados los conocemos. Cuarto, su aproximación con los poderes facticos:  militares, los empresarios grandes, los medios de comunicación le darán aún más poder, como lo hizo Alberto Fujimori.

Sin embargo, hay varias diferencias con la década de su padre. Primero, la economía tiene una estabilidad macroeconómica y una situación financiera muy cómoda que permitirá, quizás alguna política de crecimiento, en lugar del desastre económico que dejó el gobierno de Alan García en 1990. Sin embargo, 36 años después de liberalismo, la presión tributaria es muy baja, para financiar políticas redistributivas, que generen mayor inclusión. Segundo, el Perú está en plena época digital, lo que ha cambiado muchas cosas, el acceso a mayor información, el uso de la tecnología para fines privados y públicos, la cultura del teléfono celular, con todos los efectos sobre el comportamiento de las personas e instituciones. Ahora la política y la gobernanza se hace por medios digitales. Tercero, la corrupción casi generalizada en las distintas instancias del estado y de los niveles de gobierno, que se entrelaza con las actividades ilegales -la minería, el contrabando, el narcotráfico, la tala del bosque amazónico- lo que constituye o un desafío o una ventaja, dependiendo de la posición que adopte frente a este problema. Obviamente la corrupción hace difícil gobernar. Cuarto, está vigente el proceso de descentralización, que su padre anuló con el autogolpe de 1992. Hay riesgo que haga lo mismo

Este es, más o menos, el contexto en el que el gobierno de Keiko Fujimori tendrá que gobernar. Sin embargo, desde la periferia, sobre todo desde las regiones que votaron por el sombrero, las expectativas no son necesariamente complacientes, por algunas razones. La primera, el crecimiento económico no ha logrado reducir las desigualdades y la pobreza -si bien reducida- sigue latente, para ellos, el modelo económico del fujimorismo significa exclusión y menosprecio. Segundo, el ajuste estructural del neoliberalismo, significó la reducción del Estado, en consecuencia, los servicios de educación y salud son insuficientes y de mala calidad, además, la privatización de empresas públicas y la concesión de sitios mineros y de gas, no contribuyó al bienestar de estas poblaciones y de muchas regiones. Tercero, tienen la sensación de que cualquier gobierno de “gente como ellos” (Castillo o Sánchez) provinciana y cobriza es rechazada por las élites urbanas y sobre todo por Lima y la señora K es considerada una limeña, centralista y poco democrática.

Es decir, el Perú está segmentado, es un país dual, y el desafío para el próximo gobierno será ¿cómo? sus políticas puedan incluir a estos habitantes de la periferia en los frutos del crecimiento, cómo el estado le puede dar mayores servicios públicos y cómo la economía los puede integrar a través de empleos formales. Esto sólo será posible con políticas populistas, tal como hizo su padre. En consecuencia, para los empresarios tendrá una política macro económica estable con bajos impuestos y para la gran población tendrá políticas sociales de bajo nivel dados los recursos fiscales. Que es la fórmula de la gobernanza aplicada por Alberto Fujimori.

Desde la periferia anti-fujimorista, las expectativas oscilan entre la posibilidad de una mayor atención a sus necesidades y demandas, lo cual ciertamente significará un populismo exacerbado y probablemente aceptado, por buena parte de la población en situación de exclusión y pobrezas. Existe, sin embargo, la posibilidad de un endurecimiento del gobierno nacional, que lleve a una polarización social y regional. En este escenario, los gobiernos regionales y municipales pueden entrar en modo choque con el gobierno central, dado el anti-fujimorismo, sobre todo porqué -dada la concentración del poder de la próxima gobernante- los gobiernos descentralizados podrían ser un contrapeso político con reivindicaciones que la podrían a prueba.

Este panorama en realidad abre una gran oportunidad para actuar desde la periferia. En un país polarizado y con un gobierno que debe responder a los requerimientos de 2/3 de la población que no tiene representantes genuinos. En consecuencia, las posibilidades de influir en la búsqueda de soluciones que vengan desde las regiones, provincias y distritos, son bastante abiertas, siempre que se den algunas condiciones. Primero, será necesario que las fuerzas democráticas regionales y locales coordinen y tengan propuestas sobre las necesidades de inversión productiva y de mayor y mejor gasto social. Para ello se requiere de liderazgos tanto institucionales como personales.  Segundo, es fundamental que se proponga el relanzamiento y replanteamiento de la descentralización “desde abajo” como “política de Estado” en torno a la cual se puede establecer una agenda de trabajo para promover sectores productivos regionales (agroexportación, industrias regionales con mayor valor agregado, carreteras, energía, turismo receptivo y turismo vivencial, etc.), es decir tratar de desconcentrar la economía peruana tan concentrada en Lima, la costa y las grandes ciudades. Luego se debería promover la mejora de los programas sociales, mayor participación de empresas, instituciones y ciudadanos y apostar por una descentralización para el desarrollo regional y local, desde la periferia. Hasta ahora la descentralización ha sido llevada a cabo desde arriba, desde el centro.

En consecuencia, se abrirá una etapa a partir del 28 de julio, en la cual la necesidad de gobernar para todo el país de la nueva presidenta y la necesidad de cambiar la imagen autoritaria heredada de su padre -bien cultivada desde el 2016- podría generar un ambiente de diálogo y, ojalá, de buscar establecer políticas cuyos objetivos sean: promover el desarrollo de las regiones y localidades olvidadas, la desconcentración económica fuera de Lima en sectores promotores de empleo y de mayor valor agregado, la inclusión mínima de las zonas rurales en los mercados de bienes y de trabajo. Es decir, promover políticas que tengan como objetivo de fondo el bien común de todos los peruanos. ¿Será posible esperar esto del gobierno de Keiko Fujimori? Estamos a la expectativa.

15/05/26: EL POPULISMO Y EL CAVIARISMO EN EL PERÚ

 

EL POPULISMO Y EL CAVIARISMO EN EL PERÚ

Efraín Gonzales de Olarte

 Hay dos fantasmas que recorren la política peruana: el populismo y el “caviarismo”. Son dos conceptos polisémicos, es decir vagos, laxos, son comodines para aplicarse en distintas circunstancias para justificar, inhabilitar, condenar cuando no se tienen argumentos sólidos ya sea conceptuales o ideológicos. Oscurecen los diálogos y generan una total opacidad de los argumentos, lo que es un signo del subdesarrollo político, doctrinario e ideológico que aqueja la política peruana y que no nos permite dialogar sobre temas concretos y necesarios y han convertido la política en un juego de siempre suma negativa, pocos ganan y la mayoría pierde.

Para el historiador francés Pierre Rosavallon el populismo no es una ideología sino un estilo político, una retórica de gobierno, caracterizada por tres rasgos: es anti-élites económicas, mediáticas, intelectuales consideradas corruptas y desconectadas; construye un pueblo de los buenos de los auténticos y es encabezado por un líder salvador, providencial que encarna la voluntad popular, sin intermediarios (partidos, sindicatos, etc.).

El populismo responde a tres déficits democráticos y prospera cuando hay: a. Un déficit de representación de parte de los políticos, el populismo ofrece una representación directa y emocional. b. Déficit de gobernanza, los ciudadanos sienten que las decisiones se toman lejos de ellos, el populismo promete soluciones simples y soberanía absoluta. c. Déficit de integración social debido a la fragmentación y la sensación de abandono, el populismo ofrece un “nosotros” una comunidad unificada.

Es obvio que varios países de América Latina, entre ellos el Perú, tienen estas características y son campo fértil para propuestas populistas. En realidad, el populismo no destruye la democracia desde fuera, es una forma corrupta e hiperbólica de democracia, por eso es tan difícil combatirlo y tan fácil de implementarlo.

La respuesta al populismo obviamente, no es más tecnocracia ni más democracia directa plebiscitaria, es necesario reconstruir los contra-poderes, fortalecer los cuerpos intermedios (sindicatos, partidos, asociaciones) y refundar una democracia de la confianza y la imparcialidad. El problema de fondo es que la democracia liberal prometió libertad e igualdad, pero no supo erigir un lugar para los sentimientos de exclusión, abandono, humillación y desposesión, que alimentan el voto populista.

El famoso crecimiento peruano de la era neoliberal, de después de los años noventa del siglo pasado, no generó suficiente empleo, servicios públicos universales y adecuados, seguridad ciudadana. Generó desigualdades que se convierten en emociones de abandono y exclusión en el momento de votar y las propuestas populistas suenan una salvación.

El “caviarismo” tampoco es una ideología, es un estigma artificial que se aplica a quienes no se tragan los infundios de la extrema derecha y las simplezas de la extrema izquierda. Es un fantasma que se crea para ocultar las incapacidades de analizar y actuar de manera racional y razonable. Hasta cierto punto es una aversión a quienes saben un poco más, a quienes tienen principios mínimos éticos y capacidad de dialogar sin adjetivos y sin simplezas. Igual que en el caso del populismo, hay anticaviares de extrema izquierda y extrema derecha, lo que lleva a una polarización adjetiva que nos hace incapaz de llegar al diálogo y de ahí al acuerdo. O sea, nos condena a tener un país escindido con poca capacidad de integración social y, obviamente, un país incapaz de pensar en el largo plazo o en la promesa peruana de Jorge Basadre.

El problema es que de todas maneras tendremos populismo a partir del 28 de julio, debido a los déficits de representación (con 70% de electores que no son representados por los que pasan a la segunda vuelta), de gobernanza (con el desastroso congreso y ejecutivo, que gobiernan para ellos y de integración (con 70% de informales, la mayor parte localizados en las provincias más pobres). Lo que también sabemos es que, dada la polarización y fragmentación social y los escasos recursos del Estado, las políticas de corte populista no cambiarán mucho la situación actual. Es decir, si los precios internacionales de nuestras materias primas siguen altos, la economía seguirá divorciada de la política y seguiremos teniendo crecimiento económico de 3% al año. El populismo está para quedarse hasta que no haya un acuerdo nacional de gobernabilidad y desarrollo de largo plazo, entre las fuerzas políticas que pasaron la primera vuelta.

En cambio, el caviarismo seguirá siendo utilizado, en la mayor parte de veces como insulto y, crecientemente, como una solución a la crisis ética y cultural que tiene el Perú. Los denominados caviares, no tienen organización social ni política, actúan en función de los derechos humanos, de la equidad y para reducir la ignorancia de buena parte de los políticos que ingresaron a la política para medrar. El caviarismo funciona como un antibiótico frente a la podredumbre que se ha convertido la política en el Perú.

01/05/26: ¿La historia se repite? o dialogamos para cambiar la historia

¿La historia se repite? O dialogamos para cambiar la historia

Efraín Gonzales de Olarte

El resultado de las elecciones de 2026 se presenta como una repetición de las de 2021. Ningún candidato alcanza el 18% de la votación en primera vuelta, los finalistas tienen ideologías extremadamente opuestas, una candidata limeña y otro provinciano, una mujer y un hombre, es decir, pareciera que la historia se repitiera y que como se decían en la segunda vuelta del 2021: tenemos que elegir entre el cáncer y el sida. Creo que hay que cambiar esta visión sobre el voto.

Estos resultados nos interrogan: ¿por qué se repite una situación así? y ¿qué pasará con la gobernabilidad del Perú cuando tengamos un nuevo gobierno y un nuevo congreso? después de la segunda vuelta. Creo que es tiempo que hagamos algo distinto.

De un lado, no es sorprendente que los electores de Pedro Castillo -hoy en prisión- voten por quién lo representa, o más bien los representa. Es el voto de los que no llegaron al reparto de los frutos del crecimiento económico de los últimos veinte años, son provincianos y pobres. Para ellos, la única posibilidad que tienen de ser incluidos en las políticas públicas es tener un presidente “como ellos”: provinciano, cholo, informal y pobre.

En el otro lado, tenemos a la representante del neoliberalismo (limeña, blanca, formal y pudiente) y responsable que nuestra democracia haya entrado en proceso de declive desde el 2016, pero que cuenta con los votos de los que si se favorecieron por las políticas neoliberales y viven en Lima y otras ciudades.

Hay, sin embargo, algunas diferencias con 2021. 1. Ha aparecido un centro político (Jorge Nieto. Marisol Pérez Tello y Mesías Guevara), 2. De los 35 “partidos” que participaron en las elecciones sólo van a quedar uno 6 ó 7 con representación en el Congreso, lo que puede ayudar a la gobernabilidad. 3. Ningún partido tendría una mayoría absoluta en el senado, lo que obliga a alianzas para llegar a acuerdos. En consecuencia, el panorama es un poco distinto al 2021 y da cierta esperanza de que podamos salir de la crisis política actual.

Sin embargo, el mayor escollo es la casi imposibilidad de diálogo y, eventualmente, acuerdos entre los dos candidatos que llegarán a la segunda vuelta. Entre el voto antifujimorista y el voto anticomunista, se abre un resultado incierto que podría tener tres escenarios. 1. Gana la candidata de la derecha y, es muy probable, que su gobierno se parezca al actual, dado que desde 2016 ha influido en las principales decisiones del congreso. Aunque podría haber alguna mejora si logra negociar con la oposición para tomar algunas decisiones o aprobar algunas leyes. 2. Gana el candidato de la izquierda, y trata de aplicar su plan de gobierno con grandes similitudes a los sempiternos planes de la izquierda. Sin embargo, estaría obligado a buscar apoyo de la oposición de derecha para lograr llevar a cabo algunas de sus propuestas. 3. Que antes de la segunda vuelta se llegue a un diálogo que conduzca a un acuerdo de gobernabilidad, gane quien gane. Si esto sucediera, el Perú estaría entrando en otro paradigma político y, probablemente, se comenzaría a resolver la crisis política y la polarización social existente.

Para que el tercer escenario sea posible, se requieren de algunas condiciones. Por un lado, cambiar la cultura del antivoto y presionar a cada candidato para que dialogue con el otro. El o los debates que se den antes de la segunda vuelta, deberían tener como parte de la agenda, en qué temas se podrían poner de acuerdo si llegan al gobierno: mantener los equilibrios macroeconómicos, lucha contra la delincuencia y mayor seguridad ciudadana, mejora de la educación y la salud, mayor atención a las regiones olvidades y sus habitantes. Prometer el apoyo a estas políticas tanto en la cámara de diputados como en el senado. Por otro lado, los partidos que tienen representación congresal, deberían promover reuniones con todos los partidos que pasaron la valla electoral, antes de la segunda vuelta, para tratar de, a través del diálogo, llegar a un “acuerdo de gobernabilidad y de paz”. Si se llega a este acuerdo todo se haría más fácil, no sólo la gobernabilidad del Perú en los próximos cinco años para cualquiera que asuma la presidencia de la república, pero sobre todo le daría tranquilidad y esperanza a todos los peruanos, incluyendo al sector empresarial.

Esta es una nueva oportunidad de darle viabilidad al Perú, a la tambaleante democracia y una gobernabilidad incluyente, pero hay que cambiar el chip de la polarización ideológica y social y empoderar el diálogo entre peruanos, sean estos derechistas e izquierdistas, limeños o provincianos construir un Perú republicano con ciudadanos iguales. Tienen la palabra los candidatos y sus partidos.

1° mayo 2026

25/04/26: Máximo Vega Centeno Boncangel: Adios, Maestro, colega y amigo.

MÁXIMO VEGA-CENTENO BOCANGEL

In Memoriam

Efraín Gonzales de Olarte

La muerte siempre nos sorprende y nos interroga sobre el valor de la vida vivida, sobre si fue completa o incompleta, sobre si fue trascendente o intrascendente. Finalmente, el momento último de la vida vivida, es irreversible y necesario. Por ello, los que quedamos temporalmente, podemos aquilatar la vida de aquellas personas que nos influenciaron, que nos guiaron, que nos quisieron y que partieron.

Máximo Vega-Centeno, Amauta, un entrañable ser humano y un gran peruano, nos ha dejado. Tuvo una vida completa y trascendente. Tuvo una linda familia, fue un gran maestro universitario, un católico a carta cabal y un cusqueño ejemplar y, sobre todo, una persona íntegra desde varios puntos de vista. Su austeridad fue un ejemplo para quienes privilegian las cosas sobre las personas en la vida. Para Máximo la amistad, el cariño, la responsabilidad social y su civismo fueron los fundamentos de sus relaciones con su familia, sus amigos, sus colegas, sus alumnos y, en general, con las personas con quienes interactúo durante su vida. Su sapiencia de alto nivel, tanto como ingeniero civil y como economista, siempre la puso al servicio de los otros, fue un maestro para sus innumerables estudiantes de pre y posgrado. Fue el pionero de la enseñanza de Econometría en el Perú. Su sentido de humor era su manera de endulzar o hacer más comprensibles las cosas y los acontecimientos, fue una muestra de su ingenio e inteligencia en un mundo donde la risa y la alegría son tan necesarias. Su catolicidad provenía de su familia cusqueña de raigambre católica, su tío abuelo fue arzobispo del Cusco, de Ancash y de Lima, su hermano fue sacerdote, el hermano de su padre fue Dean de la Catedral de Lima, pero más allá de los temas de fé, Máximo fue un practicante de la moral católica, de la caridad, de la hermandad, de la solidaridad -recuerdo que después del terremoto de Huaraz, se incorporó rápidamente en las brigadas de ayuda.

Sus principales contribuciones académicas estuvieron dedicadas a analizar el esquivo proceso de desarrollo, a estudiar el papel de la tecnología en el desarrollo industrial, ética y deontología, y el último libro fue sobre Perú: desarrollo naturaleza y urgencias. Trató de entender las distintas aristas del desarrollo económico y humano del Perú y las razones por las que aún buscamos una sociedad mejor.

La Pontificia Universidad Católica del Perú ha sido construida en base al empeño de muchos profesores, académicos y funcionarios identificados con su misión y ethos, durante más de cien años. Máximo fue uno de ellos, estuvo ligado a ella durante casi sesenta años, fue cofundador de la Facultad de Ciencias Sociales y del Departamento de Economía, junto a Adolfo Figueroa y Richard Webb, bajo el liderazgo del Padre MacGregor, luego fue varias veces, jefe del Departamento de Economía, Decano de la Facultad de Ciencias sociales y de la Escuela de Posgrado. Participó en la creación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Fue uno de los constructores del maravilloso edificio de la enseñanza y de la investigación de la PUCP, que la ha llevado a ser un referente latino americano de excelencia académica y muy comprometida con el servicio a la sociedad peruana.

El centro y la base de su acción académica y social fue su familia. Con Violeta, la pionera de los estudios de la mujer en un país reciamente machista, formó una familia ejemplar y sus hijos Rafael y Pablo, han heredado los principios y la visión de sus padres.

Extrañaremos sin duda a Máximo, pero seguirá viviendo como una referencia académica, institucional y humana. Descansa en paz Maestro.

10/02/26: Necesitamos un eticómetro

NECESITAMOS UN “ETICÓMETRO”

Efraín Gonzales de Olarte

Vivimos en un mundo -del cuál el Perú hace parte- en el que es difícil conocer la verdad de las opiniones, de los discursos, de las promesas, de las afirmaciones, pues no sólo han ido casi desapareciendo los principios éticos sobre los que se funda una comunidad, tales como: no mentir, no matar, no violar, no robar, sino que, adicionalmente, han aparecido las fakenews que son afirmaciones inventadas o distorsionadas sobre la realidad, sobre las personas o instituciones. Es decir, hay afirmaciones inmorales y otras que son inventadas. ¿Cómo elegir autoridades políticas o no políticas en este contexto? Es en este mundo de pocas verdades, que se llevan a cabo los procesos electorales.

Para votar bien, lo ideal sería construir un ETICÓMETRO, un método para medir el cumplimiento de normas éticas en las personas que pretenden participar en política y, aún más, en las que pretenden gobernar o gobiernan, para que los electores estén informados de las calidades morales de los candidatos y de los gobernantes.

Esta debería ser tarea de alguna organización proba e independiente, que las hay en Perú (la Iglesia, Transparencia, alguna universidad).  Pero obviamente, es una tarea compleja, sobre todo si se quiere obtener algún tipo de medida o de calificación, útil para las próximas elecciones.

En realidad, la idea de medir o calificar el comportamiento ético tiene como objetivo difundir los resultados, para que los electores tomen en cuenta la calidad moral de los candidatos por los cuales se inclinarían a votar o la de sus gobernantes. Asumimos, que los electores tienen aprecio por la calidad ética de sus candidatos, pero esto no es necesariamente cierto, en la medida que la crisis de valores morales no es sólo de los candidatos sino, en importante medida, de una buena parte de los electores y de la población en general. En muchos casos, los comportamientos inmorales o amorales son tomados como “normales” en la medida que hemos ido perdiendo referentes, por parte de la población, dado el ejemplo de los gobernantes[1]. Este creo que es un punto crucial que nos indica que vivimos una profunda crisis moral.

En estas circunstancias, creo que es necesario promover el comportamiento ético de las personas -políticos, electores o no electores- y, tendría que ser algo así como: promovamos el “eticomportamiento” de los candidatos y de los electores, no sólo en las próximas elecciones, sino de manera permanente. Una campaña de restauración de los valores morales, tan escasos hoy en el Perú y el mundo. Es una campaña, que la debería promover cada uno de nosotros, en nuestras familias, nuestro barrio, en nuestros colegios, en nuestra comunidad, en nuestro trabajo, etc.

En esta coyuntura electoral, si eres un elector que quieres que se gobierne sobre la base de la verdad, la tolerancia y la decencia, debes informarte antes de votar, a través de las plataformas virtuales, algunos programas de televisión, algunos pocos periódicos y varios podcasts. Algunos ejemplos: “Calateo electoral” de Marco Sifuentes, en el cual ha seguido la trayectoria de varios candidatos que mienten, que no pagan pensiones de alimentación, que dijeron algo antes y ahora dicen otra cosa o se desdicen. El programa de Rosa María Palacios en La República que diariamente entrevista a candidatos y da noticias sobre comportamientos inmorales y hay varias otras plataformas en Youtube.

Sin embargo, hay que cuidarse de la infinidad de podcast, fabricados con inteligencia artificial para atacar a candidatos competidores, para alabar a sus candidatos inventando mentiras sobre sus virtudes o para redactar planes de gobierno. Esto nos lleva al problema central: de ¿cómo distinguir quién dice la verdad y quién no? En general, el patrón es: cuando a un candidato lo comienzan a hostigar con memes, fotos y videos que lo denigran, es muy probable que los originadores sean candidatos que ven amenazadas sus candidaturas. En consecuencia, no hay que tomarlos en cuenta. Lo curioso es que, cuanto más memes mentirosos u ofensivos contra algún candidato, esto lo ayuda en su campaña. Este fue el caso de Pedro Castillo. Este es el gran problema, la asimetría de información, es decir que no sabemos exactamente quien se comporta con valores éticos y quien no.

Obviamente, unas elecciones con 36 candidatos a la presidencia, miles de candidatos al senado y al parlamento más una ficha electoral del tamaño de una sábana, nos obliga a tres cosas: 1. Informarse bien sobre la calidad moral de los candidatos (hoy en realidad no importa sus planes de gobierno, casi todos están hechos con IA). 2. Compartir tus candidatos con la familia, los amigos, para cotejar información sobre la moralidad de ellos. 3. Antes de ir a votar, anotar en un papel por quien vas a votar, para que en el momento de emitir el voto lo hagas de manera fácil y rápida, pues sólo se tiene un minuto para votar.

Los que creemos en el futuro del Perú y de nuestros hijos, debemos promover una suerte de recuperación moral, aprovechando estas elecciones. El elegir gente proba, digna y bien capacitada -no importa de qué partido o ideología sea- es esencial para recuperar la confianza en la palabra y las acciones de los otros durante este año electoral. Pero debemos ponernos como meta una campaña de largo plazo para volver a los referentes éticos y a los valores civilizatorios que debería tener una democracia y un estado de derecho. La gran mayoría peruana se lo merece, pero tiene que aprender a merecerlo mediante una conducta ética, que ojalá pudiera medirse con un ETICOMETRO.

9.2.2026

[1] Qué ejemplo reciben los jóvenes si autoridades como Boluarte, Jerí, Trump o López Aliaga mienten permanentemente o inventan historias inverosímiles.

28/12/25: Elecciones 2026: La ilusión de la democracia en el Perú

LA ILUSIÓN DE LA DEMOCRACIA EN EL PERÚ:  ELECCIONES CON 38 ¿PARTIDOS?

Efraín Gonzales de Olarte

Las democracias representativas basan su legitimidad y su poder en el resultado de las elecciones gubernamentales, donde la mayoría elige un gobierno. El tema central es qué mayoría genera legitimidad y representatividad, de tal manera que la sociedad sienta que quienes la gobiernen estarán cerca de sus necesidades y expectativas.

El tema de la votación o elección social ha sido estudiado por grandes autores como el francés N. de Condorcet (siglo XVIII) y el estadounidense K. Arrow (siglo XX), quienes llegaron a la conclusión que todas las elecciones son defectuosas y sus resultados no logran representar a la mayoría, es decir, las democracia basadas en elecciones no son perfectas. Dados sus supuestos teóricos, estas teorías se aplican de manera parcial, pero son útiles para analizar procesos electorales reales.

Con esta mirada, analicemos el caso peruano en cuyas próximas elecciones habrá, nada menos que 38 agrupaciones que aspiran a gobernar el Perú. Obviamente, estamos frente a un caso, que por definición e intuición no obtendrá ninguna mayoría que asegure una gobernabilidad democrática, en una primera vuelta electoral y, tampoco en una segunda vuelta. Veamos porqué.

  1. Con tal multitud de participantes en las elecciones, es casi imposible que alguien alcance el 50% más uno en la primera vuelta, lo que le permitiría acceder al poder directamente. Lo más probable es que nadie logre una mayoría absoluta y se tenga que ir a una segunda vuelta (ballotage) con los dos primeros que alcance las mayores votaciones.
  2. Esto abre los siguientes problemas: a. Por un lado, los que quedan como finalistas sólo representarán a los que votaron por ellos en la primera vuelta. Cabe recordar que: en las elecciones peruanas del 2021, el candidato Castillo ganó en primera vuelta con 18% y la segunda candidata obtuvo 11%, en conjunto no llegaron al 30%, es decir hubo un 70% de electores que tenían otras preferencias. b. En consecuencia, este 70% debía votar por uno de los dos que no era de sus preferencias. Un resultado así, dio obviamente una democracia muy débil, con los resultados que conocemos. Peor aún, si ninguno obtuviera 5% (lo que es también probable) simplemente las elecciones no permitirían elegir un gobierno.
  3. Para una segunda vuelta, en realidad los votantes se agrupan alrededor de candidatos que tienen una ideología similar -izquierdistas, centristas o derechistas- o alguna identidad social -regionalistas, nacionalistas, gremialistas o ambientalistas- es decir, existe algún denominador común. Qué sucede cuando las ideologías son poco claras o no existen y las identidades son inventadas para obtener votos, como es el caso peruano actual: simplemente los electores no tendrán claridad por qué y a quién elegir, serán unas elecciones casi a ciegas. En consecuencia, los resultados serán la peor de las loterías: no sabes por quién votaste y no sabes qué harán estando en el gobierno.
  4. Quizás el rasgo más notable de la inscripción de participantes en las elecciones ha sido la incapacidad de formar coaliciones entre movimiento afines. Es decir, han preferido competir antes de cooperar, en gran parte debido a la desconfianza entre ellos, pues no tienen denominadores ideológicos o programáticos comunes, y a la percepción de que no se trata de llegar al gobierno y al congreso para gobernar, sino para aprovecharse del Estado peruano, tal como lo están haciendo ahora.

El segundo problema de estas elecciones es que habrá que elegir, presidente y vicepresidentes, 60 senadores (30 en distrito nacional y 30 repartidos por regiones), 30 diputados y 15 representantes ante al Parlamento Andino. En consecuencia, en la cédula de votación habrá cinco columnas para votar. En el caso que, todos los partidos y movimientos participantes, propongan candidatos para el poder legislativo, habrá que elegir entre 2,280 candidatos para senadores, 4,940 candidatos para diputados y 420 para representantes del parlamento andino. Me pregunto si un votante promedio podrá conocer y evaluar digamos a unos 50 candidatos, para de entre ellos escoger a un par. Bien difícil, pues la mayoría de los candidatos para la presidencia son desconocidos del gran público y, ni que se diga, de los candidatos al congreso. Adicionalmente, como hay una tremenda desconfianza del electorado sobre los actuales congresistas que quieren ser reelectos como senadores, que tampoco la gente los conoce -salvo a algunos como los chupa-sueldos, los violadores, los tránsfugas, etc.- los menos conocidos se incorporarán a la larga lista de desconocidos. Obviamente, la composición del próximo congreso será probablemente peor que al actual, pues elegiremos a desconocidos, sin doctrina política conocida, con hojas de vida de dudosa validez, muchos aprovecharan de la inteligencia artificial para presentarse como potables.

Todo lo que acabo de describir es el resultado de cuatro perversiones instaladas en las mentes de los que están en el gobierno y en el congreso, que han plasmado en un conjunto de modificaciones legales para facilitar la continuidad de los personajes pueriles que lo conforman. Además, se han dado maña para tachar a posibles candidatos con muchas mayores capacidades y reputación, que obviamente serían elegidos. Es decir, la cancha ha sido inclinada para favorecer a la mediocridad mercantilista, que nos gobierna. Veamos estas perversiones.

Primero. El participar en las elecciones como candidatos no tiene como fin gobernar o legislar, sino obtener un sueldo del gobierno, medrar del estado y potencialmente participar en actos de corrupción. Es decir, la gran mayoría de los que están candidateando en las elecciones del 2026 lo hacen por intereses absolutamente microeconómicos, es decir para llenar la billetera.

Segundo. De ello, se deriva el gran número de inscritos para participar en las elecciones, no se trata de una competencia política sino de una competencia económica, es decir la política la han convertido en un mercado con una enorme oferta de candidatos frente a una demanda ciudadana totalmente desinformada.

Tercero. Por estas razones, la única forma de salir del anonimato y promover candidaturas será a través de propaganda física y virtual, de creación de fake news, etc. Los candidatos a senadores y diputados harán sus campañas recorriendo las provincias y las redes sociales, todo lo cual tendrá un costo, cuyas fuentes de financiamiento ya no son transparentes dadas las últimas normas y sentencias judiciales. No sabremos qué parte del financiamiento provendrá de fuentes ilegales: minería ilegal, narcotráfico, contrabando, la delincuencia común organizada en bandas, dado que las normas del congreso han facilitado la delincuencia. No nos asombremos cuando algunos candidatos prometan resolver los problemas de la violencia cotidiana, cuando fueron ellos mismos los que aprobaron las leyes pro crimen, es decir la incongruencia total. Ese es el Perú de hoy.

Cuarto. La mayor perversión es la muerte de la ética en la política peruana, que ha sido progresivamente transmitida a la ciudadanía. Hoy mentir, robar, engañar, mecer, corromper e, incluso, matar ha pasado a ser parte de la conducta ordinaria. Cómo se extraña a los partidos políticos que tenían por lo menos algunos principios éticos.

El resultado de las próximas elecciones, si se cumplen nuestras sospechas, no llevarán a una mejor gobernanza del Perú y, sobre todo, al restablecimiento del Estado de Derecho. Si no se cumplen, habrá alguna esperanza para las grandes mayorías que anhelan tener un país gobernable, democrático para todos y no para algunos sátrapas de la política.

Lima, diciembre 2025